Mis Silencios de vida II. El camino iniciático que lleva a Santiago de Compostela

Mis silencios de vida II:  (El camino iniciático que lleva a Santiago de Compostela)

Autor: Julio Jiménez Cordobés.

 El tiempo no se detiene, sigo buscando la música de la “nada”, dejándome envolver por sus delicadas notas que me llevan a mi interior.

Atrás quedaron los cuentos infantiles, mis padres ya no están. No están muertos, viven en mí, en mis recuerdos. Cuando llegue la hora de cruzar al Oriente Eterno me encontraré con ellos.  Sigo disfrutando de las noches de estío en mi pueblo, contemplando las estrellas. Cuando paso por la plaza Pablo de Olavide, siempre recuerdo los juegos de niñez. Al entrar en la Iglesia de la Purísima Concepción continúo buscando la ausencia de palabras, la paz del templo. Sentado en uno de los bancos hablo conmigo mismo, con mi conciencia.

Mi siguiente experiencia en la búsqueda de la calma del silencio me lleva en soledad al Camino de Santiago. Empezaría en bicicleta desde Sevilla, mi destino, Santiago de Compostela siguiendo la ruta de la “Vía de la Plata”. Calzada que desde época prerromana enlazaba el sur con las tierras más septentrionales, permitiendo la colonización de la Bética. La importancia económica y estratégica de estos lugares, impulsó al imperio Romano a la construcción de vías para favorecer la comunicación. Así nace el itinerario, aproximando Augusta Emérita (Mérida) con Astúrica (Astorga) hacia el norte y con Híspalis (Sevilla) hacia el Sur. Todo el trayecto estaba marcado en millas romanas (1468m), con hitos de piedras llamados “miliarios”, símbolos para los peregrinos cuando transitan por esta ruta para llegar a Santiago.

¿Cuáles eran las motivaciones para emprender semejante actividad? Me considero una persona agnóstica, escéptico en temas religiosos, tampoco la búsqueda interior constituía mi objetivo principal, sólo pensaba en la realización de un proyecto de superación física personal. El reto de hacer kilómetros conectando el Sur con el Norte, descubrir paisajes, llegar a mi destino. Para ello, necesitaba una preparación física, una organización logística (compra de materiales, planificación de etapas etc.), además de fijar la fecha de salida, el día 1 de agosto del 2008. Para conseguir la resistencia necesaria efectué sesiones de entrenamiento por las distintas veredas del Puerto de Santa María, Sevilla y La Luisiana:

“La ruta de la manzanilla y el moscatel”, 78 kilómetros de vías pecuarias por huertas, pequeñas fincas de regadíos, viñedos con unas características especiales por la influencia del mar y el viento, nos deleitan con sus célebres caldos únicos en el mundo, visitando las ciudades de Chipiona o Sanlúcar de Barrameda donde el río “grande” se funde con el Atlántico.

 “Vía verde de la campiña”, entre La Luisiana y Córdoba”. 107 kilómetros por el antiguo trazado ferroviario uniendo Sevilla con Córdoba, acompañado de mi hermano. Un paseo a Écija se convirtió en toda una aventura al terminar en Córdoba, recordando esos trayectos recorridos en trenes de vapor por nuestros padres para desplazarse a las ciudades vecinas de Écija, Córdoba, Marchena, Sevilla. Túneles, puente de hierro, casillas de ferroviarios junto a campos de cereales, los corredores fluviales del Guadajoz o el Guadalmazán con una vegetación de ribera, enriquecen el paisaje del recorrido.

“De Sevilla a Sanlúcar de Barrameda acompañando al Guadalquivir”. 110 kilómetros convertidos en una verdadera pesadilla de barro y agua. El día antes de la etapa, llovió de forma copiosa. Al alba, el día amanece radiante. Inicio el trayecto a las 7,20 horas, con las alforjas ya instaladas en la bicicleta. Al salir de la ciudad por debajo del puente del quinto centenario para incorporarme al camino paralelo al río Guadaira, me encontré con la realidad que me acompañará durante toda la ruta, caminos embarrados hacían muy difícil la circulación. Campos de arroz acompañan al río Guadalquivir. La senda se transforma en una vía de asfalto, hoy abandonada, llamada “Carretera del práctico”.  A partir de ahora, mi vista se recrea de la escena del río Betis y su entorno ambiental.  continúo mi pedaleo hasta llegar al parque natural de “las Señuelas” por una zona de eucaliptos. Disfruto de la vegetación, del agua, de los animales (cigüeñas, aves rapaces, garzas etc.) ¡Todo un espectáculo! Para colmo, cerca de Trebujena empezó a soplar un fuerte viento de cara dando un tono de más dramatismo a la etapa. Imposible avanzar a más de 9 kilómetros hora. Distintos entornos naturales recrean mi vista hasta mi llegada a la meta final en el “Bajo Guía” donde el “al-wādi al-kabīr” (el Río Grande) vierte sus aguas al océano Atlántico.

¡Prueba superada! Me siento preparado para comenzar mi gran reto personal, sin saberlo, se convertirá en un verdadero “Viaje iniciático”.

