Justicia: del Mito al Logos. Por Julio Jiménez

El ser humano comienza el camino hacia el conocimiento y la verdad buscando respuestas sobre su existencia. ¿Quiénes somos? ¿Por qué vivimos? ¿Hay otra vida después de la muerte? ¿Qué es el universo?

En la Antigüedad, las religiones, los dioses, eran los que poseían las soluciones a estas cuestiones que se transmitían por la tradición oral de generaciones en generaciones. Es lo que llamamos MITO (relatos sobre dioses que explican el principio de la vida y los fenómenos de la naturaleza). Homero y Hesíodo son los primeros que plasman por escrito estas historias míticas de dioses, del bien y del mal, de los justo e injusto.

El paso del mito al logos se inicia en la antigua Grecia con los filósofos de la naturaleza, también llamados presocráticos. (siglo VII y principios del IV A.C.) estos, no se planteaban cuestiones sobre el fin y la misión del individuo, o la relación entre el pensar y el ser. Todas estas preguntas encontraban sus respuestas en la naturaleza y el cosmos. Entendían los cambios del medio y sus procesos estudiando la misma naturaleza. Este es el momento en el que la filosofía se independiza de la religión y empieza la verdadera búsqueda de la evidencia. 

La justicia en estos pensadores es justificada desde un planteamiento cósmico, naturista y divina. La diosa Dike protege a los hombres nobles y persigue a los injustos para imponerles castigo. Enemiga de las falsedades y sabia a la hora de discernir entre lo justo y lo improcedente.

Tales de Mileto opinaba que el agua era el origen de todas las cosas, es el elemento que dio comienzo al universo.

Para Anaximandro, el principio de la existencia se sitúa en una naturaleza infinita, en lo indefinido, con una extensión ilimitada, en “el ápeiron”. El concepto de rectitud y equidad lo asocia a la diosa Diké, la inmoralidad y la tropelía a Adikía, espíritu de los males de la humanidad. En un fragmento de su obra recogido en el trabajo de A Rodolfo Mandolfo “la Justicia en los orígenes de la filosofía del derecho”, se nos dice: “Lo ápeiron es el comienzo y el origen de todo lo existente. Más la fuente de la cual surgen las cosas existentes es también aquella a la que retornan para fenecer según la necesidad; pagan así mutuamente justo castigo y expiación por su injusticia de acuerdo con el orden del tiempo”.

Anaxímenes consideraba que el inicio de la vida estaba en los cuatros elementos, tierra, mar, aire y fuego, pero el punto de partida estaría en el aire como materia primaria. Opinaba que el agua es aire condensado que surge del cielo cuando llueve.

Parménides Pensaba que todo lo que hay, ha existido siempre. Todo es eterno, nada puede surgir de la nada por lo que ningún cambio es posible. Personaliza la honradez de la humanidad en Diké.

Para Heráclito los cambios constantes, el todo fluye, son los rasgos más importantes de la creación, pero asegura que existe una unidad, un todo al que llamaba “dios” o “logos” como la causa del inicio de la vida. Heráclito sostiene que existe una “ley divina” que sirve de modelo donde han de inspirarse las leyes humanas.

Empédocles piensa que la naturaleza dispone de cuatro elementos, tierra, agua, aire, fuego. Los cambios que se producen se deben a la unión y separación constante de estos componentes. Entiende que existe una ley universal que rige todo el Cosmos.

“Lo que es justo puede muy bien ser expresado dos veces” (frag.25)  “Pero una ley universal se extiende por el amplio dominio del aire y por el infinito de la luz” (frag 135)

Pitágoras entiende la realidad desde una forma matemática. El origen son los números. Los cuerpos físicos son una unión de puntos geométricos que forman líneas, superficies, planos etc. La realidad se construye dividiéndola en unidades que se pueden medir, operar y abstraer de forma matemática. La justicia es una igualdad matemática entre dos miembros, la pena debe ser igual al daño causado por el delito. Aparecen los conceptos de proporción y equilibrio.

Anaxágoras concluye que la naturaleza está formada de elementos minúsculos, invisibles al ojo humano a los que llamaba “gérmenes” o “semillas” que estaban organizadas por una fuerza de creación llamada espíritu o entendimiento.

Por último, Demócrito entendía que todo estaba construido por unas sustancias muy pequeñas, invisibles e inalterables a las que llamó “átomo”. Existen millones de átomos de formas distintas que constituyen los diferentes cuerpos. Cuando éste muere, ejemplo una persona, los átomos se desintegran y forman otro cuerpo. Demócrito piensa que la práctica de la equidad llevará al hombre a su felicidad. “La justicia consiste en hacer lo que se debe, la injusticia es omitir el deber, esto es, dejarlo de lado” (frag 256).

Julio Jiménez Cordobés.

Febrero 2021

Élites de poder económico en Andalucía III. Por Manuel Delgado Cabeza.

Fuente: “El Portal de Andalucía”

No pocos de los apellidos aparecidos en los artículos anteriores y otros nuevos que surgieron al calor de la burbuja inmobiliaria, encontraron en las plusvalías asociadas al negocio inmobiliario una manera fácil y rápida de hacer dinero basada en la revalorización del suelo y los activos inmobiliarios; un negocio con la llave en manos del poder político local, en el que se extendieron las prácticas caciquiles, la corrupción y las componendas relacionadas con el mismo. En la etapa de auge (1997-2008), los amos del negocio inmobiliario apoyaron su expansión en dos pilares: las cajas de ahorro y el poder político local. Las cajas de ahorro, en manos de quienes tenían el control del poder político, asumirán un papel fundamental no sólo en la financiación de los proyectos urbanísticos, sino también como actores que intervienen directamente en el negocio inmobiliario a través de sociedades participadas. Dándose la paradoja de que quienes debieran procurar, desde las instituciones políticas, la ordenación del territorio, el uso del suelo y la planificación urbanística en beneficio del conjunto de la sociedad, vienen a ser los mismos que desde el gobierno de las cajas alimentaban un modelo urbanístico en el que se “ordenó” el territorio andaluz a golpe de convenios urbanísticos urdidos en la trastienda de partidos políticos y empresas. Actuando los profesionales de la política como gestores o “conseguidores” de negocios hechos en beneficio de ellos mismos y de unos pocos que llenaron sus bolsillos hipotecando el futuro del resto. “Votemos a los constructores y dejémonos de intermediarios”, decía un personaje de El Roto. El expolio se llevó por delante también a las cajas de ahorro andaluzas, que fueron absorbidas, salvo alguna excepción como Unicaja, por grupos bancarios localizados en Cataluña, Madrid y el Pais vasco, reforzándose así dentro del Estado la concentración del poder económico localizado en las economías centrales.

En este contexto cabe señalar que los apellidos que lideran en Andalucía el negocio inmobiliario son propietarios de grupos empresariales medianos y pequeños, como nos muestra el lugar que ocupan en el ranking español. Cuando el proyecto sobrepasa una determinada envergadura, los grupos andaluces que intervienen juegan un papel subalterno como subcontratistas o auxiliares de los grandes grupos con sede en Madrid o Cataluña. Los metros de Sevilla y Málaga pueden ilustrar esta subalternidad. En su construcción, las empresas andaluzas juegan el papel de satélites alrededor de astros como ACS, y Sacyr en el caso de Sevilla y FCC en Málaga, las tres involucradas en varios casos de corrupción y con apellidos detrás como Florentino Pérez, March, Carceller o Koplowitz, los tres últimos asociados a imperios empresariales protegidos y expandidos bajo el amparo del régimen de Franco. Los Metros de Sevilla y Málaga se construyeron con sobrecostes -costaron el doble de lo previsto-, justificados utilizando procedimientos que, según un Informe de la Cámara de Cuentas de Andalucía carecían de cobertura legal.

Muchos de los capitales hechos en Andalucía al calor del ladrillo terminaron en un rosario de procesos judiciales del que quizás el más emblemático fue el conocido como caso Malaya, un entramado descubierto a mitad de la década de los 2000 que encubría los delitos de cohecho, malversación de caudales públicos, prevaricación, tráfico de influencias y otros; con personajes como Julián Muñoz o, después de la muerte de Jesús Gil, el capo de la trama,  Juan Antonio Roca, al que por aquel entonces algunos llamaban, con ese sentido del humor que aquí ha ayudado siempre a sobrellevar el malestar, “el aloe vera”, porque, “cuanto más se le investiga, más propiedades se le encuentran”.

Al margen de los procesos judiciales, el estallido de la burbuja en 2008 se llevó por delante a muchos de quienes habían conseguido, gracias a ella, hacer fortuna. Entre ellos destaca en Andalucía el caso del sevillano Luis Portillo. “Salido de la nada”, pero protegido por el PSOE y a la sombra de la Expo 92, el llamado príncipe del ladrillo llegó a acumular en 2006 un patrimonio bursátil y empresarial estimado en 3.785 millones de euros, siendo según Forbes la tercera fortuna de España. Ese año presidía tres grandes inmobiliarias: Inmocaral, Colonial y SFC. Con la presentación en 2012 del concurso de acreedores por parte del Grupo Zent Inversiones, cabecera de su holding patrimonial, llegaba el ocaso de este personaje, hoy prácticamente desaparecido. Los daños sociales y ecológicos que causó la avaricia y la ambición de riqueza y de poder de este “emprendedor” perdurarán durante muchos años.

Entre los patrimonios fraguados al amparo del negocio inmobiliario que han conseguido trascender la coyuntura de la última burbuja cabe citar a la familia Cosentino, -en quinto lugar, entre los ricos de Andalucía en 2020, con un patrimonio valorado en 550 millones de euros-, dueños del Grupo Cosentino, nacido de la extracción del mármol de Macael. Hoy a través de la sociedad Surister invierte en suelo, inmuebles y hoteles y gestiona fondos de inversión a través de Artá Capital (Grupo March). Entre las mayores fortunas de Andalucía -265 millones de euros – figura también la familia Beca Borrego (Grupo Bekinsa), con inversiones inmobiliarias, hoteleras y agrícola-ganaderas en 11.000 hectáreas de su propiedad. Son dueños de la Sicav (sociedad de inversión de capital variable, fórmula societaria creada en 1983 por el gobierno de Felipe González y utilizada en la práctica por las grandes fortunas para eludir impuestos) Almaro y sus inversiones se localizan en Andalucía, Extremadura, Portugal y Uruguay.

A menor escala cabe citar los nombres de Contreras Ramos (Grupo Azvi, primera constructora andaluza, con una importante expansión internacional, aunque en el lugar 54 en el ranking español); Sánchez Domínguez, grupo Sando, segunda constructora andaluza (76 en la clasificación española), para el que la concesión de varios tramos de la autovía A-92 se convirtió en la principal fuente de ingresos y base de la expansión del grupo. También puede mencionarse al segundo accionista de Sacyr a través de Beta Asociados, José Moreno Carretero, con inversiones en todo tipo de fondos a través de Beta Equity, sociedad de capital riesgo.

Algunos apellidos vinculados al negocio inmobiliario han conseguido, después de atravesar situaciones difíciles, salvar parte de sus patrimonios; es el caso de Nicolás Osuna, propietario del grupo NOGA, que ha experimentado una fuerte reestructuración en 2015 dando lugar a Inmobiliaria Osuna S.L., un entramado empresarial del que forman parte Noga Capital, inversora para operar con valores y activos, o la división de la cadena Hoteles Center, S.L. Osuna es también propietario de miles hectáreas de olivar, agrupadas bajo la firma Haciendas del Sur, que le convirtieron en uno de los de los mayores receptores de ayudas de la Política Agraria Comunitaria (PAC). Como lo son otras familias andaluzas de las ya aquí reseñadas. Desde 2008 a 2016, 60 de las 200 mayores fortunas del Estado español cobraron más de 250 millones de euros en subvenciones de la PAC (eldiario.es 28-03-2016). Tres “grandes familias” afincadas en Andalucía encabezan la clasificación: Los Mora-Figueroa Domecq, con 50 millones de euros, los Domecq, con 37 y la familia Hernández Barrera, con 29. 

Aunque muchos de los negocios inmobiliarios anteriormente reseñados han crecido a la sombra del “desarrollo” turístico, el territorio andaluz se ha convertido en una pieza central para las grandes cadenas turísticas globales, estrechamente vinculadas al capital financiero e inmobiliario, de tal modo que en Andalucía apenas existen hoy patrimonios de cierta entidad vinculados al negocio turístico local. Entre la relación de los cien primeros grupos hoteleros en 2018 dentro del Estado, sólo cuatro tienen su sede en Andalucía y de entre ellos, solo dos pertenecen a familias con patrimonios de cierta entidad.

Uno es el grupo Center, propiedad de Nicolás Osuna, terrateniente y constructor a quien nos referimos antes. El otro es el Grupo Hoteles Playa, propiedad de la familia Rossell, asentada en Almería. La expansión de este grupo fue impulsada por Unicaja y el primer escándalo en el que se vió envuelto José María Rossell, casado con la entonces senadora del PP María del Mar Agüero, vino como resultado de la investigación de la trama asociada a la operación Malaya. El Hotel Senator de Marbella, perteneciente a Hoteles Playa, fue precintado en 2006 después de que su licencia de obra, otorgada por el alcalde Julián Muñoz, hubiera sido declarada ilegal y suspendida en 2004 por el Tribunal Superior de Justicia en Andalucía. Más adelante, en 2010 fue detenido, considerado testaferro de Dimas Martín, expresidente del Cabildo de Lanzarote y epicentro de un importante entramado de corrupción en la isla. La entrada de Rossell en negocios vinculados a la familia Martín coincidió con la concesión a aquel de una licencia de obras para construir un hotel de cinco estrellas en Lanzarote que no se vio concluido porque el Tribunal Superior de Justicia de Canarias anuló la licencia por haber sido concedida por el ayuntamiento presidido por Dimas Martín de forma irregular. A pesar de su papel clave en estos casos de corrupción, José María Rossell y su grupo empresarial aparecen hoy como modelo a seguir, habiendo recibido numerosos premios y reconocimientos, entre otros el nombramiento por parte de la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía como “Mejor empresario del Sector Turístico”. En otro ejemplo más de asociación entre carencia de escrúpulos y éxito empresarial.

