«In memoriam». En memoria de todos los masones represaliados en Andalucía. Por Julio Jiménez Cordobés

En memoria de todos nuestros hermanos masones que dieron sus vidas luchando por las injusticias sociales, por la igualdad, la fraternidad, la libertad.  El estar ausente no anula el recuerdo, ni compra el olvido.

Los ciudadanos que ignoran su historia están condenados a repetirla. Para liquidar a los pueblos solo hay que privarles de la memoria destruyendo los libros, sus culturas, sus tradiciones.

 No sé dónde podéis estar, en una cuneta, una fosa o detrás de una lápida anónima donde han borrado todos los símbolos de pertenencia al “Arte real”. A pesar de nuestro olvido, a pesar de la amputación de nuestros recuerdos deseo hacer realidad el objetivo del grado 5, Maestro Perfecto: “El masón tiene el deber de tributar a sus hermanos el respeto que merece su memoria”.

 ¡La emoción me inunda el alma! La rabia y la tristeza se convierten en impulsos, fuerzas para seguir difundiendo el resplandor que emana de vuestras tumbas. Ya es hora de hacer visible vuestros pensamientos antes que sobreviva los de vuestros verdugos. Somos seres humanos, decidimos pelear por nuestros sueños, construimos ideas a partir de las emociones, de la cultura. ¿Por qué se puede llegar a odiar a las personas que son ríos de sabiduría que nacen en el reconocimiento de la ignorancia y sólo desean dar conocimientos al pueblo?

De nada nos vale defender la España del tópico si no defendemos la España de la justicia, de la integración, de las libertades, de la educación, de la vida, de la fraternidad frente al extremismo, del humanismo versus la ideología.

Ya lo dijo D. Miguel de Unamuno:

“Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha.

No puedo olvidar, necesito difundir el sufrimiento, la sinrazón, los abusos que se cometieron con nuestros hermanos masones en nombre de no sé qué España Grande y Libre.

Durante el desarrollo de la guerra “Incivil”, en Andalucía, en las ciudades que caían en manos de los sublevados se detenía a los masones, se les encarcelaban y pasaban por las armas, sin juicio, sin sentencia. Se ordena la disolución de las logias y obediencias. Se confiscan bienes y pertenencias. Se imponen multas millonarias. Inhabilitación profesional tanto en trabajos públicos como privados. Destierros. Penas de entre 20 y 30 años de reclusión mayor para los masones y entre 12 y 20 años para los cooperadores.

El número de masones fusilados conocido asciende a 298 personas identificadas. En Carmona se le aplicó el “Bando de Guerra” al menos a 7 ex-miembro del Triángulo “Vida Nueva”. En Alcalá de Guadaira a 12 integrantes de la logia “Filipinas”, 17  de la logia “hijos de la Viuda” en Ceuta, 24, del taller “Trafalgar de Algeciras”, en Écija, Utrera, Lora del Río, Posadas, Lucena, Palma del Río, Puerto Real, San Fernando,  La Línea, San Roque, etc… Es decir, Granada (25 fusilados), Cádiz (118) fusilados, Sevilla (66 fusilados), Huelva (29), Córdoba (27), Málaga (13), Almería (6), Jaén (5)…

Entre los hermanos pasados por las armas figuran: Horacio Hermoso y Fernández de la Bandera alcaldes de Sevilla, los diputados Manuel Barrios, Francisco Aguado, Adolfo Chacón, Pedro  de la Mata, Rafael Calbo, Pedro Molpeceres, Gabriel Gonzáles Taltabull, Fernández Jiménez, José Palanco, Juan Gutiérrez Prieto, Fermín de Zayas, Gran Maestre de la Regional durante la 2ª República etc..

En Córdoba, el 28 de julio mataron al ex diputado de las Cortes Constituyentes Joaquín García Hidalgo, miembro de la logia Turdetania. En agosto sufrieron el mismo trágico fin el eminente médico Manuel Ruiz Maya, de la misma logia, al igual que José Guerra Lozano, que había sido presidente de la Diputación. En septiembre fusilaron al destacado epidemiólogo doctor don Sadí de Buen Lozano, cuyo hermano Demófilo ostentaba cargos directivos en el Gran Oriente Español. Más tarde asesinaron a otro miembro de Turdetania, Pablo Troyano Moraga, también ex presidente de la Diputación.

