Anteproyecto de Estatuto de Autonomía 1933

Fuente: https://ceha.ovh/anteproyecto-de-estatuto-de-autonomia-1933/

 

ANTEPROYECTO DE ESTATUTO DE AUTONOMÍA 1933

          El Manifiesto de Córdoba, gota a gota, va calando entre los andaluces más comprometidos. Mientras, una parte del pueblo duerme y la otra, con la “jambre” por bandera, prende fuego a los campos. Desesperados, convierten el anarquismo en su nuevo ideal.

          Se tiene ya suficiente conocimiento de la revolución rusa de 1917 para poder emitir una opinión. Y la de los andalucistas no comparte el mismo fervor que expresan por otros lugares.

En 1923, el general Miguel Primo de Rivera da un golpe de estado y toma el poder. Todo lo que signifique andalucismo queda postergado y sus dirigentes aislados y silenciados. Finalizado este periodo, la ilusión que la segunda república -1931- despertó en todos los ciudadanos tuvo su eco en Andalucía y el nacionalismo andaluz volvió a renacer de nuevo.

Las elecciones generales de 1931 significan la primera decepción para los andalucistas. El miedo que el gobierno de Madrid tiene a la Candidatura Republicana Revolucionaria Federal Andalucista marca toda la campaña. Por la circunscripción de Sevilla se presentan: Ramón Franco Bahamonde, Blas Infante Pérez, Antonio Rexach Fernández de Parga, Pablo Rada Ustarroz, Pascual Carrión Carrión, José Antonio Balbotín Gutiérrez, Ignacio Infante Pérez y Enrique Castells Baldo. Como se puede comprobar, una curiosa mezcla entre andalucistas y famosos aviadores héroes del Plus Ultra. Para colmo, los anarquistas, contrarios a toda elección que signifique democracia representativa, se ponen al lado de esta candidatura. En Andalucía tenía que ser.

El gobierno de Madrid recibe noticias de un complot (más voluntarioso que real, en el que estaban implicados ciertos militares del aeropuerto sevillano de Tablada junto a anarquistas) y toma rápidamente cartas en el asunto para frenar su ascenso, llegando a destruir con cañones el bar donde se reunían anarquistas y andalucistas. A pesar de todo, la candidatura obtiene el segundo lugar en la provincia de Sevilla. Blas Infante se ve obligado a editar un libro, “La verdad sobre el complot de Tablada y el estado libre de Andalucía”, para mostrar su versión sobre lo sucedido y dejar a cada uno en su sitio, explicando a la vez el pensamiento andalucista.

El 6 de julio de 1931 se reúnen en Sevilla los presidentes de las Diputaciones andaluzas para estudiar la conveniencia de solicitar un Estatuto de Autonomía. Citados de nuevo el 26 de febrero de 1932, se acuerdan las Bases para un Anteproyecto. Y en Córdoba el 31 de enero de 1933 se aprueba finalmente el Anteproyecto de Bases para el Estatuto de Andalucía.

A pesar de todo este trabajo, cuando estalla la sublevación militar de 1936, aún no había entrado en vigor, ni siquiera se había plebiscitado en referéndum, a causa, principalmente, de las trabas y problemas de todas clases puestos por algunos partidos estatales con implantación en Andalucía.

Pero este Estatuto no presenta conflicto alguno. Baja muchos escalones en relación a la Constitución de 1883 y al Manifiesto de 1919. La palabra Región está omnipresente. En su artículo I hace posible la subdivisión del territorio andaluz. Lo que ahora llamamos Junta de Andalucía se propone aquí como Cabildo Regional. No había por qué tener miedo a esta propuesta, pero se le tenía.

Entre su articulado, un punto interesante es la elección de Presidente Regional. Plantea que se realice por sufragio universal directo y secreto. Con un mandato por cinco años, pudiéndosele deponer en cualquier momento. Y otro punto de cordura: “Para ser elegido Presidente regional será preciso que el designado haya cumplido la edad de cuarenta años y tenga vecindad efectiva y continua en la Región durante los diez últimos años anteriores a la fecha de la votación”. Es claro que, con este Estatuto, los últimos presidentes andaluces no hubieran podido tomar posesión de su cargo.

La Autonomía andaluza se convierte en garante de los derechos del pueblo andaluz contra el centralismo: “Será también función del Poder regional la defensa y amparo de los derechos civiles y ciudadanos de los andaluces que sufran persecución o quebranto por actos del Poder central, a cuyo efecto el Poder regional mantendrá ante todas las jurisdicciones los recursos legales para restablecer, a requerimiento del perjudicado, el derecho conculcado si se trata de alguno de los que garantiza a los españoles la Constitución del Estado”.

Debemos reconocer que estamos ante un Estatuto muy municipalista, que protege y ampara a los Ayuntamientos, capacitándoles, reglamentaria y económicamente, para su desarrollo.

La determinación de hacer realidad una efectiva reforma agraria y la auto­nomía municipal constituyen las propuestas estatutarias más importantes de un anteproyecto que en su preámbulo deja muy claro que solicita “…se otorgue a Andalucía una autonomía rigurosamente limpia de toda idea que pudiese interpretarse como atentatoria a la unidad española…”.

          Anteproyecto de Bases para el Estatuto de Andalucía, aprobado por la Asamblea Regional Andaluza, reunida en la ciudad de Córdoba los días 29, 30 y 31 de enero de 1933.

El 13 de junio de 1931, la Comisión Gestora de la Diputación Provincial de Sevilla adoptó el acuerdo de convocar una reunión de los Presidentes de las Diputaciones Provinciales Andaluzas, al objeto de estudiar la conveniencia de iniciar los trabajos para lograr un Estatuto Regional Andaluz. EI día 6 de julio siguiente se celebró en Sevilla la expresada reunión, que aceptó la idea predicha en previsión de que en la Constitución de la República que las Cortes habían de elaborar se estableciesen nuevas normas de organización nacional. Además, se convino en enviar un cuestionario a todos los Municipios de la Región para que expresasen su parecer en cuanto al propósito de las Diputaciones. La mayoría de los Ayuntamientos consultados se pronunció favorablemente por que se otorgase a Andalucía una autonomía rigurosamente limpia de toda idea que pudiese interpretarse como atentatoria a la unidad española y con la amplitud suficiente para que la Región se desenvuelva por sí, libre del exceso de centralismo.

Adquirido este previo convencimiento y persuadida dicha Comisión Gestora de que debía ser respetuosa con los organismos populares consultados, prosiguió sus gestiones; y, en nueva reunión de las Diputaciones Provinciales Andaluzas, celebrada en Sevilla el día 26 de febrero de 1932, se acordaron unas Bases para un Anteproyecto de Estatuto de Andalucía acogido al Título 1 de la Constitución de la República, que se refiere a la organización nacional; y se convino en celebrar en Córdoba una Asamblea Regional, en la cual estuviesen representados todos los organismos técnicos, Administrativos, culturales, etc., de la Región para elaborar, en una discusión amplia, el Anteproyecto más conveniente, con la garantía de la colaboración más extensa.

Convocada dicha Asamblea y reunida con asistencias y adhesiones que permitían desarrollar una tarea suficientemente autorizada, se redactaron las Bases que siguen y se llegó a la conclusión de proseguir la obra emprendida con plena confianza en su resultado final, como único medio de lograr que Andalucía afronte con éxito positivo la restauración de su personalidad y la conquista del futuro que sus peculiares aptitudes le aseguran en la libertad republicana.

BASES DE IMPLANTACIÓN TERRITORIAL

  1. I) Los Municipios de las provincias de Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga y Sevilla constituyen la Región Autónoma andaluza dentro del Estado español.

En el territorio andaluz podrán constituirse una o varias regiones Autónomas. En este caso añadirán a la denominación genérica de andaluza la expresión que las distinga. Y será preciso que cada una de las varias regiones Autónomas reúna, como mínimo, en extensión de términos municipales contiguos y en población, elementos sensiblemente equivalentes a los de cualquiera de las anteriores provincias.

  1. II) La constitución de toda Región, requerirá:
  2. A) La propuesta favorable de la mayoría de los Ayuntamientos que hayan de integrarla, o, a lo menos, la de aquellos que comprendan las dos terceras partes de su último Censo electoral.
  3. B) La aceptación, manifestada por el procedimiento que señala la Ley electoral, como mínimo por las dos terceras partes de los electores inscritos en el Censo de la Región.

Si el plebiscito diese resultado negativo, no podrá renovarse la propuesta de autonomía hasta transcurridos cinco años.

  1. C) La aprobación de las Cortes.

III) Los Municipios de la Región Autónoma andaluza serán plenamente autónomos. El órgano legislativo de la Región les concederá recursos propios para atender los servicios de su competencia y dejará libres sus Haciendas de gravámenes generales y regionales.

Para el cumplimiento de los fines administrativos comunes y los que excedan de la órbita de cada Municipio, deberán éstos mancomunarse, siempre que sean limítrofes y tengan semejanzas geográficas y económicas para formar comarcas administrativas, cuyo organismo gestor será determinado en una ley interna de régimen local. Estas comarcas constituirán la división territorial de la Región.

BASES DE REPRESENTACIÓN REGIONAL

  1. IV) El organismo político-administrativo de la Región se denomina Cabildo Regional. Estará compuesto por el Presidente de la Región, la Junta ejecutiva o de gobierno y el Consejo legislativo regional.

Ninguna ciudad andaluza podrá vincular permanentemente la capitalidad de la Región. Tal capitalidad será designada por votación de los Ayuntamientos de la Región. La capitalidad regional podrá variarse a solicitud y por acuerdo de las dos terceras partes de los Ayuntamientos.

  1. V) El Presidente regional tiene la representación del pueblo andaluz dentro del mismo y en sus relaciones con los poderes de la República. Ostentará además, la representación del Poder central en el territorio autónomo, salvo en aquellos casos expresamente señalados en la Constitución española.

El Presidente regional nombrará y separará a los miembros de la Junta ejecutiva; y deberá separarlos, necesariamente, cuando el Consejo legislativo les niegue su confianza.

La elección de Presidente regional se realizará por sufragio universal directo y secreto. Su mandato durará cinco años, contados desde el día de la promesa. Podrá deponérsele en cualquier momento de este periodo por iguales motivos y el mismo procedimiento que señala la Constitución española para el caso de ser removido el Jefe del Estado.

Para ser elegido Presidente regional será preciso que el designado haya cumplido la edad de cuarenta años y tenga vecindad efectiva y continua en la Región durante los diez últimos años anteriores a la fecha de la votación.

  1. VI) La Junta ejecutiva se compondrá de un número de vocales que no excederá de nueve y un Presidente, y entre ellos se distribuirán la dirección de los distintos servicios públicos regionales. No será indispensable la cualidad de miembro del Consejo legislativo para formar parte de la Junta ejecutiva. La Constitución regional determinará las funciones de la Junta, como Poder ejecutivo de la Región.

El Presidente del Consejo sustituirá al Presidente regional en caso de incapacidad o muerte.

VII) El Consejo regional estará integrado por los Diputados de la Región. En él residirá la potestad legislativa conforme al Estatuto.

Las reuniones del Consejo legislativo podrán celebrarse en cualquiera de las poblaciones de la Región. Al final de cada período legislativo se designará el lugar donde haya de celebrarse la reunión siguiente.

La duración del mandato legislativo del Consejo, será de cuatro años. Se reunirá, sin necesidad de convocatoria, el primer día hábil de los meses de abril y noviembre de cada año.

ATRIBUCIONES DEL CABILDO REGIONAL

VIII) Corresponde al Estado español la legislación y a la Región Autónoma la ejecución de todas aquellas materias relacionadas en el artículo 15 de la Constitución de la República, en cuanto no aparezcan contradichas o limitadas en el Estatuto.

  1. IX) Corresponde a la Región Autónoma la legislación exclusiva y la ejecución de la misma en las siguientes materias:
  1. A) La legislación y ejecución de ferrocarriles, caminos, canales, puertos y demás obras públicas, con las limitaciones contenidas en el artículo 15 de la Constitución de la República.
  2. B) Los servicios forestales, agronómicos y pecuarios. Sindicatos, política y acción social agraria, salvo lo dispuesto en el párrafo 5º del Artículo l5 de la Constitución.
  3. C) La Beneficencia.
  4. D) La Sanidad interior, con la salvedad establecida en el citado artículo 15 de la Constitución.
  5. E) El establecimiento y ordenación de centros de contratación de mercancías y valores, conforme al Código de Comercio español.
  6. F) Mutualidades, Pósitos y Cooperativas agrícolas con aplicación de la legislación social del Estado.
  7. G) La ejecución de los Tratados y Convenios internacionales que versen sobre materias atribuidas, total o parcialmente, a la competencia regional con la inspección del Estado.
  8. H) Política industrial y de dirección de la economía de la Región.
  9. I) Política hidráulica de Andalucía.
  10. J) Socialización de riquezas naturales y empresas económicas, con arreglo a la Constitución, en cuanto lo exija la política propia, fabril, agraria, minera o de fomento general del país, del Cabildo regional.
  11. K) Facultad, conforme al párrafo 3 del artículo 19 de la Constitución, de modular la ley de Reforma Agraria para atemperarla a las exigencias prácticas del País andaluz, a fin de que rápida y racionalmente se ejecute dicha reforma territorial en Andalucía y se instaure una normalidad económico-agraria.
  12. L) Ley reguladora de la Administración local.
  1. X) El Cabildo regional organizará todos los servicios ordenados por la legislación social del Estado, pero estará sometido a la inspección del Poder central en cuanto a la aplicación de dicha legislación. El orden público podrá reclamarlo íntegramente la Región, cuando a su juicio se considere en condiciones de garantizar la indemnización por daño causado en motín o revuelta pública. Los servicios de policía, excepto los relacionados con los números cuarto, décimo y decimosexto del Artículo 14 de la Constitución, podrán ejercerse en análogas circunstancias. Una Junta de seguridad, formada por representantes del Gobierno de la República y del Cabildo regional, coordinará en su caso los servicios de Orden público y Policía de la Región.
  1. XI) Corresponde al Cabildo regional la legislación en materia civil y administrativa regional, y organizar la administración de justicia en todas las jurisdicciones, excepto en aquellas que la Constitución reserva al Estado, y en todas las instancias de las restantes, menos la casación en materia penal y procesal.

Se tenderá a garantizar plenamente la independencia y los arbitrios judiciales, la rapidez y simplificación de los trámites, la gratuidad de la administración de justicia y el establecimiento de la justicia arbitral.

XII) El Cabildo regional deberá establecer en su día, además de lo dispuesto en la Constitución española, las siguientes instituciones de enseñanza y cultura organizadas en forma autonómica: Universidad hispanoamericana, Centro de Estudios hispanoarábigos, Centro de Estudios superiores económicos, Facultad de Bellas Artes, Escuela regional de funcionarios administrativos, Escuela de especialización comercial y agrícola; tenderá a transformar las actuales Escuelas industriales en Colegios de orientación profesional, Escuelas progresivas de Trabajo y Universidad Popular, así como cualesquiera otras instituciones culturales y educativas de análoga naturaleza. La situación de unas y otras en el territorio regional se hará teniendo en cuenta las diversas ciudades que presenten circunstancias favorables para el desarrollo de las enseñanzas en cada caso. El Cabildo regional se encargará de los servicios de Archivos, Bibliotecas y Museos de la Región así como de la conservación de sus monumentos.

            La Región Andaluza procurará ir hacia la universalización de la enseñanza, facilitando a tal efecto el acceso a los centros de cultura, de todos los ciudadanos capacitados.

XIII) El Poder regional vendrá obligado a dictar un Estatuto de funcionarios que regulará los derechos y deberes de los mismos, garantizándoles la inamovilidad y exigiendo la eficacia de los servicios y la moralidad, idoneidad y responsabilidad de los funcionarios. Fijará el porcentaje máximo que podrá destinar al pago de las atenciones del personal con un riguroso señalamiento de incapacidades e incompatibilidades.

XIV) En el orden sanitario, el Poder regional desarrollará la máxima protección del derecho a la salud y a la vida y orientará la política de higienización de viviendas en análogos postulados.

La Ley Sanitaria regional desarrollará estos principios.

  1. XV) Será también función del Poder regional la defensa y amparo de los derechos civiles y ciudadanos de los andaluces que sufran persecución o quebranto por actos del Poder central, a cuyo efecto el Poder regional mantendrá ante todas las jurisdicciones los recursos legales para restablecer, a requerimiento del perjudicado, el derecho conculcado si se trata de alguno de los que garantiza a los españoles la Constitución del Estado.

AUTONOMÍA MUNICIPAL

XVI) La autonomía municipal coexistirá con un sistema jurídico que permita la exigencia rápida y efectiva de responsabilidad ante los Tribunales a los Ayuntamientos y concejales, como así mismo la revocación de los acuerdos ilegales y la reparación del daño causado al reclamante. Se garantizará la absoluta separación de las haciendas locales, regional y del Estado y la más completa exención de impuestos y trabas fiscales a los ingresos, la actividad y riqueza de los Municipios.

Únicamente podrán ser sometidos los Municipios a imposición en concepto de derechos o tasas por servicios públicos generales que ellos mismos soliciten o por prestación forzosa, con la sanción del voto de las cuatro quintas partes de los miembros de la Asamblea regional o disposición Constitucional.

Todo servicio prestado por los Municipios a requerimiento o por encargo del Poder regional o del Estado, será abonado por uno u otro respectivamente, con el importe de su justa evaluación metálica.