Vuelve a evidenciarse aquí el predominio de las formas de apropiación de riqueza a partir de extraer plusvalías de un valor que no tiene que ver con la función del empresario como productor de mercancías, sino que se obtiene a través de meros procesos especulativos, de revalorización de activos, dando lugar a la acumulación y concentración de la riqueza en manos de unos pocos por desposesión y/o adquisición de lo que pertenece a la mayoría. En un contexto en el que no es el “libre” mercado el que organiza la economía sino los intereses y el poder de quienes son capaces de imponer las reglas del juego poniendo al sistema político y a otras instituciones del Estado a su servicio; la idea de mercado encubre así el gobierno del poder económico y las relaciones de dominación sobre los procesos de toma de decisiones económicas, sociales y políticas.

Las élites económicas son hoy la encarnación más cruda del homo economicus, de su orden patriarcal y colonial, un hombre que actúa sin restricciones morales o éticas, utilizando a los demás y a la naturaleza como meros instrumentos para satisfacer su ambición insaciable de riqueza y de poder. Desde una individualidad inventada negando los cuidados y las emociones ligadas con las relaciones afectivas. Desde una racionalidad para la que lo indispensable es inútil.

Cuando el coronavirus pone más en evidencia que somos vulnerables, interdependientes y ecodependientes, (yo soy si tú eres), estas élites parecen haber encontrado, en una pandemia que todo apunta a que tiene mucho que ver con la depredación propia del homo economicus, las condiciones idóneas para extender una digitalización, que en nombre de la tecnolatría y el “progreso” acentuará el aislamiento y la disolución de los vínculos comunitarios, facilitando así el control social, y el sometimiento a los designios del Poder. En un momento en el que, si queremos evitar la barbarie, es urgente cambiar la necesidad de dominar por la fuerza que dan el compartir, las raíces y los vínculos con los demás. Comunidad frente a dominación. En esta encrucijada estamos.

Aún es posible la esperanza por Tomás Gutier

AÚN ES POSIBLE LA ESPERANZA

 

Somos porque fuimos

                                                                                              y seremos porque somos

 

Hace más de cien años, el pueblo andaluz salió a las calles de Andalucía rebelándose ante la situación de miseria física y social, ante la postración a la que el poder lo tenía sometido. El manifiesto publicado por el incipiente movimiento andalucista comenzaba con una llamada al tenue ser milenario. “Ciudadanos andaluces, nuestra voz quiere llenar de imperativos de vida clamorosa y palpitante el silencio de muerte de vuestras conciencias calladas…”. Meses después, y en una manifestación celebrada en Córdoba, se gritó por primera vez “Viva Andalucía Libre”. Y antes de ser asesinados, nuestros antecesores nos dejaron un himno que clamaba: “Andaluces levantaos, pedid tierra y libertad”.

Hace más de cuarenta años, el pueblo andaluz inundó las calles de Andalucía con un grito unánime de dignidad que retumbó por toda España y conmocionó a la Europa de los mercaderes. Su exigencia era simple y clara: “No queremos ser más que nadie, pero tampoco queremos ser menos que nadie”. Y un malagueño dejó su vida ante los disparos de un mal nacido y muchos andaluces y andaluzas, perdieron su vida entre la sordidez de unos dirigentes embaucadores y la codicia de territorios mejor situados gracias a su influencia en la presuntamente desaparecida dictadura. Los andaluces se sabían abandonados… y lo asumían con plena conciencia.

Hoy, el pueblo andaluz ha cambiado, ya no grita, no se rebela, no se levanta. Hoy, el pueblo andaluz dormita anestesiado mediante inyecciones de per, de subvenciones, de planes de empleo, de subsidios y resto de limosnas, tanto europeas como españolas. Actualmente, el pueblo andaluz deja su dignidad en el aparcamiento del centro comercial donde permuta ser por tener. Y, aunque en su interior reconoce que eso no es lo que desea, acepta la situación, porque, al menos, no pasa hambre. Y se olvida de la respuesta que, a comienzos del pasado siglo, un jornalero dio al cacique que le ofrecía cinco pesetas por votar a los suyos: “¡En mi jambre mando yo!”.

Esta ilógica situación no es natural. Ni es consecuencia de la historia, ni de un racional desarrollo humano, ni de la acción social, ni de la labor productiva de un pueblo, es algo diseñado y ejecutado desde un poder superior que prima a territorios ubicados en el centro-norte de España y castiga al sur invadido que, por ser colonia, ha de estar varios escalones más abajo de los demás.

Y, para nuestra deshonra y desgracia, los cipayos que llevan a efecto este inicuo trabajo son los gobernantes que elegimos cada cuatro años para que administren nuestra autonomía. Aquellos que hace cuatro decenios abanderaron hipócritamente las cabeceras de las propuestas, son los mismos que, año a año, legislatura tras legislatura, han ido traicionando a Andalucía y a su gente, no sólo con alarmantes prácticas de corrupción que hieren el ser andaluz, sino por el detrimento cultural, social, industrial, investigador y político que le han usurpado para satisfacer sus mezquinos intereses y los de su jaez. Virreyes mercenarios que algún día, después de enfrentarse a la justicia, tendrán que rendir cuentas ante el pueblo y ante la historia.

Tanto los gobiernos estatales como, y principalmente, los gobernantes andaluces han ido apagando cualquier sentimiento de identidad y de cariño hacia la tierra donde desarrollamos nuestra vida y donde muchos de nosotros encontraremos el final de nuestros días. Si no amamos a nuestra casa, si no queremos a nuestra familia, si no luchamos por nosotros mismos, ¿por quién vamos a pelear?

Los distintos gobiernos estatales y andaluces, han ido postergando y utilizando a la noble Andalucía, como moneda de cambio en provecho partidista o de diversos intereses espurios, frente a otras autonomías españolas o frente a intereses europeos. Y, todo ello, una y otra vez, hasta el punto de llevar a nuestra matria andaluza a la paupérrima situación actual: desposeída de sus genuinos valores culturales; desplazada a los últimos lugares del desempleo europeo; esquilmada de sus grandes industrias pretéritas y defenestrada de sus fecundos recursos endógenos. Ello provoca que, de nuevo, nuestros jóvenes tengan que emigrar allende nuestras fronteras para poder conseguir una forma de vida algo aceptable.