Al terminar la guerra aparecen distintos organismos civiles y militares con el objetivo de aniquilar a un enemigo ya derrotado. Las leyes que más daño hizo a nuestros hermanos fueron:

“Ley de Responsabilidades Políticas”. (1939 – 1966) Brazo ejecutor: Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas. “Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo” (1949 – 1964). Brazo ejecutor: “Tribunal especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo”

Podrán fusilarnos, condenarnos con eternas penas de cárcel, despojarnos de nuestros bienes personales, quitarnos nuestros trabajos, condenar a nuestras familias al pago de multas millonarias, podrán cortar las flores del jardín de la masonería, pero siempre, ¡siempre, volverá una nueva primavera!

Uno de los símbolos del recuerdo es “La Acacia” su madera representa la pureza de los principios masónicos, el renacimiento del pensamiento, la muerte de la ignorancia para dar vida al discernimiento, la razón, al pensamiento crítico. Distintivo de la verdadera iniciación, de la resurrección para una vida futura. Su verdor perenne junto con la dureza incorruptible de su madera expresa la idea de la vida que permanentemente renace victoriosa de la muerte, sus hojas se levantan al alba para recibir la luz de la sabiduría, se inclinan al atardecer para protegerse de la oscuridad del pensamiento. ¡Seamos acacia para no olvidar a nuestros hermanos en el Oriente Eterno!

Nuestro taller se ha convertido en una gran fosa iluminada por la luz del conocimiento donde descansan todos nuestros hermanos, de sus entrañas surge un gran cordel, intento recogerlo, pero no tengo suficientes fuerzas, es la llave para esparcir por la humanidad la semilla, el faro que alumbra el camino hacia la verdad. ¡Hermanos! Necesito vuestra ayuda para recoger el cabo que nos llevará a restaurar la dignidad de nuestra orden, para no olvidar, para honrar ante la sociedad a todos los masones cruelmente perseguidos.

Autor: Julio Jiménez Cordobés.

Octubre 2021

Fuentes:

Bibliografía y documentación:  Los masones andaluces en la república, la guerra y el exilio. Autor. Leandro Fernández Rey y Fernando Martínez López. (Coordinadores). Universidad de Sevilla.

https://www2.uned.es/dptohdi/museovirtualhistoriamasoneria/5historia_masoneria_espana/M%20y%20franquismo.htm

Mis Silencios de vida II. El camino iniciático que lleva a Santiago de Compostela

Mis silencios de vida II:  (El camino iniciático que lleva a Santiago de Compostela)

Autor: Julio Jiménez Cordobés.

 El tiempo no se detiene, sigo buscando la música de la “nada”, dejándome envolver por sus delicadas notas que me llevan a mi interior.

Atrás quedaron los cuentos infantiles, mis padres ya no están. No están muertos, viven en mí, en mis recuerdos. Cuando llegue la hora de cruzar al Oriente Eterno me encontraré con ellos.  Sigo disfrutando de las noches de estío en mi pueblo, contemplando las estrellas. Cuando paso por la plaza Pablo de Olavide, siempre recuerdo los juegos de niñez. Al entrar en la Iglesia de la Purísima Concepción continúo buscando la ausencia de palabras, la paz del templo. Sentado en uno de los bancos hablo conmigo mismo, con mi conciencia.