BASES DE HACIENDA REGIONAL

XVII) Para atender los gastos de los servicios atribuidos a la Región andaluza, tendrá ésta ingresos propios y, en primer lugar, aquellos que constituyen la dotación de las Diputaciones de régimen común, excepto la aportación municipal o contingente, que quedará suprimido.

La Región recaudará todos los ingresos de la Hacienda pública a excepción de Aduanas, Monopolios del Estado, tasas de comunicaciones y cuotas militares.

XVIII) De los ingresos recaudados por la Región, ésta hará suyos los rendimientos precisos para costear, juntamente con los mencionados en la Base XVII, los servicios privativos de la Región y los nuevos que reciba por este Estatuto, en el grado de perfeccionamiento que tuvieren en cualquier provincia de régimen común, el año 1933.

XIX) Por regla general se imputarán en primer término, a la Hacienda regional, en pago de sus derechos, los ingresos y medios fiscales del Estado que primordialmente graven la riqueza, la actividad o los ingresos municipales para que el Poder regional pueda liberar a las Corporaciones locales de los gravámenes que pesan sobre las mismas.

  1. XX) Los servicios que conserve el Poder central en la Región se entenderán satisfechos, por lo que a ésta respecta, con los ingresos que dentro de ella perciba el Poder central. La Región tendrá derecho a recibirlos o reclamarlos en proporción a su territorio o su población, dentro de la total española, según la más estrecha relación que cada servicio guarde con uno u otro elemento.

XXI) Para las mejoras o aumentos que el Estado introduzca en los servicios de las provincias de régimen común y que conserve dentro de la Región, o para las generales e indivisibles cuyos gastos excedan de los previstos para 1933, contribuirá la Región en proporción directa a su riqueza dentro de la total española. Esta riqueza será estimada por el procedimiento técnico que se considere más perfecto y sea aprobado por las Cortes de la República.

XXII) La Región tendrá derecho a percibir, cuando menos, como dotación de ingresos de su Hacienda, todos aquellos que se cedan a cualquier Región española y a hacer suyos los excesos de recaudación que obtenga en lo sucesivo. Cifrados, sin embargo, en su rendimiento de 1933, tanto el Poder central como el regional se compensarán en metálico las diferencias que en pro o en contra existan en el momento de llevarse a efecto la transmisión de servicios, cuya cantidad será inalterable en lo sucesivo.

XXIII) El Poder regional podrá establecer nuevas modalidades de tributación y estará autorizado para alterar las bases tributarias de los ingresos cedidos.

XXIV) La plusvalía creada por la mejora de servicios costeados por el Poder central, podrá ser gravada por éste mediante nuevas imposiciones, si en iguales circunstancias se aplica al mismo servicio prestado en las provincias de régimen común.

XXV) Los derechos del Estado en territorio andaluz sobre minas, caza, agua y pesca, los bienes de uso público no municipales y los que pertenezcan privativamente al Estado, con excepción de los destinados a servicios que rija directamente el Poder central, serán cedidos al Cabildo regional.

XXVI) Formarán parte también de la Hacienda regional los bienes procedentes de herencias intestadas a que se refiere el artículo 956 del Código Civil, cuando el causante tuviere la condición de ciudadano andaluz con arreglo a este Estatuto. Estos bienes se aplicarán a fines de cultura, beneficencia y fomento de la Región o a la extinción de deuda contraída a tales objetos

XXVII) El Tribunal de Cuentas de la República fiscalizará la gestión del Cabildo en orden a la recaudación que realice, por delegación, de tributos atribuidos al Estado. Cada cinco años será revisado este sistema de Hacienda por el procedimiento que establezca el Estatuto.

El Cabildo podrá emitir Deuda interior nacional, pero no podrá acudir al crédito extranjero sin autorización de las Cortes. Si el Estado emitiera Deuda para atender servicios que preste en Andalucía el Cabildo, la Región Autónoma participará en los productos de los empréstitos y en sus cargas, conforme a las reglas de la Base XXI y concordantes.

XXVIII) No se podrá verificar enajenación de bienes de la Región, emitir empréstitos, crear tributos ni realizar concesiones ni socializaciones sino en virtud de ley regional; y para enajenar o destinar a servicios de carácter privado los bienes y derechos transferidos a la Región por el Estado, se necesitará, además, autorización del Gobierno de la República.

Una ley especial determinará asimismo las normas a que habrá de ajustarse la administración de toda la Hacienda regional.

XXIX) El Estado español concederá a las regiones la facultad de intervenir por medio de sus representantes o delegados, con carácter permanente y sin perjuicio de las representaciones profesionales que correspondan a las entidades andaluzas, en la Junta de Aranceles y Valoraciones, en el Consejo de Economía Nacional y en cuantos organismos se creen para la regulación del comercio de exportación e importación.

CIUDADANÍA ANDALUZA

XXX) El Poder regional podrá, dentro de los limites Constitucionales, establecer normas que contrarresten las medidas de exclusión o disfavor que en cualquiera otra Región pudieran practicarse en perjuicio de los españoles andaluces.

XXXI) A los efectos del régimen autónomo de este Estatuto gozarán de la condición de andaluces:

1°, los que lo sean por naturaleza y no hayan ganado vecindad administrativa fuera de Andalucía

2°, los demás españoles que hayan ganado vecindad dentro de Andalucía.

DISPOSICIONES TRANSITORIAS

Primera. La primera elección que se celebre habrá de hacerse conforme a los preceptos de la Ley Electoral del Estado español. En lo sucesivo se verificarán conforme a las disposiciones que la propia Región apruebe.

Segunda. Dentro de los quince días siguientes a la promulgación de este Estatuto, el Presidente de las Cortes de la República convocará a los Diputados por Andalucía en las mismas, los cuales, bajo su presidencia, elegirán una Junta provisional de la Región. La función única de esta Junta será convocar en el plazo de un mes elecciones generales para los miembros que habrán de constituir el primer Consejo regional y determinar el sitio donde éste ha de reunirse.

Tercera. El primer Presidente de la Región será elegido por el Consejo regional en la primera sesión que se celebre después de constituido definitivamente.

Cuarta. Para la adaptación de servicios que el Estado cede a la Región, se constituirá una Comisión mixta compuesta de un número de miembros que designarán por mitad el Gobierno de la República y la Junta de la Región.

Quinta. El personal afecto a los servicios de todas clases que en este Estatuto se asigna a la Región, será respetado en cuantos derechos tengan adquiridos en la fecha de promulgación de aquél; pero las autoridades regionales podrán hacer su distribución acomodándoles a la nueva organización que se dé a Andalucía.

Sexta. Mientras el Consejo regional no legisle sobre las materias que se le atribuyen, continuarán en vigor las leyes generales del Estado; pero su aplicación corresponderá a las autoridades y organismos regionales, los cuales tendrán las mismas facultades que las leyes señalan a los del Estado.

DECLARACIONES FINALES

  1. A) Las discordias que se susciten entre el Poder de la República y el regional andaluz serán resueltas con arreglo a la Constitución y a la Ley Orgánica del Tribunal de Garantías Constitucionales.
  1. B) El Estatuto Andaluz no podrá ser variado o restringido sino con las mismas garantías y procedimientos requeridos para su establecimiento.

En Córdoba a 31 de enero de 1933.

CONCLUSIONES DE LA ASAMBLEA

  1. A) Las bases aprobadas interpretan el sentir unánime de la Asamblea en cuanto significan cristalización de un principio de autonomía andaluza, cuyo alcance inmediato es la descentralización política-administrativa de la Región.
  2. B) Estas bases habrán de ser objeto de una información pública y serán comunicadas para su estudio a todos los Ayuntamientos de Andalucía, que comunicarán las observaciones oportunas sobre los distintos apartados que el Anteproyecto contiene.
  1. C) La misma Comisión Organizadora de la Asamblea regional Andaluza tendrá a su cargo publicar y distribuir entre los Ayuntamientos el anteproyecto de Bases y recoger las observaciones que les merezca su contenido.
  1. D) La Comisión Organizadora concederá a los Ayuntamientos un plazo, que no excederá de dos meses, para que verifiquen el citado examen y formulen y comuniquen las predichas observaciones.
  1. E) Una vez recogidas éstas, la Comisión Organizadora convocará la celebración de una Asamblea, en la que se discutirá el definitivo Anteproyecto de Estatuto.
  1. F) Entretanto, la repetida Comisión Organizadora asumirá la dirección de la propaganda relativa a las Bases aprobadas por la Asamblea, con respecto a todo el territorio andaluz.
  1. G) Para conseguir la conveniente eficacia de esta labor, dicha Comisión, constituirá en Gestora general permanente, impulsará la designación en cada provincia de una Comisión integrada por un representante de la Diputación Provincial respectiva, otro por los Municipios, otro por cada uno de los partidos políticos y Junta Liberalista siempre que se adhieran a los principios básicos de este Anteproyecto, sin perjuicio de sus particulares programas, y otro por cada una de las entidades económicas, Cámaras y Corporaciones que estuvieran representadas o se adhirieron a la Asamblea de Córdoba”.

