De Granada a Berlín, Un recorrido por la Memoria. Autor: D. Francisco Vigueras.

Autor del artículo: D. Francisco Vigueras.

Fotografías facilitadas por el autor D. Francisco Vigueras.

Artículo gentileza:  «Diario el Independiente de Granada.

Berlín es una ciudad que mantiene viva su memoria histórica y la muestra a sus visitantes a través de rutas urbanas, guiadas por especialistas muy bien documentados. Y lo más paradójico es que algunos guías son jóvenes emigrantes españoles, licenciados en historia, que conocen más la memoria berlinesa que la de su propio país. Este verano he viajado a la capital alemana, como vicepresidente de la Asociación Granadina Verdad, Justicia y Reparación, para recorrer sus lugares de memoria, como el campo de concentración de Sachsenhausen, los monumentos dedicados a las víctimas del nazismo, el búnker del dictador Adolf Hitler, donde acabó la pesadilla nazi, o el Museo Topografía del Terror.

En mi viaje a Berlín, he podido comprobar que Alemania ha recuperado su memoria democrática. Nada que ver con la desmemoria que todavía sufrimos aquí.

La Plaza de la Ópera

En la noche del 11 de  mayo de 1933, los nazis quemaron, en la Plaza de la Ópera de Berlín, miles de libros marxistas y judíos. Cuentan los guías que era de noche cuando las juventudes hitlerianas desfilaron con antorchas, desde la Puerta de Brandemburgo, recorrieron la gran avenida Unter den Linden, principal arteria de la ciudad, y asaltaron la Biblioteca Real, situada en esta plaza, para reducir a cenizas aquellos libros que consideraban antialemanes. Como era una noche lluviosa, los pirómanos pidieron ayuda a los bomberos de Berlín, pero no para apagar el fuego, sino para atizar aún más las llamas.

La Plaza de la Ópera en Berlín me recuerda mucho a nuestra Plaza de Bib Rambla, en Granada, donde en 1499, cuatro siglos antes, el inquisidor Cisneros también ordenó quemar más de 5.000 libros de la biblioteca de la Madraza

El akelarre literario contra la memoria escrita del pueblo alemán fue espectacular, tal y como gustaba al partido nacional-socialista. Los propios nazis hicieron imágenes de este acto vandálico, pues eran exhibicionistas y prepotentes, no ocultaban sus fechorías. En un vídeo, podemos ver a jóvenes fanatizados, arrojando libros a la hoguera de la intolerancia, como en los mejores tiempos de la Inquisición. De hecho, la Plaza de la Ópera en Berlín me recuerda mucho a nuestra Plaza de Bib Rambla, en Granada, donde en 1499, cuatro siglos antes, el inquisidor Cisneros también ordenó quemar más de 5.000 libros de la biblioteca de la Madraza.

En el subsuelo de la Plaza de la Ópera hay una zona acristalada desde la que podemos ver una habitación blanca, con estanterías vacías, para que no se olvide este infame atentado contra la cultura.  Y en una placa de bronce, leemos el mensaje premonitorio del poeta alemán Heinrich Heine que, ya en el siglo XVIII, vaticinó: “Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres”. Es lo que hicieron los nazis, años después, en los campos de concentración, como Sachsenhausen.

Campo de concentración de Sachsenhausen

Sachsenhausen está situado a unos 35 kilómetros al norte de Berlín, en la ciudad de Oranienburg, estado de Brandemburgo. Tenemos que desplazarnos en tren para visitar este campo de concentración, el primero construido en 1936, el mismo año en el que se celebraron los Juegos Olímpicos de Berlín, que el régimen nazi utilizó hábilmente para maquillar su imagen exterior. Sentimos escalofrío pensar que, hace 85 años, eran los presos deportados por los nazis los que hacían este mismo trayecto, en los llamados trenes de la muerte, y que miles no volvieron jamás. De hecho, son muchos los turistas que no se atreven a venir aquí, pues no quieren pasar un mal rato. Y los que decidimos hacerlo, consideramos la visita como un homenaje a las víctimas. Nuestro guía se ha especializado en el campo de concentración de Sachsenhausen y nos dice que suele hacer 200 visitas guiadas al año. Declarado en 1961 como lugar de memoria histórica, con alto valor pedagógico, el campo es muy visitado por grupos de estudiantes alemanes, que conocen las atrocidades del régimen nazi, en las que participaron muchos de sus bisabuelos, y toman conciencia para que no se repita nunca más.

Sachsenhausen fue construido por prisioneros e inaugurado en 1936 como campo piloto, que sirvió de modelo a otros campos de concentración, concebidos para el exterminio de los disidentes. Recordemos que el régimen nazi llegó a construir miles de campos como éste y extendió su geografía del terror a toda la Europa ocupada.

