DIGNIDAD PARA BLAS INFANTE: Los símbolos de Andalucía deben ser respetados.

Desde estas líneas queremos denunciar la aparición en redes sociales de una “original” felicitación navideña usando para ello la figura de nuestro precursor don Blas Infante.

 Desconocemos si esta publicación es consecuencia de la ignorancia, la maldad o la más supina sandez. Aunque el resultado trasciende la anécdota convirtiéndose en una ofensa, llegándose a olvidar hasta el verde original del personaje navideño, abrazando el comercial rojo de la multinacional del refresco.

 ¿Alguien se imagina a un seudoprogresista de izquierda o a un conservador de derecha ridiculizando cualquiera de sus símbolos? ¿Qué desconocimiento, qué falta de identidad puede mover a una organización que se auto titula andalucista para humillar a la persona que luchó y murió por defender una Andalucía digna y dueña de su futuro? ¿Cómo se puede tener tamaña falta de respeto con quién ha posibilitado que Andalucía tenga sus propios órganos de gobierno de los que intenta formar parte este partido político? ¿Conocen el significado de la palabra soberanía? ¿No se dan cuenta de que están tirando piedras a su propio tejado?

 Si no nos respetamos a nosotros mismos. ¿Cómo vamos a exigir a los demás que nos respeten?

 Es una triste pena constatar que existiendo defensores de Andalucía no son necesarias organizaciones políticas que la ataquen.

 Evocando a nuestro honorable, noble e íntegro símbolo, se percibe más que nunca la necesidad de que “el pueblo andaluz conozca su verdadera historia y esencia”.

 

Firmado:

Centro Cultural Andaluz Andalucía Altiva. (Cecuan).

Instituto Almenara para el progreso y el desarrollo de Andalucía.

Instituto de Identidad Andaluza. (IdIA)

 

                                           

SOBRE LA CONCIENCIA. Paloma Cabadas “Programa de Evolución Consciente”

El programa de evolución consciente, se ha convertido en la actualidad en un método de trabajo personal…. en tiempos que son cruciales para el individuo que busca su transformación.  Estamos teniendo ocasión de poner a prueba quienes somos sin miedo, sin ira, y nunca la Humanidad ha contado con tantos medios para lograrlo ni con tanto apoyo para materializar su primer salto de conciencia.

 El sentido de la vida, transmite la fortaleza y  la confianza suficientes, para ir a la búsqueda de lo que nos hace feliz, amplificando la valoración de la vida. El sentido de la vida, se nutre y se afianza en el conocimiento de uno mismo y de la continuidad evolutiva.

 La evolución consciente acompaña a la conciencia en su andadura infinita, abriéndole nuevas posibilidades de autodescubrimiento. Avanzar en libertad es un privilegio de la conciencia lúcida, que explora su dimensión interna y su trayectoria multidimensional (biológica, emocional, mental y espiritual), sin parámetros de limitación, segura y sin miedo, triunfadora de su adversidad y agradecida de su paso por la vida.

 Quiero que veamos los niveles de trascendencia que tiene la evolución de la conciencia. Hay que verlo desde un panorama amplio, transcendental, porque es real que, cuando uno cambia, todo cambia. El Universo aplaude, cascadas de aplausos y alegrías se pueden sentir y escuchar cuando uno ha movido ficha.

 Cambiar significa hacer un movimiento en el ámbito de las ideas, de los pensamientos, de los parámetros, un cambio que, sostenido en el tiempo conlleva una transformación.

 Todo esto es un trabajo continuo, pero se va volviendo grato, y los miedos ya no emponzoñan la vida, ni dirigen las decisiones.

 Si no hay una exploración de la propia trascendencia, en libertad y sin manipulación, si la conciencia no recupera su procedencia multidimensional, no hay evolución posible, solo repetición.

Paloma Cabadas

Programa de Evolución Consciente

Editorial: Parámetro 100 SL

2016

 Conferencia de Paloma hace 10 años

«Los zapatos de Juan» por el escritor José Antonio Rivero. El Campillo. La Luisiana. Sevilla.

Autor: José Antonio Rivero. El Campillo. Sevilla. Basado en el testimonio que Dolores Hans Alcaide grabó en un vídeo para dar a conocer la historia de su abuelo, Juan José Hans.

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LOS-ZAPATOS-DE-JUAN-convertido-1

Miguel Hernández y Maribel. Por la escritora y maestra, Pepa Bermudo. Libro, Odio el Verano

Autora: Pepa Bermudo.

Libro: Odio el Verano. Pág. 231

 

MIGUEL HERNÁNDEZ Y MARIBEL

29 de octubre de 2010

                                                                                                                                              A Maribel.

 

La maestra llegó a clase preocupada. Corría el año 1978 y ella impartía clases en una escuela pequeña de un pueblo jornalero de la campiña sevillana. Natural de Valencia -Ché la llamaban los íntimos-, se enamoró de un Cordobés y terminó viviendo en Sevilla. Después de acabar sus estudios de Asistencia Social decidió ser maestra porque era lo único que se podía estudiar en Córdoba.

