Tomás Gutier

Carta a nuestros representantes en las Cortes españolas y en el Parlamento de Andalucía.

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Tomás Gutier

Llevamos ya muchas elecciones enviando casi cien andaluces a las Cortes españolas y votando a más de cien para el Parlamento de Andalucía. Y nuestra nación sigue la última de toda España. ¿ Para qué nos sirven?

¿Representan al pueblo andaluz o al partido que les colocó en el lugar adecuado para salir elegidos?. ¿A quién deben mostrar agradecimiento?.

Por eso, cuando llega el momento de decidir, no piensan en Andalucía sino en su propio interés y en el de la formación que les ordena lo que deben hacer. Ni cuenta la ideología, ni cuenta el sentimiento, ni la ética, ni la razón. Con las cosas de comer no se juega.

Y en una pared de un pueblo andaluz apareció esta pintada: “Votar no cambia nada. Si cambiara algo, estaría prohibido”.

Esa es la percepción ciudadana: votar no sirve para nada, y en consecuencia, todos los políticos son iguales. Y confundiendo partidos políticos con democracia -igual que si confundiéramos a Dios con las religiones- hay quién pregona la inutilidad de vivir en un régimen democrático.

Y hablando de religiones, ¿se acuerdan ustedes de aquellas recolectas mediante huchas en el mes de octubre dedicadas a pedir limosnas para los negritos? Aunque sea moneda a moneda, en aquellas huchas con cabezas de barro, y durante decenios, habremos recogido dinero suficiente para arreglar algo, pues no, los negritos de ahora se tienen que jugar la vida en el estrecho para conseguir, siquiera, comer. Al menos quienes promovieron aquellas cuestaciones  han tenido la vergüenza de quitarlas, ya no se ve a los niños pidiendo por las calles. Y es que si algo no vale…

¿Cuántos años llevamos enviando parlamentarios a Bruselas, Madrid o Sevilla?. ¿Se ha hecho todo lo que se podía hacer?

Podríamos tener la tentación de pensar igual que la pintada: Votar no cambia nada”, pero nos equivocaríamos, votar es lo único que cambia las cosas, pero es necesario que nosotros las cambiemos. Cambiar todo, las leyes, las formas, los parlamentos y, por supuesto, los parlamentarios. Que constantemente noten cómo se les mueve la silla.

Por eso, señores representantes del pueblo andaluz, nos hemos permitido enviarles esta carta. Ustedes son el símbolo de un pueblo altivo, serio, trabajador, con historia y con cultura. Un pueblo sometido y humillado pero nunca doblegado. Representan algo muy superior a sus partidos, siglas o líderes. Y deberían estar a la altura de las circunstancias. Tener la misma categoría que el pueblo representado. Porque un día, ese pueblo despertará, os pedirá cuentas, y, puede ser, que os encontréis como las huchas de la cuestación: obsoletos.

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