Andalucía ha visto, además, cómo desaparecían las bases militares foráneas de otros territorios, mientras aquí se mantenían y ampliaban -la franja occidental soporta dos estadounidenses y una británica-, cuando, precisamente, es un pueblo que respira paz por todos sus poros. Andalucía también se utiliza como territorio de actividades extractivas, que deterioran el medio ambiente, mientras el valor añadido de esos mercados se genera fuera de nuestras fronteras beneficiando a terceras regiones. Los productos agrícolas modificados genéticamente son preponderantes en nuestros cultivos.

Una cualidad innata del pueblo andaluz es la asunción de otras culturas y el acogimiento de otros pueblos. Hace miles de años los civilizados tartésicos mantenían comercio con los pueblos mediterráneos y ofrecían su tierra a los desplazados focenses. ¿Cómo hemos podido llegar a estos comienzos del tercer milenio permitiendo ser utilizados por la Europa capitalista e insolidaria como parapeto contra los migrantes africanos que huyen de las guerras, los expolios y los gobernantes sanguinarios, instalados por, y cómplices de, quienes les esquilman y provocan las guerras? ¿Hemos probado alguna vez si todo cambia dejando de robar a África sus recursos básicos?

            Nos alteran nuestro ser, adulteran nuestra identidad, la aculturación nos destruye como personas. Compra, compra, compra. ¿No nos damos cuenta de que, cuando España o Europa nos subvenciona, recupera lo invertido, más sus buenos réditos, al gastar nuestro escaso peculio en el hipermercado de una multinacional o en la inversión que hacemos para mejorar nuestros exiguos bienes? ¿Nadie analiza la débil producción que tiene Andalucía y sus dañinos efectos? Destrozado el sector primario y boicoteado e impedido el secundario, solo nos queda esa parte del sector terciario llamada turismo. Hace años nuestros padres y abuelos partían hacia el exilio catalán o europeo para ocuparse en los trabajos que nadie quería, hoy, hacemos lo mismo sin movernos de nuestra tierra.

            Y lo peor de todo es que esta situación se produce con nuestra aquiescencia. Tenemos miedo a los hipotéticos extremos, al aparente radicalismo, al indefinido terrorismo… Miedo al cambio y a creer en nosotros mismos. Miedo a pensar en andaluz. Miedo a amar Andalucía. El refrán castellano ‘más vale malo conocido que bueno por conocer’ lo aplicamos sin meditar sus consecuencias. Y un pueblo al que llaman de izquierda se comporta de la manera más conservadora posible.

            Cuando se aprobó el primer Estatuto de Autonomía de Andalucía, en 1981, fue necesario incluir en su articulado una disposición adicional que decía así: ‘Dadas las circunstancias socioeconómicas de Andalucía, que impiden la prestación de un nivel mínimo en alguno o algunos de los servicios efectivamente transferidos, los Presupuestos Generales del Estado consignarán, con especificación de su destino y como fuentes excepcionales de financiación, unas asignaciones complementarias para garantizar la consecución de dicho nivel mínimo’. Se llamó Deuda Histórica. Ningún gobierno español se tomó en serio esta disposición. Los gobiernos andaluces, siempre en manos del mismo partido, reclamaban cuando mandaba otra formación política y se callaban de forma cobarde y miserable cuando eran los suyos quienes ostentaban el poder en Madrid. Las circunstancias socioeconómicas, la brecha entre Andalucía y el resto de España, fue creciendo sin que nadie se preocupara en poner soluciones. En 2007, con el mismo partido gobernando en España y en Andalucía, se reformó el Estatuto, la disposición adicional desapareció y seguimos los últimos en todos los parámetros sociales y económicos.

            Nuestro lema dice: Andalucía por sí, para España y la humanidad. ¿No hemos hecho bastante ya por los demás? ¿Podremos alguna vez pensar en el por sí?

            Si no construimos nuestro futuro está claro que alguien lo hará por nosotros. Y más claro está que sus intereses no serán los nuestros. Así lleva siglos sucediendo y las consecuencias son aterradoras. La actual situación de Andalucía no tiene un desarrollo natural, ni es consecuencia de las acciones de sus habitantes sino de intereses exteriores que le afectan y dañan.

            Al no ser algo natural debe tener, y tiene, solución.

            Es necesario que el pueblo andaluz conozca, en palabras de Blas Infante, su verdadera historia y esencia. Es necesario volver a dar ejemplo de convivencia y armonía como ya se ha hecho en etapas anteriores. Es necesario volver al ser andaluz: humano, pacífico, tolerante, trabajador, empático, constante, serio, decidido, resiliente. Es necesario recuperar la libertad que da la cultura y el conocimiento. Es necesario trabajar para poder ocupar el lugar que la vida nos tiene asignados. Es necesario luchar por nuestros derechos, por nuestra identidad, por nuestro progreso.

Es imprescindible que el histórico, solidario y culto pueblo andaluz, retome del lugar donde se encuentra postrada y destrozada su bandera verde y blanca. Y enarbolando un emblema con cerca de mil años de antigüedad, haga resurgir los grandes valores humanos que encierra su cultura, acogerse a su patrimonio histórico como pueblo andaluz y recuperar urgentemente su desarrollo industrial, agrario, comercial y productivo. Rescatar su cultura y redimir su dignidad, para así satisfacer las grandes necesidades de una comunidad de hombres y mujeres libres que siempre ha convivido en paz y armonía. Sabiendo dar ejemplo para beneficio propio y de la humanidad.

            Un pueblo con más de tres mil años de historia conocida no puede estar permanentemente adormecido sin que un quejío de su corazón le despierte del letargo.

Desde nuestra alma milenaria evoquemos al pensador y médico cordobés, José Aumente, andaluz de conciencia, que, a escasos días de abandonarnos para siempre, nos dejaba un mensaje pleno de amor y grandeza: “Aún es posible la esperanza”.

Élites de poder económico en Andalucía II, por Manuel Delgado Cabeza.

Fuente: El portal de Andalucía.

Autor: Manuel Delgado Cabeza.

Pertenecientes a una saga con origen en la burguesía agraria andaluza y vinculados y emparentados con otras ramas de la misma, hay que incluir aquí a los Benjumea, hasta 2015 “amos” de Abengoa, empresa fundada en 1941 y en sus comienzos dedicada a montajes eléctricos, que más tarde extendió su radio de acción a otros campos como infraestructuras, energía, ingeniería y construcción, convirtiéndose con el tiempo en un grupo empresarial multinacional que durante muchos años fue el más importante con sede en Andalucía.