Mi siguiente experiencia en la búsqueda de la calma del silencio me lleva en soledad al Camino de Santiago. Empezaría en bicicleta desde Sevilla, mi destino, Santiago de Compostela siguiendo la ruta de la “Vía de la Plata”. Calzada que desde época prerromana enlazaba el sur con las tierras más septentrionales, permitiendo la colonización de la Bética. La importancia económica y estratégica de estos lugares, impulsó al imperio Romano a la construcción de vías para favorecer la comunicación. Así nace el itinerario, aproximando Augusta Emérita (Mérida) con Astúrica (Astorga) hacia el norte y con Híspalis (Sevilla) hacia el Sur. Todo el trayecto estaba marcado en millas romanas (1468m), con hitos de piedras llamados “miliarios”, símbolos para los peregrinos cuando transitan por esta ruta para llegar a Santiago.

¿Cuáles eran las motivaciones para emprender semejante actividad? Me considero una persona agnóstica, escéptico en temas religiosos, tampoco la búsqueda interior constituía mi objetivo principal, sólo pensaba en la realización de un proyecto de superación física personal. El reto de hacer kilómetros conectando el Sur con el Norte, descubrir paisajes, llegar a mi destino. Para ello, necesitaba una preparación física, una organización logística (compra de materiales, planificación de etapas etc.), además de fijar la fecha de salida, el día 1 de agosto del 2008. Para conseguir la resistencia necesaria efectué sesiones de entrenamiento por las distintas veredas del Puerto de Santa María, Sevilla y La Luisiana:

“La ruta de la manzanilla y el moscatel”, 78 kilómetros de vías pecuarias por huertas, pequeñas fincas de regadíos, viñedos con unas características especiales por la influencia del mar y el viento, nos deleitan con sus célebres caldos únicos en el mundo, visitando las ciudades de Chipiona o Sanlúcar de Barrameda donde el río “grande” se funde con el Atlántico.

 “Vía verde de la campiña”, entre La Luisiana y Córdoba”. 107 kilómetros por el antiguo trazado ferroviario uniendo Sevilla con Córdoba, acompañado de mi hermano. Un paseo a Écija se convirtió en toda una aventura al terminar en Córdoba, recordando esos trayectos recorridos en trenes de vapor por nuestros padres para desplazarse a las ciudades vecinas de Écija, Córdoba, Marchena, Sevilla. Túneles, puente de hierro, casillas de ferroviarios junto a campos de cereales, los corredores fluviales del Guadajoz o el Guadalmazán con una vegetación de ribera, enriquecen el paisaje del recorrido.

“De Sevilla a Sanlúcar de Barrameda acompañando al Guadalquivir”. 110 kilómetros convertidos en una verdadera pesadilla de barro y agua. El día antes de la etapa, llovió de forma copiosa. Al alba, el día amanece radiante. Inicio el trayecto a las 7,20 horas, con las alforjas ya instaladas en la bicicleta. Al salir de la ciudad por debajo del puente del quinto centenario para incorporarme al camino paralelo al río Guadaira, me encontré con la realidad que me acompañará durante toda la ruta, caminos embarrados hacían muy difícil la circulación. Campos de arroz acompañan al río Guadalquivir. La senda se transforma en una vía de asfalto, hoy abandonada, llamada “Carretera del práctico”.  A partir de ahora, mi vista se recrea de la escena del río Betis y su entorno ambiental.  continúo mi pedaleo hasta llegar al parque natural de “las Señuelas” por una zona de eucaliptos. Disfruto de la vegetación, del agua, de los animales (cigüeñas, aves rapaces, garzas etc.) ¡Todo un espectáculo! Para colmo, cerca de Trebujena empezó a soplar un fuerte viento de cara dando un tono de más dramatismo a la etapa. Imposible avanzar a más de 9 kilómetros hora. Distintos entornos naturales recrean mi vista hasta mi llegada a la meta final en el “Bajo Guía” donde el “al-wādi al-kabīr” (el Río Grande) vierte sus aguas al océano Atlántico.

¡Prueba superada! Me siento preparado para comenzar mi gran reto personal, sin saberlo, se convertirá en un verdadero “Viaje iniciático”.

