La Logia fuente de unión. (Angel Marcilla Fernández)

En Masonería tenemos que comprender la importancia del trabajo en grupo, en comunión con los iguales para la construcción del templo interior. A este respecto me pregunto qué es lo que nos une y qué es lo que contribuye a la fraternidad de los hermanos, a la caridad con todas las personas que nos rodean.

El ser humano es sociable por naturaleza, según Aristóteles o por aprendizaje, según otras teorías sociales. En cualquier caso, la tendencia a la afiliación en cualquiera de sus modalidades es incuestionable, especialmente para los humanos, que nacemos como los más indefensos y necesitados de todas las criaturas, prolongándose esta dependencia hasta bien entrados en su desarrollo. Pero la convivencia, fuente de satisfacciones y también de conflictos, no es fácil en ninguna de sus modalidades. Es tanto más complicada, cuanto mayor sea el grupo y diferentes los miembros que lo constituyen por las diferencias de personalidad, creencias, valores y comportamientos. Lo que nos une en los comienzos de nuestro ingreso en la masonería, independientemente de nuestras diferencias individuales, es el deseo de pertenecer a un grupo de referencia, con aquellos que tienen ideales y aspiraciones comunes, creencias y criterios morales compartidos y compromisos asumidos, al amparo de los grandes principios de la masonería universal.

Tras el rito de iniciación y a medida que vamos adentrándonos en los misterios y secretos masónicos a través de los ritos y símbolos del primer grado, vamos tomando conciencia del significado de nuestra fraternidad. Sobre el sentimiento de hermandad, común a todos los miembros del taller y a través del roce continuado, de experiencias compartidas y del conocimiento mutuo, surge frecuentemente un lazo emocional más fuerte que es el de la amistad. Matizando esta relación entre fraternidad y amistad, Demetrio Falero, orador, filósofo y gobernante ateniense, ya señalaba, 300 años antes de Cristo, que “un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano”.

En el ideario masónico constantemente se hace referencia a la fraternidad, a la unión de los compañeros y a la caridad, como virtud fundamental que debemos cultivar: “Que se estrechen nuestras manos y que el título de hermanos eternice nuestra unión”, cantamos en nuestro himno. Y en la clausura de los trabajos, “Que el amor reine entre los hombres”, dice el primer vigilante.

La caridad está por encima de la fraternidad y de la amistad. Es el compendio de todas las virtudes, de las cardinales y de las teologales. “Ama a Dios y al prójimo como a ti mismo” es el resumen de la moral cristiana.  Y el Apóstol San Pablo, en su primera carta a los Corintios, subrayando esta importancia escribe: «Si yo tuviera el don de profecías, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos, y tuviera tanta fe como para trasladar los montes, pero me faltara el amor, nada soy. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y si entrego hasta mi propio cuerpo para ser quemado, pero sin tener amor, de nada me sirve». Y S. Agustín, hombre mundano primero, Obispo y Filósofo después, haciendo referencia a valores tan significativos para la masonería como la unidad, la libertad y la caridad, utilizó una de sus más célebres expresiones : En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad”.

 Pero para que aparezcan y se desarrollen estos sentimientos de fraternidad, de amistad y de caridad es fundamental tener los contactos mínimos de participación en nuestras Tenidas y Ágapes porque sin el trabajo comunitario y el contacto mínimo al que nos hemos comprometido no puede haber crecimiento masónico personal y de grupo.

Ángel Marcilla Fernández.

 

Irracionalidad humana (Manuel Barea Rodríguez)

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Estepona 27.09.20 

 Autor: Manuel Barea Rodríguez.

 Cuán a menudo podemos ver cuán incoherentes son los hombres, en general, y por lo tanto irracionales. 

 Buscan la paz, pero promueven guerras. Quieren la abundancia y el equilibrio de la naturaleza, pero no la respetan. Cantan y exaltan la vida en el planeta Tierra, mientras destruyen gradualmente su biodiversidad. Predican la unidad, la concordia y la igualdad entre pueblos y naciones, pero en detrimento de estas intenciones faltan el respeto a los derechos humanos, fomentan la industria militar con el pretexto de defender la paz, pero, incluso en su vida cotidiana, actúan en sentido contrario a lo que aplican a otros. 