Aquella mañana llegó la maestra un poco triste a la clase de octavo de EGB donde solo había diecisiete niños y niñas. Había recibido una visita de inspección y la inspectora le había dicho muy seria:

-¡Mucho Miguel Hernández!   ¡Mucho Miguel Hernández!  Pero… ¿Y Garcilaso?

Entonces se fue a la pizarra y escribió:

«Sonreír con la alegre tristeza del olivo.

Esperar. No cansarse de esperar la alegría.

Sonriamos. doremos la luz de cada día

en esta alegre y triste vanidad del ser vivo»

(Miguel Hernández)

Cuando se cumplen cien años del nacimiento del poeta alicantino que da nombre a la calle en que nací, no puedo dejar de recordar a la maestra que me enseñó a amar sus versos.

 

Pepa Bermudo.

 

 

De Granada a Berlín, Un recorrido por la Memoria. Autor: D. Francisco Vigueras.

Autor del artículo: D. Francisco Vigueras.

Fotografías facilitadas por el autor D. Francisco Vigueras.

Artículo gentileza:  «Diario el Independiente de Granada.

Berlín es una ciudad que mantiene viva su memoria histórica y la muestra a sus visitantes a través de rutas urbanas, guiadas por especialistas muy bien documentados. Y lo más paradójico es que algunos guías son jóvenes emigrantes españoles, licenciados en historia, que conocen más la memoria berlinesa que la de su propio país. Este verano he viajado a la capital alemana, como vicepresidente de la Asociación Granadina Verdad, Justicia y Reparación, para recorrer sus lugares de memoria, como el campo de concentración de Sachsenhausen, los monumentos dedicados a las víctimas del nazismo, el búnker del dictador Adolf Hitler, donde acabó la pesadilla nazi, o el Museo Topografía del Terror.

En mi viaje a Berlín, he podido comprobar que Alemania ha recuperado su memoria democrática. Nada que ver con la desmemoria que todavía sufrimos aquí.

La Plaza de la Ópera

En la noche del 11 de  mayo de 1933, los nazis quemaron, en la Plaza de la Ópera de Berlín, miles de libros marxistas y judíos. Cuentan los guías que era de noche cuando las juventudes hitlerianas desfilaron con antorchas, desde la Puerta de Brandemburgo, recorrieron la gran avenida Unter den Linden, principal arteria de la ciudad, y asaltaron la Biblioteca Real, situada en esta plaza, para reducir a cenizas aquellos libros que consideraban antialemanes. Como era una noche lluviosa, los pirómanos pidieron ayuda a los bomberos de Berlín, pero no para apagar el fuego, sino para atizar aún más las llamas.

La Plaza de la Ópera en Berlín me recuerda mucho a nuestra Plaza de Bib Rambla, en Granada, donde en 1499, cuatro siglos antes, el inquisidor Cisneros también ordenó quemar más de 5.000 libros de la biblioteca de la Madraza

El akelarre literario contra la memoria escrita del pueblo alemán fue espectacular, tal y como gustaba al partido nacional-socialista. Los propios nazis hicieron imágenes de este acto vandálico, pues eran exhibicionistas y prepotentes, no ocultaban sus fechorías. En un vídeo, podemos ver a jóvenes fanatizados, arrojando libros a la hoguera de la intolerancia, como en los mejores tiempos de la Inquisición. De hecho, la Plaza de la Ópera en Berlín me recuerda mucho a nuestra Plaza de Bib Rambla, en Granada, donde en 1499, cuatro siglos antes, el inquisidor Cisneros también ordenó quemar más de 5.000 libros de la biblioteca de la Madraza.

En el subsuelo de la Plaza de la Ópera hay una zona acristalada desde la que podemos ver una habitación blanca, con estanterías vacías, para que no se olvide este infame atentado contra la cultura.  Y en una placa de bronce, leemos el mensaje premonitorio del poeta alemán Heinrich Heine que, ya en el siglo XVIII, vaticinó: “Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres”. Es lo que hicieron los nazis, años después, en los campos de concentración, como Sachsenhausen.

Campo de concentración de Sachsenhausen

Sachsenhausen está situado a unos 35 kilómetros al norte de Berlín, en la ciudad de Oranienburg, estado de Brandemburgo. Tenemos que desplazarnos en tren para visitar este campo de concentración, el primero construido en 1936, el mismo año en el que se celebraron los Juegos Olímpicos de Berlín, que el régimen nazi utilizó hábilmente para maquillar su imagen exterior. Sentimos escalofrío pensar que, hace 85 años, eran los presos deportados por los nazis los que hacían este mismo trayecto, en los llamados trenes de la muerte, y que miles no volvieron jamás. De hecho, son muchos los turistas que no se atreven a venir aquí, pues no quieren pasar un mal rato. Y los que decidimos hacerlo, consideramos la visita como un homenaje a las víctimas. Nuestro guía se ha especializado en el campo de concentración de Sachsenhausen y nos dice que suele hacer 200 visitas guiadas al año. Declarado en 1961 como lugar de memoria histórica, con alto valor pedagógico, el campo es muy visitado por grupos de estudiantes alemanes, que conocen las atrocidades del régimen nazi, en las que participaron muchos de sus bisabuelos, y toman conciencia para que no se repita nunca más.