El 1 de agosto del 2008, al alba, comencé mi aventura, perfectamente equipado y organizado, más de 500 kilómetros hasta Zamora. Una prostatitis aguda me impidió continuar hasta Santiago. Al principio iba con un objetivo de superación físico personal, propósito vacío del que surgen muy pocas cosas. Cuando me puse a pedalear dejando atrás la gran urbe Sevillana, la magia del camino, la soledad, el silencio de la naturaleza se impuso. Se produjo una conversión, una gran avalancha de sentimientos no se correspondía con el objetivo inicial. ¿Hacia dónde voy? No me imaginaba que esto podía suceder. Las ideas son una cosa, la realidad del camino es otra.

A mi espalda, Sevilla ya no aparece, voy por un camino ancho, muy cómodo, me aproximo al pueblo de Guillena, al pie de Sierra Morena. Espero no hacer realidad el famoso refrán: “Aquel que anda por la sierra cualquier día se descalabra”. Poco a poco me voy adentrando en su interior, ya no se escucha el estruendo de la humanidad. El mutismo se rompe por la fatiga del esfuerzo, o por la bicicleta al rodar entre piedras. Centrado en el empeño de la subida, no reparé en la belleza del paisaje. Al llegar a la zona del Berrocal en pleno corazón de la serranía, alejado de toda civilización, realicé una parada para descansar, coger fuerzas para subir al “Cerro el Calvario”. Miré a mis aledaños, estaba pasando por un paisaje maravilloso, lleno de misterios, atravesaba caminos transitados por peregrinos durante siglos. A mi alrededor, montañas, prados, pistas forestales, pájaros, flores, sol, cielo, nubes eran los únicos compañeros que tendría en esta aventura. Me imaginaba levantarme cada mañana lejos del estrés de mi agitada vida.

 La subida al “Calvario” fue un verdadero sufrimiento, imposible hacerla en bicicleta, ¡pie al suelo!  Cada 50 metros realizaba una parada buscando la sombra de una encina. El esfuerzo fue enorme, exhausto, aparecen deseos de abandonar, volver sobre mis pasos, pero recordé las palabras de mi padre: – ¡Julio! En la vida, siempre hay que ir hacia adelante-. ¡Por fin la cima! Un mirador me ofrecía el lugar perfecto para descansar de la tortura de la subida. La inmensidad de la naturaleza se presentaba en este lugar, mi vista al horizonte sólo alcanzaba bosques de encinas.  La paz, el sosiego, la circunspección, un momento conmovedor, especial y mágico se imponían a la satisfacción por superar el reto del ascenso.

Escribiendo estas palabras, no dejo de pensar en la película: “El hombre que pudo reinar” basada en el libro de Rudyard Kipling. Sus protagonistas, Dravot y Carnehan (Sean Conery y Michael Caine) realizan un viaje iniciático lleno de dificultades hacia la búsqueda de la luz interior, siempre presente, aunque no nos demos cuenta. Deseo no acabar como ellos, imbuidos por la ambición del poder, alejados de la virtud de la sabiduría. Todo ser humano realiza un camino iniciático en su vida. No importa el final, lo fundamental es cómo lo hayas vivido. Rudyard Kipling solía decir: “El saber soportar las falsas injurias de los necios para deleitar a los tontos y mantener el silencio que refuerza nuestras verdaderas acciones, ennoblece nuestra condición de hombre”.

 El resto de la jornada hasta mi albergue de descanso en la ciudad de Real de la Jara en el límite de la vecina Extremadura, lo realizo con tranquilidad, disfrutando de mis pensamientos, sin prisas por llegar, el tiempo se había parado para mí. El medio natural es mi acompañante. Me siento feliz, desintoxicado, sin ataduras, encontrándome conmigo mismo.

Durante cinco etapas por la Comunidad Extremeña. Ciudades milenarias como Mérida, Cáceres, me dan la bienvenida. Campos de vides, paisajes de centenarias encinas me reciben con los brazos abiertos, ¡qué gran pueblo!, hospitalidad, buena comida, personas de honor, muy distinto al estereotipo que D. Francisco Gregorio Salas, poeta y eclesiástico, realiza de sus paisanos al definirlos como “indios de la nación por su pereza” (décima recogida en sus Epigramas), ¡vaya forma de echar tierra a la nobleza de un pueblo! La amplia llanura da lugar a la sierra de Gredos en Baños de Montemayor, a las puertas de Castilla y León, muy cerca de Béjar en la vecina Salamanca.