Los Benjumea llegaron a Andalucía desde la Rioja en el siglo XVI con motivo de la conquista castellana y a la sombra del Duque de Osuna dos siglos más tarde estaban en la cúspide social de La Puebla de Cazalla como ganaderos y grandes propietarios de tierras. También la familia Benjumea, como veíamos que ocurrió con otras familias de la oligarquía agraria, colaboró a fondo con los sublevados del 36, y eso les rindió grandes beneficios. Formaron parte de las milicias paramilitares falangistas que a caballo “limpiaron” los campos andaluces bajo las órdenes de Queipo e Llano; razias en las que participaron también de manera significativa personajes como Rafael Medina Villalonga, Duque de Medinaceli, nombrado alcalde de Sevilla en 1943 y Ramón Carranza Gómez, marqués de Soto Hermoso, que también fue alcalde de Sevilla entre 1936 y 1938, “uno de los responsables de la represión salvaje del barrio de Triana” (A. Maestre, «Franquismo S.A.», 2019).

De los Benjumea el nombre más ilustre y en mayor medida beneficiario de los favores del franquismo fue Joaquín Benjumea Burín, que perdió a un hijo falangista en los inicios de la sublevación militar en la que él también intervino activamente organizando la retaguardia bajo el mando de Queipo de Llano, siendo alcalde de Sevilla en 1938 y 1939. Posteriormente fue Ministro de Agricultura de 1939 a 1941 y luego Ministro de Hacienda (1941-1951) y Gobernador del Banco de España (1951-1963). Un amplio historial en las esferas del poder político del dictador, que le otorgó en 1951 el título de Conde de Benjumea.

Un sobrino de Joaquín Benjumea, Javier Benjumea, fundó en1941 Abengoa, siendo su tío ministro de Franco; pronto obtuvo del Estado una contrata que supuso un impulso fundamental para que la entonces pequeña compañía se convirtiera en una gran empresa: la concesión de la electrificación de RENFE, un año después de que otro tío suyo, Rafael Benjumea Burín, Conde de Guadalhorce, fuera nombrado presidente de la citada compañía ferroviaria. Nada más lejos del “hecho a sí mismo” asociado al relato ideológico de la meritocracia con el que tratan de justificarse posiciones de dominio y de poder. Desde los años 80 del siglo XX fue sobre todo el paraguas del PSOE el que cobijó los intereses de Abengoa, tejiéndose una densa red de conexiones político-empresariales que facilitó la expansión del grupo.

A la estrecha relación con la Monarquía, que concedió al fundador de la empresa el título de Marqués en 1994, se sumaron numerosos intercambios de favores con quienes en cada momento gestionaban el poder político en las instituciones del Estado, exprimiéndose el uso de las puertas giratorias. Alberto Aza, jefe de la Casa Real entre 2002 y 2011 “ponía cara a la participación accionarial que el rey Juan Carlos detentaba en la empresa”, estando José María Aznar “informado de que los Benjumea darían un paquete de acciones – ¿a cambio de qué? – al Rey Juan Carlos”…. “El hijo de Aza fue miembro del consejo de administración de Abengoa Bionergía. El mismo consejo donde se sentó Carlos de Borbón Dos Sicilias, primo del Rey”. (Carlos Pizá, “Reino de España: Abengoa, ingenieros de la conexión”. Sin Permiso, 30/10/2017).

Además de los ya citados, en la trama de conexiones aparecen nombres como los de el expresidente José María Aznar, Luis Atienza, exministro de Agricultura, el exministro de Industria Miguel Sebastián y su hermano Carlos o Ricardo Martínez Rico, “uno de los más cercanos asesores de Cristóbal Montoro desde 1996” y compañero suyo en la consultora Equipo Económico. “Abengoa, líder en energía termosolar, continuó recibiendo las primas a las renovables en contra del criterio del ministro de Industria, José Manuel Soria. Montoro, ministro de Hacienda, jugó aquí un papel fundamental. Pese al silencio mediático, la ubicación de Ricardo Marínez Recio en el consejo de Abengoa y la de su hermano Felipe como director del gabinete del ministro Montoro no pueden considerarse precisamente casuales” (Andrés Villena, «Las redes de poder en España», 2019).

Como muestra del uso de puertas giratorias valgan los casos de José Borrell, exmiembro de varios gobiernos del PSOE, que fue miembro del consejo de administración de Abengoa y presidente del consejo asesor internacional del grupo, o el de José Domínguez Abascal, mano derecha de Felipe Benjumea, al que llegó a sustituir en la presidencia en 2015 y que fue Secretario de Estado de Energía del Ministerio para la Transición Ecológica desde 2018 a enero de 2020, cargo que tuvo que abandonar tras su imputación en la investigación judicial abierta por las graves irregularidades detectadas en la parte del proyecto de AVE Meca-Medina ejecutada por Abengoa.

También en la Junta de Andalucía encontró Abengoa concesiones y ayudas a cambio de favores, pero las conexiones aquí son residuales y mucho menos trascendentes. Coincidió que las ayudas de la Junta fueron abundantes en la etapa en que una hija del entonces presidente, Manuel Chávez, estaba asociada a la empresa. Ya el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía había abierto un expediente sancionador a Manuel Chávez a raíz de que la empresa minera Matsa, a la que la hija pertenecía con funciones de asesoramiento jurídico, recibió 10,1 millones de euros a través de un incentivo aprobado en un Consejo de Gobierno presidido por su padre (Diaro de Sevilla, 15/1/2011).

En consonancia con el comportamiento que veíamos en las élites vinculadas a activos agrarios y agroalimentarios en el artículo anterior y a pesar de que los Benjumea mantuvieron la sede de la empresa en Sevilla, sus intereses se protegían desde Madrid, y fue ahí donde se volcaron para conseguir influencia y para poner al poder político a su servicio.

A principios del año 2015 Felipe Benjumea aparecía en el número 19 en la lista de «Los 200 más ricos de España», (El Mundo), con un patrimonio en bolsa de 694 millones de euros. En septiembre de 2015 los 30 bancos acreedores de la empresa le daban un ultimátum para que cediera el control de la misma. Después de décadas de expansión incontrolada, de  megaproyectos cargados con sobrecostes, de generosas subvenciones recibidas de las instituciones públicas, de préstamos pedidos para proyectos aún inexistentes con los que financiaban los agujeros de los que estaban en marcha, enredando sus cuentas en una maraña de 900 sociedades, después de prácticas que iban desde crear sociedades para que la familia pudiera apropiarse de plusvalías excluyendo al resto de los accionistas hasta la manipulación de la contabilidad de la empresa como práctica generalizada, reflejando las cuentas una “notable alteración de la real apariencia de la situación económico-financiera”, como consta en el Informe de la Audiencia Nacional (Elena Sevillano, El País 3-2-2020), después de abusos en las relaciones laborales -los trabajadores le llamaban Palmatraz al campus de Palmas Altas, donde se encuentra la sede corporativa-, los herederos de Abengoa, empresa que aparentaba ser modélica dentro del IBEX-35, llevaron a la empresa a la ruina. Felipe Benjumea dejó a Abengoa con un pasivo total de deudas de 25.000 millones de euros y en ocho meses quedaron en la calle más de 5.000 trabajadores. A pesar de este enorme fraude, Felipe Benjumea se aseguró antes de irse una indemnización (¿?) de 11,5 millones de euros y 4,5 millones para su mano derecha, Manuel Sánchez Ortega.