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Fenicia Vs. Tartessos. Por Rafael Sanmartín

Autor: Rafael Sanmartín.

Fuente: “La Voz del Sur”

 

La ciudad de Tartessos era Sevilla. Lo ha dicho el afamado profesor arqueólogo y lo más probable es que sea cierto. Las condiciones geofísicas del territorio y los descubrimientos lo apoyan. Pero ha dicho Sevilla, veremos a ver. Si eso se dijera de cualquier otra ciudad, no importa cual, se vería de lo más normal, en cambio ahora… no sería extraño que lo acusen de «centralista», el colmo: considerar centralismo que Tartessos pueda haber nacido en esta ciudad y se extendiera alrededor, como han hecho todas las ciudades-estado de la tierra. Cainismo andaluz importado porque nunca antes de la primera mitad siglo XX se había vivido ese visceral rechazo a una ciudad por haber irradiado fuera su cultura, por haberse hecho foco de atracción de un espacio físico mucho más extenso que la Comunidad en que ha quedado enclavada. Porque la Comunidad ha sido constreñida, privada de parte de su territorio natural como tierra conquistada.

Pero al profesor también le ha brotado el «pronto», la obsesión-principio político de, apoyado en la falacia de un «Ejido sin población» negar la existencia de Andalucía, no vaya a ser que sepamos quienes somos. Para eso hace a los andaluces dependientes de Tiro, la ciudad que quiso colonizar el Mediterráneo, y pese a la osadía de suponerla madre de Spalis, fue incapaz de doblar el Cabo de San Vicente, con lo que les hubiera gustado llegar a las islas Casitérides para arañar el estaño con que fabricar el bronce que se veían obligados a comprar a sus supuestos hijos tartesios. Desmadre familiar resultado de confundir el deseo personal y particular con el resultado de unos datos afirmación de lo contrario. Defender que los fenicios, enemigos de alejarse de las costas —si podía ser una isla, mejor— llegaran a Carmona, desvarío lanzado hasta Las Cabezas, Osuna ó Écija y lo peor: que sean fundadores de todas estas ciudades sólo tiene la justificación política de no reconocer Tartessos, para no reconocer la antigüedad de Andalucía.

Persiste el error de atribuir procedencias por cierta semejanza en algunos nombres Herakles – Melkart— o —Astarté – Ihstar, por ejemplo, Como si Ihstar no fuera también equivalente a Venus ó Afrodita y otras diosas orientales. O por algunas piezas de orfebrería, como si en aquel tiempo los pueblos estuvieran impedidos para aprender unos de otros o para copiar sus artes. O para comprarlas. Demasiado estancos ve el profesor a nuestros antepasados; a ver si puede aclarar cuando, en qué momento de la historia empezaron a comunicarse y a comparar sus divinidades. Baal es una divinidad oriental adorada desde Cartago, el actual Túnez, hasta Babilonia, más allá de los límites del actual Irak. Resuelta la confusión existente hasta mediados del siglo XX, entre Herakles —el divinizado hijo de Zeus— y el comerciante Melkart, quedó claro que se trata de dos seres distintos. Distintos y dispares. Melkart es el comerciante, verdadera expresión fenicia, que viene de Tiro. Herakles es griego y sólo viene al Jardín de la Hespérides de visita, para cumplir algunas de las pruebas probatorias de su ascenso al Olimpo.

La dependencia tartessa de Tiro queda desmentida por la batalla naval entre las escuadras de Híspalis y Gadir, entre el Santuario del Lucero y Puerto Menesteo. Los fenicios son conocidos como buhoneros del Mediterráneo porque comerciaban entre ambos extremos, excepto en las factorías griegas o egipcias, siempre enfrentados a ellos. Eso significa que debe ser fácil encontrar cerámica oriental, importada de siria, en el sur de la Península. Igual que los tartesios transportaban a las costas sirias el bronce de su fabricación y el hierro de sus minas. Y aceite; y el mármol de sus canteras, entre otros productos. Pero nadie ha sufrido la fiebre de decir que el Templo de Salomón es obra de los tartesios y, como consecuencia, son los que fundaron la ciudad de Jerusalén.

Respecto a la terminología está probado que Spal, transformado posteriormente por deformación fonética en Híspal, significa literalmente lugar del agua. Lástima que no se haya podido descifrar todavía la escritura tartesia, lo cual añadiría mucha luz a esta oscuridad en la que algunos se empeñan en encerrarnos. Lástima de hijos de Baal que aún no existían, pero porque no tiene equivalente en Andalucía y Melkart quedó circunscrito a las colonias de influencia fenicia mientras en las ciudades propiamente tartessas el personaje, aunque no el dios, era Herakles. Evidencias hay gracias a los autores griegos. Sostener que los fenicios, apegados a sus adoradas costas, se adentraron más de cien kilómetros, es pura y lamentable invención que haría reir a Baal y a Melkart juntos. Imaginación necesaria para defender unas tesis a las que el arqueólogo se aferra con la fuerza de su compromiso político sin demostrar nada, porque ni la opinión ni el deseo pueden suplir a la evidencia.

Rafael Sanmartín.

Aún es posible la esperanza por Tomás Gutier

AÚN ES POSIBLE LA ESPERANZA

 

Somos porque fuimos

                                                                                              y seremos porque somos

 

Hace más de cien años, el pueblo andaluz salió a las calles de Andalucía rebelándose ante la situación de miseria física y social, ante la postración a la que el poder lo tenía sometido. El manifiesto publicado por el incipiente movimiento andalucista comenzaba con una llamada al tenue ser milenario. “Ciudadanos andaluces, nuestra voz quiere llenar de imperativos de vida clamorosa y palpitante el silencio de muerte de vuestras conciencias calladas…”. Meses después, y en una manifestación celebrada en Córdoba, se gritó por primera vez “Viva Andalucía Libre”. Y antes de ser asesinados, nuestros antecesores nos dejaron un himno que clamaba: “Andaluces levantaos, pedid tierra y libertad”.

Hace más de cuarenta años, el pueblo andaluz inundó las calles de Andalucía con un grito unánime de dignidad que retumbó por toda España y conmocionó a la Europa de los mercaderes. Su exigencia era simple y clara: “No queremos ser más que nadie, pero tampoco queremos ser menos que nadie”. Y un malagueño dejó su vida ante los disparos de un mal nacido y muchos andaluces y andaluzas, perdieron su vida entre la sordidez de unos dirigentes embaucadores y la codicia de territorios mejor situados gracias a su influencia en la presuntamente desaparecida dictadura. Los andaluces se sabían abandonados… y lo asumían con plena conciencia.

Hoy, el pueblo andaluz ha cambiado, ya no grita, no se rebela, no se levanta. Hoy, el pueblo andaluz dormita anestesiado mediante inyecciones de per, de subvenciones, de planes de empleo, de subsidios y resto de limosnas, tanto europeas como españolas. Actualmente, el pueblo andaluz deja su dignidad en el aparcamiento del centro comercial donde permuta ser por tener. Y, aunque en su interior reconoce que eso no es lo que desea, acepta la situación, porque, al menos, no pasa hambre. Y se olvida de la respuesta que, a comienzos del pasado siglo, un jornalero dio al cacique que le ofrecía cinco pesetas por votar a los suyos: “¡En mi jambre mando yo!”.

Esta ilógica situación no es natural. Ni es consecuencia de la historia, ni de un racional desarrollo humano, ni de la acción social, ni de la labor productiva de un pueblo, es algo diseñado y ejecutado desde un poder superior que prima a territorios ubicados en el centro-norte de España y castiga al sur invadido que, por ser colonia, ha de estar varios escalones más abajo de los demás.

Y, para nuestra deshonra y desgracia, los cipayos que llevan a efecto este inicuo trabajo son los gobernantes que elegimos cada cuatro años para que administren nuestra autonomía. Aquellos que hace cuatro decenios abanderaron hipócritamente las cabeceras de las propuestas, son los mismos que, año a año, legislatura tras legislatura, han ido traicionando a Andalucía y a su gente, no sólo con alarmantes prácticas de corrupción que hieren el ser andaluz, sino por el detrimento cultural, social, industrial, investigador y político que le han usurpado para satisfacer sus mezquinos intereses y los de su jaez. Virreyes mercenarios que algún día, después de enfrentarse a la justicia, tendrán que rendir cuentas ante el pueblo y ante la historia.

Tanto los gobiernos estatales como, y principalmente, los gobernantes andaluces han ido apagando cualquier sentimiento de identidad y de cariño hacia la tierra donde desarrollamos nuestra vida y donde muchos de nosotros encontraremos el final de nuestros días. Si no amamos a nuestra casa, si no queremos a nuestra familia, si no luchamos por nosotros mismos, ¿por quién vamos a pelear?