Una nueva virtud aparece en mi travesía, el compañerismo, la fraternidad o la solidaridad, compartir mis sensaciones con otros compañeros de viaje. Peregrinos en búsqueda de sentido en sus vidas o simplemente superar una meta personal, dispuestos a escuchar y a ser escuchados. Durante mi paso por la provincia de Badajoz conocí a Stéfano, italiano de Milán. En soledad caminaba desde Zafra en dirección a Salamanca. Compartimos experiencias en una tarde de convivencia, o los hermanos Eduardo y Juan Manuel, salieron de Córdoba, nos encontramos por tierras de Cáceres, disfrutamos juntos hasta Salamanca. Convivir con extraños como si los conocieras de toda la vida, estar siempre dispuesto a auxiliar a quien esté en apuros. Lo importantes es dar nuestra mejor versión de lealtad y hermandad hacia los demás. Estar siempre dispuesto a ayudar, atender, oír a quien lo necesite.

Siguiendo por la vía de la plata, llegamos a las ruinas de la ciudad romana “Caparra”, pasamos por una de sus puertas, en el centro se levanta majestuoso el “arco de Caparra” dando paso al foro, templos y termas. Nos acercamos a Castilla y León. Después de coronar el puerto de Béjar volvemos a la llanura, atravesaremos fincas de ganado hasta llegar a Salamanca. Pero antes, hacemos noche en uno de los albergues más emblemáticos situado en Fuenterroble de Salvatierra. El padre Blas nos recibe para darnos la bienvenida. Él es quien ha construido tan emblemático lugar, de la misma forma, durante todo el trayecto hasta la capital Salmantina ha dispuesto pequeños refugios para los peregrinos, instalando una gran cruz en la cima del pico de “las dueñas”. Los viajeros suelen traer una piedra de sus lugares de origen para depositarla al pie de tan solemne cruz, convirtiendo al camino en un lugar tan espiritual como místico.

Desde Salvatierra pasando por la vieja ciudad universitaria fuente de inspiración para Antonio Nebrija, Fray Luis de León o Miguel de Unamuno nos adentramos en tierras de vinos. Justo aquí me separo de mis acompañantes, ellos, deciden continuar hasta Zamora por carretera. No quiero dejar las veredas, deseo continuar la magia, el misterio, vibrar con la naturaleza, con su espiritualidad que me lleva directo a mi interior a través de la práctica del silencio. Pensar, despejar mis ideas, planificar mi vida. Contemplar el transcurrir de mis años, calmar los ánimos, reconducirme hacia la templanza, el sosiego, el aplomo.

Cae la tarde, decido pasar mi última noche de esta aventura en Villanueva de Campeán, muy cerca de la ciudad Zamorana. Al alba, con bastante frío, inicio la marcha hasta llegar a mi destino final, Zamora. La prostatitis se ha agudizado. Me alquilaré un coche para volver sobre mis pasos.

Esta escapada ha sido perfecta para pensar en mis metas olvidadas. La ausencia de ruidos me ha ayudado a reflexionar, sobre lo que soy, el estilo de vida que quiero llevar y lo que quiero hacer por los demás.

¡Peregrino!, ¡cuando llegues a escuchar el silencio del camino habrás aprendido el idioma de tu alma!

 

Julio Jiménez Cordobés. Aprendiz Masón.

La Logia fuente de unión. (Angel Marcilla Fernández)

En Masonería tenemos que comprender la importancia del trabajo en grupo, en comunión con los iguales para la construcción del templo interior. A este respecto me pregunto qué es lo que nos une y qué es lo que contribuye a la fraternidad de los hermanos, a la caridad con todas las personas que nos rodean.

El ser humano es sociable por naturaleza, según Aristóteles o por aprendizaje, según otras teorías sociales. En cualquier caso, la tendencia a la afiliación en cualquiera de sus modalidades es incuestionable, especialmente para los humanos, que nacemos como los más indefensos y necesitados de todas las criaturas, prolongándose esta dependencia hasta bien entrados en su desarrollo. Pero la convivencia, fuente de satisfacciones y también de conflictos, no es fácil en ninguna de sus modalidades. Es tanto más complicada, cuanto mayor sea el grupo y diferentes los miembros que lo constituyen por las diferencias de personalidad, creencias, valores y comportamientos. Lo que nos une en los comienzos de nuestro ingreso en la masonería, independientemente de nuestras diferencias individuales, es el deseo de pertenecer a un grupo de referencia, con aquellos que tienen ideales y aspiraciones comunes, creencias y criterios morales compartidos y compromisos asumidos, al amparo de los grandes principios de la masonería universal.

Tras el rito de iniciación y a medida que vamos adentrándonos en los misterios y secretos masónicos a través de los ritos y símbolos del primer grado, vamos tomando conciencia del significado de nuestra fraternidad. Sobre el sentimiento de hermandad, común a todos los miembros del taller y a través del roce continuado, de experiencias compartidas y del conocimiento mutuo, surge frecuentemente un lazo emocional más fuerte que es el de la amistad. Matizando esta relación entre fraternidad y amistad, Demetrio Falero, orador, filósofo y gobernante ateniense, ya señalaba, 300 años antes de Cristo, que “un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano”.

En el ideario masónico constantemente se hace referencia a la fraternidad, a la unión de los compañeros y a la caridad, como virtud fundamental que debemos cultivar: “Que se estrechen nuestras manos y que el título de hermanos eternice nuestra unión”, cantamos en nuestro himno. Y en la clausura de los trabajos, “Que el amor reine entre los hombres”, dice el primer vigilante.

La caridad está por encima de la fraternidad y de la amistad. Es el compendio de todas las virtudes, de las cardinales y de las teologales. “Ama a Dios y al prójimo como a ti mismo” es el resumen de la moral cristiana.  Y el Apóstol San Pablo, en su primera carta a los Corintios, subrayando esta importancia escribe: «Si yo tuviera el don de profecías, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos, y tuviera tanta fe como para trasladar los montes, pero me faltara el amor, nada soy. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y si entrego hasta mi propio cuerpo para ser quemado, pero sin tener amor, de nada me sirve». Y S. Agustín, hombre mundano primero, Obispo y Filósofo después, haciendo referencia a valores tan significativos para la masonería como la unidad, la libertad y la caridad, utilizó una de sus más célebres expresiones : En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad”.

 Pero para que aparezcan y se desarrollen estos sentimientos de fraternidad, de amistad y de caridad es fundamental tener los contactos mínimos de participación en nuestras Tenidas y Ágapes porque sin el trabajo comunitario y el contacto mínimo al que nos hemos comprometido no puede haber crecimiento masónico personal y de grupo.

Ángel Marcilla Fernández.

 

Artículo de Masonería. «La Acacia» (Julio Jiménez)

En la Masonería operativa nuestros hermanos artesanos, constructores y albañiles, consideraban la madera de la acacia como una de las mejores para moldear y construir, gracias a su flexibilidad, resistencia y durabilidad.

En la Francmasonería especulativa aparece por primera vez sobre el 1730 en Inglaterra, en relación con el grado de maestro y con la leyenda de Hiram Adiff donde una rama de Acacia muestra la localización del cadáver del maestro asesinado. Es por ello, que se convertirá en “Palabra de paso” en el grado de Maestro Perfecto. Grado 5º  de los 33 grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, donde se analiza el homenaje que Salomón realizó al constructor  Hiram.

 Hiram Adiff, arquitecto del templo de Salomón fue muerto por tres golpes en la cabeza que le asestaron tres maestros que intentaban obtener sus secretos en arquitectura. Cada golpe fue efectuado con un instrumento diferente y en una puerta distinta del santuario. Los tres asesinos enterraron el cuerpo que fue buscado por el resto de sus compañeros. Fue hallado enterrado, bajo un montículo sobre el que habían colocado una rama de “Acacia” como medio de marcar el lugar de la sepultura. Uno de los buscadores al arrancar el tallo observó que estaba fresco, esto fue lo que le llevó al descubrimiento del cuerpo. El Arquitecto Hiram fue inhumado en el recinto del Templo de Salomón en construcción, acompañado de una lámina triangular de oro sobre la que estaba grabada la palabra:  Jod-He-Vau-He (en hebreo. Dios).[1]

La Acacia es un símbolo del tercer grado  que nos va a enseñar valores morales que debemos poner en práctica en nuestra vida de crecimiento masónico:

1.Su madera incorruptible a las plagas y al tiempo es emblema de pureza de los principios y de las enseñanzas de nuestra orden. Por esta razón no se pueden alterar de forma profana el método masónico, y la esencia de la francmasonería:

 El crecimiento personal a través del conocimiento con el objetivo de ser proactivos en la ayuda que debemos entregar a nuestra sociedad.

                  De la misma forma que la corteza de la Acacia rechaza a todo insecto perjudicial, nuestra institución debe expulsar, cortar de raíz a toda mala hierba que amenace con contaminar el prado de sabiduría que se genera con el estudio y la reflexión personal.

 Los vicios, las pasiones, los egos, la corrupción y la no práctica de nuestras ideas deben ser perseguidas y erradicadas de forma inminente. Nuestra orden no debe permitir los extremismos y la intolerancia.

2.Para la masonería actual representa el renacimiento del pensamiento, la muerte de la ignorancia para dar vida al discernimiento, la razón y el pensamiento crítico.

 Cuando a un hermano le preguntan por su identidad y responde que su nombre es “Acacia” debemos entender que  su trabajo le ha llevado a la inmortalidad. El conocimiento que ha adquirido lo pone al servicio de la comunidad con hechos y lo más importante, este maestro, habrá comprendido que realmente seguirá siendo un aprendiz. Entenderá que el servicio en silencio, sin pedir nada a cambio, debe ser las señas de identidad que lo definan como maestro masón.

Si  responde que “la Acacia le es conocida” nos indica que se está iniciando en la maestría masónica. Los vicios y males de la vida profana aún están presentes. Hay que seguir trabajando para morir en lo profano y renacer en lo masónico.

 Esta diferenciación nos lleva a identificar  a los verdaderos maestros que hacen revivir la sabiduría y la esencia de nuestros valores.

3. La acacia es el árbol símbolo por excelencia de la Masonería. Representa la seguridad, la claridad, y también la inocencia o pureza; es un distintivo de la verdadera Iniciación, de la resurrección para una vida futura. Su verdor perenne y la dureza incorruptible de su madera expresan, la idea de la vida  que permanentemente renace victoriosa de la muerte. Sus hojas se levantan al alba para recibir la luz  de la sabiduría y se inclinan al atardecer para protegerse de la oscuridad del pensamiento.

Hermanos tenemos que vencer a las tentaciones profanas que nos alejan de la luz, de la instrucción y nos arrojan a la penumbra, a la  agonía. Nuestro único camino es continuar trabajando la norma masónica para pasar de las palabras a los hechos. Practicar con nuestro ejemplo lo que escribimos en nuestros trabajos. Huir de la intransigencia y de la disparidad, defender la libertad y el respeto. Tender la mano a los hermanos que necesitan nuestras experiencias. 

 ¡Vivir  en coherencia a nuestros principios!

No nos engañemos, está todo escrito, las acciones es lo que definen al masón del que no lo es.

            En los inicios de un  nuevo curso masónico, espero y deseo que el trabajo se imponga a las palabras, que la filantropía fulmine a los egos  y que los principios de IGUALDAD, LIBERTAD Y FRATERNIDAD repriman la intolerancia, las desigualdades y los enfrentamientos que estamos viendo en la vida profana.

¡TRABAJEMOS PARA ELLO!

Julio Jiménez Cordobés  

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