Cuando desde la economía convencional se invoca a los mercados como fuerzas impersonales que determinan la vida de la gente se está otorgando impunidad a comportamientos parasitarios y sin escrúpulos guiados por la avaricia y el poder. Este papel encubridor de la ideología económica dominante es el que El Roto desvela cuando dice que “la economía es una rama del ilusionismo”.

Élites de poder económico en Andalucía I, por Manuel Delgado Cabeza.

Fuente: El Portal de Andalucía.

 Autor: Manuel Delgado.

En la última década (2011-2020), mientras se recortaba casi todo lo social y empeoraban las condiciones de vida de la gran mayoría de la población en el Estado español, el valor del patrimonio de las 200 grandes fortunas se ha duplicado, pasando de 129.400 a 266.500 millones de euros. Los diez mayores patrimonios pasan de acaparar un 32,1% del total de los 200 en 2011 a acumular el 47,6% del mismo en 2020 (Informe anual de El Mundo). Este enriquecimiento de los más ricos no tiene como fuente “lo productivo”, como muestra la evolución del PIB, que apenas crece en este período, ni es el resultado de trabajo, utilidad o función social alguna; es consecuencia de la mera revalorización de activos, financieros, inmobiliarios u otros; del aumento del precio de acciones y títulos adquiridos muchos de ellos con lo obtenido en revalorizaciones anteriores; “lucro sin contrapartida” como señala José Manuel Naredo en su Taxonomía del lucro. Formas de hacer dinero predominantes en esta etapa del capitalismo que engordan a una oligarquía parasitaria que ve así acrecentarse su capacidad de compra para poder seguir aumentando su riqueza y su poder. Una élite económico-política que solapa con frecuencia sus comportamientos especulativos con prácticas depredadoras de caciquismo clientelar, tratos de favor y saqueo de lo público que le permiten ampliar la apropiación de riqueza ya producida.

En 2020, de estas 200 grandes fortunas, más de la mitad están localizadas en Cataluña, Madrid y el País Vasco, concentrándose en estos centros hegemónicos la riqueza y el poder dentro del Estado. Andalucía se sitúa en la otra orilla, con 11 apellidos entre los 200 y el 2,2% del valor patrimonial[i]. Según estos datos, la élite económica andaluza ocupa un lugar residual en la distribución del poder económico dentro del Estado; en su conjunto es una élite raquítica, con dos actividades predominantes asociadas a los apellidos que la integran: la agroalimentaria y en mucha menor medida el binomio construcción y turismo. La situación periférica de Andalucía, empobrecida y subalternizada por su dedicación, -área de extracción y de vertidos-, no debe ser ajena a esta jerarquización de las grandes fortunas dentro del Estado.

La evolución de los patrimonios vinculados a los activos agrarios o agroalimentarios, sobre los que se ha venido sosteniendo históricamente el poder de las élites en Andalucía, ha experimentado en las cuatro últimas décadas una doble trayectoria. Por un lado, la parte más saneada del acervo empresarial local ha sido apropiada y/o puesta al servicio de estrategias financieras de creación y apropiación de valor por parte de grandes corporaciones transnacionales, con una fuerte pérdida de protagonismo del capital y los grupos locales de poder. La novela de Caballero Bonald En la casa del padre da cuenta de cómo para esta vieja oligarquía agraria, “centinelas de la patria” española, acostumbrada a ostentar “una preponderancia aprendida de otra preponderancia”, en los 80 del siglo pasado “todo tenía ya un áspero, un insorportable olor a decadencia”.

Dentro de este grupo nos encontramos con apellidos como Domecq, Osborne, Larios, o Carbonell, cuyos patrimonios empresariales fueron adquiridos por grandes corporaciones a partir de mecanismos apoyados en la “creación de valor” a la que antes me refería, como la emisión de títulos, deuda no exigible que les proporciona capacidad de compra y hace posible la apropiación de riqueza ya creada. En el caso de la adquisición, a finales de los noventa, del grupo Cruzcampo por Heineken (649 millones de euros), la multinacional cervecera consigue muy pronto sumar a esta apropiación la de plusvalías por valor de 300 millones de euros generadas por una operación de especulación inmobiliaria en los terrenos donde se situaba la fábrica. Para eso hubo que cambiar el plan urbanístico de Sevilla, que tenía como pilar básico “la participación ciudadana”. En una maniobra especulativa que se justifica por parte de la corporación municipal, gobernada por un pacto entre el PSOE e Izquierda Unida, por la búsqueda y utilización de “espacios de oportunidad” bajo el lema: «Sevilla, la construcción de un sueño». Espacios donde pueda hacerse dinero conforme a las nuevas formas de enriquecimiento, en este caso recalificando terrenos que al convertirlos en residenciales se considerarán más “productivos” por las plusvalías que se obtienen a partir de su revalorización. Utilizando la metáfora de la producción se procura la apropiación de riqueza a partir de un proceso meramente especulativo.

Con estas adquisiciones, los grupos apropiados pasan a ser piezas de un puzle gobernado desde estrategias financieras propias del capital global, utilizándose ahora una parte de los establecimientos para la distribución y/o el embotellado de marcas globales, globalizándose también los proveedores, o trasladándose la producción, como ocurrió en el caso de Larios, fuera de Andalucía, con el consiguiente deterioro de los tejidos económicos locales.

El otro camino seguido por esta burguesía agroalimentaria ha sido el de prosperar con la globalización de sus negocios o, utilizando su posición de poder, convirtiéndose en concesionarios de grandes corporaciones multinacionales. En este grupo, entre las familias que han expandido sus negocios hasta convertirlos en globales o han prosperado con la adjudicación de procesos de elaboración y distribución de grandes marcas multinacionales encontramos apellidos como González-Gordon, Osborne, Caballero, las ramas familiares Bohórquez Domecq o los Mora-Figueroa Domecq, todas fortunas ligadas en su origen a la vieja oligarquía terrateniente-bodeguera jerezana.

De los integrantes de esta burguesía vinculada al marco de Jerez quienes han alcanzado los valores patrimoniales más altos, la familia Mora-Figueroa Domecq y Ana Bohórquez Escribano (4º y 6º lugar en Andalucía en 2020), lo han hecho como concesionarios de la mayor corporación mundial de bebidas: Coca-Cola, cuya franquicia, Rendelsur, ha ido experimentando un fuerte proceso de crecimiento, llegando a ocupar durante muchos años el segundo lugar, después de Heineken, entre las empresas agroalimentarias con sede en Andalucía. La revalorización de los activos financieros de esta empresa ha sido el fundamento del auge patrimonial de estas familias.