Sachsenhausen fue construido por prisioneros e inaugurado en 1936 como campo piloto, que sirvió de modelo a otros campos de concentración, concebidos para el exterminio de los disidentes. Recordemos que el régimen nazi llegó a construir miles de campos como éste y extendió su geografía del terror a toda la Europa ocupada.

En los nueve años que estuvo abierto (1936-45), más de 35.000 presos murieron de hambre y agotamiento

En Sachsenhausen, fueron inicialmente internados opositores políticos, sobre todo comunistas. Más tarde, internaron a gitanos, homosexuales y judíos. Después, llegaron los prisioneros de guerra procedentes de Europa del Este, sobre todo de la Unión Soviética. Varios miles perdieron la vida en la que se conoce como la marcha de la muerte, en abril de 1945, cuando los nazis evacuaron el campo, ante el avance del Ejército Rojo. Y tras la derrota del Tercer Reich, los rusos también aprovecharon este campo para encarcelar a miles de prisioneros alemanes, muchos de ellos, criminales de guerra nazis. En los nueve años que estuvo abierto (1936-45), más de 35.000 presos murieron de hambre y agotamiento. También a causa de enfermedades y congelación, pues en invierno soportaban temperaturas de más de 20 grados bajo cero, desnudos y como castigo. Y por supuesto, víctimas de experimentos médicos y ejecuciones.

Aquí estuvo el socialista Francisco Largo Caballero, ex presidente de la República española. Fue interrogado por la Gestapo y permaneció casi dos años encerrado aquí, donde recibió la ayuda de los 200 presos españoles, internados en este campo de exterminio

Ya en 1945, habían pasado por Sachsenhausen más de 200.000 presos. Aquí estuvo el socialista Francisco Largo Caballero, ex presidente de la República española. Fue interrogado por la Gestapo y permaneció casi dos años encerrado aquí, donde recibió la ayuda de los 200 presos españoles, internados en este campo de exterminio. Debido a su avanzada edad de 74 años, fue confinado en la enfermería, lo que le ahorró algunos sufrimientos, pero no mejoró su alimentación ni se libró de presenciar las atrocidades que cometían los nazis con otros prisioneros, como él mismo narró en su diario. Largo Caballero consiguió sobrevivir y falleció meses más tarde en París, el 23 de marzo de 1946, casi un año después de terminar la segunda guerra mundial.

El guía nos dice que algunos soldados sufrían traumas y caían en estado de depresión, cuando eran obligados por sus jefes a fusilar todos los días. Los jerarcas nazis buscaron entonces otro método de exterminio más rápido y eficaz: las cámaras de gas y los hornos crematorios para deshacerse de los cadáveres, un lugar espeluznante

Durante la visita guiada, nos enseñan la trinchera de los fusilamientos. El guía nos dice que algunos soldados sufrían traumas y caían en estado de depresión, cuando eran obligados por sus jefes a fusilar todos los días. Los jerarcas nazis buscaron entonces otro método de exterminio más rápido y eficaz: las cámaras de gas y los hornos crematorios para deshacerse de los cadáveres, un lugar espeluznante. Y en ese momento, recuerdo las palabras del poeta Heinrich Heine: “Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres”. Cuánta razón tenía.

La visita al campo continúa con un recorrido por los barracones. Allí vemos las celdas de castigo y fotos de los presos que las ocuparon, donde sus familiares han depositado ramos de flores. Y termina con una exposición que estremece, en la que conocemos a las víctimas y a sus verdugos. Escenas aterradoras que sólo imaginarlas hacen que nos sintamos afligidos y  nos obligan a reflexionar sobre la crueldad, el odio y el fanatismo.

Monumentos a las víctimas del nazismo

Entre los monumentos a las víctimas del nazismo, destaca el conocido como Memorial del holocausto, del artista neoyorquino Peter Eisenman, situado en pleno centro de Berlín y dedicado a los seis millones de judíos asesinados por los nazis. Los berlineses estuvieron debatiendo este proyecto durante 17 años, hasta que hubo consenso para construirlo y, finalmente, fue inaugurarlo el 10 de mayo de 2005. Son 2.711 bloques de hormigón, tantos como páginas tiene la Torah, el libro sagrado de la religión hebrea. Cuando entras en este laberinto de hormigón te sientes perdido, agobiado, acorralado; y si lo haces al anochecer, te impone más todavía.