El 1 de agosto del 2008, al alba, comencé mi aventura, perfectamente equipado y organizado, más de 500 kilómetros hasta Zamora. Una prostatitis aguda me impidió continuar hasta Santiago. Al principio iba con un objetivo de superación físico personal, propósito vacío del que surgen muy pocas cosas. Cuando me puse a pedalear dejando atrás la gran urbe Sevillana, la magia del camino, la soledad, el silencio de la naturaleza se impuso. Se produjo una conversión, una gran avalancha de sentimientos no se correspondía con el objetivo inicial. ¿Hacia dónde voy? No me imaginaba que esto podía suceder. Las ideas son una cosa, la realidad del camino es otra.

A mi espalda, Sevilla ya no aparece, voy por un camino ancho, muy cómodo, me aproximo al pueblo de Guillena, al pie de Sierra Morena. Espero no hacer realidad el famoso refrán: “Aquel que anda por la sierra cualquier día se descalabra”. Poco a poco me voy adentrando en su interior, ya no se escucha el estruendo de la humanidad. El mutismo se rompe por la fatiga del esfuerzo, o por la bicicleta al rodar entre piedras. Centrado en el empeño de la subida, no reparé en la belleza del paisaje. Al llegar a la zona del Berrocal en pleno corazón de la serranía, alejado de toda civilización, realicé una parada para descansar, coger fuerzas para subir al “Cerro el Calvario”. Miré a mis aledaños, estaba pasando por un paisaje maravilloso, lleno de misterios, atravesaba caminos transitados por peregrinos durante siglos. A mi alrededor, montañas, prados, pistas forestales, pájaros, flores, sol, cielo, nubes eran los únicos compañeros que tendría en esta aventura. Me imaginaba levantarme cada mañana lejos del estrés de mi agitada vida.

 La subida al “Calvario” fue un verdadero sufrimiento, imposible hacerla en bicicleta, ¡pie al suelo!  Cada 50 metros realizaba una parada buscando la sombra de una encina. El esfuerzo fue enorme, exhausto, aparecen deseos de abandonar, volver sobre mis pasos, pero recordé las palabras de mi padre: – ¡Julio! En la vida, siempre hay que ir hacia adelante-. ¡Por fin la cima! Un mirador me ofrecía el lugar perfecto para descansar de la tortura de la subida. La inmensidad de la naturaleza se presentaba en este lugar, mi vista al horizonte sólo alcanzaba bosques de encinas.  La paz, el sosiego, la circunspección, un momento conmovedor, especial y mágico se imponían a la satisfacción por superar el reto del ascenso.

Escribiendo estas palabras, no dejo de pensar en la película: “El hombre que pudo reinar” basada en el libro de Rudyard Kipling. Sus protagonistas, Dravot y Carnehan (Sean Conery y Michael Caine) realizan un viaje iniciático lleno de dificultades hacia la búsqueda de la luz interior, siempre presente, aunque no nos demos cuenta. Deseo no acabar como ellos, imbuidos por la ambición del poder, alejados de la virtud de la sabiduría. Todo ser humano realiza un camino iniciático en su vida. No importa el final, lo fundamental es cómo lo hayas vivido. Rudyard Kipling solía decir: “El saber soportar las falsas injurias de los necios para deleitar a los tontos y mantener el silencio que refuerza nuestras verdaderas acciones, ennoblece nuestra condición de hombre”.

 El resto de la jornada hasta mi albergue de descanso en la ciudad de Real de la Jara en el límite de la vecina Extremadura, lo realizo con tranquilidad, disfrutando de mis pensamientos, sin prisas por llegar, el tiempo se había parado para mí. El medio natural es mi acompañante. Me siento feliz, desintoxicado, sin ataduras, encontrándome conmigo mismo.

Durante cinco etapas por la Comunidad Extremeña. Ciudades milenarias como Mérida, Cáceres, me dan la bienvenida. Campos de vides, paisajes de centenarias encinas me reciben con los brazos abiertos, ¡qué gran pueblo!, hospitalidad, buena comida, personas de honor, muy distinto al estereotipo que D. Francisco Gregorio Salas, poeta y eclesiástico, realiza de sus paisanos al definirlos como “indios de la nación por su pereza” (décima recogida en sus Epigramas), ¡vaya forma de echar tierra a la nobleza de un pueblo! La amplia llanura da lugar a la sierra de Gredos en Baños de Montemayor, a las puertas de Castilla y León, muy cerca de Béjar en la vecina Salamanca.

Una nueva virtud aparece en mi travesía, el compañerismo, la fraternidad o la solidaridad, compartir mis sensaciones con otros compañeros de viaje. Peregrinos en búsqueda de sentido en sus vidas o simplemente superar una meta personal, dispuestos a escuchar y a ser escuchados. Durante mi paso por la provincia de Badajoz conocí a Stéfano, italiano de Milán. En soledad caminaba desde Zafra en dirección a Salamanca. Compartimos experiencias en una tarde de convivencia, o los hermanos Eduardo y Juan Manuel, salieron de Córdoba, nos encontramos por tierras de Cáceres, disfrutamos juntos hasta Salamanca. Convivir con extraños como si los conocieras de toda la vida, estar siempre dispuesto a auxiliar a quien esté en apuros. Lo importantes es dar nuestra mejor versión de lealtad y hermandad hacia los demás. Estar siempre dispuesto a ayudar, atender, oír a quien lo necesite.