 Es el hombre animal, en su irracionalidad y en sus paradojas. Predican una cosa y hacen otra. Dicen que quieren apagar el fuego de la discordia, la incomprensión y la injusticia, pero no pueden vivir bien con su entorno ni con los más cercanos.

 Preguntémonos cuál ha sido nuestro papel en este contexto. ¿Estamos promoviendo la paz a nuestro alrededor? ¿Estamos defendiendo el medio ambiente donde vivimos? O, incluso con nuestra inercia, ¿estamos añadiendo más leña al fuego de la locura humana? 

 ¿Qué tal si este domingo respondemos estas preguntas con mucha sinceridad? ¿No es justo hacer bien nuestra parte? Es el mínimo, porque, después de todo, ¡somos el Universo! 

 ¡Un abrazo! 

 Manuel Barea Rodríguez

Carta a la corrupción. Libro. Cara y Cruz del Andalucismo.

CARTA A LA CORRUPCIÓN

 

        Despreciable madame: Puede estar usted contenta, campea a sus anchas, domina la situación y el prefijo omni parece creado expresamente para usted: omnipotente, omnímoda, omnipresente… Raro es el lugar y el momento donde sus tentáculos no lo ocupen todo. Puede estar contenta.

 Vivimos en un mundo completamente trastocado. Nada es lo que era y nada parece estar en su lugar. Las vajillas y los electrodomésticos se compran en los bancos, el pan en las gasolineras, la felicidad en los centros comerciales y el éxito con el otro sexo lo garantiza una colonia. Y usted, señora corrupción, por medio, enredándolo todo. Ya sea en una gran ciudad o en el más pequeño pueblo, allí se encuentra usted.

         ¿De quién hablaba don Juan Tenorio cuando recitaba desafiante?: “Por donde quiera que fui, / la razón atropellé, / la virtud escarnecí, / a la justicia burlé, / y a las mujeres vendí. / Yo a las cabañas bajé, / yo a los palacios subí, / yo los claustros escalé, / y en todas partes dejé / memoria amarga de mí.”

         Siempre creímos que lo más corrupto que podía existir era una dictadura, y fíjese… no hay día en que no nos desayunemos con algún escándalo protagonizado por cualquier demócrata de bolsillo. Y a más altura peor. Los grandes ladrones no están, supuestamente, entre los empleados de banca sino en los suntuosos despachos de los directivos. Nos dicen que tal personaje político -fue una de las más altas instancias del país- se parece al aloe vera porque cuanto más se le investiga más propiedades se descubren, y nos reímos, qué chiste más gracioso. Por el este se regalan trajes, por el noroeste charlan en las gasolineras y por el sur se cobran suculentas jubilaciones sin haber trabajado en la empresa. ¡Qué tropa! Y el otro no tuvo bastante con el gran braguetazo, ahora monta organizaciones sin ánimo de lucro, porque el lucro no tiene ánimo y se va de vacaciones a los paraísos fiscales. Y para arreglar la estafa -también llamada crisis- nos proponen recortes en sanidad y en educación. Señora corrupción, hay que reconocerlo, es usted una artista de la impunidad.      

 En una localidad gaditana se presenta a las elecciones municipales un pequeño partido político con una propuesta básica: Los partidos no pueden ser una carga para el municipio, por lo tanto, no a los sueldos de los políticos y no a los cargos de confianza. Consiguen dos concejales y un mes después de las elecciones, uno de los ediles está ganando un opíparo sueldo y el otro se convierte en cargo de confianza del señor alcalde. Hay que quitarse el sombrero con usted, señora, consigue lo que parecía imposible.

