Mis silencios de vida I. Julio Jiménez Cordobés

Desarrollo un trabajo sobre el silencio filosófico, su definición, comprensión, análisis y conclusiones. Durante mi dilatada vida he tenido distintas vivencias, unas positivas, otras no tanto, sobre la soledad, la calma y el mutismo de la nada. Se me ha ocurrido que la mejor forma de expresar el significado de este término es comenzar a narrar mis experiencias personales, mis silencios de vida.

Los primeros años de mi existencia los pasé en mi casa de La Luisiana en la campiña Sevillana. Éramos unos privilegiados por vivir en una residencia con dos plantas, en la parte baja, hacíamos “la vida”, es decir, donde pasábamos la mayor parte del día. Al entrar en la vivienda se disponen distintas estancias:  el zaguán, donde se recibe a los que llaman a la puerta, la salita de estar, con un sillón y un gran sofá de escay rojo, mi madre los cubría con una gran sábana en verano porque cuando el sol empezaba a apretar, te sentabas y notabas cómo te ibas pegando, a veces, entre tu piel y el sofá se interponía una capa de sudor liberada por tu cuerpo al contacto con el escay. En frente, un gran mueble con una televisión en color marca Telefunken. A continuación, estaba el salón, con un gran “mueble bar”, es curioso el nombre, porque de bar, solo tenía una puerta con apertura hacia abajo, sostenida por dos varillas de metal, en su interior, botellas de anís Marie Brizard, Ginebra, Cointreau, Licor 43, granadina, etc., algunas copas y diminutos vasos.  Ocupando todo el salón una gran mesa con seis enormes sillas a su alrededor. Al fondo, una escalera daba acceso a un baño y a la planta superior donde estaban los dormitorios, junto a éstos, una puerta daba acceso a la azotea. A continuación del salón existía un dormitorio, la cocina, un patio con todo tipo de macetas de geranios, gitanillas, helechos, cintas etc. En verano, lo cubría un toldo enorme, su sombra aliviaba de las altas temperaturas. Finalmente, una minúscula cochera, ¡qué difícil era aparcar el Seat 600 en ese reducido espacio! ¡Peor fue, estacionar el siguiente coche comprado por mi padre, el Seat 127!

Cuando era pequeño recuerdo el miedo a la soledad, la ausencia de sonidos, la oscuridad de la noche. No lo soportaba, me producía ansiedad, muchas veces introducía la cabeza debajo de las sábanas, dormía totalmente cubierto, ajeno del exterior.

Los fines de semana, mi padre descansaba de las 12 horas diarias de trabajo en la fábrica de Aceite y jabones “Díaz Geli”, me levantaba muy temprano para meterme en la cama con él, disfrutaba de sus relatos, me hacía sentirme seguro, protegido. Se reía de mi con el cuento del haba:  – ¿Quieres que te cuente el cuento del haba que nunca se acaba? – Yo le contestaba: Siiiiiiiii, y me volvía a decir: – Pero si yo no te digo que sí, ni que no, ¿sino que si quieres que te cuente el cuento del haba que nunca se acaba? –

Al final, siempre terminaba contando la historia de Garbancito en diferentes versiones, unas veces garbancito vivía en un bosque, sus padres eran leñadores, otras, en la campiña, sus padres campesinos, en algunas ocasiones, se perdía entre la espesura de los árboles, otras, en el vientre de una vaca.  A mí me daba igual el cuento, lo importante, era estar en la cama junto a mi padre, sin miedos, feliz, disfrutando de su compañía.

Ante la ausencia forzada por el trabajo de mi progenitor, mi abuelo “Manué” ejercía de padre. Fue todo un personaje. Participó en la guerra civil en el bando nacional, lo hirieron en la mano, perdió varios dedos, lo llamaban “Manué el mutilao”. Volvió de la contienda con una paga por mutilado de guerra, con otra de sargento y con un puesto de trabajo como conserje en el ayuntamiento de mi pueblo. Él no entendía de política, vivía en una casa en el campo junto con su mujer, sus más de seis hijos, dedicándose a la agricultura, la ganadería y al comercio de los productos de su propiedad. Cuando llegaron los golpistas del 36 le dijeron: – O te unes a nosotros, o te matamos -. No lo dudó, se hizo “del bando nacional”, tuvo suerte, mucha suerte.