Este memorial es visitado por 500.000 turistas al año

Podemos entrar desde cualquier punto y recorrerlo en cualquier dirección; pero tenemos que pasar tiempo en él para sentir el frío de la piedra, contemplar la interacción de luces y sombras, y vagar sin rumbo por los estrechos pasadizos. El suelo ondulado hace que te sientas inseguro cuando caminas. Pasado un rato, llegas a sentirte desorientado y confuso, incluso te invade una sensación de claustrofobia. Es lo que pretende el artista, que tengamos una mínima idea del drama que sufrieron las víctimas del holocausto. Y lo más conmovedor es la Sala de los nombres, en la que se proyectan, sobre cuatro paredes, los nombres de todas las víctimas, así como los años de nacimiento y muerte. Este memorial es visitado por 500.000 turistas al año.

La comunidad judía fue la más numerosa, pero no la única que sufrió persecución por parte del régimen nazi. Berlín también ha dedicado memoriales a los gitanos y a los homosexuales, dos minorías que tampoco escaparon a la brutalidad del grupo paramilitar conocido como camisas pardas. Sin embargo, estos dos monumentos son poco promocionados, pues no aparecen en las guías turísticas, ni suelen ser incluidos en las visitas guiadas, algo que provoca malestar en ambos colectivos, pues se sienten olvidados.

Topografía del Terror

Esta exposición provoca escalofrío, sólo con leer su título. Está situada en el lugar donde se encontraban las instituciones más temidas de la Alemania nazi, tanto el cuartel general de la Gestapo o policía secreta, como el mando central de las Shutzstaffel, los matones más fanáticos del régimen nazi, popularmente conocidos como las SS. La exposición muestra los escenarios del terror, pone cara a los verdugos y documenta el impacto que las dos siniestras instituciones tuvieron en la Europa ocupada. Desde sus despachos, criminales de guerra como Himmler o Heydrich planificaron el holocausto y organizaron la persecución sin tregua de sus adversarios políticos, muchos de los cuales sufrieron torturas en las prisiones de la Gestapo.

No hace falta saber alemán para sentirte afligido, basta con ver las fotos de la barbarie que el régimen nazi desató en sólo doce años, desde 1933 a 1945

No hace falta saber alemán para sentirte afligido, basta con ver las fotos de la barbarie que el régimen nazi desató en sólo doce años, desde 1933 a 1945. Algunas imágenes imponen,  pues resulta difícil entender cómo la inmensa mayoría del pueblo alemán se dejó embaucar por la locura del Führer, con su discurso xenófobo, basado en la raza superior. En una foto, centenares de mujeres, al borde de la histeria colectiva, intentan tocar la mano de Adolf Hítler, como si fuera un dios. En otra, una masa de alemanes hace el saludo nazi, cuando pasa el coche del dictador. Y también nos impacta un grupo de niños saludando, brazo en alto, como ejemplo de la gran capacidad del régimen para fanatizar a los más jóvenes.

Mujeres alemanas intentan tocar la mano de Hitler, como si fuera un dios. La imagen refleja un fenómeno de histeria colectiva. 

Grupo de niños haciendo el saludo nazi, como ejemplo de la gran capacidad del régimen para fanatizar a los más jóvenes. 

Podemos ver fotos que nos estremecen. Mujeres rapadas sin piedad para exhibirlas y humillarlas públicamente. Y las más duras: ejecuciones colectivas en la plaza pública por ahorcamiento, en un patíbulo o colgados de los árboles o el momento de disparar friamente un tiro en la nuca a un detenido

En otra sala de la exposición, podemos ver las fotos que más nos estremecen. La deportación de judíos y otros disidentes políticos a los campos de exterminio que dirigía Einrich Himmler, el comandante en jefe de las SS. Mujeres rapadas sin piedad para exhibirlas y humillarlas públicamente. Y las imágenes más duras: ejecuciones colectivas en la plaza pública por ahorcamiento, en un patíbulo o colgados de los árboles. También me impresiona un nazi, en el momento de disparar friamente un tiro en la nuca a un detenido, cuyo cadáver se desploma y cae en una fosa común. Éstas son las auténticas imágenes del terror. Y las más indignantes, fotos de familia que se hacen los propios nazis. En una imagen, hombres y mujeres encargados de vigilar los campos de concentración, se divierten en una fiesta, sonrientes y celebrándolo con un acordeón. En otra, un grupo de jerarcas nazis lucen sus impecables uniformes de las Waffen SS ante la cámara, ajenos totalmente al dolor de sus víctimas. Parecen auténticos psicópatas. Y la última foto que me llama la atención: el cadáver de Einrich Himmler, que intentó sin éxito negociar con los aliados a espaldas de Hítler. Identificado y detenido por los británicos, Himmler se suicidó con una pastilla de cianuro.

Terror nazi.

Ejecuciones públicas para que sirvieran de escarmiento.

Mujeres humilladas públicamente.