Los distintos gobiernos estatales y andaluces, han ido postergando y utilizando a la noble Andalucía, como moneda de cambio en provecho partidista o de diversos intereses espurios, frente a otras autonomías españolas o frente a intereses europeos. Y, todo ello, una y otra vez, hasta el punto de llevar a nuestra matria andaluza a la paupérrima situación actual: desposeída de sus genuinos valores culturales; desplazada a los últimos lugares del desempleo europeo; esquilmada de sus grandes industrias pretéritas y defenestrada de sus fecundos recursos endógenos. Ello provoca que, de nuevo, nuestros jóvenes tengan que emigrar allende nuestras fronteras para poder conseguir una forma de vida algo aceptable.

Andalucía ha visto, además, cómo desaparecían las bases militares foráneas de otros territorios, mientras aquí se mantenían y ampliaban -la franja occidental soporta dos estadounidenses y una británica-, cuando, precisamente, es un pueblo que respira paz por todos sus poros. Andalucía también se utiliza como territorio de actividades extractivas, que deterioran el medio ambiente, mientras el valor añadido de esos mercados se genera fuera de nuestras fronteras beneficiando a terceras regiones. Los productos agrícolas modificados genéticamente son preponderantes en nuestros cultivos.

Una cualidad innata del pueblo andaluz es la asunción de otras culturas y el acogimiento de otros pueblos. Hace miles de años los civilizados tartésicos mantenían comercio con los pueblos mediterráneos y ofrecían su tierra a los desplazados focenses. ¿Cómo hemos podido llegar a estos comienzos del tercer milenio permitiendo ser utilizados por la Europa capitalista e insolidaria como parapeto contra los migrantes africanos que huyen de las guerras, los expolios y los gobernantes sanguinarios, instalados por, y cómplices de, quienes les esquilman y provocan las guerras? ¿Hemos probado alguna vez si todo cambia dejando de robar a África sus recursos básicos?

            Nos alteran nuestro ser, adulteran nuestra identidad, la aculturación nos destruye como personas. Compra, compra, compra. ¿No nos damos cuenta de que, cuando España o Europa nos subvenciona, recupera lo invertido, más sus buenos réditos, al gastar nuestro escaso peculio en el hipermercado de una multinacional o en la inversión que hacemos para mejorar nuestros exiguos bienes? ¿Nadie analiza la débil producción que tiene Andalucía y sus dañinos efectos? Destrozado el sector primario y boicoteado e impedido el secundario, solo nos queda esa parte del sector terciario llamada turismo. Hace años nuestros padres y abuelos partían hacia el exilio catalán o europeo para ocuparse en los trabajos que nadie quería, hoy, hacemos lo mismo sin movernos de nuestra tierra.

            Y lo peor de todo es que esta situación se produce con nuestra aquiescencia. Tenemos miedo a los hipotéticos extremos, al aparente radicalismo, al indefinido terrorismo… Miedo al cambio y a creer en nosotros mismos. Miedo a pensar en andaluz. Miedo a amar Andalucía. El refrán castellano ‘más vale malo conocido que bueno por conocer’ lo aplicamos sin meditar sus consecuencias. Y un pueblo al que llaman de izquierda se comporta de la manera más conservadora posible.

            Cuando se aprobó el primer Estatuto de Autonomía de Andalucía, en 1981, fue necesario incluir en su articulado una disposición adicional que decía así: ‘Dadas las circunstancias socioeconómicas de Andalucía, que impiden la prestación de un nivel mínimo en alguno o algunos de los servicios efectivamente transferidos, los Presupuestos Generales del Estado consignarán, con especificación de su destino y como fuentes excepcionales de financiación, unas asignaciones complementarias para garantizar la consecución de dicho nivel mínimo’. Se llamó Deuda Histórica. Ningún gobierno español se tomó en serio esta disposición. Los gobiernos andaluces, siempre en manos del mismo partido, reclamaban cuando mandaba otra formación política y se callaban de forma cobarde y miserable cuando eran los suyos quienes ostentaban el poder en Madrid. Las circunstancias socioeconómicas, la brecha entre Andalucía y el resto de España, fue creciendo sin que nadie se preocupara en poner soluciones. En 2007, con el mismo partido gobernando en España y en Andalucía, se reformó el Estatuto, la disposición adicional desapareció y seguimos los últimos en todos los parámetros sociales y económicos.

            Nuestro lema dice: Andalucía por sí, para España y la humanidad. ¿No hemos hecho bastante ya por los demás? ¿Podremos alguna vez pensar en el por sí?

            Si no construimos nuestro futuro está claro que alguien lo hará por nosotros. Y más claro está que sus intereses no serán los nuestros. Así lleva siglos sucediendo y las consecuencias son aterradoras. La actual situación de Andalucía no tiene un desarrollo natural, ni es consecuencia de las acciones de sus habitantes sino de intereses exteriores que le afectan y dañan.

            Al no ser algo natural debe tener, y tiene, solución.

            Es necesario que el pueblo andaluz conozca, en palabras de Blas Infante, su verdadera historia y esencia. Es necesario volver a dar ejemplo de convivencia y armonía como ya se ha hecho en etapas anteriores. Es necesario volver al ser andaluz: humano, pacífico, tolerante, trabajador, empático, constante, serio, decidido, resiliente. Es necesario recuperar la libertad que da la cultura y el conocimiento. Es necesario trabajar para poder ocupar el lugar que la vida nos tiene asignados. Es necesario luchar por nuestros derechos, por nuestra identidad, por nuestro progreso.

Es imprescindible que el histórico, solidario y culto pueblo andaluz, retome del lugar donde se encuentra postrada y destrozada su bandera verde y blanca. Y enarbolando un emblema con cerca de mil años de antigüedad, haga resurgir los grandes valores humanos que encierra su cultura, acogerse a su patrimonio histórico como pueblo andaluz y recuperar urgentemente su desarrollo industrial, agrario, comercial y productivo. Rescatar su cultura y redimir su dignidad, para así satisfacer las grandes necesidades de una comunidad de hombres y mujeres libres que siempre ha convivido en paz y armonía. Sabiendo dar ejemplo para beneficio propio y de la humanidad.

            Un pueblo con más de tres mil años de historia conocida no puede estar permanentemente adormecido sin que un quejío de su corazón le despierte del letargo.

Desde nuestra alma milenaria evoquemos al pensador y médico cordobés, José Aumente, andaluz de conciencia, que, a escasos días de abandonarnos para siempre, nos dejaba un mensaje pleno de amor y grandeza: “Aún es posible la esperanza”.

Veinte años sin Carlos Cano…pero nos dejó sus canciones (Paco Vigueras)

Veinte años sin Carlos Cano

…pero nos dejó sus canciones

Paco Vigueras, coordinador de Granada Abierta.

Tal día como hoy, 19 de diciembre, hace veinte años, Granada lloraba la pérdida de Carlos Cano. El cantautor granadino hizo su último viaje a la colina de la Alhambra, donde encontró la tristeza del rey Boabdil, hermosa canción de su disco legendario Crónicas Granadinas. Carlos fue el último rey moro de Granada, que se marchó cantando: “…y yo tan campante en mi elefante, con mi chilaba y mi turbante”, letra de su canción Moros y Cristianos, que Granada Abierta convirtió en himno para luchar contra la fiesta sectaria y excluyente de la Toma.

Aquel 19 de diciembre del año 2000, dábamos el último adiós al trovador que cantó la verde y blanca: “De Ronda vengo lo mío buscando, la flor del pueblo, la flor de mayo”, y la murga de los currelantes, que es como la Internacional, pero con acento andaluz. Una canción que se ha hecho tan popular, que no puede faltar en fiestas y carnavales para recordar al Carlos más gaditano. Sí, perdimos a Carlos, pero no lo perdimos del todo. Nos dejó, nada menos, que un rico cancionero solidario, que hoy nos sirve de inspiración para conceder el Premio que lleva su nombre: la Granada Abierta de Carlos Cano.

Nos estremece la canción que tituló La miseria, dedicada a los que huyen del horror de la guerra y el hambre. Decía Carlos: “Vengo de abajo, cansado de tanta cuesta. Vengo, no sé a dónde voy, huyendo de ella, la miseria. Vengo de abajo, de un valle podrido de yerba, donde no existe el futuro, sólo la miseria”. Y huyendo de la miseria, vienen hoy a Granada los inmigrantes para buscar refugio en nuestra ciudad, pero sólo encuentran la pasividad de las instituciones y una sociedad indolente. Apenas unos cuantos colectivos solidarios se movilizan para darles acogida.

En este duro año de pandemia, ha sido Médicos del Mundo el colectivo profesional que ha destacado. Ha hecho un esfuerzo encomiable para ayudar a los inmigrantes rumano-gitanos en plena crisis del coronavirus, una comunidad muy vulnerable al contagio. Por eso, hemos querido conceder el Premio Carlos Cano 2020 a esta organización sanitaria. Con este galardón, mantenemos vivo el compromiso ético de Carlos, que ha creado escuela de cantautores. Jóvenes músicos que siguen interpretando sus canciones más populares. Estamos convencidos de que Carlos se sentiría orgulloso de este premio que lleva su nombre.