En los nueve años que estuvo abierto (1936-45), más de 35.000 presos murieron de hambre y agotamiento

En Sachsenhausen, fueron inicialmente internados opositores políticos, sobre todo comunistas. Más tarde, internaron a gitanos, homosexuales y judíos. Después, llegaron los prisioneros de guerra procedentes de Europa del Este, sobre todo de la Unión Soviética. Varios miles perdieron la vida en la que se conoce como la marcha de la muerte, en abril de 1945, cuando los nazis evacuaron el campo, ante el avance del Ejército Rojo. Y tras la derrota del Tercer Reich, los rusos también aprovecharon este campo para encarcelar a miles de prisioneros alemanes, muchos de ellos, criminales de guerra nazis. En los nueve años que estuvo abierto (1936-45), más de 35.000 presos murieron de hambre y agotamiento. También a causa de enfermedades y congelación, pues en invierno soportaban temperaturas de más de 20 grados bajo cero, desnudos y como castigo. Y por supuesto, víctimas de experimentos médicos y ejecuciones.

Aquí estuvo el socialista Francisco Largo Caballero, ex presidente de la República española. Fue interrogado por la Gestapo y permaneció casi dos años encerrado aquí, donde recibió la ayuda de los 200 presos españoles, internados en este campo de exterminio

Ya en 1945, habían pasado por Sachsenhausen más de 200.000 presos. Aquí estuvo el socialista Francisco Largo Caballero, ex presidente de la República española. Fue interrogado por la Gestapo y permaneció casi dos años encerrado aquí, donde recibió la ayuda de los 200 presos españoles, internados en este campo de exterminio. Debido a su avanzada edad de 74 años, fue confinado en la enfermería, lo que le ahorró algunos sufrimientos, pero no mejoró su alimentación ni se libró de presenciar las atrocidades que cometían los nazis con otros prisioneros, como él mismo narró en su diario. Largo Caballero consiguió sobrevivir y falleció meses más tarde en París, el 23 de marzo de 1946, casi un año después de terminar la segunda guerra mundial.

El guía nos dice que algunos soldados sufrían traumas y caían en estado de depresión, cuando eran obligados por sus jefes a fusilar todos los días. Los jerarcas nazis buscaron entonces otro método de exterminio más rápido y eficaz: las cámaras de gas y los hornos crematorios para deshacerse de los cadáveres, un lugar espeluznante

Durante la visita guiada, nos enseñan la trinchera de los fusilamientos. El guía nos dice que algunos soldados sufrían traumas y caían en estado de depresión, cuando eran obligados por sus jefes a fusilar todos los días. Los jerarcas nazis buscaron entonces otro método de exterminio más rápido y eficaz: las cámaras de gas y los hornos crematorios para deshacerse de los cadáveres, un lugar espeluznante. Y en ese momento, recuerdo las palabras del poeta Heinrich Heine: “Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres”. Cuánta razón tenía.

La visita al campo continúa con un recorrido por los barracones. Allí vemos las celdas de castigo y fotos de los presos que las ocuparon, donde sus familiares han depositado ramos de flores. Y termina con una exposición que estremece, en la que conocemos a las víctimas y a sus verdugos. Escenas aterradoras que sólo imaginarlas hacen que nos sintamos afligidos y  nos obligan a reflexionar sobre la crueldad, el odio y el fanatismo.

Monumentos a las víctimas del nazismo

Entre los monumentos a las víctimas del nazismo, destaca el conocido como Memorial del holocausto, del artista neoyorquino Peter Eisenman, situado en pleno centro de Berlín y dedicado a los seis millones de judíos asesinados por los nazis. Los berlineses estuvieron debatiendo este proyecto durante 17 años, hasta que hubo consenso para construirlo y, finalmente, fue inaugurarlo el 10 de mayo de 2005. Son 2.711 bloques de hormigón, tantos como páginas tiene la Torah, el libro sagrado de la religión hebrea. Cuando entras en este laberinto de hormigón te sientes perdido, agobiado, acorralado; y si lo haces al anochecer, te impone más todavía.

Este memorial es visitado por 500.000 turistas al año

Podemos entrar desde cualquier punto y recorrerlo en cualquier dirección; pero tenemos que pasar tiempo en él para sentir el frío de la piedra, contemplar la interacción de luces y sombras, y vagar sin rumbo por los estrechos pasadizos. El suelo ondulado hace que te sientas inseguro cuando caminas. Pasado un rato, llegas a sentirte desorientado y confuso, incluso te invade una sensación de claustrofobia. Es lo que pretende el artista, que tengamos una mínima idea del drama que sufrieron las víctimas del holocausto. Y lo más conmovedor es la Sala de los nombres, en la que se proyectan, sobre cuatro paredes, los nombres de todas las víctimas, así como los años de nacimiento y muerte. Este memorial es visitado por 500.000 turistas al año.