Los Mora-Figueroa Domecq regentan hoy un extenso entramado de fincas, con 25.000 hectáreas de tierra de su propiedad, bodegas, suelo e inmobiliarias. Propietarios de grandes latifundios como Las Lomas, (12.000 hectáreas), son también los dueños del Santa María Polo Club de Sotogrande, punto de encuentro de las mayores fortunas del mundo. Como otras muchas familias de terratenientes andaluces, la familia Mora-Figueroa sobresalió por su apoyo a la sublevación militar de 1936 y al franquismo después. Como cuenta Paul Preston en el capítulo de El holocausto español “El terror de Queipo: las purgas de Andalucía”, miembros de la familia Mora-Figueroa fueron destacados integrantes de Falange y participaron activamente en la insurrección encabezando una columna junto con otros representantes de la oligarquía terrateniente jerezana que llegó a conocerse como “el Tercio Mora Figueroa” que protagonizó la toma y la represión de una parte de la provincia de Cádiz, de la Serranía de Ronda, de Málaga capital y de zonas de Córdoba y Badajoz.  El premio a esta fidelidad terminaría siendo su mejor negocio: la concesión de Coca-Cola en Andalucía y Extremadura. El reparto de las licencias de esta marca la hizo en 1951  Juan Manuel Sáinz de Vicuña, casado con María Fernanda Primo de Rivera, nieta del anterior dictador y miembro también de esta oligarquía terrateniente jerezana.

Esta vieja oligarquía agraria andaluza, que históricamente tuvo una participación decisiva en el empeño por construir un Estado-nación español, defendió siempre sus intereses “pensando en Madrid”; desde su integración en el bloque de poder dominante dentro del Estado, y desde su inserción o su influencia en las instituciones de gobierno del mismo. El reacomodo de parte de esta burguesía, que sigue ocupando un lugar importante dentro de las élites de poder económico en Andalucía, a los nuevos modos de convertir el dinero en más dinero no ha cambiado esa perspectiva sobre desde donde se protegen sus intereses.

Para ilustrar en los últimos años la conexión de estos clanes organizados con las redes de poder que garantizan la reproducción de sus posiciones de privilegio desde el Estado se puede tomar el caso de Miguel Arias Cañete, máxima expresión de las puertas giratorias y punto de intersección de diversos círculos de influencia económica y política. Casado con Micaela Domecq Solís-Beaumont, una de las mayores latifundistas de Andalucía, cuya familia recibió 1,8 millones de euros en subvenciones de la PAC mientras Arias Cañete era ministro de agricultura a través de empresas a las que él estuvo vinculado como administrador. El cruce entre los apellidos Domecq y Arias produce una densa maraña de intereses empresariales cuyo capital acumulado fue desviado en parte a paraísos fiscales, como mostraba la aparición de Micaela Domecq en “los papeles de Panamá”, en un ejemplo claro de cómo estas élites andaluzas continúan utilizando con impunidad el aparato del Estado, ampliado ahora al de la Unión Europea, para ampliar su riqueza y su poder. Continúan vigentes las palabras de Joaquín Costa en su Oligarquía y Caciquismo de 1901: El gobierno del Estado “no es un régimen parlamentario viciado por corruptelas y abusos, sino un régimen oligárquico servido por instituciones aparentemente parlamentarias donde eso que llamamos desviaciones y corruptelas constituye la forma verdadera del Estado”

La Junta de Andalucía replica, acompaña y participa de este neocaciquismo desde una posición de clara subalternidad. ¿Qué hubiera dicho aquel jornalero andaluz que en la 2ª República, ante el capataz mandado por el amo para comprar su voto exclamó, negándose, “en mi hambre, mando yo” al enterarse de que los supuestos representantes del pueblo al que él pertenecía otorgaban en 2006 a Cayetana Fitz-James, Duquesa de Alba, veinte veces Grande de España, el título de Hija Predilecta de Andalucía?

[i] Para la localización de los patrimonios se sigue el criterio de ubicación espacial o residencial de las familias o individuos propietarios de los activos y no el del emplazamiento de las sedes de las empresas a los que estén vinculados.

Veinte años sin Carlos Cano…pero nos dejó sus canciones (Paco Vigueras)

Veinte años sin Carlos Cano

…pero nos dejó sus canciones

Paco Vigueras, coordinador de Granada Abierta.

Tal día como hoy, 19 de diciembre, hace veinte años, Granada lloraba la pérdida de Carlos Cano. El cantautor granadino hizo su último viaje a la colina de la Alhambra, donde encontró la tristeza del rey Boabdil, hermosa canción de su disco legendario Crónicas Granadinas. Carlos fue el último rey moro de Granada, que se marchó cantando: “…y yo tan campante en mi elefante, con mi chilaba y mi turbante”, letra de su canción Moros y Cristianos, que Granada Abierta convirtió en himno para luchar contra la fiesta sectaria y excluyente de la Toma.

Aquel 19 de diciembre del año 2000, dábamos el último adiós al trovador que cantó la verde y blanca: “De Ronda vengo lo mío buscando, la flor del pueblo, la flor de mayo”, y la murga de los currelantes, que es como la Internacional, pero con acento andaluz. Una canción que se ha hecho tan popular, que no puede faltar en fiestas y carnavales para recordar al Carlos más gaditano. Sí, perdimos a Carlos, pero no lo perdimos del todo. Nos dejó, nada menos, que un rico cancionero solidario, que hoy nos sirve de inspiración para conceder el Premio que lleva su nombre: la Granada Abierta de Carlos Cano.

Nos estremece la canción que tituló La miseria, dedicada a los que huyen del horror de la guerra y el hambre. Decía Carlos: “Vengo de abajo, cansado de tanta cuesta. Vengo, no sé a dónde voy, huyendo de ella, la miseria. Vengo de abajo, de un valle podrido de yerba, donde no existe el futuro, sólo la miseria”. Y huyendo de la miseria, vienen hoy a Granada los inmigrantes para buscar refugio en nuestra ciudad, pero sólo encuentran la pasividad de las instituciones y una sociedad indolente. Apenas unos cuantos colectivos solidarios se movilizan para darles acogida.

En este duro año de pandemia, ha sido Médicos del Mundo el colectivo profesional que ha destacado. Ha hecho un esfuerzo encomiable para ayudar a los inmigrantes rumano-gitanos en plena crisis del coronavirus, una comunidad muy vulnerable al contagio. Por eso, hemos querido conceder el Premio Carlos Cano 2020 a esta organización sanitaria. Con este galardón, mantenemos vivo el compromiso ético de Carlos, que ha creado escuela de cantautores. Jóvenes músicos que siguen interpretando sus canciones más populares. Estamos convencidos de que Carlos se sentiría orgulloso de este premio que lleva su nombre.