Además de La Miseria, nos dejó un amplio repertorio en el que encontramos canciones comprometidas y de rabiosa actualidad, como La hoguera, que es un homenaje a las personas sin techo: “Escucha el grito de los que yacen injustamente tirados en la calle como animales, madre”. También nos conmueve con la canción: “Hijo de la calle, de este tiempo que no acaba, está desesperado”. Y tampoco dejó de denunciar a los responsables de tanta injusticia: “No creo que el sombrero les toque en la tómbola a esos gachos trajeados que viven de na, que lo roban y lo roban, con cuatro palabritas finas lo roban”.

El cantautor granadino siempre soñó con una Granada intercultural, y así lo puso de manifiesto en su disco Mestizo, cuando cantaba: “Moreno pardo de cobre, criollo morisco y zambo, cambujo lobo y coyote, soy mestizo, soy mulato”. Y es que Carlos Cano se identificó plenamente con el mensaje de tolerancia y mestizaje cultural de Federico García Lorca, cuando el poeta hablaba “del morisco, el judío, el gitano y el negro que todos llevamos dentro”. Todas estas canciones convirtieron a Carlos en el cantautor de los perseguidos y los marginados.

Y cuando vemos a la Europa insolidaria, que vulnera el derecho de asilo con inmigrantes y refugiados, recordamos otra de sus letras más emblemáticas: “Si estuvieran abiertas todas las puertas, nadie tendría que abrirlas con violencia y el mundo sería mejor”. Carlos siempre reivindicó el derecho de todo ser humano a vivir con dignidad: “Los que matan la Luna son los mismos de siempre, los que arrancan las flores con sus bolas de muerte, los que amargan la vida y asesinan los sueños que cantan los poetas buscando un tiempo nuevo”. José Saramago definió mejor que nadie al cantautor andaluz, con estas palabras: “Carlos Cano no quiso hacer otra cosa, en toda su vida, que cantar el ser que era. Esa es la razón por la que su presencia continuará viva en la memoria de Granada y Andalucía”.

La mujer en el bando nacional. (Andalucía y la guerra civil)

A diferencia del bando republicano, en la zona nacional la propaganda y movilización de las mujeres recayó básicamente en Sección Femenina que, nada más comenzada la guerra, organizó talleres, lavanderías, servicios de enfermeras y realizó colectas y visitas al frente para elevar la moral de los combatientes. Sus funciones quedaron consagradas en el otoño de 1936 tras la integración de su estructura de Auxilio de Invierno, organización que había sido creada por la viuda de Onésimo Redondo y que más tarde pasó a denominarse Auxilio Social, y –sobre todo- tras el decreto de abril de 1937 que unía a falangistas y carlistas en un único partido, de modo que el servicio de enfermeras organizado por éstos últimos pasó a depender de Auxilio Social, es decir, de Sección femenina.

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La verdad sobre Blas de Lezo: victorias ruinosas, esclavos y agonía de un imperio

Después de la heroica defensa naval del puerto de Cartagena de Indias en 1741 llegó el momento de hacer las cuentas. En concreto, a España le tocó pagar 100.000 libras esterlinas, una fortuna de la época en concepto de compensación a los ingleses como consecuencia de la victoria. Es correcto: ganamos la Guerra del Asiento (1739-1748) con la gran defensa del almirante Blas de Lezo al frente, pero además del coste militar hubo que liquidar el asiento contable con una compañía privada inglesa, la ‘South Sea Company’. Salía a pagar. La gesta de Blas de Lezo es fácil de encontrar en cientos de páginas. El ventajoso acuerdo final para Inglaterra, no tanto.

Fue el precio por recuperar el comercio de esclavos negros y el navío de permiso que se habían cedido a Inglaterra en el Tratado de Utrecht de 1713 y que motivó a la larga la guerra. El negocio para Inglaterra, que había concedido el monopolio a la Compañía de los Mares del Sur —South Sea Company— demostró ser poco rentable, menos aún después de la interrupción de la guerra, así que tras la derrota devolvieron la concesión y endosaron a España unas cuentas plagadas de trampas que incluyeron hasta el uso de un cambio monetario descaradamente ventajoso, según describe Reyes Fernández Durán en ‘La corona Española y el tráfico de negros. Del monopolio al libre comercio’ (2011).

Lo que no se cuenta

Lo que no se cuenta habitualmente es el escabroso asunto del comercio de esclavos de negros de África que fue lo que motivó la guerra, y menos aún la ruina y el progresivo e imparable declive por el que se deslizaba ya el Reino de España. El tratado que puso fin a la Guerra del Asiento supuso además el fracaso del experimento político primero de Felipe V que con el Real Decreto de Flotas y Galeones de 1720 había comenzado una tímida liberalización del comercio con la inclusión de San Sebastián como puerto de comercio con Venezuela (Virginia León Sanz y Nicollo Guati, ‘The Politics of Commercial Treaties in the Eighteenth Century: Balance of Power, Balance of Trade’, 2017).

Batalla naval Blas de Lezo

En las postrimerías del conflicto significaría también el fracaso del secretario de Estado de Fernando VI, José Carvajal y Lancaster que consistió en un insólito intento español por armar una paz duradera con Inglaterra (José Miguel Delgado Barrado, ‘El proyecto político de Carvajal. Pensamiento y reforma en tiempos de Fernando VI’ CSIC, 2001). Antes, Patiño había trasladado la Casa de la Contratación de Sevilla a Cádiz y había reformado el comercio naval con los navíos de permiso. Con la victoria y la factura, los impulsos de retomar el poderío en los mares se diluyeron y llegaron las grandes derrotas contra los ingleses.

Tras pagar por ganar la guerra, solo diez años después, en 1761, España perdió dos puertos más importantes aún que Cartagena de Indias a manos de los mismos ingleses. Ocurrió en la Guerra de los Siete Años, que para España duraron solo dos, de 1761 a 1763. Fueron suficientes para perder nada menos que La Habana en 1761, la auténtica joya de la corona del imperio de Ultramar y, al año siguiente, Manila en las Islas Filipinas, que se rindió el mismo primer día del ataque inglés. No tiene mucha película.

En solo dos años, de 1761 a 1763, España perdió nada menos que La Habana, la auténtica joya de la corona y al año siguiente, Manila

A diferencia de la hazaña de Blas de Lezo, son dos derrotas tan invisibles en la historia de España que parece que nunca ocurrieron. Aquí se practica el olvido igual que en Gran Bretaña. Es fácil porque Cuba y Filipinas se perdieron otra vez en 1898, —en el caso de Cuba, la derrota naval le tocó al puerto de Santiago— el epílogo del desplome final de España como potencia colonial. Curiosamente, el balance de la derrota de la Guerra de los Siete Años se medio salvó, al menos en cuanto a territorios, con la firma de los tratados de paz: España cedió Florida a los ingleses a cambio de La Habana y Manila, que se recuperaron, y Francia compensó a Carlos III por su alianza cediéndole a su vez la inmensa Luisiana en Norteamérica.

Más se perdió en Cuba

Es más grato relatar la defensa de Cartagena de Indias de 1740 que contar no una, sino dos veces como cayó Cuba. Se conoce algo la última, la del almirante Cervera, que hizo lo que pudo en Santiago con una situación de partida tan inferior o más que la que tenía Blas de Lezo en 1740. La armada española no estaba tan anticuada como se ha contado en ocasiones, pero seguía a años luz de los barcos de EEUU. Los hombres que defendieron Santiago de Cuba son tan héroes como Blas de Lezo, solo que ellos perdieron. Pascual Cervera y Topete no solo no se rindió, sino que adoptó una decisión arriesgada para la defensa cuando lanzó a toda prisa a sus barcos fuera de la bocana del puerto para evitar el bloqueo naval de EEUU. No lo consiguieron. Desde lo alto de los restos de la fortificación española de Santiago se percibe lo difícil de la empresa.

En cuanto a Cartagena de Indias, la gran victoria de Blas de Lezo ha acabado por ensombrecer a Sebastián de Eslava, máxima autoridad de Cartagena de Indias durante el asedio y artífice también de la defensa del puerto, una figura que han rescatado Mariela Beltrán y Carolina Aguado. El relato de la batalla siempre esconde la ruinosa factura de la victoria. No es atribuible por completo a la audaz política exterior y comercial de José de Carvajal y Lancaster en los últimos estertores de la guerra de baja intensidad. Carvajal trató de establecer un acuerdo con los ingleses sobre la base de que era mejor «un aliado caro que tres ladrones», como Francia, Holanda y la propia Inglaterra (Vera Holmes ‘Trade and Peace with Old Spain, 1667-1750’).

Existe un largo debate en la historiografía sobre las virtudes y defectos de la cesión del asiento de negros y el navío de permiso. Eliminado el orgullo nacional de ceder el pastel de un monopolio a otra potencia, el nexo común reside en que falló por el contrabando de ambas partes y la relativa dificultad para obtener beneficios dentro del esquema de las dos potencias.