               En Valencia gobierna el PP, y el PSOE está escandalizado por los casos de corrupción. En Andalucía gobierna el PSOE, y el PP clama al cielo por el nepotismo y la corrupción imperante. ¿Cómo es posible esto? Los corruptos en un sitio son los honrados en otro, y viceversa. Aunque, pensándolo bien, tienen una cosa en común: en los dos casos la decencia se encuentra en el partido que no ostenta el gobierno. Vemos a ciertas formaciones, como IU, con una honradez acrisolada hasta que llega el poder… y las mariscadas. ¿Qué hacer? Pues la solución parece fácil y está en manos de los ciudadanos: mantener siempre a los partidos políticos en la oposición, así vivirán en un eterno estado de honradez. Y si no podemos, si es obligatorio aguantar que nos gobiernen, al menos tenerlos en el poder el menor tiempo posible.

         Ya lo dijo alguien con doble sentido: común y del humor: “Los políticos y los pañales deben cambiarse de vez en cuando… y los dos por el mismo motivo”.

         ¿Qué podemos hacer con usted, señora? ¿Nos rendimos y le dejamos maniobrar todo lo que quiera? ¿Nos enfrentamos a usted y cuando nos atropelle nos retiramos a un rincón para lamernos las heridas? La verdad, estamos desconcertados, sabemos que debe tener un punto flaco, algún talón de Aquiles, pero no sabemos cual, lo que le da ventaja. Vale, usted gana, nos rendimos, pero sepa que algún día descubriremos cómo combatirla. Y se va a enterar.   

Autor: Tomás Gutier.

Libro «Cara y Cruz del Andalucismo» (Autores: Tomas Gutier/Manuel Ruiz)

Artículo de Masonería. «La Acacia» (Julio Jiménez)

En la Masonería operativa nuestros hermanos artesanos, constructores y albañiles, consideraban la madera de la acacia como una de las mejores para moldear y construir, gracias a su flexibilidad, resistencia y durabilidad.

En la Francmasonería especulativa aparece por primera vez sobre el 1730 en Inglaterra, en relación con el grado de maestro y con la leyenda de Hiram Adiff donde una rama de Acacia muestra la localización del cadáver del maestro asesinado. Es por ello, que se convertirá en “Palabra de paso” en el grado de Maestro Perfecto. Grado 5º  de los 33 grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, donde se analiza el homenaje que Salomón realizó al constructor  Hiram.

 Hiram Adiff, arquitecto del templo de Salomón fue muerto por tres golpes en la cabeza que le asestaron tres maestros que intentaban obtener sus secretos en arquitectura. Cada golpe fue efectuado con un instrumento diferente y en una puerta distinta del santuario. Los tres asesinos enterraron el cuerpo que fue buscado por el resto de sus compañeros. Fue hallado enterrado, bajo un montículo sobre el que habían colocado una rama de “Acacia” como medio de marcar el lugar de la sepultura. Uno de los buscadores al arrancar el tallo observó que estaba fresco, esto fue lo que le llevó al descubrimiento del cuerpo. El Arquitecto Hiram fue inhumado en el recinto del Templo de Salomón en construcción, acompañado de una lámina triangular de oro sobre la que estaba grabada la palabra:  Jod-He-Vau-He (en hebreo. Dios).[1]

La Acacia es un símbolo del tercer grado  que nos va a enseñar valores morales que debemos poner en práctica en nuestra vida de crecimiento masónico:

1.Su madera incorruptible a las plagas y al tiempo es emblema de pureza de los principios y de las enseñanzas de nuestra orden. Por esta razón no se pueden alterar de forma profana el método masónico, y la esencia de la francmasonería:

 El crecimiento personal a través del conocimiento con el objetivo de ser proactivos en la ayuda que debemos entregar a nuestra sociedad.

                  De la misma forma que la corteza de la Acacia rechaza a todo insecto perjudicial, nuestra institución debe expulsar, cortar de raíz a toda mala hierba que amenace con contaminar el prado de sabiduría que se genera con el estudio y la reflexión personal.

 Los vicios, las pasiones, los egos, la corrupción y la no práctica de nuestras ideas deben ser perseguidas y erradicadas de forma inminente. Nuestra orden no debe permitir los extremismos y la intolerancia.

2.Para la masonería actual representa el renacimiento del pensamiento, la muerte de la ignorancia para dar vida al discernimiento, la razón y el pensamiento crítico.