Siguiendo por la vía de la plata, llegamos a las ruinas de la ciudad romana “Caparra”, pasamos por una de sus puertas, en el centro se levanta majestuoso el “arco de Caparra” dando paso al foro, templos y termas. Nos acercamos a Castilla y León. Después de coronar el puerto de Béjar volvemos a la llanura, atravesaremos fincas de ganado hasta llegar a Salamanca. Pero antes, hacemos noche en uno de los albergues más emblemáticos situado en Fuenterroble de Salvatierra. El padre Blas nos recibe para darnos la bienvenida. Él es quien ha construido tan emblemático lugar, de la misma forma, durante todo el trayecto hasta la capital Salmantina ha dispuesto pequeños refugios para los peregrinos, instalando una gran cruz en la cima del pico de “las dueñas”. Los viajeros suelen traer una piedra de sus lugares de origen para depositarla al pie de tan solemne cruz, convirtiendo al camino en un lugar tan espiritual como místico.

Desde Salvatierra pasando por la vieja ciudad universitaria fuente de inspiración para Antonio Nebrija, Fray Luis de León o Miguel de Unamuno nos adentramos en tierras de vinos. Justo aquí me separo de mis acompañantes, ellos, deciden continuar hasta Zamora por carretera. No quiero dejar las veredas, deseo continuar la magia, el misterio, vibrar con la naturaleza, con su espiritualidad que me lleva directo a mi interior a través de la práctica del silencio. Pensar, despejar mis ideas, planificar mi vida. Contemplar el transcurrir de mis años, calmar los ánimos, reconducirme hacia la templanza, el sosiego, el aplomo.

Cae la tarde, decido pasar mi última noche de esta aventura en Villanueva de Campeán, muy cerca de la ciudad Zamorana. Al alba, con bastante frío, inicio la marcha hasta llegar a mi destino final, Zamora. La prostatitis se ha agudizado. Me alquilaré un coche para volver sobre mis pasos.

Esta escapada ha sido perfecta para pensar en mis metas olvidadas. La ausencia de ruidos me ha ayudado a reflexionar, sobre lo que soy, el estilo de vida que quiero llevar y lo que quiero hacer por los demás.

¡Peregrino!, ¡cuando llegues a escuchar el silencio del camino habrás aprendido el idioma de tu alma!

 

Julio Jiménez Cordobés. Aprendiz Masón.

El Insulto y la intolerancia, recurso de los pobres (de mente). Rafael Sanmartín

La Bulla

Rafael Sanmartín

El insulto y la intolerancia, recursos de los pobres (de mente)

          ¿En qué piensa la Junta de Andalucía?

          Cómo puede lucir la Medalla de Andalucía quien, en lenguaje de tribu barriobajera se permite insultar a Andalucía, ó llamar a Blas Infante «botarate e imbécil integral» entre otras «lindezas»? La ¿historiadora? falla o miente cuando acusa a los almohades de ser los «cafres más cafres» hasta los talibanes. Imposible ser más cafre que la buscadora de publicidad gratuita a costa de insultar a quien vale mucho más que ella, quien la emprende contra «el Día de Blas Infante», ignorante, la pobre, que el 28 de febrero no es el Día de Blas Infante, sino el Día (oficial) de Andalucía en recuerdo de un referéndum dónde el 98 por ciento de los votantes exigieron el máximo nivel de Autonomía para Andalucía, el día en que, contra sus enemigos, quedó impuesta como Comunidad Histórica. Pobre mujer, toda una profesora desconoce la obra de Blas Infante, mucho más extensa que el limitado reducto craneal de la premiada con una Medalla de Andalucía.

          ¿En qué pensaba la Junta, cuando la otorgó? ¿En qué piensa? Ya sólo falta que su defensa consista en decir que se le discute «por ser mujer».

          Llamar «botarate» e «imbécil integral» a quien defendió la igualdad hombre-mujer cuando eso era impensable, que defendió a los niños y peleó activamente contra el trabajo infantil, que obtuvo las simpatías y apoyo de los cenetistas por su defensa de los trabajadores, que defendió mejorar los métodos de agricultura, que planteó la forma de obtener financiación para el campo y para crear industria de transformación agraria, que se adelantó a su tiempo, es mucho más que unos insultos. Es una falta de respeto a la verdad, a la historia, a la cultura, al decoro, lo que denota su supina ignorancia y a quienes han trabajado por todos durante toda su vida. ¿Cómo puede permitir el gobierno, que debería ser de todos los andaluces, que semejante figura envenene a sus alumnos con proclamas políticas de ultraderecha, contra la existencia misma de la Comunidad Autónoma de Andalucía?

          Debería ser obligatorio saber, al menos para quien ostenta un título universitario y encima la premian con una medalla de Andalucía —eso, indignamente, no lo rechaza— que el color verde de la bandera de Andalucía es muy anterior a la llegada de los almohades, que es el color de la esperanza y el blanco es el de la paz. Que los almohades no debían ser tan incultos como la conferenciante pues en vez de destruir, construyeron; entre otras obras el alminar que sus «adorados» invasores castellano-leoneses odiaban tanto como lo odia ella y proyectaban derribar por ser una torre mora. En una cosa acierta: la enseñanza es una correa de transmisión; en efecto: todavía vivimos muchos miles a quienes se nos obligaba a cantar el Cara al Sol, añoranza que debe tenerla en vilo y que, sin duda, le satisfaría mucho más que el canto a la paz que es el Himno de Andalucía. La Comunidad que, por más que le pese, fue adelantada en la antigüedad clásica, en la Edad Antigua, en la Media, en la Moderna y dejó de serlo por la labor destructiva de los gobiernos españoles que, desde el siglo XIX se han dedicado a despojarla de industria, de cultura, de historia y de identidad, para que gente como ella puedan celebrarlo torciendo la realidad, insultando con la más basta, mezquina y miserable imitación de reality, o sea: con su chabacana falta de estilo.