Unos años más tarde acompañaba a mi abuelo “Manué” por los cortijos cercanos al municipio, donde él compraba huevos, pavos, gallinas para después venderlas en Sevilla. Andábamos entre olivos, palmas, zarzas y campos de labor, el silencio se imponía a la algarabía de los vecinos de La Luisiana. Me gustaban esos paseos tan largos, escuchar sólo las pisadas al hundirse en la tierra labrada, disfrutaba cuando el sonido de los aguiluchos, perdices y jilgueros rompían la serenidad, esto es, la calma de la campiña. Los olores a hinojos, lirios, margaritas y todo tipo de flores me hacían detenerme, sentarme apoyado en un gran olivo para disfrutar del escenario. Mi acompañante, siempre se enfadaba, pero al final, hacíamos un descanso acomodándose a mi lado. Recuerdo una vez, en una de estas paradas, se subió a un olivo para coger aceitunas, me asusté, y le dije; – ¡Abuelo!, o te bajas rápido o te rompo todos los huevos del cubo -. El pobre hombre, se lanzó al suelo desde lo alto del centenario olivo para proteger tan preciada mercancía. En Sevilla le llamaban “Manué el huevero”. En estos momentos de sosiego mi abuelo cogía un huevo, le hacia un agujero en la parte superior e inferior, me lo daba, aspiraba, y, ¡todo para dentro!

Avanzaba en edad, mi independencia se hacía mayor. La plaza de la iglesia era uno de los lugares donde los niños del momento jugábamos y donde empezábamos los primeros escarceos amorosos de la infancia. Por aquel entonces, yo fui monaguillo. Descubrí un nuevo silencio que me marcó de forma positiva. Entraba en la iglesia, un espacio con unos olores especiales, una calma y paz peculiar invitando a la reflexión. Todas las prisas junto con las preocupaciones del momento se quedaban fuera. Dentro del templo de la Purísima Concepción me encontraba a mí mismo, disfrutaba solo con estar sentado en uno de sus bancos, pensando, reflexionando, escuchando la nada, a veces el chiscar de las velas. Era el lugar perfecto para dar un beso a mi primer amor de infancia. Y así fue, detrás de la gran pila bautismal, donde hoy está nuestra “borriquita”, Mi amiga de juegos y yo, nos besamos por primera vez, teniendo por testigo al “Santísimo Cristo de la Piedad” ¡No se pudo elegir mejor escenario!

Los veranos constituían una de mis épocas favoritas donde descubrí el silencio de las noches estrelladas. Para combatir el sofocante calor, al atardecer, me subía a la azotea para refrescarla con agua, Preparaba un dormitorio improvisado, colchón, sábanas y mantas. Cuando la noche cerraba el día, mis sentidos se disponían a disfrutar del espectáculo. Buscaba la constelación de la “Osa Mayor”, siete estrellas forman un “carro”, le llamábamos el carro mayor, o la estrella polar, la más brillante de todas, formando parte de la constelación de la “Osa menor” o “carro menor”. Entre constelaciones, estrellas, el fresco de la noche y la luz tenue de la luna, me pasaba horas soñando despierto, mis ilusiones, mis amores de infancia, así me quedaba dormido hasta el alba, las primeras luces del amanecer me despertaban y me hacía volver a mi dormitorio.

¡Ya no me daba miedo la noche, ni me creaba inseguridad!

¿Esperábamos que esta vez las cosas fueran a ser diferentes?

Autor: Juan Manuel Barrios

Al respecto de las medidas para afrontar la recuperación económica de la larga depresión de nuestras comunidades, intensificada por la pandemia del COVID y por las consecuencias de los efectos del cambio climático. Al respecto de la aplicación de los fondos movilizados por las administraciones públicas para ello, fundamentalmente los fondos europeos, es oportuno realizar -hoy, aquí y ahora- una reflexión colectiva que debiera generar un debate público. Cosa que no sucederá evidentemente, pero que al menos debiéramos intentar. O como mínimo, poner sobre la mesa.