 Cuando a un hermano le preguntan por su identidad y responde que su nombre es “Acacia” debemos entender que  su trabajo le ha llevado a la inmortalidad. El conocimiento que ha adquirido lo pone al servicio de la comunidad con hechos y lo más importante, este maestro, habrá comprendido que realmente seguirá siendo un aprendiz. Entenderá que el servicio en silencio, sin pedir nada a cambio, debe ser las señas de identidad que lo definan como maestro masón.

Si  responde que “la Acacia le es conocida” nos indica que se está iniciando en la maestría masónica. Los vicios y males de la vida profana aún están presentes. Hay que seguir trabajando para morir en lo profano y renacer en lo masónico.

 Esta diferenciación nos lleva a identificar  a los verdaderos maestros que hacen revivir la sabiduría y la esencia de nuestros valores.

3. La acacia es el árbol símbolo por excelencia de la Masonería. Representa la seguridad, la claridad, y también la inocencia o pureza; es un distintivo de la verdadera Iniciación, de la resurrección para una vida futura. Su verdor perenne y la dureza incorruptible de su madera expresan, la idea de la vida  que permanentemente renace victoriosa de la muerte. Sus hojas se levantan al alba para recibir la luz  de la sabiduría y se inclinan al atardecer para protegerse de la oscuridad del pensamiento.

Hermanos tenemos que vencer a las tentaciones profanas que nos alejan de la luz, de la instrucción y nos arrojan a la penumbra, a la  agonía. Nuestro único camino es continuar trabajando la norma masónica para pasar de las palabras a los hechos. Practicar con nuestro ejemplo lo que escribimos en nuestros trabajos. Huir de la intransigencia y de la disparidad, defender la libertad y el respeto. Tender la mano a los hermanos que necesitan nuestras experiencias. 

 ¡Vivir  en coherencia a nuestros principios!

No nos engañemos, está todo escrito, las acciones es lo que definen al masón del que no lo es.

            En los inicios de un  nuevo curso masónico, espero y deseo que el trabajo se imponga a las palabras, que la filantropía fulmine a los egos  y que los principios de IGUALDAD, LIBERTAD Y FRATERNIDAD repriman la intolerancia, las desigualdades y los enfrentamientos que estamos viendo en la vida profana.

¡TRABAJEMOS PARA ELLO!

Julio Jiménez Cordobés  

En las noticias, describir mejor que opinar. (Antonio Aguilera)

En demasiadas de sus noticias, los árboles se ponen delante del bosque. Las causas y condicionantes son muchos. La celeridad e inmediatez que la sociedad demanda. Los intereses económicos y políticos. La innegable subjetividad de la presencia de la mano humana. A veces cuesta, no sólo saber, sino deducir, lo que realmente ha pasado tras prestar toda la atención a la lectura, audio o reportaje.

Los sistemas y procedimientos informativos en unos años donde la tecnología y las percepciones evolucionan tan rápido, que están haciendo de esa, una profesión de alto riesgo. Están en grave riesgo de viabilidad canales y cadenas informativas que fueron ayer de masas. A la vez, los índices de audiencia de noticias y medios escritos caen a niveles muy pobres. A la capacidad de acceder a otras fuentes en otros momentos se suma una sombra que flota demasiadas veces en la moral de los periodistas, la merma de credibilidad y confianza.

De los casi 47 millones de españoles, 29 millones utilizan diariamente las redes sociales y pasan casi seis horas al día en Internet. El informativo más visto de televisión no supera los dos millones de televidentes. El programa informativo más oído en la radio tiene 2.640.000 oyentes. El periódico online más leído es deportivo y tiene 1.672.000 visitas diarias. El periódico generalista más leído apenas llega al millón de lectores diarios. Las redes sociales creciendo, los canales informativos, bajando.

Porque en la época de la hiperinformación, todos nos hemos convertido en expertos de mil temas. Esto hace que nuestra capacidad de escucha y empatía se reduzca y, de forma soberbia, ponemos en cuestión la veracidad de todo lo que quieren contarnos e informarnos.

