Cuestión de fidelidad. Reflexión. Por el Dr. Roberto González. Desde el H. J.R. Jiménez de Huelva.

Creo que hechos como el que sigue, deben contarse. Estas cosas deben saberse, conocerse, extenderse por la red, deben servir para reflexionar y saber que no vivimos solos en una isla, y que existe amor en el mundo, que es el motor que hace que esta “rueda” siga girando, para ser mejores seres humanos, en este camino que llamamos vida.

La fidelidad es una virtud que existiendo en el mundo, cada vez es menor en la actualidad. Donde priman los valores materiales como objetivo de los éxitos buscados, Como el oro del dorado.
Uno de los días de este último verano, como en otros días, llegó Felipe ( hombre de mediana edad, onubense de nacimiento, quien sufría desde hace tiempo una dolencia que le obligaba a presentarse al menos 2 veces por semana al centro de hemodiálisis del Hospital Juan Ramón JiménezHuelva), y siempre acompañado por una perrita (Cuyo nombre no logramos descubrir) de color blanco-grisáceo con algunos lamparones negros, humilde, sencilla no muy agraciada, pero tierna mirada, No es de raza especial- ( nada que ver con esos caninos que vemos en la televisión, vestidos de diseño, tejidos caros, que sus dueños adornan con piezas doradas, llevan a restaurantes y hoteles exclusivos, acuden a la peluquería, viajan en primera, etc., etc.). NO, no nuestra protagonista es pues, humilde, sencilla, pero cariñosa y sobretodo fiel, ¡haaa eso si! Fiel. daba a nuestro Felipe la compañía que necesitaba sin ninguna duda.

Cada vez que acudía a aquellas tediosas horas de diálisis, se despedían en la puerta de entrada del hospital, la puerta de entrada a su recuperación de vida, la diálisis.
Ella se quedaba tranquila junto a aquella puerta, en la certeza que pasado el tiempo aparecía, como en efecto ocurría, ambos satisfechos, uno con mas vida y feliz reencuentro, y ella feliz de volverlo a tener a su lado, movía la colita, se abrazaban y juntos emprendían el regreso a casa.- quien sabe que pasaba por dentro de este animal mientras Felipe reaparecía-.

Uno de los días, se despidieron como siempre ala puerta del hospital, seguramente uno le dijo al otro, ¡ hay vuelvo!¡Tranquila! la otra con pequeños sonidos de contento, y moviendo la cola, se sentó a esperar como siempre. Pero aquel día, Felipe no salió, Felipe sufrió complicaciones que obligaron a su ingreso hospitalario, y se desencadenaron hechos, que lo llevaron al fallecimiento. Felipe murió, y nadie se ocupó de informarle a la perrita que fielmente seguía esperando a la puerta del hospital. su coloración blanquecina con manchas negras, se fue volviendo mas sucia con el paso de los días, y en sus ojos, tristeza y angustia adivinaban los que entrando y saliendo del hospital posaban su mirada sobre ella. Con el paso de los días, se hizo comentado el hecho de que había una perrita que estaba a la puerta del hospital, bajo calor, sin comer y sin beber, siempre al borde de la entrada donde seguramente seguía esperando que apareciera Felipe, como siempre y por años lo había hecho, salvo esta vez.

Las personas se apiadaron y le ofrecían agua para beber y alimentos para comer, gente del hospital, incluso hubo algunos que la adecentaron un poco, ella volvía al mismo lugar a esperar.

Nadie conocía la historia que aquí se ha empezado a contar, la perra siguió y siguió, no desmayaba en su presencia, no abandonaba su esperanza, sufría y se mantenía fuerte ante la angustia y desesperanza que a cada caída de sol, transcurría sin aparecer su querido y amado compañero.

Todo aquel que pasaba a su lado repetidamente, se apenaba y sufría casi a la par de la perrita, cuando supieron, por no sé que, circunstancia la verdadera historia de la presencia diaria y mantenida de aquella humilde perrita a la puerta del hospital.

Felipe no volvió, transcurrió más de un mes, sin faltar un solo día, no se movió de su puesto de vigilancia.
Su fidelidad, su amor, su esperanza se mantenía con fuerza inquebrantable.

Un día apareció en escena un señor en el hospital que había estado enfermo y había sido compañero de habitación de Felipe. El sí, había recuperado su salud y abandono el hospital.
En esta cita de revisión, se encontró con los conocidos, médicos, enfermeras, celadores, auxiliares, etc., supo la historia de la perrita y en recuerdo de su compañero de habitación y animado por el personal, decidió adoptar a la perrita.
Fue hacia ella, le pasó la mano por la cabeza y el lomo, la perra dirigió una mirada indescriptible, y apenas emitió un ininteligible sonido, se dejó acariciar y abandonó su puesto por primera vez en 2 meses, con Antonio su nuevo amigo, que le ofrecía cariño y cuidados.

Antes de su marcha, hubo casi como una fiesta entre los que conocían aquella historia. A mi amiga Bea, se le ocurrió que la bautizaran en ese momento con el nombre de Vida, su sugerencia se aceptó de inmediato, y Vida se marchó, cerrando definitivamente esta puerta, para abrir esa otra que se le ofrecía. Se me antoja que miraba solo hacia delante, hacia la luz, con esperanza al futuro y satisfacción del deber cumplido, las heridas se curarían en ese camino.
Tan real como que Uds. Leen, que sirva de motivación, para reflexionar, para mejorar nuestras virtudes, o adquirirlas.

Tan real como que Uds. Leen, que sirva de motivación, para reflexionar, para mejorar nuestras virtudes, o adquirirlas.
¡Seguir Adelante!¡Seguir Adelante! Gracias Bea .

Autor: Dr. Roberto González G.

EnglishSpanish
A %d blogueros les gusta esto: