La Nena y la abuela. La Nena y sus padres. La Nena se hace mayor. Por Juana Morales García

LA NENA y LA ABUELA

La nena es la nieta más pequeña de la familia. Una familia algo peculiar. De abuela católica y padres republicanos. Dos maneras de entender la vida en su crianza, como se podéis imaginar. De igual forma, como la abuela era católica, en casa cuando llegaba el invierno se celebraba la Navidad.

 La nena, una vez mayor, y faltando casi todos sus seres queridos recuerda esta celebración navideña con su abuela, el chacho, la chacha, el tío pepe, los primos y los padres. Cuando empieza a pensar en su pasado los recuerdos le vienen a la mente, haciendo un recorrido instantáneo por su vida, como siempre acompañaba a su abuela, detrás de ella en todo momento. En esta visión del pasado siempre la ve vestida de negro, con su delantal, un pañuelo en la cabeza y su faldón largo también negro. Una vestimenta típica de los años 50 con la que ataviaban las mujeres de edad. Y qué decir de los primos con los que discutía a todas horas por ser, la nena, la sombra de su abuela.

Y en estas fiestas de navidad era cuando la abuela hacia los roscos de anís y mataba los pollos que criaba para esa ocasión. Tampoco faltaba la botella de anís. A cada rato pregonaba a la nena: ¡Esto que no lo toque nadie, es para navidad!, ¡Además, después de la cena iremos a la misa del gallo!

La nena tiene más recuerdos de su familia, donde las ideas republicanas chocan con unas más tradicionales y religiosas. Le recuerda a su abuela que su padre igual no la dejaría ir a misa a escuchar al párroco, mientras la abuela le replicaba que de su padre se encargaba ella y que iría con sus primos. Por otra parte, la madre de la nena, siendo republicana, nunca le puso impedimento porque era la voluntad de la abuela.

LA NENA Y SUS PADRES

Al estallar la Guerra en 1936 el padre de la nena tuvo que marchar al exilio por lo que la voluntad y la opinión de la abuela pesaba mucho en la casa, en un país que se vio ocupado militarmente por el fascismo, en una guerra de muerte contra la izquierda. Diez años duró el exilio, diez años en los que la abuela se responsabilizó de la familia que su hijo había creado, una hija con tres meses y su mujer.

Pasada la Guerra el dictador, Francisco Franco, concedió la amnistía política cuyo requisito para volver a entrar a España desde el exilio era no haber cometido ningún delito de sangre. Pasado el tiempo el padre de la nena volvió a su tierra contra su voluntad porque su mujer no quería marchar al extranjero. Un año después de volver nació la nena en tiempo de postguerra. Su padre cuyo exilio pasó en Francia educó a la nena en la defensa de las libertades individuales y en los principios democráticos. Unos derechos poco entendibles para el régimen de la España del momento y transgresores para el régimen.

El padre de la nena era una persona muy tranquila, pero de carácter firme. Y su madre una mujer trabajadora con sentido del deber, y con una dignidad como persona que mantuvo hasta su muerte. Así que la nena y su hermana, mayor que ella once años, se criaron entre la abuela, católica apostólica y romana, y unos padres republicanos, aprendiendo a respetar todo lo que fuera distinto y todas las ideas políticas, pero sin dejarse influenciar por nadie y menos que nadie lastimara su integridad como ser humano.

La nena fue criada con mucho sentido de la responsabilidad y consecuente con sus actos.  Nunca la condicionó ante cualquier circunstancia el haber nacido mujer. Sus padres la enseñaron a ser una persona libre dentro del régimen de la Dictadura. Una persona libre e independiente que no se dejaba humillar por el hecho de ser mujer. Así enseñaron sus padres a todos sus hijos.

El padre de la Nena murió con sesenta y cinco años sin ver el cambio político por el que tanto luchó, aunque siempre dijo que no había cambo sin revolución. Motivo por el que estamos en una democracia hecha a capricho del capitalismo. La madre con ochenta y dos años sí que vivió el cambio a pesar de que el fascismo lo tenía todo bien atado para la transición.