Nadie en la administración española se molestó en hacer los balances anuales correctamente con la Compañía de los Mares del Sur.

Desde la década de 1720, hasta el estallido de la guerra en 1739, nadie en la administración española se molestó en hacer los balances correctamente con la Compañía de los Mares del Sur, que estaba obligada a presentar las cuentas cada cuatro años (Adrian Finucane, ‘The Temptations of Trade: Britain, Spain, and the Struggle for Empire’). Tampoco existía un control exhaustivo en Inglaterra. En el momento de la negociación final el ministro español Carvajal estaba a ciegas, sin cifras ni contabilidad precisa a mano. Aún así se fajó duramente dos años, de 1748 a 1750, para reducir la deuda inicial de 300.00 libras que reclamaban los ingleses hasta la cifra final de los 100.000.

La oreja del marino Robert

El almirante inglés Edward Vernon estrelló una gran flota y perdió miles de hombres contra Blas de Lezo, que conocía con antelación el ataque inglés y había preparado concienzudamente la defensa. No obstante, los ingleses compensaron la derrota de Vernon con la firma de la paz de la Guerra del Asiento, que les salió a cuenta. Primero, porque la realidad es que las operaciones de la South Sea Company con la concesión de España del asiento de negros no eran rentables. Este fue el verdadero motivo para que Inglaterra declarara la guerra y no la anécdota de la oreja del marino Robert Jenkins, que en Inglaterra acabó dando nombre al conflicto (‘War of Jenkins Ear’).

Lo importante para Inglaterra del Tratado de Aquisgrán (1748) no fue tanto la compensación económica que consiguió para la Compañía de los Mares del Sur -en la que participaban los políticos ‘whigs’ ingleses- sino que mantuvo una importante ventaja comercial. Son los puntos 4 y 7 de la paz. El último era un rejonazo para España: los súbditos británicos podían disponer de los derechos de comercio de la época del fin de los Austrias adquiridos en 1667 durante el reinado de Carlos II. La historiadora Reyes Moreno lo recoge en el fragmento anotado del acuerdo: «En el legajo donde se guarda esta convención entre España e Inglaterra (…) se encuentra una nota sin fecha ni firma: ‘Tratado de España e Inglaterra, 1750, extinguiendo el asiento de negros, y dando el último golpe mortal al Comercio, industria y libertad mercantil de la nación, principalmente por medio del artículo VII».

El balance global de toda la Guerra del Asiento, a pesar de la gran victoria de Blas de Lezo, fue un desatino que conllevó unas cuentas abusivas o injustificadas, en el mejor de los casos. Solo supuso un pequeño paréntesis en el ocaso de España como imperio, las derrotas humillantes y olvidadas durante la Guerra de los Siete Años, en favor de otras gestas como la de Bernardo de Gálvez, esperaban a la vuelta de la esquina. A su término, Carlos III levantó finalmente el monopolio de Cádiz y de la Casa de la Contratación, la tímida iniciativa de Felipe V que no se continuó: todos los puertos y todas las compañías privadas podrían comerciar, pero el imperio británico era ya dueño de los mares.

 Julio Martín Alarcón.

LAS AVENTURAS DE TELÉMACO. LIBRO VIII. (Pág. 206… final capítulo)

Las ideas de libertad, igualdad y fraternidad, íntimamente asociadas a la Revolución Francesa, aparecen por vez primera en el Libro VIII de Las Aventuras de Telémaco (1699) de  François Fénelon, obra que se inscribe en el género de literatura política crítica hacia el absolutismo en la etapa final del reinado de Luis XIV. Fenelón sitúa el origen de esos términos en nuestro pueblo Andalúz:

                       “LAS AVENTURAS DE TELEMACO. LIBRO VIII. (1699)

                                        Autor.-   François Fenelón

Empezó así: (Pág. 206 al final libro VIII).

Atraviesa el río Betis un país fértil, bajo un cielo siempre apacible, sereno siempre; y el país mismo ha tomado el nombre del río, que desemboca en el Océano, muy cerca de las columnas de Hércules, y de aquella parte en donde, rompiendo sus diques el furioso mar, separó en otro tiempo la tierra de Tarsis de la grande África. En la Bética, pues, parecen haberse conservado las delicias del siglo de oro.

 Los inviernos son allí templados, y los rigurosos aquilones desconocidos. Los ardores del estío se mitigan con los frescos céfiros, que en lo más caluroso del día vienen a suavizar el aire: de modo que todo el año se compone de solas dos estaciones, que al parecer se están dando la mano, esto es, la primavera y el otoño. Las vegas y los valles producen cada año duplicada cosecha. Los caminos son verdaderas calles de jazmines, laureles, granados, y otros árboles siempre verdes, siempre floridos. Las montañas están cubiertas de rebaños cuyas finísimas lanas son tan buscadas de todas las naciones conocidas. Abunda este país en minas de oro y plata; pero los habitantes sencillos, y felices en su sencillez, no se dignan de incluir la plata ni el oro en el número de sus riquezas, sólo aprecian lo que verdaderamente sirve a las necesidades del hombre. Cuando empezamos a comerciar con ellos, vimos, no sin admiración, que hacían el mismo uso del oro y de la plata que del hierro: empleábanle hasta en las rejas de los arados. Como no hacían ningún comercio exterior no necesitaban de moneda alguna: casi todos son pastores o labradores, y hay pocos artesanos, porque no permiten más artes que las realmente necesarias. Además, aunque la mayor parte de los hombres se dedican a la agricultura, o a la cría de ganados, no dejan por eso de ejercer las artes necesarias a su vida sencilla y frugal. Las mujeres hilan aquella bellísima lana, y hacen de ella paños finos de extraordinaria blancura; amasan el pan, y componen la comida; pero esto les es fácil, porque allí más se vive de frutas y de leches que de carnes. Sírvense de las pieles de los carneros para calzarse a sí, a sus maridos y a sus hijos, empléanse además en hacer tiendas de pieles enceradas y de corteza de árboles; en hacer y lavar la ropa de la familia, y tener las casas en un orden y con una admirable limpieza. Sus vestidos son fáciles de hacer, porque en un país tan templado basta para la decencia una tela fina y ligera, que acomodan a su talle en largos pliegues, dándole cada una el corte y forma que más le agrada. Las artes que allí se conocen, si se exceptúa la agricultura y la pastoría, quedan reducidas a labrar la madera y el hierro; y aun de éste apenas se sirven mas que para hacer los instrumentos indispensables a las labores del campo. Todas las artes que tienen por objeto la arquitectura les son inútiles, porque nunca construyen casa alguna: según ellos es demasiado apegarse a la tierra hacer una habitación que dure más que su dueño; y por eso se contentan con la que baste a defenderlos de las intemperies.

 Las otras artes que tan estimadas son de los Griegos, de los Egipcios, y de las demás naciones cultas, las detestan como invenciones de la vanidad y de la molicie. Cuando se les habla de los pueblos que poseen el arte de construir soberbios edificios, mubles de oro y plata, telas guarnecidas de bordados y de preciosas pedrerías; exquisitos perfumes, delicados manjares, e instrumentos que encantan con su armonía, contestan así ¡Harto infelices son en haber empleado tanto trabajo e industria en corromperse! Lo superfluo afemina, embriaga y atormenta a los que lo tienen; provoca a los que de ello carecen a que lo adquieran aunque sea con violencia e injusticia. ¿ Y podrá darse el nombre de bienes a una superfluidad que sólo produce males? ¿Los habitantes de esos países son por ventura más sanos y robustos que nosotros? viven más largo tiempo? ¿están mas unidos entre sí? ¿tienen una vida mas libre, mas tranquila, ni mas alegre? Antes por el contrario deben estar celosos unos de otros, corroídos de vil y negra envidia, siempre agitados de la ambición, del miedo y de la avaricia, incapaces de gozar de los placeres puros e inocentes, viles esclavos de tantas falsas necesidades de las cuales hacen depender su felicidad.

Así hablan continuó Adoam, esos hombres a quienes ha hecho tan cuerdos el solo estudio de la sencilla naturaleza: miran con horror nuestra civilización; y es preciso convenir en que es muy grande la suya en su amable sencillez. Todos viven juntos sin repartir las tierras; y cada familia esta gobernada por su jefe, que es de ella verdadero rey. El padre de familias tiene derecho de castigar las malas acciones de sus hijos o nietos; mas antes de imponer el castigo, toma el dictamen del resto de la familia. Es verdad que allí son muy raros tales castigos, porque la inocencia de costumbres, la buena fe, la obediencia y el horror al vicio habitan en aquella afortunada tierra.