Es necesario encontrar mecanismos que frenen lo que a término es una degradación de nuestra sociedad. Se evidenció hace pocas semanas cuando fue necesario poner un importante dique de contención a los bulos que se hacían superlativos en torno al coronavirus y que vuelve a tener otra forma de expresión con el movimiento negacionista de la enfermedad.

A toda esta cadena lleva contribuyendo desde hace años un abuso que es replicado hasta la saciedad, que se ha implantado como hábito pero que es de esos elementos nocivos que debemos retirar de la cesta del proceso informativo, como las manzanas podridas. Es el momento en que propios y extraños aprovechan que le ponen una “alcachofa” delante para soltar su píldora mitinera, olvidándose del hecho relevante que ha ocasionado la presencia de los medios de comunicación. Pregúntame lo que tu quieras que yo te responderé lo que me dé la gana.

¿Y si suprimiésemos esa parte de las noticias? ¿Y si dejase de ocupar espacio el spitch interesado y se hablase de verdad de lo noticiable? ¿Y si se les cercenara su minuto de oro a los que viven y alimentan sensacionalismos y enfrentamientos? Ya existen en los periódicos y páginas web los espacios de opinión (como este), ya funcionan los programas radiofónicos, televisivos y online de debate. Circunscribamos entonces los formatos y los objetivos y evitemos mezclarlo todo y ofrecerlo en un totum revolutum a la sociedad que acaba originando indigestión, confusión y desapego.

La medida resultaría tan sencilla como contundente. Eliminar las declaraciones de las noticias. Que en el momento en que se les pide a los ciudadanos que presten atención a los hechos predomine el verbo describir en vez del de opinar.

Se revelarían desde luego esa corte de diablillos de tercera división que han hecho de ello su oficio, en realidad portavoces de intereses particulares, pero resultaría un sano ejercicio que fortalecería el papel del periodismo, que defendería, a base de pequeños ladrillos la calidad de la democracia y la convivencia. Es por esto por lo que una de las primeras acciones de todos los regímenes totalitarios es apropiarse de los medios de comunicación, para convertirlos en altavoces de sus discursos, de sus intereses que tratan de convertirlos en dogmas.

La pureza, la objetividad total informativa es una utopía en el horizonte. Pero eso no es un defecto. Sigue siendo bueno que seamos humanos. Lo relevante es ser conscientes de nuestros defectos para intentar corregirlos. Uno de esos dolorosos defectos de hoy son los abusones de la alcachofa, es hora de arrinconarlos.

Apuntalar proyectos informativos solventes en los que puedan desarrollar su trabajo buenos profesionales sólo puede llevarse a cabo con la complicidad y colaboración de sus consumidores y usuarios, entendiendo que es una profesión que necesita ser adecuada y dignamente retribuida, que prestan un necesario servicio público. Aquí propongo una punta del hilo para empezar a hacer madeja: vacío a los voceros, a los charlatanes sectarios, a los vendedores de crecepelo, a los incitadores al odio, a los predicadores de pacotilla, a los que no demuestran el mínimo decoro y respeto por el periodismo, la audiencia y la democracia.

Angustias García de Parias ( Julio Jiménez Cordobés)

 

Libro: 1919. Un año clave para Andalucía. (coord. Tomás Gutier)

Angustias García de Parias y su transformación al Ideal Infantiano (Pág. 107 – 134)

Autor: Julio Jiménez Cordobés. (24 Abril 2019)

 

Dª ANGUSTIA GARCIA PARIA Y SU TRANSFORMACIÓN AL IDEAL INFANTIANO1

El fiasco del ingreso mínimo vital. (Isidoro Moreno)

Cuando en mayo, se aprobó el llamado Ingreso Mínimo Vital (IMV), el autodenominado «Gobierno de progreso» lo presentó como una conquista histórica. Fuimos muy criticados quienes señalamos sus graves limitaciones, tanto en cuanto a su presupuesto (notoriamente inferior al que figuraba en los respectivos programas con los que PSOE y Podemos se habían presentado a las elecciones) como respecto a sus objetivos, centrados solo en la «pobreza extrema» sin tener para nada en cuenta la pobreza ordinaria (!), y en relación con los requisitos para recibirlo, que estimábamos iban a dificultar mucho que la prestación llegara a una gran parte de la población, ya de por sí muy restringida, a la que se dirigía: unos 850.000 hogares o «unidades de convivencia».

Pues bien, a tres meses de su aprobación y dos meses y medio de abrirse el plazo de recepción de solicitudes, el Instituto Nacional de la Seguridad Social ha reconocido que, a fecha 7 de agosto, solo se habían aprobado 4.000 de las 714.000 presentadas. O sea, un 0,6%. Ridículo. Y dramáticamente exasperante para los cientos de miles de familias que siguen sin contar con ningún tipo de ingresos.

Más que hacer la crónica de este desastre anunciado, convendría centrarnos en las dos más importantes razones por las que se ha dado este magro, y más que previsible, resultado. Por una parte, la incapacidad del aparato burocrático que debe tramitar las solicitudes. Por otra, la casi insuperable dificultad de la mayor parte de la población contemplada para presentar todos los documentos exigidos y realizar adecuadamente dichas solicitudes.

En pocas semanas, se presentaron más de 700.000 solicitudes que colapsaron las oficinas de la Seguridad Social. No se planificó adecuadamente la gestión de las peticiones por lo que el ritmo de su tramitación es muy lento. Desesperadamente lento para quienes esperaban, porque así les fue prometido de labios de los actuales gobernantes, que muy pronto iban a recibir la prestación que los sacara de la extrema pobreza (para dejarlos instalado, eso sí, en la pobreza no tan extrema). Junto a las 4.000 solicitudes aprobadas, otras casi 29.000 sí fueron tramitadas siendo rechazadas, la mayoría de ellas por estar incompletas o con defectos formales. O sea, que, durante los dos primeros meses de la gestión, fueron evaluadas menos del 5% de las solicitudes recibidas. Y, de estas, positivamente una de cada ocho. La crudeza de estos números habla por sí misma. Y ello apenas se maquilla con el reconocimiento, de oficio, del derecho al IMV de quienes ya cobraban una prestación por hijos a su cargo, unas 75.000 familias, que en la mayoría de los casos van a seguir cobrando igual que antes, aunque ahora con el rótulo de IMV.

Pero es que, incluso si no se hubiera dado la imperdonable falta de medidas para reforzar el personal administrativo necesario, muy probablemente el porcentaje de prestaciones aprobadas sobre el de denegadas habría cambiado muy poco. La razón no es otra que la dificultad difícilmente superable de una gran parte, si no la mayoría, de los solicitantes para aportar la documentación requerida y hacerlo, además, por vía digital. ¿Saben los legisladores, y en primer lugar los miembros de este Gobierno, de qué están hablando cuando se refieren a pobreza extrema y a exclusión social? ¿Piensan que en todos los hogares en esta trágica situación -tan generalizada en tantos barrios de las grandes ciudades y pueblos andaluces- existe el aparataje y los conocimientos necesarios para elaborar de forma adecuada una solicitud como la que se exige?

Irremediablemente, deberá abrirse un nuevo plazo de presentación de solicitudes y subsanación de errores porque los tres meses en principio contemplados van a resultar totalmente insuficientes, tanto más cuanto que el silencio administrativo significa denegación. Y mientras todo este ocurre, ¿cómo sobreviven los dos millones y medio de personas cuya situación habría de remediar, al menos en lo más elemental, el IMV? Si la opción hubiera sido una Renta Básica Universal e Incondicional y no un subsidio condicionado sobraría gran parte del aparato burocrático. Quienes más lo necesitan hubieran podido cobrarla desde el primer día. Y quienes no la necesitamos devolveríamos lo recibido en nuestra próxima Declaración de la Renta. Esto no es una quimera sino algo económica y técnicamente factible. Otra cosa es la voluntad política. Que, a día de hoy, no existe. Con el resultado dramático que vemos.

Isidoro Moreno Navarro.



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