 

LA NENA SE HACE MAYOR

Con 16 años la Nena se puso a trabajar e hizo nuevos amigos con los que enseguida entró en sintonía, como si se conocieran de toda la vida. De camino a su casa cuando regresaba del trabajo estaba la Escuela Industrial donde estudiaban los jóvenes de mejor posición social de la ciudad. Entre ellos había uno que destacaba por su altura y su aspecto físico. De pelo rizado, tez morena y de una estatura alta para la época. La Nena lo había visto en muchas ocasiones ya que a diario pasaba por la Escuela Industrial. Además, una de sus amigas y compañera de trabajo era prima de este chico tan guapo. La Nena no sabía que era su primo hasta que un día su compañera se saludó con él. Sin prestar mayor atención pasaron unos días y su amiga del trabajo le comentó que su primo vino a su casa, y que si no le importaba presentarle. La Nena en este momento se quedó parada, sobrecogida de la impresión. Le dijo que sí, que no le importaba conocerlo.

Sin esperarlo, al día siguiente, ese chico moreno en el que se había fiado la Nena estaba esperando en la puerta del taller donde trabajaba. Empezaron a andar y poco después del recorrido la compañera de la Nena le presentó a su primo, que a raíz de ese día la acompañó casi a diario a su casa después de salir del trabajo. A la Nena no le disgustaba este gesto, pero no se fiaba mucho de él ya que tenía muchas admiradoras. Pasaron así cinco meses hasta que un día le comentó que se tenía que ir al servicio militar, y que quería dejar formalizada una relación. Contestándole la Nena que de momento se escribirían y que cuando viniera ya hablarían.

Llegó el momento de irse a la mili, como se conocía el servicio militar, y le dijo a la Nena que cada día le escribiría una carta desde la Academia militar de Zaragoza, donde fue destinado haciendo trabajos de chofer del comandante. Como contrapartida la Nena siempre escribía poco, una carta por semana. Y a Juan, ese moreno de ojos negros le sabían a poco quejándose de ello. Pero venía a ver a la Nena con cada permiso, y a los 18 meses terminó el servicio militar y formalizaron la relación.

El padre del novio de la Nena era Policía Armada, así que se podía imaginar el contraste con el padre de la Nena. Un republicano de ideas democráticas con unas ideas más liberales y un consuegro más conservador y sometido a una estricta norma militar. En definitiva, uno de izquierdas y otro de derechas. En esta tesitura, y como era costumbre, los padres del novio pedían la mano de la novia. Las condiciones fueron que cuando visitaran su casa en ningún caso viniera vestido con uniforme de policía. Antonio, en todo momento, mantuvo su palabra y nunca los visitó con uniforme.

            A los tres años de noviazgo la Nena y Juan se casaron. Ese día la madre de la Nena, sin esperarlo, le dio todas las cartas que el novio le escribió durante los dieciocho meses. Cartas que la Nena dejaba por cualquier sitio en la casa después de leerlas. Pasado el tiempo tuvieron tres hijas y un matrimonio feliz, hasta que un día a Juan con la edad de cuarenta y siete años le dio un infarto. A partir de ese momento las cartas que guardó la Nena se las dio a sus hijos y cada año cuando es el aniversario encuadernan una de esas cartas y se la regalan a su madre, la Nena.

Ahora la Nena con 75 años, por ley natural, le faltan la abuela, los tíos, los padres y muchos seres queridos. Nuestro sino en la vida. Pero todos los años cuando se sienta en la mesa por Navidad reúne a toda la familia de antaño en sus recuerdos rellenando ese vacío. Su abuela, sus padres, sus tíos. Ella piensa que mientras estén en sus pensamientos están vivos y se siente acompañada. Además, ella está segura que su abuela, allí donde esté, los sigue juntando en Navidad.

Autora: Juana Morales García. La Luisiana. Sevilla.

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