          En esta carrera de la ultraderecha por restaurar las condiciones que condujeron a un golpe de Estado, discursos incendiarios contra las instituciones y los símbolos de Andalucía en la mejor línea abascaliana, buscan aportar su esfuerzo para retrotraernos ochenta y cinco años, como muestra que son del «inefable» espíritu intolerante propio de la más rancia y casposa actitud anti progreso humano.

El Defensor de la República. Francisco Vigueras. Periodista. Vicepresidente Verdad, Justicia y Reparación

El Defensor de la República

Paco Vigueras, periodista y vicepresidente de la Asociación Granadina Verdad, Justicia y Reparación.

Hace 90 años, nuestros abuelos votaron por la República para poner fin a la decadencia política que vivía el país, con una monarquía corrupta que pactó con la dictadura de Primo de Rivera y perdió progresivamente el apoyo popular. La República se perfilaba como el régimen alternativo y El Defensor de Granada contribuyó, de forma decisiva, a este cambio político. El diario republicano era el más leído en la ciudad de la Alhambra y, cómo no, también en la casa de Federico García Lorca. Su director, Constantino Ruiz Carnero, gozaba de la amistad del poeta, desde los días de la tertulia del Rinconcillo.

Por fin, el 14 de abril de 1931, fue proclamada la Segunda República y Constantino se entregó, en cuerpo y alma, a defender el nuevo régimen salido de las urnas. El Defensor se convirtió en un auténtico portavoz de la causa republicana y, al mismo tiempo, en un crítico demoledor de la monarquía borbónica, encarnada por el rey Alfonso XIII, que marchó al exilio. Ruiz Carnero hizo de El Defensor el diario más progresista que jamás haya tenido esta ciudad.

Sin embargo, desde que se proclamó la República, surgió en Granada un segundo grupo de opinión, muy conservador y enfrentado visceralmente al primero. Estaba encabezado por la oligarquía terrateniente, que veía en la reforma agraria una amenaza para sus privilegios. Los terratenientes apoyaron al partido de derechas Acción Popular, que fundó en 1932 el diario católico Ideal. El nuevo rotativo nacía, pues, para contrarrestar la influencia creciente que El Defensor de Granada ejercía en la opinión pública. Y es que, al día siguiente de la proclamación de la República, Ruiz Carnero cogió su devastadora pluma y escribió:

“El régimen caído no podía vivir en un ambiente de ciudadanía y libertad. Vivía de la violencia del poder público, del apoyo de los intereses creados. Necesitaba falsear elecciones, amordazar a la prensa, coaccionar la libertad de pensamiento, satisfacer la torpe ambición de los caciques, reprimir sangrientamente toda expresión del sentimiento público…Con él desaparece el inmenso enjambre de parásitos que depauperaba el erario público” (El Defensor, 15-4-31).

El Defensor de Constantino era un periódico que no se preocupaba de disimular su sentimiento republicano, lo que le ocasionó serios problemas con la derecha. Ya con el inició del conocido como bienio negro, cuando los conservadores tomaron el poder en 1933, tuvo sus primeros tropiezos, pues el rotativo no dejó de denunciar cualquier conspiración contra la República:

“Lo indudable es que se trata de una maniobra contra el régimen. Son los extremistas de la derecha en acción. Los que no aceptan la República y los que están dispuestos a combatirla con todos los medios a su alcance. Son los que no admiten la convivencia social y política en un régimen democrático”. (El Defensor, 25-7-33).

Campaña de acoso y derribo contra El Defensor

Un año más tarde, en 1934, se desencadenó la conocida como revolución de Asturias, que tuvo su réplica en Granada, donde los sindicatos convocaron una huelga general. Con motivo de la huelga, la Policía detuvo a destacados sindicalistas y políticos de izquierda para impedir que tuviera éxito protesta. Entre los registros practicados, se realizó uno en la sede de Izquierda Republicana y, entre los detenidos, Ruiz Carnero, ya entonces, primer teniente de alcalde de esta formación política y director de El Defensor. La detención del periodista y de otros políticos, que también eran cargos públicos en el Ayuntamiento, provocó además una crisis municipal, pues el alcalde Ricardo Corro Moncho presentó su dimisión al gobernador civil por ordenar la detención arbitraria de los concejales republicanos, a pesar de que ninguno había participado en la huelga. Ruiz Carnero sufrió el bienio negro en sus propias carnes, ya que fue detenido en el 34 y golpeado en el 35,  pero no cedió a las presiones de sus adversarios políticos. Lejos de intimidarlo, el periodista siguió denunciando en El Defensor la campaña de acoso y derribo de la derecha. Sus compañeros y amigos, entre ellos Federico García Lorca, le hicieron un cálido homenaje para demostrar que Constantino no estaba solo.

El Frente Popular ganó las elecciones del 15 de febrero de 1936 y restituyó inmediatamente a las corporaciones municipales que habían sido cesadas, dos años antes, por el gobierno conservador de la CEDA. El 21 de febrero tomaron de nuevo posesión de sus cargos los concejales desalojados del Ayuntamiento granadino durante el bienio negro. Entre ellos, Constantino Ruiz Carnero, que fue elegido alcalde interino y afirmó emocionado: “Al pueblo granadino queremos decirle que venimos a esta casa con más fervor republicano que nunca y que estamos dispuestos en todo instante a defender la República. ¡Granadinos! ¡Trabajemos por Granada y por la República!”. (El Defensor, 21-2-36).