La resistencia alemana contra Hitler

No todos los alemanes eran nazis, también hubo una resistencia interior al Tercer Reich, aunque fue minoritaria. El caso más conocido lo protagonizó el coronel Claus Graf Schenk von Stauffemberg, que el 20 de julio de 1944 organizó un atentado contra Hítler. Llevó un maletín lleno de explosivos al cuartel general del dictador, en el frente oriental, más conocido como la Guarida del lobo. Puso el maletín muy cerca del Führer, debajo de una mesa de roble, donde se celebraba una reunión del alto mando nazi.

Buscó una excusa para salir de la reunión, a la que había sido invitado por ser oficial del ejército alemán, y espero fuera, hasta que escuchó la detonación de la bomba. Cuando abandonó la Guarida del lobo, Stauffemberg estaba convencido de que Hítler había muerto a causa de la explosión, lo que habría supuesto el fin de la segunda guerra mundial, pero no fue así. El Führer sólo había sufrido heridas leves, gracias a la sólida mesa de roble que frenó la onda expansiva. A partir de entonces, el dictador se volvió más desconfiado que nunca y las represalias no tardaron en llegar.

Detención de disidentes, a la luz de día y en plena calle. El régimen nazi ejercía la represión con total impunidad. 

Stauffemberg y sus colaboradores fueron rápidamente identificados por la Gestapo y fusilados en el cuartel general del ejército, en el centro de Berlín, hoy convertido en Ministerio de Defensa Alemán. La Sala donde se planeó el golpe de Estado contra Hítler alberga hoy una exposición sobre la resistencia antinazi alemana y, en el patio del ministerio, una escultura rinde homenaje al coronel, en el lugar donde fue fusilado, para recordarnos que no todos los alemanes se dejaron arrastrar por la locura genocida del Führer. La audacia de Stauffemberg ha sido llevada al cine en la película Walkiria, que era el nombre en clave del complot militar contra Hítler, y el coronel es considerado actualmente como un héroe por la sociedad alemana.

El búnker de Hítler, donde acabó la pesadilla nazi

En nuestro recorrido por la memoria de Berlín, el guía nos lleva hasta un aparcamiento, y nos pregunta: ¿Sabéis dónde estamos? Los turistas guardan silencio en un ambiente de suspense. Y el mismo guía responde: “Estamos justo encima del bunker del Führer, a 14 metros de profundidad, hoy convertido en un aparcamiento para evitar que se convierta en lugar de peregrinación de grupos neonazis”. El guía nos advierte, además, que en Alemania hay una ley que prohíbe hacer apología del nazismo “y quien desafía esta ley, haciendo el saludo nazi, es detenido por la Policía y acaba en la cárcel”.

El guía nos advierte, además, que en Alemania hay una ley que prohíbe hacer apología del nazismo “y quien desafía esta ley, haciendo el saludo nazi, es detenido por la Policía y acaba en la cárcel”

Sólo un cartel recuerda que en este parking estuvo el Führerbunker. Antes no había ninguna indicación ni panel informativo, pero el Ministerio de Cultura alemán se vio obligado a poner el cartel, ante las quejas de los vecinos. Y es que los turistas llamaban continuamente a los timbres de sus casas, que rodean el aparcamiento, para preguntar si ése fue el lugar donde se suicidó el dictador nazi. Efectivamente, el aparcamiento se ha convertido hoy en un lugar de memoria, donde Adolf Hítler se refugió con Joseph Goebbels y otros jerarcas nazis, en los últimos días de la guerra.

Otra visita guiada nos ofrece un inquietante circuito por un bunker subterráneo de la II Guerra Mundial, que recorre un laberinto de salas, con techos bajos y pesadas puertas de acero. También está equipado con camas de hospital, cascos, pistolas, botas y flechas brillantes que indican las salidas. Los guías dan vida a las historias de miles de berlineses que permanecían confinados, hacinados y asustados en el búnker, mientras arriba se desataba el infierno.

La batalla final de Berlín empezó a mediados de abril de 1945. Más de millón y medio de soldados soviéticos marcharon sobre la capital alemana y la rodearon el 25 de abril. Dos días más tarde, llegaron al centro de la ciudad, luchando en las calles contra los pocos soldados que quedaban, muchos de ellos niños y hombres de edad, pues el Führer se había negado a capitular. El 30 de abril, los combates llegaron a la misma Cancillería, donde Hítler se había refugiado en su búnker, con su amante Eva Braun, con la que se había casado un día antes.

Cuando comprendió que la derrota era inevitable, Hítler se disparó un tiro de pistola en la cabeza y Eva también se suicidó con una pastilla de cianuro. Sus cuerpos fueron quemados en el patio de la Cancillería para que no cayeran en manos de los soviéticos.

El ministro de propaganda, Joseph Goebbels, y su mujer Magda, considerada la primera dama del Tercer Reich, también se suicidaron. Pero antes de quitarse la vida, hicieron algo terrible: mataron con pastillas de cianuro a sus seis hijos. La película “El hundimiento”, de producción alemana, narra con rigor histórico cómo acabó la pesadilla nazi.

Los combates tuvieron efectos devastadores en Berlín y su población. Barrios enteros estaban en ruinas

Los combates tuvieron efectos devastadores en Berlín y su población. Barrios enteros estaban en ruinas. Más de 125.000 berlineses perdieron la vida y casi un millón de mujeres y niños habían sido evacuados para salvarlos de los bombardeos aliados. Cuando el 8 de mayo de 1945 se declaró oficialmente el fin de la guerra, sólo quedaban en la capital alemana 2,8 millones de berlineses, de los que dos tercios eran mujeres, pues la mayoría de sus maridos estaban muertos o presos. A ellas les tocó retirar las 25 toneladas de escombros provocadas por los bombardeos. En consecuencia, estas mujeres fueron llamadas las Trümmerfrauen (mujeres de los escombros). Desde la azotea del Reichstag vemos pequeñas colinas que rodean Berlín y que están hechas de montañas de escombros. Actualmente se han convertido en parques y zonas de ocio. Las más conocidas son el Mont Klamont o el Volkspark

A las mujeres alemanas les tocó retirar 25 toneladas de escombros tras los bombardeos. Eran conocidas como las ‘Trümmerfrauen’ (mujeres de los escombros).

La cúpula del Reichstag, símbolo de la nueva Alemania

El Reichstag, sede del parlamento alemán, es el monumento berlinés que más aparece en los libros de historia. En 1919, se proclamó la República alemana, desde una de sus ventanas. En 1933, siendo Adolf Hitler canciller, el enorme edificio sufrió un misterioso incendio. De este siniestro se beneficiaron los nazis, que acusaron sin pruebas al Partido Comunista de haberlo provocado para ilegalizarlo. Desde ese momento, Hitler asumía poderes dictatoriales. Ya en 1945, las tropas victoriosas del Ejército Rojo izaban la bandera soviética en una de las torres del edificio bombardeado. La foto del soldado soviético, colocando la bandera con la hoz y el martillo, dio la vuelta al mundo. Y desde la azotea, podemos localizar fácilmente la Catedral de Berlín, la Casa de las Culturas del Mundo, la Torre de la Televisión, que con 300 metros de altura es el edificio más alto de Alemania, o el enorme parque Tiergarten, el gran pulmón verde de Berlín.

Foto histórica de un soldado soviético colocando la bandera roja con la hoz y el martillo en una torre del Reichstag. La imagen simboliza el fin del nazismo y de la segunda guerra mundial.

La cúpula original quedó destruida durante el incendio del Reichstag, en 1933. La que vemos hoy es obra del arquitecto Norman Foster, que restauró el edificio en el estilo renacentista del siglo XIX, pero añadió una impresionante cúpula de cristal, que se ha convertido en símbolo de la nueva Alemania y es visitada, cada año, por más de tres millones de turistas. La brillante cúpula esta abierta por arriba y por abajo, y situada justo encima del Salón de Plenos. Los visitantes pueden recorrerla por una rampa interior de 230 metros de longitud, que sube en espiral, alrededor de un cono forrado de espejos, que desvía la luz solar hacia la sala plenaria. Y una vez arriba, podemos observar los debates parlamentarios. Foster quiso así que su cúpula se convirtiera en una metáfora de la transparencia del poder político. De hecho, la fachada principal, que tiene una enorme escalinata y un pórtico sostenido por seis columnas corintias, está coronada por la siguiente dedicatoria, escrita con letras de bronce Dem Deutscher Volke, que significa: Al pueblo alemán.

Fotografías facilitadas por el autor D. Francisco Vigueras.

Autor del artículo: D. Francisco Vigueras.

Artículo gentileza:  «Diario del Independiente de Granada.

Poema: Desnúdate. Autor: D. Tony Rodríguez Portillo. Poemario: Pensamientos y Poemas.

DESNÚDATE

Desnúdate despacio, mi amor

deja tu ropa caer en la cálida arena,

que la brisa marina refresque tu cuerpo

calentado por el sol sobre el mar.

Déjame contemplar una vez más

la desnudez de tu esbelto cuerpo,

tu cuerpo, desnudo frente al mar

bajo la luz de los luceros.

Desnúdate despacio, mi amor

sumérgete en las aguas marinas,

cual sirena bailarina

bailándole al Dios Amor…

Desnúdate despacio, mi amor

desnúdate para mi…

deja que acaricie sin temor

la calidez de tu cuerpo tierno y frágil.

Déjame grabar en mis retinas

cada poro de tu piel virginal,

tu piel cálida y sensual

que me invita a marte más y más.

Desnúdate despacio, mi amor

sumerjamos nuestros cuerpos desnudos,

bajo las aguas del cálido mar

entregados al amor…

Desnúdate despacio, mi amor,

desnúdate para mí.

 

Autor: D. Tony Rodríguez Portillo.

Poemario: Pensamientos y Poemas.