Pero en verdad, ¿esperábamos que las cosas iban a ser diferentes esta vez?. ¿Es que seguimos siendo tan ilusos?. Los mismos poderes miserables de la codicia controlan estos fondos y la misma gobernanza canalla de siempre los distribuye bajo su supervisión y control. ¿Cómo van a ser las cosas diferentes?. ¡Todo será como siempre!. Posiblemente peor. Ya está diseñado, planificado y controlado para que así sea. Han tenido y tienen todo el tiempo, y todos los recursos, del mundo para ello. Mientras la ciudadanía a otras cosas. Confundida, distraída y sometida al ilusionismo de los sicarios mediáticos de esta gente.  Seguro que más sofisticado; pero todo igual bajo este cielo azul nuestro cada vez más contaminado y tormentoso.

Todo será igual que siempre; aunque más cafre, más bestia, con mayores saqueos y fraudes, con cantidades cada vez más astronómicas; con efectos cada vez más violentos. Y como siempre lo pagaremos, no entre todos y todas, sino exclusivamente los/las de siempre: sólo entre todos y todas los de siempre. Por aquello de la seguridad jurídica (todo atado y bien atado), las garantías de beneficio (negocio) y la volatilidad de inversiones (privadas pero con recursos públicos. Ese invento de la cooperación público-privada: públicos los recursos, socializadas las cargas, privatizadas las rentas y beneficios) de la gentuza miserable de siempre. Tienen ya tanto que no podrán disfrutarlos en su totalidad, jamás, ni ellos ni sus descendientes; pero su ilimitada codicia es la mayor de las pandemias que sufre nuestra humanidad y su impunidad criminal la peor de las canalladas.

Las desigualdades seguirán su brutal evolución; igual que los sufrimientos y los padecimientos de la ciudadanía. Así estaremos endeudados/as por lo menos diez o veinte generaciones. Endeudados, a la par que bastante más pobres. Fíjate en la estrategia: nos quitan ya no sólo las rentas del presente, sino que se están apropiando, por adelantado, de las rentas del futuro que pudiéramos generar y detentar. Aprendieron especulando en bolsa con las rentas de futuro (pura y salvaje especulación); ahora lo aplican al saqueo de las poblaciones. Se apropian hoy de la generación de riquezas que pudiéramos tener mañana: deuda pública (135% PIB hoy, la duplicaremos en breve).

Así que esto ya se lo han repartido los de siempre. Los culpables y responsables de todas las crisis y sufrimientos de la humanidad se lo seguirán llevando calentito. Más riquezas, más rentas, más patrimonios, más «negocio». Mientras los demás, la ciudadanía, bastante tienen con el miedo a la pandemia  y con el estrés habitual por resolver nuestras necesidades básicas, con el shock de la falta de perspectivas y futuro y con el fuerte deseo instalado en nuestra mente, como objetivo prioritario, de volver a la tertulia, al bar, al futbol, a las procesiones, a la fiesta, a abrazar y convivir con nuestra gente. También al precariado, la inseguridad, la incertidumbre, la inestabilidad, los padecimientos y los miedos.

Una estrategia que es la del pan y circo de siempre, pero adaptada a nuestros tiempos. Han superado con creces a Orwell y Kubrick.

Pero, ¿De verdad esperábamos otra cosa?.

Juan Manuel Barrios.

En Chiclana a 5 de Abril de 2021.

Rezeta de cozina: Gazpasho caliente. Fco. Rafael Gómez Palmero

Gazpasho caliente

 ¡Cuánta jambre ha qitao ehte plato! Anqe er nombre te líe no tie na qe bé con er gazpasho típico: uno da caló i e l’otro refrehca.

 Dizen q’empezaron a jazerlo a comienzō der siglo XIX, pero a mí me pareze qe bie de mà lejō.

  Ingredientē  (pa cuatro personā)

400 gr. pan de campo (der día anterió)

2 u 3 tomatē

2 u 3 ñorā

2 pimientō

2 dientē d’ajō

Azeite

Sà marina

Elaborazión

En una oya con agua se cueze un cashito pan, lō tomatē pelaō i lā ñorā. Mientrā tanto, s’asan lō dò pimientō.

Mashacamō en un armiré lō dientē d’ajo con un peazo pimiento asao, lā ñorā i lō tomatē pelaō.

A to ehto l’añadimō un poco der cardo qe qeó aluego d’haber cozío er pan, lā ñorā i lō tomatē. Se mezcla to i lo pasamō a una cazuela barro, onde tamién añadiremō er rehto d’agua de la cozión anterió.

A continuazión, cortamō en cashitō shicō un peazo pan sin cozer i lo agregamō hahta q’ehpese.