Tras una cerrada ovación, Ruiz Carnero rogó al público que desalojara el Salón de Plenos de forma pacífica y en orden para evitar incidentes. El periodista convertido en alcalde era consciente del peligro que planteaba la nueva situación, desde que la derecha había sido desalojada del poder. De hecho, El Defensor tuvo que desmentir insistentes rumores sobre una intentona golpista y publicó una consigna del Frente Popular a sus seguidores para que evitasen provocaciones. “Queremos que el triunfo del Bloque Popular Antifascista no sea motivo para que hombres y mujeres den a su entusiasmo exterior expresión; ello daría lugar a que elementos provocadores interesados nos llevaran a situaciones que todos debemos evitar”.

Quinto aniversario de la República

El 14 de abril de 1936, quinto aniversario de la proclamación de la República, fue una fecha clave para demostrar la solidez del régimen y El Defensor de Granada se convirtió en símbolo de la causa republicana. El decano de la prensa granadina reivindicó el 14 de abril con más énfasis que nunca y esta vez no estaba sólo. Alarmado por los recientes sucesos de marzo, con graves disturbios y dos trabajadores asesinados por pistoleros falangistas, el diario La Publicidad también abrazó el orden constitucional. Y con motivo de la efemérides, los republicanos celebraron el 15 de abril un banquete en los salones del Círculo Mercantil para rendir homenaje a El Defensor de Granada. Los promotores del acto elogiaron al rotativo por su brillante campaña “en pro de la República y de todo cuanto significa ansias de libertad y redención”.

Una bandera tricolor y el escudo de El Defensor, el simbólico gallo lorquiano, presidió el homenaje. Y su director, Ruiz Carnero, convertido en principal protagonista de la fiesta, pronunció un emotivo discurso: “El Defensor de Granada no es un periódico de partido. Es y quiere seguir siendo el portavoz de todas las fuerzas de la democracia granadina y siente, como lo sentimos todos los republicanos, los anhelos de justicia social que han puesto en pie a las masas españolas y a los núcleos más inteligentes del país para barrer definitivamente a las oligarquías feudales que todavía sueñan con el aplastamiento de la conciencia pública y popular. Esa es nuestra honrada labor de periodistas… El Defensor de Granada os da las gracias por vuestro homenaje. Más que vuestra actitud personal ante este honroso agasajo, nos interesa destacar aquí lo que este acto de republicanismo significa, en la fecha de hoy, como vínculo de unión, como acto de presencia de la democracia granadina”. (El Defensor, 16-4-36).

Los asistentes al banquete, no sólo manifestaron su profunda admiración por El Defensor, sino que entregaron a Ruiz Carnero la insignia de Caballero de la Orden de la República. El emotivo acto culminó en un ambiente de exaltación republicana, con la interpretación del Himno de Riego y de la Internacional. Por supuesto, la derecha granadina no olvidaría nunca este homenaje que consideró una provocación, pues muchos de los asistentes serían fusilados meses después, durante el golpe militar del 18 de julio del 36.

La pluma ha de formar el alma del pueblo

Lo primero que hicieron los golpistas fue cerrar El Defensor de Granada, el periódico decano que llevaba más de medio siglo informando a los granadinos. Ideal dedicó al cierre una breve reseña: “El Defensor de Granada clausurado. En la puerta del periódico se fijó una cuartilla escrita a máquina en la que se hacía constar que el edificio había sido clausurado por orden del comandante militar de la plaza. En torno a la casa, prestaban servicio varios soldados” (Ideal, 21-7-36). Y una semana después, el 27 de julio, otra noticia breve informaba sobre la detención de su director: “Periodista detenido. En las últimas horas de la madrugada fue detenido don Constantino Ruiz Carnero, director de El Defensor de Granada, quien quedó en uno de los calabozos de la comisaría”. Aquel 27 de julio, los lectores del diario republicano tuvieron que seguir la suerte de su director a través de otros diarios. Pero sobre todo a través de Ideal que, una vez cerrado El Defensor por los golpistas, pasó a ser el diario más leído de la ciudad. Consciente de la alarma social que había provocado la detención de Ruiz Carnero, el rotativo conservador siguió informando:

“Cuando tuvieron conocimiento de la detención, nuestro director don Santiago Lozano y el presidente de la Agrupación Profesional de Periodistas, señor Moreno Dávila, estuvieron para saludarle y, al mismo tiempo, visitaron al señor gobernador para interesarse por la libertad del compañero. No pudieron conseguir que fuera libertado el señor Ruiz Carnero, pero lograron del señor Valdés la orden para que fuese trasladado inmediatamente a la cárcel, para evitar molestias que el exceso de detenidos le causaba la permanencia en la comisaría. El señor Ruiz Carnero se mostró agradecido a estas atenciones”. (Ideal, 27-7-36).