Poema: Ya aletargado. Autor. D. Vicente Mazón. Del poemario: En ausencia de Huellas. Poesía En Tránsito

Ya aletargado

en este nido de invierno

bajo la cobija tibia de la palabra

y envuelto por polvo de anaqueles

-libros y saber del tiempo,

 voces quedas en su ribera-,

contemplando tras el cristal

la ausencia de nieve,

que no sabe de este sur,

la lejanía del céfiro,

huido a sus alturas,

las ruinas de esta ciudad

altiva y envidiosa de la luz,

que no es Roma;

regreso al fulgor de la escarcha

en la madrugada,

al refugio del verso,

a la cadencia suave

de su arrebato,

a la herida blanda

de ninfas y amazonas;

y miro

la huella ausente

de los pasos que dejé atrás,

el polvo hecho lodo en los charcos,

el germen seco de mi simiente,

el eco estancado en esta caverna

de días y noches

de noches y días…

Y afuera,

Lluvia,

Lluvia

           Muelle de versos

cala la tierra

y despierta la memoria primera,

el sueño

               de ver

                          verdecer

en este nido de invierno,

los brotes de un verbo tierno y recio,

sílabas que trepen a un cielo blanco de papel,

palabras que brillen como mies dorada de estío,

cantos que manen sangre de lirios

al arrullo de las palomas,

en el letargo,

en el regazo cálido de un poema

que se haga primavera.

Autor: D. Vicente Mazón

Poemario: En ausencia de huellas.

Poesía en Tránsito.

Mis silencios de vida III: Reflexiones sobre el simbolismo del silencio, por Julio Jiménez Cordobés

Nuestra vida es una eterna algarabía de griteríos. Palabras vacías, sin el apoyo del verbo constituyen el modelo a seguir, fomentamos lo intrascendente. Vivimos en una sociedad donde una persona despojada de obras puede imaginarse ser un sabio. Sin detenerse en lo que está diciendo, sólo utilizando su oratoria es capaz de aparentar ser el salvador o el señor todo poderoso de un grupo social determinado. El Ego, ¡cállalo! ¡El estampido de las voces nos aleja del pensamiento!

La ausencia de ruidos está desaparecida o reducida a la mínima expresión. Su método, sus reglas constituyen el camino a la sabiduría, el reencuentro con la verdad.

Desde los orígenes de la civilización humana se ha utilizado como orden para cultivar al hombre:

Epicuro: “Vive calladamente” Pitágoras: “El silencio es la primera piedra del templo de la filosofía”. Horacio: “Todos los hombres que no tienen nada que decir, hablan a gritos” Séneca: “Soy tan partidario de la disciplina del silencio, que podría estar horas hablando sobre ella”.

El mutismo es un denominador común en las distintas tradiciones religiosas. Por todas ellas, es considerado como el principio del conocimiento. Con su práctica se consigue calmar el espíritu para llegar a la paz interior.

En el Antiguo Egipto, la purificación del alma viene dada por la habilidad en la ausencia de ruido. El dios que lo representa es Harpócrates, un infante desnudo con un dedo de su mano derecha en la boca.

El budismo invita al regocijo que produce hurgar en uno mismo. Thich Nhat Hanh escribió: “El silencio interior es esencial para poder oír la llamada de la belleza y responder a ella. Si en nuestro interior no hay silencio -si nuestro ente, nuestro cuerpo están llenos de ruidos, no oiremos la llamada de la belleza”

Nos cuenta la leyenda que un día Buda alzó una flor blanca mientras enseñaba dharma (principios morales budistas) a un grupo de monjes. Mostró la flor y calló. Uno de sus discípulos, sonrió sutilmente ante el gesto.  Este fue la enseñanza del Buda: Todo camino hacia la conciencia está constituido por silencio porque la verdad no puede ser palabras, flor porque cuando se logra comprender se llega a la expresión pura de la verdad, sonrisa, porque la alegría es el estado natural cuando se entiende que todo es perfecto.

Los musulmanes, en su libro sagrado el Corán, elogian la virtud de la prudencia. así lo expresan:

El Profeta Muhammad, nos dijo: “Una de las señales de que la persona se ha afianzado en la fe y se ha aferrado al Islam es que habla poco”. El Califa Omar, dijo al respecto: “Quien habla mucho, incrementa sus pecados; y de quien aumenta sus faltas, el Infierno será su morada”.

“La lengua (la palabra) es una dádiva de Al-lah que debe ser usada de manera correcta, diciendo solo cosas beneficiosas, buenas, bonitas, alabando a Al-lah, recitando el Corán o callando cuando no se tenga nada bueno que decir, así se convierte en una bendición. Pero si, por el contrario, es empleada para maldecir, para ofender a la gente, para deshonrarla y difamarla, esta bendición se convierte en maldición y las consecuencias que acarreará su mal uso serán desastrosas”.

