Carta a la corrupción. Libro. Cara y Cruz del Andalucismo.

CARTA A LA CORRUPCIÓN

 

        Despreciable madame: Puede estar usted contenta, campea a sus anchas, domina la situación y el prefijo omni parece creado expresamente para usted: omnipotente, omnímoda, omnipresente… Raro es el lugar y el momento donde sus tentáculos no lo ocupen todo. Puede estar contenta.

 Vivimos en un mundo completamente trastocado. Nada es lo que era y nada parece estar en su lugar. Las vajillas y los electrodomésticos se compran en los bancos, el pan en las gasolineras, la felicidad en los centros comerciales y el éxito con el otro sexo lo garantiza una colonia. Y usted, señora corrupción, por medio, enredándolo todo. Ya sea en una gran ciudad o en el más pequeño pueblo, allí se encuentra usted.

         ¿De quién hablaba don Juan Tenorio cuando recitaba desafiante?: “Por donde quiera que fui, / la razón atropellé, / la virtud escarnecí, / a la justicia burlé, / y a las mujeres vendí. / Yo a las cabañas bajé, / yo a los palacios subí, / yo los claustros escalé, / y en todas partes dejé / memoria amarga de mí.”

         Siempre creímos que lo más corrupto que podía existir era una dictadura, y fíjese… no hay día en que no nos desayunemos con algún escándalo protagonizado por cualquier demócrata de bolsillo. Y a más altura peor. Los grandes ladrones no están, supuestamente, entre los empleados de banca sino en los suntuosos despachos de los directivos. Nos dicen que tal personaje político -fue una de las más altas instancias del país- se parece al aloe vera porque cuanto más se le investiga más propiedades se descubren, y nos reímos, qué chiste más gracioso. Por el este se regalan trajes, por el noroeste charlan en las gasolineras y por el sur se cobran suculentas jubilaciones sin haber trabajado en la empresa. ¡Qué tropa! Y el otro no tuvo bastante con el gran braguetazo, ahora monta organizaciones sin ánimo de lucro, porque el lucro no tiene ánimo y se va de vacaciones a los paraísos fiscales. Y para arreglar la estafa -también llamada crisis- nos proponen recortes en sanidad y en educación. Señora corrupción, hay que reconocerlo, es usted una artista de la impunidad.      

 En una localidad gaditana se presenta a las elecciones municipales un pequeño partido político con una propuesta básica: Los partidos no pueden ser una carga para el municipio, por lo tanto, no a los sueldos de los políticos y no a los cargos de confianza. Consiguen dos concejales y un mes después de las elecciones, uno de los ediles está ganando un opíparo sueldo y el otro se convierte en cargo de confianza del señor alcalde. Hay que quitarse el sombrero con usted, señora, consigue lo que parecía imposible.

               En Valencia gobierna el PP, y el PSOE está escandalizado por los casos de corrupción. En Andalucía gobierna el PSOE, y el PP clama al cielo por el nepotismo y la corrupción imperante. ¿Cómo es posible esto? Los corruptos en un sitio son los honrados en otro, y viceversa. Aunque, pensándolo bien, tienen una cosa en común: en los dos casos la decencia se encuentra en el partido que no ostenta el gobierno. Vemos a ciertas formaciones, como IU, con una honradez acrisolada hasta que llega el poder… y las mariscadas. ¿Qué hacer? Pues la solución parece fácil y está en manos de los ciudadanos: mantener siempre a los partidos políticos en la oposición, así vivirán en un eterno estado de honradez. Y si no podemos, si es obligatorio aguantar que nos gobiernen, al menos tenerlos en el poder el menor tiempo posible.

         Ya lo dijo alguien con doble sentido: común y del humor: “Los políticos y los pañales deben cambiarse de vez en cuando… y los dos por el mismo motivo”.

         ¿Qué podemos hacer con usted, señora? ¿Nos rendimos y le dejamos maniobrar todo lo que quiera? ¿Nos enfrentamos a usted y cuando nos atropelle nos retiramos a un rincón para lamernos las heridas? La verdad, estamos desconcertados, sabemos que debe tener un punto flaco, algún talón de Aquiles, pero no sabemos cual, lo que le da ventaja. Vale, usted gana, nos rendimos, pero sepa que algún día descubriremos cómo combatirla. Y se va a enterar.   

Autor: Tomás Gutier.

Libro «Cara y Cruz del Andalucismo» (Autores: Tomas Gutier/Manuel Ruiz)

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