Era la segunda vez que detenían al célebre periodista, en menos de dos años. La primera, en el 34, fue un aviso. Ahora, la detención iba en serio, lo que preocupaba a los lectores de El Defensor. Familia, compañeros y amigos temían lo peor, pues el gobernador José Valdés era conocido por su falta de escrúpulos. Y lo peor, pasó. Ruiz Carnero fue fusilado, en la madrugada del 8 de agosto de 1936, en las tapias del cementerio de Granada. Formó parte de la primera saca de presos, ejecutados en represalia por los bombardeos republicanos. Lo sabemos por una carta del abogado José María Bérriz, secretario de los Rodríguez Acosta y simpatizante de los golpistas.  Una carta rescatada por el investigador Manuel Titos, en la que el abogado golpista describía a los banqueros granadinos lo que estaba pasando en Granada: “Día 8. Ayer, a las seis de la tarde, visita de los malditos aviones. Tiraron varias bombas. Mataron a 6 personas, de ellas a 4 mujeres…Esta mañana a las 12, nuevo bombardeo. Hoy han fusilado a Vicente Almagro, a Constantino Ruiz Carnero, a Saturnino Reyes y a otros más”. Acabaron así con la vida del periodista, que tanto hizo por la República y que dejó el siguiente mensaje para las nuevas generaciones de informadores:

“La pluma debe servir para algo más útil, más fuerte, más vibrante, que trazar notas de color y emborronar cuartillas, ha de formar el alma del pueblo”.

ASOCIACIÓN GRANADINA
VERDAD JUSTICIA REPARACIÓN

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FACEBOOK: Memoria Granada

TWEETER: Asoc Granadina VJR   @VJRgranada

Mis silencios de vida I. Julio Jiménez Cordobés

Desarrollo un trabajo sobre el silencio filosófico, su definición, comprensión, análisis y conclusiones. Durante mi dilatada vida he tenido distintas vivencias, unas positivas, otras no tanto, sobre la soledad, la calma y el mutismo de la nada. Se me ha ocurrido que la mejor forma de expresar el significado de este término es comenzar a narrar mis experiencias personales, mis silencios de vida.

Los primeros años de mi existencia los pasé en mi casa de La Luisiana en la campiña Sevillana. Éramos unos privilegiados por vivir en una residencia con dos plantas, en la parte baja, hacíamos “la vida”, es decir, donde pasábamos la mayor parte del día. Al entrar en la vivienda se disponen distintas estancias:  el zaguán, donde se recibe a los que llaman a la puerta, la salita de estar, con un sillón y un gran sofá de escay rojo, mi madre los cubría con una gran sábana en verano porque cuando el sol empezaba a apretar, te sentabas y notabas cómo te ibas pegando, a veces, entre tu piel y el sofá se interponía una capa de sudor liberada por tu cuerpo al contacto con el escay. En frente, un gran mueble con una televisión en color marca Telefunken. A continuación, estaba el salón, con un gran “mueble bar”, es curioso el nombre, porque de bar, solo tenía una puerta con apertura hacia abajo, sostenida por dos varillas de metal, en su interior, botellas de anís Marie Brizard, Ginebra, Cointreau, Licor 43, granadina, etc., algunas copas y diminutos vasos.  Ocupando todo el salón una gran mesa con seis enormes sillas a su alrededor. Al fondo, una escalera daba acceso a un baño y a la planta superior donde estaban los dormitorios, junto a éstos, una puerta daba acceso a la azotea. A continuación del salón existía un dormitorio, la cocina, un patio con todo tipo de macetas de geranios, gitanillas, helechos, cintas etc. En verano, lo cubría un toldo enorme, su sombra aliviaba de las altas temperaturas. Finalmente, una minúscula cochera, ¡qué difícil era aparcar el Seat 600 en ese reducido espacio! ¡Peor fue, estacionar el siguiente coche comprado por mi padre, el Seat 127!

Cuando era pequeño recuerdo el miedo a la soledad, la ausencia de sonidos, la oscuridad de la noche. No lo soportaba, me producía ansiedad, muchas veces introducía la cabeza debajo de las sábanas, dormía totalmente cubierto, ajeno del exterior.

Los fines de semana, mi padre descansaba de las 12 horas diarias de trabajo en la fábrica de Aceite y jabones “Díaz Geli”, me levantaba muy temprano para meterme en la cama con él, disfrutaba de sus relatos, me hacía sentirme seguro, protegido. Se reía de mi con el cuento del haba:  – ¿Quieres que te cuente el cuento del haba que nunca se acaba? – Yo le contestaba: Siiiiiiiii, y me volvía a decir: – Pero si yo no te digo que sí, ni que no, ¿sino que si quieres que te cuente el cuento del haba que nunca se acaba? –

Al final, siempre terminaba contando la historia de Garbancito en diferentes versiones, unas veces garbancito vivía en un bosque, sus padres eran leñadores, otras, en la campiña, sus padres campesinos, en algunas ocasiones, se perdía entre la espesura de los árboles, otras, en el vientre de una vaca.  A mí me daba igual el cuento, lo importante, era estar en la cama junto a mi padre, sin miedos, feliz, disfrutando de su compañía.

Ante la ausencia forzada por el trabajo de mi progenitor, mi abuelo “Manué” ejercía de padre. Fue todo un personaje. Participó en la guerra civil en el bando nacional, lo hirieron en la mano, perdió varios dedos, lo llamaban “Manué el mutilao”. Volvió de la contienda con una paga por mutilado de guerra, con otra de sargento y con un puesto de trabajo como conserje en el ayuntamiento de mi pueblo. Él no entendía de política, vivía en una casa en el campo junto con su mujer, sus más de seis hijos, dedicándose a la agricultura, la ganadería y al comercio de los productos de su propiedad. Cuando llegaron los golpistas del 36 le dijeron: – O te unes a nosotros, o te matamos -. No lo dudó, se hizo “del bando nacional”, tuvo suerte, mucha suerte.