La tradición hebrea considera esencial crear un ambiente idóneo para poder escuchar la palabra sagrada. El cuarto libro de la Torá, llamado Bamidbar (en el desierto), narra la marcha del pueblo de Israel hacia la tierra prometida atravesando el desierto, lugar de ausencia de sonidos que impiden la distracción en el encuentro con Dios. Es el momento del Shemá, escuchar, prestar atención y responder a lo que se ha oído. Oración que llama a los judíos a vivir el compromiso, la práctica del amor hacia Yahveh.

Los cristianos entienden el susurro de la nada como el medio para llegar a Dios. La ausencia de ruidos es condición esencial de la oración, es la llave que permite la unión del alma con la divinidad.  No puede haber vida cristiana sin oración. En el libro del Antiguo Testamento de los Proverbios se nos dice: “Aún el necio, cuando calla, es contado por sabio; El que cierra sus labios es entendido”. “El hombre se alegra con la respuesta de su boca; Y la palabra a su tiempo, ¡¡Cuán buena es!!

En la Grecia clásica, Pitágoras de Samos, fue el máximo exponente de la filosofía del Silencio como el comienzo de la sabiduría (la primera piedra del templo de la sabiduría), el destino superior del alma. En la Escuela Pitagórica el discípulo ponía en valor su práctica durante dos o cinco años, de esta forma se elevaba al alumno al trabajo espiritual, al cultivo del ego interior, al control del ego personal, al aprendizaje de la discreción y la prudencia.

En el nacimiento de la masonería operativa, siglos XIV-XV, época de las grandes construcciones de las Catedrales Góticas se impuso el “silencio de las piedras”, el compromiso de guardar secreto del arte arquitectónico, de la técnica de construcción. Los constructores no podían transmitir a los profanos las habilidades de trabajar la piedra. La discreción junto con la hermética eran los medios para proteger al gremio de las injerencias mundanas, así como de las pérdidas de privilegios.

Con la finalización de las grandes construcciones góticas y renacentistas, los canteros, obreros, artesanos, decididos a mantener vivo el espíritu de las antiguas cofradías, crean logias sedentarias. Asociaciones abiertas a la participación de personas ajenas al gremio: nobles, intelectuales, abogados, burgueses. Estos nuevos “masones aceptados” irán sustituyendo a los antiguos operarios. Los talleres masónicos se modifican socialmente perdiendo toda relación con la actividad edificadora. Se pasa de una masonería operativa a una masonería especulativa.

En 1717 es el año de la unificación, el nacimiento de la Gran Logia de Londres. El comienzo de la Masonería moderna donde la disciplina del silencio es una de sus enseñanzas más importantes. El objetivo es formar a pensadores antes que habladores. Su aprendizaje nos llevará a la limpieza de nuestra mente para crear la actitud necesaria para proceder al estudio de la verdad, el resurgir de la sabiduría.

El mutismo en el arte Real lo impregna todo, la decoración de los talleres, los rituales de logias, los distintos grados de crecimiento personal etc. Cuando un profano se inicia en masonería, pasa por una ceremonia de iniciación donde la presencia de la nada es protagonista desde su ingreso en la cámara de reflexión hasta la finalización del ritual de iniciación con los viajes iniciáticos y los juramentos que convierten al profano en aprendiz masón.

Mente abierta, deseo de progresar, despertar las aspiraciones, la pasión por el conocimiento, son características por cultivar en el aprendiz. Como herramienta en este nuevo caminar se impone el silencio que nos enseña a escuchar, a pensar, porque no se llega a la verdad con palabras o discusiones sino con el estudio, la reflexión y la meditación. El iniciado en masonería debe permanecer callado, su objetivo es oir, ver, aprender. Cuando se consigue saber escuchar al hermano, se estará preparado para ascender a “compañero”.

En el segundo grado el masón deberá estudiar, comprender el sentido, el ser de la Masonería, para ello debe comenzar su instrucción con el estudio de diversas ciencias:  Cosmología, gramática, aritmética, astrología, filosofía etc. Se abre un periodo de formación donde la presencia de la nada, el mutismo, se convierte en “Reflexión Interior”, capacidad de escucharse a uno mismo, como medio para conectar el interior con los contenidos asimilados. De esta forma su madurez le irá permitiendo el dominio de las palabras, dotarlas de sentido, adquirir la templanza necesaria para determinar cuándo hablar o cuándo callar.

En el tercer grado, el Maestro por su madurez, percepción y práctica de la tolerancia debe dominar el arte de la “elocuencia”. Con un lenguaje fluido, claro, debe ser capaz de captar la atención de los oyentes, convencer, conmover. Las palabras tienen poder para construir o para destruir, pueden ser mal usadas, mal interpretadas, por ello los Grandes Maestros nos enseñan hablar cuando nuestro verbo sea más valioso que nuestro enmudecimiento.

El silencio es el enemigo del Ego, falsa ilusión de nosotros mismos, culpable de la degradación del hombre, cuando el yo desaparece en un masón, surgen los valores de libertad, igualdad y fraternidad. Cerremos nuestros labios, abramos nuestros corazones, es la mejor manera de hablar a nuestras almas.

 

Autor: Julio Jiménez Cordobés.

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