Dihpué añadimō un shorriyo d’azeite. Adornamō con lō pimientō asaō i tapamō la cazuela con un paño, dejando reposar unō qinze u beinte minutō.

Se sirbe templao i, antē de pasarlo a ca plato, se remuebe to.

I qe no s’orbíe, poner ar lao un platito rabanitā ē un detaye qe s’agradeze.

 

Fabricantes de antisistemas. Rafael Sanmartín

Fuente: «La Voz del Sur»

Anatemizan con el epíteto. Ahorran cientos de exabruptos resumidos en una sola palabra con significado múltiple. Los maestros del lenguaje lo mismo lanzan un órdago a la RAE con la intención de imponer una expresión, que bautizan hechos y posiciones a mayor gloria de su incultura léxica y política. Mal van las cosas cuando mandan los sargentos. En el Estado español, ni sargentos. Y no es un desprecio a los sargentos, ni a los cabos, es que debe suponerse motivación a los ascensos y respeto al escalafón. Los gobernantes que ha sufrido el Estado después de Suárez, no han tenido más nivel que el de su autoritarismo hacia la mayoría mientras se han plegado a la oligarquía. A la oligarquía y a sus respectivos compromisos extraestatales.

Seguramente buscando la razón que no les asiste, han abusado de la definición convertida en defi-neción y todo cuanto se salía de su estrechez mental y su comportamiento totalitario ha sido calificado de antisistema. Lo sería si se consideran a sí mismos el sistema, consideración sólo propia de un arrogante fundamentalismo megalómano con y sin bigote. El sistema es el comportamiento; la forma de gobernar puede ser el régimen y entonces es deplorable. Por eso no puede haber antisistema, sólo antimétodo o antirégimen. Pero en la medida en que lo reprobable es el régimen, el antirégimen es beneficioso y necesario. El anti régimen es depurador, elevador de conciencias y despertador de consciencias. El antisistema, si existe, puede ser negativo o positivo, depende del sistema. El antirégimen es la limpieza del sistema. En definitiva, en tanto el gobernante se considere a sí mismo el sistema, está queriendo liderar un sistema totalitario. Un régimen.

Son los regímenes, los creadores de régimen, quienes crean y fomentan el antisistema. Por ejemplo, están bien los impuestos cuando están bien, cuando son justos, equitativos, proporcionados y se utilizan con Justicia. Cuando sólo sirven para «trincar» y repartirlos a quienes más tienen, entonces son lo contrario de un sistema justo. Cuando el sistema se dedica a complicar la vida al ciudadano con normas y métodos absurdos ó perjudiciales, se está imponiendo un sistema injusto. Cuando las leyes sirven para obligar a agachar la cabeza, para imponer voluntades contrarias a la voluntad y a las necesidades mayoritarias, se está imponiendo un sistema injusto. Eso es un régimen, una forma de gobierno hecha a la medida, al capricho del gobernante. Una forma de gobierno donde predomina la arbitrariedad y no tiene en cuenta a la ciudadanía, se define y se coloca contra la ciudadanía. Entonces lo que ellos, en actitud de imposible defensa llaman antisistema constituirá la forma noble, justa, precisa, necesaria de comportamiento.

Exigir Justicia social, protección jurídica y policial, desarrollo económico, sería antisistema en la medida en que el sistema estuviera basado en la injusticia y en la arbitrariedad. Cuando Hacienda, la Diputación, el Ayuntamiento y ni se sabe cuántos organismos más, pueden literalmente meter la mano en el bolsillo del ciudadano y susllevarse el dinero de la luz, del agua, de la hipoteca o el alquiler, de la comida, están laborando contra la ciudadanía (y cuando una vez comprobada la ilegalidad de cogerlo, se resisten a devolverlo, peor). Si eso fuera el sistema, lo más lógico, lo más justo, sería ser antisistema. Si el sistema fuera utilizar a la policía para callar reclamaciones, favorecer a los grandes capitales y a los grandes grupos empresariales contra el interés de la mayoría, lo más lógico, lo más justo y lo más honrado sería ser antisistema.

Por eso mismo también sería justo, lógico, inteligente y honrado, no provocar más antisistema.

Todos son obstáculos. Por José Chamizo de la Rubia. Sacerdote.