Unos años más tarde acompañaba a mi abuelo “Manué” por los cortijos cercanos al municipio, donde él compraba huevos, pavos, gallinas para después venderlas en Sevilla. Andábamos entre olivos, palmas, zarzas y campos de labor, el silencio se imponía a la algarabía de los vecinos de La Luisiana. Me gustaban esos paseos tan largos, escuchar sólo las pisadas al hundirse en la tierra labrada, disfrutaba cuando el sonido de los aguiluchos, perdices y jilgueros rompían la serenidad, esto es, la calma de la campiña. Los olores a hinojos, lirios, margaritas y todo tipo de flores me hacían detenerme, sentarme apoyado en un gran olivo para disfrutar del escenario. Mi acompañante, siempre se enfadaba, pero al final, hacíamos un descanso acomodándose a mi lado. Recuerdo una vez, en una de estas paradas, se subió a un olivo para coger aceitunas, me asusté, y le dije; – ¡Abuelo!, o te bajas rápido o te rompo todos los huevos del cubo -. El pobre hombre, se lanzó al suelo desde lo alto del centenario olivo para proteger tan preciada mercancía. En Sevilla le llamaban “Manué el huevero”. En estos momentos de sosiego mi abuelo cogía un huevo, le hacia un agujero en la parte superior e inferior, me lo daba, aspiraba, y, ¡todo para dentro!

Avanzaba en edad, mi independencia se hacía mayor. La plaza de la iglesia era uno de los lugares donde los niños del momento jugábamos y donde empezábamos los primeros escarceos amorosos de la infancia. Por aquel entonces, yo fui monaguillo. Descubrí un nuevo silencio que me marcó de forma positiva. Entraba en la iglesia, un espacio con unos olores especiales, una calma y paz peculiar invitando a la reflexión. Todas las prisas junto con las preocupaciones del momento se quedaban fuera. Dentro del templo de la Purísima Concepción me encontraba a mí mismo, disfrutaba solo con estar sentado en uno de sus bancos, pensando, reflexionando, escuchando la nada, a veces el chiscar de las velas. Era el lugar perfecto para dar un beso a mi primer amor de infancia. Y así fue, detrás de la gran pila bautismal, donde hoy está nuestra “borriquita”, Mi amiga de juegos y yo, nos besamos por primera vez, teniendo por testigo al “Santísimo Cristo de la Piedad” ¡No se pudo elegir mejor escenario!

Los veranos constituían una de mis épocas favoritas donde descubrí el silencio de las noches estrelladas. Para combatir el sofocante calor, al atardecer, me subía a la azotea para refrescarla con agua, Preparaba un dormitorio improvisado, colchón, sábanas y mantas. Cuando la noche cerraba el día, mis sentidos se disponían a disfrutar del espectáculo. Buscaba la constelación de la “Osa Mayor”, siete estrellas forman un “carro”, le llamábamos el carro mayor, o la estrella polar, la más brillante de todas, formando parte de la constelación de la “Osa menor” o “carro menor”. Entre constelaciones, estrellas, el fresco de la noche y la luz tenue de la luna, me pasaba horas soñando despierto, mis ilusiones, mis amores de infancia, así me quedaba dormido hasta el alba, las primeras luces del amanecer me despertaban y me hacía volver a mi dormitorio.

¡Ya no me daba miedo la noche, ni me creaba inseguridad!

Poesía: «El Genal». Francisco Peinado Gil

Genal

 

Naces como Cíclope fatídico

Encerrado en tu lúgubre cueva

Con tu pesebre de musgo

Salamandras y culebras.

No termina en mar tu ribera

Ni en playa de estuario

Sino en la dorada arena

De tu hermano Guadiaro

Morisca es tu realeza

Así lo atestigua tu lengua

Con Júzcar, Faraján e Igualeja

Cartajima, Alpandeire y Paráuta

Y otros príncipes de la morería

son Benarrabá, Algatocín, Benalauría,

Pujerra y Genalguacil,

Atajate, Jubrique y Benadalid

La entrada al valle

Tiene dos columnas por verja

Son la Crestellina y el Hacho

Entre Gaucín y Sierra Bermeja

Tus altas praderas se visten

De orégano, retama y esparto

Y tus barrancos se cubren

Con Jara de pétalos blancos

Son tus faldas y laderas

Vivos y polícromos lienzos

De olivos, castaños e higueras

Vides, almendros y cerezos

Por acequias y albercas fluye

El agua fresca y paciente

Y la piedra de molino mulle

Espiga y olivo, harina y aceite

Un ejército de chopos enjutos

Vigila y guarda tus verdes orillas

Serpentean por tus canutos

Con sus hojas trémulas y amarillas

Tórtolas, carboneros, petirrojos

Oropéndolas y mirlos

Canturrean en lo más frondoso

De tus chaparros y quejigos

Ay mi Genal, no te dejes apresar

Tu libertad son las pozas y corrientes

Las libélulas y martines al volar

A ras del rumor de tus torrentes

Que corran tus minerales aguas

y vítreas, libres por el valle

Gritando tus ancestrales lenguas

Y que tu cantar nunca calle

Autor: Francisco Peinado Gil

¡Una chispa de luz! Cantautor: Javier Mosé

JAVIER MOSÉ, cantautor con muy pocos años de experiencia, presenta su 4 álbum digital en el que esta ocasión ha realizado todo el trabajo en solitario. «Dame una vida nada más» es el nombre del álbum que está disponible en todas las plataformas digitales.