Además de La Miseria, nos dejó un amplio repertorio en el que encontramos canciones comprometidas y de rabiosa actualidad, como La hoguera, que es un homenaje a las personas sin techo: “Escucha el grito de los que yacen injustamente tirados en la calle como animales, madre”. También nos conmueve con la canción: “Hijo de la calle, de este tiempo que no acaba, está desesperado”. Y tampoco dejó de denunciar a los responsables de tanta injusticia: “No creo que el sombrero les toque en la tómbola a esos gachos trajeados que viven de na, que lo roban y lo roban, con cuatro palabritas finas lo roban”.

El cantautor granadino siempre soñó con una Granada intercultural, y así lo puso de manifiesto en su disco Mestizo, cuando cantaba: “Moreno pardo de cobre, criollo morisco y zambo, cambujo lobo y coyote, soy mestizo, soy mulato”. Y es que Carlos Cano se identificó plenamente con el mensaje de tolerancia y mestizaje cultural de Federico García Lorca, cuando el poeta hablaba “del morisco, el judío, el gitano y el negro que todos llevamos dentro”. Todas estas canciones convirtieron a Carlos en el cantautor de los perseguidos y los marginados.

Y cuando vemos a la Europa insolidaria, que vulnera el derecho de asilo con inmigrantes y refugiados, recordamos otra de sus letras más emblemáticas: “Si estuvieran abiertas todas las puertas, nadie tendría que abrirlas con violencia y el mundo sería mejor”. Carlos siempre reivindicó el derecho de todo ser humano a vivir con dignidad: “Los que matan la Luna son los mismos de siempre, los que arrancan las flores con sus bolas de muerte, los que amargan la vida y asesinan los sueños que cantan los poetas buscando un tiempo nuevo”. José Saramago definió mejor que nadie al cantautor andaluz, con estas palabras: “Carlos Cano no quiso hacer otra cosa, en toda su vida, que cantar el ser que era. Esa es la razón por la que su presencia continuará viva en la memoria de Granada y Andalucía”.

La Logia fuente de unión. (Angel Marcilla Fernández)

En Masonería tenemos que comprender la importancia del trabajo en grupo, en comunión con los iguales para la construcción del templo interior. A este respecto me pregunto qué es lo que nos une y qué es lo que contribuye a la fraternidad de los hermanos, a la caridad con todas las personas que nos rodean.

El ser humano es sociable por naturaleza, según Aristóteles o por aprendizaje, según otras teorías sociales. En cualquier caso, la tendencia a la afiliación en cualquiera de sus modalidades es incuestionable, especialmente para los humanos, que nacemos como los más indefensos y necesitados de todas las criaturas, prolongándose esta dependencia hasta bien entrados en su desarrollo. Pero la convivencia, fuente de satisfacciones y también de conflictos, no es fácil en ninguna de sus modalidades. Es tanto más complicada, cuanto mayor sea el grupo y diferentes los miembros que lo constituyen por las diferencias de personalidad, creencias, valores y comportamientos. Lo que nos une en los comienzos de nuestro ingreso en la masonería, independientemente de nuestras diferencias individuales, es el deseo de pertenecer a un grupo de referencia, con aquellos que tienen ideales y aspiraciones comunes, creencias y criterios morales compartidos y compromisos asumidos, al amparo de los grandes principios de la masonería universal.

Tras el rito de iniciación y a medida que vamos adentrándonos en los misterios y secretos masónicos a través de los ritos y símbolos del primer grado, vamos tomando conciencia del significado de nuestra fraternidad. Sobre el sentimiento de hermandad, común a todos los miembros del taller y a través del roce continuado, de experiencias compartidas y del conocimiento mutuo, surge frecuentemente un lazo emocional más fuerte que es el de la amistad. Matizando esta relación entre fraternidad y amistad, Demetrio Falero, orador, filósofo y gobernante ateniense, ya señalaba, 300 años antes de Cristo, que “un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano”.

En el ideario masónico constantemente se hace referencia a la fraternidad, a la unión de los compañeros y a la caridad, como virtud fundamental que debemos cultivar: “Que se estrechen nuestras manos y que el título de hermanos eternice nuestra unión”, cantamos en nuestro himno. Y en la clausura de los trabajos, “Que el amor reine entre los hombres”, dice el primer vigilante.

La caridad está por encima de la fraternidad y de la amistad. Es el compendio de todas las virtudes, de las cardinales y de las teologales. “Ama a Dios y al prójimo como a ti mismo” es el resumen de la moral cristiana.  Y el Apóstol San Pablo, en su primera carta a los Corintios, subrayando esta importancia escribe: «Si yo tuviera el don de profecías, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos, y tuviera tanta fe como para trasladar los montes, pero me faltara el amor, nada soy. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y si entrego hasta mi propio cuerpo para ser quemado, pero sin tener amor, de nada me sirve». Y S. Agustín, hombre mundano primero, Obispo y Filósofo después, haciendo referencia a valores tan significativos para la masonería como la unidad, la libertad y la caridad, utilizó una de sus más célebres expresiones : En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad”.

 Pero para que aparezcan y se desarrollen estos sentimientos de fraternidad, de amistad y de caridad es fundamental tener los contactos mínimos de participación en nuestras Tenidas y Ágapes porque sin el trabajo comunitario y el contacto mínimo al que nos hemos comprometido no puede haber crecimiento masónico personal y de grupo.

Ángel Marcilla Fernández.

 

Irracionalidad humana (Manuel Barea Rodríguez)

flight landscape nature sky

Estepona 27.09.20 

 Autor: Manuel Barea Rodríguez.

 Cuán a menudo podemos ver cuán incoherentes son los hombres, en general, y por lo tanto irracionales. 

 Buscan la paz, pero promueven guerras. Quieren la abundancia y el equilibrio de la naturaleza, pero no la respetan. Cantan y exaltan la vida en el planeta Tierra, mientras destruyen gradualmente su biodiversidad. Predican la unidad, la concordia y la igualdad entre pueblos y naciones, pero en detrimento de estas intenciones faltan el respeto a los derechos humanos, fomentan la industria militar con el pretexto de defender la paz, pero, incluso en su vida cotidiana, actúan en sentido contrario a lo que aplican a otros. 

 Es el hombre animal, en su irracionalidad y en sus paradojas. Predican una cosa y hacen otra. Dicen que quieren apagar el fuego de la discordia, la incomprensión y la injusticia, pero no pueden vivir bien con su entorno ni con los más cercanos.

 Preguntémonos cuál ha sido nuestro papel en este contexto. ¿Estamos promoviendo la paz a nuestro alrededor? ¿Estamos defendiendo el medio ambiente donde vivimos? O, incluso con nuestra inercia, ¿estamos añadiendo más leña al fuego de la locura humana? 

 ¿Qué tal si este domingo respondemos estas preguntas con mucha sinceridad? ¿No es justo hacer bien nuestra parte? Es el mínimo, porque, después de todo, ¡somos el Universo! 

 ¡Un abrazo! 

 Manuel Barea Rodríguez

A %d blogueros les gusta esto: