Documentos clave en la historia de un pueblo

 

Pretenden hacernos creer que las señas de identidad andaluzas -algo instintivo y natural en los habitantes de Andalucía- se inventó ficticiamente a finales del siglo veinte, a imitación de otros territorios del Estado español con sentimientos arraigados desde mucho tiempo atrás y con el objetivo de copiar artificialmente las demandas y exigencias efectuadas desde la coherencia y el análisis, mientras por aquí, como siempre, todo se basaba en la improvisación y el folclore.

Nada más lejos de la realidad. Se trata de una falacia, de un engaño más que se hace al pueblo andaluz; algo a lo que, por desgracia, estamos tan acostumbrados. Si ya ha quedado meridianamente claro que Andalucía es la única nación conquistada a sangre y fuego durante cientos de años por una alianza de pueblos formada por el resto de territorios de la península Ibérica, una invasión que comienza con la batalla de las Navas de Tolosa y culmina con la conquista de Granada, ahora tenemos la obligación de demostrar que el suelo conquistado pertenecía a un pueblo con un carácter, un temperamento y un genio distinto y diferente, y que ese sentir andaluz se ha mantenido firme durante siglos, arraigado en la conciencia del pueblo que habita estas tierras.

No obstante, en este trabajo evitamos retrotraernos hasta tiempos pretéritos, buscando en leyendas e historias fabuladas motivos espurios con los que verificar nuestras afirmaciones. Ni siquiera pretendemos remontarnos a las revueltas históricas del pueblo andaluz contra los ejércitos que le han invadido, ni a las sublevaciones realizadas desde tiempos de Leovigildo, de Tahir al Hor, del Duque de Medina Sidonia en 1622, de Pérez del Álamo o las propuestas efectuadas por ciertos diputados andaluces presentes en las Cortes de Cádiz de 1812. Aquí queremos mostrarles el desarrollo -normal, lógico y coherente- que han tenido las ansias de autogobierno del pueblo andaluz, y de sus representantes, durante los años transcurridos desde finales del XIX hasta los comienzos de este siglo XXI en que nos encontramos.

Se trata de documentos históricos imprescindibles para comprendernos a nosotros mismos, historia viva cuyo conocimiento resulta necesario si queremos entender nuestro devenir como pueblo durante los últimos siglos. Si pretendemos conocer por qué hemos llegado a ser actualmente una Comunidad Autónoma con Gobierno y Parlamento propios.

Podemos comenzar en el verano de 1835, cuando, tras años de guerras carlistas en el norte de la península y confirmada la insurrección liberal en el sur, se crea la Junta Soberana de Andújar, que pretendía la federación de las provincias independientes de Andalucía. Como organización con poderes propios funcionó en esta ciudad jiennense desde el 2 de septiembre hasta el 18 de octubre. Blas Infante hizo referencia en algunas ocasiones a que en Andújar se elaboró una «carta de actuación andaluza» de la que no ha quedado constancia escrita.

Pero sí tenemos constancia de otros documentos posteriores donde se puede observar la constante presencia de un ser propio en Andalucía. Estos son los momentos en la historia donde se desarrolla el presente y se elabora el futuro.

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