 

Tema:   ¡Una Chispa de luz!

 

 

UNA CHISPA DE LUZ

Abre los ojos del alma

Date un suspiro y empieza a medrar

vale la pena volar.

 

Aparca el llanto y la pena

Coge las riendas que puedas saltar

Rompe tus puertas cerradas.

 

En ti emana un vergel de rabia

que a veces no te deja avanzar

Tu puedes conseguir los sueños

Los que quieras lograr.

 

Y me apiado de tus llamas

Y atrapo este aire del sur

Apago tus lagrimas

Te arropo en este cielo azul.

 

Deja que el tiempo no exista

Siente las ondas que hay en mi voz

No corras más que la vida.

 

Por ti yo pinto primaveras

Y tu vuelves la cara hacia atrás

En mi tu puedes ver el cráter

del volcán del amor.

 

Y me apiado de tus llamas

Y atrapo este aire del sur

Apago tus lagrimas

Te arropo en este cielo azul.

 

Y te espero a que puedas Dibujar

un sol o una chispa de luz

Te veo entre rejas

Preso en este mar azul.

 

JAVIER MOSÉ

¿Esperábamos que esta vez las cosas fueran a ser diferentes?

Autor: Juan Manuel Barrios

Al respecto de las medidas para afrontar la recuperación económica de la larga depresión de nuestras comunidades, intensificada por la pandemia del COVID y por las consecuencias de los efectos del cambio climático. Al respecto de la aplicación de los fondos movilizados por las administraciones públicas para ello, fundamentalmente los fondos europeos, es oportuno realizar -hoy, aquí y ahora- una reflexión colectiva que debiera generar un debate público. Cosa que no sucederá evidentemente, pero que al menos debiéramos intentar. O como mínimo, poner sobre la mesa.

Pero en verdad, ¿esperábamos que las cosas iban a ser diferentes esta vez?. ¿Es que seguimos siendo tan ilusos?. Los mismos poderes miserables de la codicia controlan estos fondos y la misma gobernanza canalla de siempre los distribuye bajo su supervisión y control. ¿Cómo van a ser las cosas diferentes?. ¡Todo será como siempre!. Posiblemente peor. Ya está diseñado, planificado y controlado para que así sea. Han tenido y tienen todo el tiempo, y todos los recursos, del mundo para ello. Mientras la ciudadanía a otras cosas. Confundida, distraída y sometida al ilusionismo de los sicarios mediáticos de esta gente.  Seguro que más sofisticado; pero todo igual bajo este cielo azul nuestro cada vez más contaminado y tormentoso.

Todo será igual que siempre; aunque más cafre, más bestia, con mayores saqueos y fraudes, con cantidades cada vez más astronómicas; con efectos cada vez más violentos. Y como siempre lo pagaremos, no entre todos y todas, sino exclusivamente los/las de siempre: sólo entre todos y todas los de siempre. Por aquello de la seguridad jurídica (todo atado y bien atado), las garantías de beneficio (negocio) y la volatilidad de inversiones (privadas pero con recursos públicos. Ese invento de la cooperación público-privada: públicos los recursos, socializadas las cargas, privatizadas las rentas y beneficios) de la gentuza miserable de siempre. Tienen ya tanto que no podrán disfrutarlos en su totalidad, jamás, ni ellos ni sus descendientes; pero su ilimitada codicia es la mayor de las pandemias que sufre nuestra humanidad y su impunidad criminal la peor de las canalladas.

Las desigualdades seguirán su brutal evolución; igual que los sufrimientos y los padecimientos de la ciudadanía. Así estaremos endeudados/as por lo menos diez o veinte generaciones. Endeudados, a la par que bastante más pobres. Fíjate en la estrategia: nos quitan ya no sólo las rentas del presente, sino que se están apropiando, por adelantado, de las rentas del futuro que pudiéramos generar y detentar. Aprendieron especulando en bolsa con las rentas de futuro (pura y salvaje especulación); ahora lo aplican al saqueo de las poblaciones. Se apropian hoy de la generación de riquezas que pudiéramos tener mañana: deuda pública (135% PIB hoy, la duplicaremos en breve).

Así que esto ya se lo han repartido los de siempre. Los culpables y responsables de todas las crisis y sufrimientos de la humanidad se lo seguirán llevando calentito. Más riquezas, más rentas, más patrimonios, más «negocio». Mientras los demás, la ciudadanía, bastante tienen con el miedo a la pandemia  y con el estrés habitual por resolver nuestras necesidades básicas, con el shock de la falta de perspectivas y futuro y con el fuerte deseo instalado en nuestra mente, como objetivo prioritario, de volver a la tertulia, al bar, al futbol, a las procesiones, a la fiesta, a abrazar y convivir con nuestra gente. También al precariado, la inseguridad, la incertidumbre, la inestabilidad, los padecimientos y los miedos.

Una estrategia que es la del pan y circo de siempre, pero adaptada a nuestros tiempos. Han superado con creces a Orwell y Kubrick.

Pero, ¿De verdad esperábamos otra cosa?.

Juan Manuel Barrios.

En Chiclana a 5 de Abril de 2021.

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