TODOS SON OBSTÁCULOS

Normalizar la vida de los chavales que fueron tutelados por la administración y ella misma los puso de patitas en la calle al cumplir los 18 años, se está convirtiendo en una tarea hercúlea. Últimamente, para poder contratar a uno de estos jóvenes en el campo, las empresas piden una cuenta corriente. Para abrir la cuenta, los bancos exigen un contrato de trabajo. Ya estamos con los famosos círculos que impiden ver a un ser humano en estado de necesidad.

Voy a la Caixa primero, donde me despachan amablemente con argumentos jurídicos muy débiles, pidiendo disculpas, pero “esto es lo que hay”, yo respondí “la bahía junto a Cai” Luego al Santander, donde todos son obstáculos. Me dicen que no vale la resolución oficial del NIE de los jóvenes, quieren la tarjeta. Ignoran, que en Melilla de donde proceden estos chicos, no dan tarjetas. La abogada del banco, a la que regalaron el título en un bazar chino, insiste en el mismo argumento: tarjeta, tarjeta. Hay un señor con pinta de racista que pone todos los problemas del mundo. La directora está jugando al escondite y el único hombre normal y decente es el encargado de la caja. Al pobre, le di un mal rato debo reconocerlo, y a él, solo a él, le pido disculpas.

Bien, pues como los jóvenes no pueden abrir la cuenta, si no tienen contrato de trabajo, la empresa no los contrata, así que estos chavales, vuelven a quedar en la calle contando solo con la ayuda de Voluntarios por Otro Mundo y alguna otra entidad.

Los del Santander, de la calle Marqués de Paradas de Sevilla, fueron a tomar unas cervecitas para celebrarlo. Es mentira el discurso público, en el fondo a más de uno, por ejemplo, al empleado racista del Santander, le gustaría que todos fueran delincuentes para tener razones, que ahora no tienen, para pedir que los expulsen.

Seguro que algunos de estos tipos, amigos de blanqueadores, recorrerán los templos para ser vistos no porque tengan fe, y parecerá que rezan no sé quién puede oirles cuando desprecian a sus semejantes.

Obstáculos, más obstáculos, que pretenden impedir el derecho que tienen todo ser humano, a una existencia digna.

José Chamizo de la Rubia

Presidente de Voluntarios por Otro Mundo y de la Fundación Sevilla Acoge.

Declarar la guerra al calentamiento global. Antonio Aguilera

Autor: Antonio Aguilera

Fuente: Diario de Andalucía

 

DECLARAR LA GUERRA AL CALENTAMIENTO GLOBAL

Como las dietas milagrosas, las políticas y los presupuestos fallan estrepitosamente cuando se piensa sólo en el corto plazo. Es necesario diseñar una estrategia y trazar un camino, dando la importancia suficiente a aquellas cuestiones que van a ser determinantes en el futuro para plasmar en acciones concretas aquello que más valoramos. «No me digas lo que valoras, enséñame tus presupuestos y te diré qué valoras».

De forma muy grandilocuente, como el mayor de los éxitos, nos han anunciado que los últimos presupuestos públicos aprobados son los más progresistas, sociales y transformadores. Extraigamos algunas cifras que nos permitan cuantificar la visión de futuro y la importancia relativa que se otorgan a diversas variables fundamentales para nuestro futuro. La Oficina Española de Cambio Climático tiene una dotación total de 24,5 millones para implantar la normativa relacionada con esta materia. La Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo cuenta con un presupuesto de 384 millones de euros. El presupuesto de defensa este año es de 9.412 millones de euros. En términos numéricos, la lucha contra el Cambio Climático es el 0,2% del presupuesto del ejército.

En esta dura y aplastante comparativa es donde pueden visualizarse las prioridades y la ponderación de las amenazas. Esta foto fija cortoplacista, con criterios anclados en la más rancia historia no mira arriba y adelante para visualizar, por ejemplo, la sobreexplotación de los recursos hídricos y el intensivismo agrario que, con sequías cada vez más extremas hacen que la desertificación afecte ya al 20% del territorio español, que las áreas críticas en Andalucía alcanzan al 87% del territorio y que en un par de decenios la mitad del suelo esté sometido a riesgo de desertización. ¿Y entonces qué? Porque el suelo se seca, deja de producir, se queda yermo, pero las consecuencias sociales, económicas, de pérdida de biodiversidad derivadas de este hecho, son catastróficas.

Estamos sufriendo una triste etapa de descreimiento en el que la opinión de los expertos no tiene el peso suficiente, pero ellos no se cansan de avisarnos de que es ahora cuando tenemos que actuar, y de forma contundente: La mayor amenaza real a la que se enfrenta la humanidad es el Cambio Climático. La prioridad no es fabricar y comprar armas sino plantar árboles, reducir la intensidad en el uso del agua, la energía, la generación de residuos. Un estudio publicado en Nature cuantifica, que en el año 2019, el 10% del PIB mundial se destinó a carrera armamentística; pues bien, si se redirigieran esos fondos y se destinase, sólo el 1% del PIB mundial a la lucha contra el Cambio Climático, se lograrían cumplir los acuerdos de Paris; y si se destinase el 5% del PIB mundial a la crisis climática, se alcanzarían los Objetivos de Desarrollo Sostenible definidos por Naciones Unidas. Si cambiamos el foco y las prioridades, podemos hacerlo, sólo tenemos que dejar de gastar dinero en pelear y matarnos, e invertirlo en el futuro, en la vida.

Es hora de aumentar el grado de alarma sobre el Cambio Climático porque es una enfermedad global que no entiende de niveles de renta, de religiones, ni de derechas o izquierdas. El coste de asumir el reto es ya muy alto, pero el coste de la inacción es inasumible.

Alemania ha dotado una partida de 54.000 millones de euros para combatir el cambio climático, Italia ya ha asignado 55.000 millones de euros de su presupuesto a este objetivo. Recuerdo, la Agencia Española de Cambio Climático cuenta con 24,5 millones de presupuesto total.

Y desde luego, la restricción no es el dinero; es una excusa barata que solo les sirve a los malos políticos y a algunos intereses privados que, mientras tanto, siguen acaparando riqueza a costa de todos. La cuestión relevante es, primero, los valores, y a partir de ahí la actitud, la convicción, la determinación. Con estas herramientas pueden encontrarse muchas e imaginativas soluciones. Por ejemplo, China ha asignado a 60.000 soldados la tarea de reforestar, cada año plantan unos 84.000 kilómetros cuadrados, una superficie equivalente a la de Irlanda.

En el proceso político, suelen estar primero las declaraciones, después la normativa y al final los presupuestos que las materializan. Andalucía sigue sin declarar en su parlamento la emergencia climática, es, como si aún no nos hubiésemos enterado de que el Cambio Climático nos está atacando y que está haciendo mella en nuestra salud colectiva, en nuestro territorio.

Si aún no se ha declarado la emergencia climática en Andalucía, árido se hace hablar de la normativa, con una ley, la de Cambio Climático de Andalucía, que, ya sea más o menos buena, está metida en un cajón; con un último decreto ley, el 3/2021 que faculta al Consejo de Gobierno a saltarse los procedimientos de protección ambiental vigentes. Con unos órganos de participación en este ámbito absolutamente inoperativos, desaparecidos. Y si miramos los presupuestos, la tristeza nos invade al comprobar que lo que Andalucía ha incluido en sus presupuestos son “más de sesenta indicadores que identifiquen los vínculos entre intervenciones presupuestarias y cambio climático”, unas referencias que, según la propia Junta de Andalucía, son “herramientas destinadas a promover la congruencia de las políticas tributarias y de gasto público con los objetivos ambientales y proporciona en la toma de decisiones una idea clara sobre los posibles impactos ambientales de las cuentas anuales de la Administración autonómica, con el objetivo de estimular buenas prácticas en la recaudación de ingresos y en la asignación de recursos», es decir, no hay presupuesto en Andalucía para combatir y mitigar el Cambio Climático sino índices de “bondad» de los presupuestos andaluces, y a esto tienen el descaro de llamar “revolución verde”. No dejemos que nos tomen el pelo, la inacción en la lucha contra el cambio climático es dañina, dolorosa, triste. No admitamos más excusas ni juegos de palabras, asignemos recursos públicos al mayor reto que tiene por delante la humanidad.

Justicia: del Mito al Logos. Por Julio Jiménez

El ser humano comienza el camino hacia el conocimiento y la verdad buscando respuestas sobre su existencia. ¿Quiénes somos? ¿Por qué vivimos? ¿Hay otra vida después de la muerte? ¿Qué es el universo?

En la Antigüedad, las religiones, los dioses, eran los que poseían las soluciones a estas cuestiones que se transmitían por la tradición oral de generaciones en generaciones. Es lo que llamamos MITO (relatos sobre dioses que explican el principio de la vida y los fenómenos de la naturaleza). Homero y Hesíodo son los primeros que plasman por escrito estas historias míticas de dioses, del bien y del mal, de los justo e injusto.

El paso del mito al logos se inicia en la antigua Grecia con los filósofos de la naturaleza, también llamados presocráticos. (siglo VII y principios del IV A.C.) estos, no se planteaban cuestiones sobre el fin y la misión del individuo, o la relación entre el pensar y el ser. Todas estas preguntas encontraban sus respuestas en la naturaleza y el cosmos. Entendían los cambios del medio y sus procesos estudiando la misma naturaleza. Este es el momento en el que la filosofía se independiza de la religión y empieza la verdadera búsqueda de la evidencia. 

La justicia en estos pensadores es justificada desde un planteamiento cósmico, naturista y divina. La diosa Dike protege a los hombres nobles y persigue a los injustos para imponerles castigo. Enemiga de las falsedades y sabia a la hora de discernir entre lo justo y lo improcedente.

Tales de Mileto opinaba que el agua era el origen de todas las cosas, es el elemento que dio comienzo al universo.

Para Anaximandro, el principio de la existencia se sitúa en una naturaleza infinita, en lo indefinido, con una extensión ilimitada, en “el ápeiron”. El concepto de rectitud y equidad lo asocia a la diosa Diké, la inmoralidad y la tropelía a Adikía, espíritu de los males de la humanidad. En un fragmento de su obra recogido en el trabajo de A Rodolfo Mandolfo “la Justicia en los orígenes de la filosofía del derecho”, se nos dice: “Lo ápeiron es el comienzo y el origen de todo lo existente. Más la fuente de la cual surgen las cosas existentes es también aquella a la que retornan para fenecer según la necesidad; pagan así mutuamente justo castigo y expiación por su injusticia de acuerdo con el orden del tiempo”.

Anaxímenes consideraba que el inicio de la vida estaba en los cuatros elementos, tierra, mar, aire y fuego, pero el punto de partida estaría en el aire como materia primaria. Opinaba que el agua es aire condensado que surge del cielo cuando llueve.

Parménides Pensaba que todo lo que hay, ha existido siempre. Todo es eterno, nada puede surgir de la nada por lo que ningún cambio es posible. Personaliza la honradez de la humanidad en Diké.

Para Heráclito los cambios constantes, el todo fluye, son los rasgos más importantes de la creación, pero asegura que existe una unidad, un todo al que llamaba “dios” o “logos” como la causa del inicio de la vida. Heráclito sostiene que existe una “ley divina” que sirve de modelo donde han de inspirarse las leyes humanas.

Empédocles piensa que la naturaleza dispone de cuatro elementos, tierra, agua, aire, fuego. Los cambios que se producen se deben a la unión y separación constante de estos componentes. Entiende que existe una ley universal que rige todo el Cosmos.

“Lo que es justo puede muy bien ser expresado dos veces” (frag.25)  “Pero una ley universal se extiende por el amplio dominio del aire y por el infinito de la luz” (frag 135)

Pitágoras entiende la realidad desde una forma matemática. El origen son los números. Los cuerpos físicos son una unión de puntos geométricos que forman líneas, superficies, planos etc. La realidad se construye dividiéndola en unidades que se pueden medir, operar y abstraer de forma matemática. La justicia es una igualdad matemática entre dos miembros, la pena debe ser igual al daño causado por el delito. Aparecen los conceptos de proporción y equilibrio.

Anaxágoras concluye que la naturaleza está formada de elementos minúsculos, invisibles al ojo humano a los que llamaba “gérmenes” o “semillas” que estaban organizadas por una fuerza de creación llamada espíritu o entendimiento.

Por último, Demócrito entendía que todo estaba construido por unas sustancias muy pequeñas, invisibles e inalterables a las que llamó “átomo”. Existen millones de átomos de formas distintas que constituyen los diferentes cuerpos. Cuando éste muere, ejemplo una persona, los átomos se desintegran y forman otro cuerpo. Demócrito piensa que la práctica de la equidad llevará al hombre a su felicidad. “La justicia consiste en hacer lo que se debe, la injusticia es omitir el deber, esto es, dejarlo de lado” (frag 256).

Julio Jiménez Cordobés.

Febrero 2021

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