 No parece sino que Astrea, que dicen se retiró al cielo, sin duda porque en ninguna parte se la halla, vive oculta entre aquellos hombres. Ellos no necesitan jueces, porque su propia conciencia los juzga. Todos los bienes son comunes; y las frutas, las legumbres y la leche son riquezas tan abundantes que unos pueblos tan sobrios y moderados no necesitan dividirlas. Cuando una familia ha consumido los frutos y los pastos del paraje en que se ha establecido, se muda con sus tiendas a otro: así es como no teniendo interés que sostener unos contra otros, se aman con un amor puro, fraternal, inalterable; y esta paz, esta unión, esta libertad se deben a la privación de las vanas riquezas y de los engañosos placeres todos son libres, iguales todos.

No se nota entre ellos más distinción que la procedente de la experiencia de los sabios ancianos, o de la extraordinaria sabiduría de algunos jóvenes que se igualan a los ancianos más consumados en la virtud. En una tierra tan favorecida de los dioses jamás se oye la cruel y pestilente voz del fraude, la violencia, el perjurio, los procesos, ni las guerras; jamás se vio teñida de sangre humana, y muy pocas veces de la de los animales.

Cuando se les habla de las sangrientas batallas, de las rápidas conquistas, de las ruinas de los estados que se ven en otras naciones, apenas saben como explicar su admiración. ¡Qué, dicen absortos, no son por naturaleza bastante perecederos los hombres, sin que los unos anticipen la muerte a los otros, les parece demasiado larga una vida tan corta, o viven sólo para despedazarse mutuamente, y mutuamente hacerse infelices!

 Tampoco comprenden por que se admira tanto a los conquistadores que subyugan los grandes imperios. ¡Que locura! ¡Hacer consistir su felicidad en gobernar a otros hombres, cuyo gobierno, si ha de ser según las leyes de la razón y de la justicia, cuesta tantos cuidados y fatigas! Mas ¿quien gusta de gobernarlos a su pesar, cuando es el mayor esfuerzo de la sabiduría y de la virtud de un hombre sujetarse a gobernar un pueblo dócil que los dioses pongan a su cuidado, o un pueblo que le ruega le sirva de padre y de pastor?

 Gobernar a los pueblos contra su voluntad, es hacerse miserable por gozar la aparente gloria de tenerlos esclavos. Un conquistador es un hombre que los dioses, irritados contra el género humano, lanzan su cólera a la tierra para destruir reinos, difundir por todas partes el espanto, la Miseria y la desesperación, y hacer tantos esclavos como hombres libres hay.

El que busca la gloria, ¿no encuentra la más sólida en gobernar dignamente el pueblo que los dioses han puesto a su cuidado? ¿o cree no ser digno de elogio sino haciéndose violento, injusto, altivo usurpador y tirano de sus vecinos? Nunca es lícita la guerra sino en defensa de la libertad. ¡Dichoso aquel que, no siendo esclavo de nadie, no tiene la necia ambición de esclavizar a nadie! Esos grandes conquistadores que tan gloriosos nos representan, son semejantes a los ríos que, saliendo de madre parecen tan majestuosos, pero que inundan, arrollan y destruyen las fértiles campiñas que debían sólo regar.

Encantado Telémaco de las costumbres de la Bética que tan bien acababa de describir Adoam, le hizo varias preguntas curiosas. Fue la primera, si bebían vino sus habitantes. Ni lo beben, ni lo han bebido nunca, le respondió Adoam no porque les falten uvas, que en ninguna parte se crían más dulces, sino porque se las comen como las demás frutas, temiendo al vino como a un corruptor de los hombres. Éste, dicen, es un veneno que pone al hombre furioso, y si bien no le mata, le embrutece. Sin su uso pueden conservarse la salud y las fuerzas, y usando de él, se está muy a pique de arruinar la salud y las buenas costumbres.

Quisiera saber, siguió Telémaco preguntando que leyes siguen en sus matrimonios. A nadie, le respondió Adoam, se le permite más de una mujer, que se obliga conservar mientras le dure la vida. Allí tanto depende el honor de los hombres de su fidelidad respecto de las mujeres, como en otras naciones depende el honor de las mujeres de ser fieles a sus maridos. Jamás hubo pueblo tan honesto ni tan celoso de la pureza. Las mujeres son hermosas y agraciadas, pero sencillas, modestas y laboriosas. Los consorcios son pacíficos, fecundos, e inmaculados; una alma sola parece que anima ambos cuerpos: reparten entre sí los cuidados domésticos; encargase el marido de los de los de fuera y la mujer cuida de los de la casa, alivia a su marido, y parece que sólo ha nacido para agradarle; merece su confianza, y le embelesa menos con su hermosura que con su virtud; haciendo que dure tanto el contento de su unión como la vida, que siempre es allí larga a beneficio de la sobriedad, la moderación y las costumbres puras, que les precaven de enfermedades. Vense ancianos de ciento y de ciento y veinte años que todavía respiran alegría y vigor.

 Réstame aún saber, añadió Telémaco, de que modo evitan la guerra con sus vecinos. La naturaleza, respondió Adoam, les ha separado de los otros pueblos, por una parte con el mar, y por la otra con altas montañas. Además, las otras naciones les respetan a causa de su virtud. Muchas veces, cuando ellas no se convienen en sus diferencias, les eligen por árbitros, y les confían las tierras y las ciudades, cuya posesión disputan: y, como jamás han hecho violencia nadie, nadie desconfía de ellos. Ríense cuando se les habla de aquellos reyes que no pueden arreglar entre sí los límites de sus estados. ¿Temen por ventura, dicen, que falte tierra a los hombres? Siempre tendrán de sobra más de la que puedan cultivar. Mientras hubiese en el mundo tierras libres e incultas, no defenderíamos nosotros las nuestras contra cualquiera que viniese a ocuparlas. No tiene la Bética orgullo, altanería, mala fe, ni codicia en extender su dominio; y por consiguiente, como ni sus vecinos tienen que temer de ella, ni ellos tienen para que hacerse temer, la dejan vivir en paz y tranquilidad.

Es este un pueblo que abandonaría su país y se entregaría a la muerte antes que rendirse a la esclavitud: tan difícil es subyugarle, como que él piense en subyugar; y este sistema es el que constituye una paz inalterable entre él y sus vecinos. Concluyó Adoam refiriendo el modo con que hacían los Fenicios su comercio en la Bética. Admiráronse, dijo, estos pueblos al vernos venir de tan lejos atravesando mares dejáronnos fundar una ciudad en la isla de Gades, nos recibieron con la mayor bondad, y aún nos dieron generosamente parte de cuanto tenían. Ofreciéronnos además todas las lanas que les sobrasen, después que habrían acopiado las necesarias para su uso; y con efecto nos hicieron de ellas un rico presente, porque es mucho el placer que tienen en dar a los extranjeros lo que les sobra.

 Sus minas, nos las cedieron sin dificultad, porque a ellos les eran inútiles. Parecíales poco cuerdo que los hombres, por entre tantos trabajo, fuesen desde tan lejos a buscar en las entrañas de la tierra lo que ni puede hacerles felices, ni satisfacer ninguna de sus verdaderas necesidades. No cavéis, nos decían, tan profundamente la tierra, contentaos con labrarla, y ella os dará verdaderos bienes que os alimenten; de ella sacaréis frutos que valen mas que el oro y la plata, pues que el hombre no busca estos metales mas que para comprar con ellos los alimentos que sustentan la vida.

Muchas veces quisimos enseñarles el arte de la navegación, y llevar algunos jóvenes a Fenicia; pero jamás permitieron que sus hijos aprendiesen a vivir como nosotros. Así fuera, nos decían, como se acostumbrarían a tener por precisas esas cosas que ya se os han hecho necesarias: quisieran adquirirlas; y si no hubiera otro medio de obtenerlas, a despecho de la virtud, se valdrían de la violencia. Vendrían a ser como el que, teniendo buenas las piernas, por no andar ha perdido el uso de ellas, y tiene en fin que acostumbrarse a la necesidad de que otro le lleve como a un enfermo. Miran la navegación como un arte admirable por su ingenio; sin embargo le miran como pernicioso. Si estas gentes, dicen, tienen en su tierra con abundancia lo que es necesario para la vida, ¿qué van a buscar en las extrañas? ¿Acaso lo que basta a satisfacer las verdaderas necesidades no les es a ellos suficiente? En verdad que merecen naufragar los que así exponen la vida a rigor de las borrascas por saciar la codicia de los traficantes, y lisonjear las pasiones de los demás hombres.

Fuera de sí Telémaco del regocijo que le causaba la noticia de que aun hubiese en el mundo una nación que, gobernada por las leyes de la sencilla naturaleza, fuese a un mismo tiempo tan sabia y tan dichosa, exclamó: ¡Oh! ¡cuánto se asemejan sus costumbres de las de los pueblos que tenemos por los más sabios! Estamos tan viciados, que apenas podemos persuadirnos que subsista una sencillez tan natural. Nosotros miramos las costumbres de ese pueblo como una hermosa fábula, y él debe mirar las nuestras como un sueño monstruoso.

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