La comunidad judía fue la más numerosa, pero no la única que sufrió persecución por parte del régimen nazi. Berlín también ha dedicado memoriales a los gitanos y a los homosexuales, dos minorías que tampoco escaparon a la brutalidad del grupo paramilitar conocido como camisas pardas. Sin embargo, estos dos monumentos son poco promocionados, pues no aparecen en las guías turísticas, ni suelen ser incluidos en las visitas guiadas, algo que provoca malestar en ambos colectivos, pues se sienten olvidados.

Topografía del Terror

Esta exposición provoca escalofrío, sólo con leer su título. Está situada en el lugar donde se encontraban las instituciones más temidas de la Alemania nazi, tanto el cuartel general de la Gestapo o policía secreta, como el mando central de las Shutzstaffel, los matones más fanáticos del régimen nazi, popularmente conocidos como las SS. La exposición muestra los escenarios del terror, pone cara a los verdugos y documenta el impacto que las dos siniestras instituciones tuvieron en la Europa ocupada. Desde sus despachos, criminales de guerra como Himmler o Heydrich planificaron el holocausto y organizaron la persecución sin tregua de sus adversarios políticos, muchos de los cuales sufrieron torturas en las prisiones de la Gestapo.

No hace falta saber alemán para sentirte afligido, basta con ver las fotos de la barbarie que el régimen nazi desató en sólo doce años, desde 1933 a 1945

No hace falta saber alemán para sentirte afligido, basta con ver las fotos de la barbarie que el régimen nazi desató en sólo doce años, desde 1933 a 1945. Algunas imágenes imponen,  pues resulta difícil entender cómo la inmensa mayoría del pueblo alemán se dejó embaucar por la locura del Führer, con su discurso xenófobo, basado en la raza superior. En una foto, centenares de mujeres, al borde de la histeria colectiva, intentan tocar la mano de Adolf Hítler, como si fuera un dios. En otra, una masa de alemanes hace el saludo nazi, cuando pasa el coche del dictador. Y también nos impacta un grupo de niños saludando, brazo en alto, como ejemplo de la gran capacidad del régimen para fanatizar a los más jóvenes.

Mujeres alemanas intentan tocar la mano de Hitler, como si fuera un dios. La imagen refleja un fenómeno de histeria colectiva. 

Grupo de niños haciendo el saludo nazi, como ejemplo de la gran capacidad del régimen para fanatizar a los más jóvenes. 

Podemos ver fotos que nos estremecen. Mujeres rapadas sin piedad para exhibirlas y humillarlas públicamente. Y las más duras: ejecuciones colectivas en la plaza pública por ahorcamiento, en un patíbulo o colgados de los árboles o el momento de disparar friamente un tiro en la nuca a un detenido

En otra sala de la exposición, podemos ver las fotos que más nos estremecen. La deportación de judíos y otros disidentes políticos a los campos de exterminio que dirigía Einrich Himmler, el comandante en jefe de las SS. Mujeres rapadas sin piedad para exhibirlas y humillarlas públicamente. Y las imágenes más duras: ejecuciones colectivas en la plaza pública por ahorcamiento, en un patíbulo o colgados de los árboles. También me impresiona un nazi, en el momento de disparar friamente un tiro en la nuca a un detenido, cuyo cadáver se desploma y cae en una fosa común. Éstas son las auténticas imágenes del terror. Y las más indignantes, fotos de familia que se hacen los propios nazis. En una imagen, hombres y mujeres encargados de vigilar los campos de concentración, se divierten en una fiesta, sonrientes y celebrándolo con un acordeón. En otra, un grupo de jerarcas nazis lucen sus impecables uniformes de las Waffen SS ante la cámara, ajenos totalmente al dolor de sus víctimas. Parecen auténticos psicópatas. Y la última foto que me llama la atención: el cadáver de Einrich Himmler, que intentó sin éxito negociar con los aliados a espaldas de Hítler. Identificado y detenido por los británicos, Himmler se suicidó con una pastilla de cianuro.

Terror nazi.

Ejecuciones públicas para que sirvieran de escarmiento.

Mujeres humilladas públicamente.

La resistencia alemana contra Hitler

No todos los alemanes eran nazis, también hubo una resistencia interior al Tercer Reich, aunque fue minoritaria. El caso más conocido lo protagonizó el coronel Claus Graf Schenk von Stauffemberg, que el 20 de julio de 1944 organizó un atentado contra Hítler. Llevó un maletín lleno de explosivos al cuartel general del dictador, en el frente oriental, más conocido como la Guarida del lobo. Puso el maletín muy cerca del Führer, debajo de una mesa de roble, donde se celebraba una reunión del alto mando nazi.

Buscó una excusa para salir de la reunión, a la que había sido invitado por ser oficial del ejército alemán, y espero fuera, hasta que escuchó la detonación de la bomba. Cuando abandonó la Guarida del lobo, Stauffemberg estaba convencido de que Hítler había muerto a causa de la explosión, lo que habría supuesto el fin de la segunda guerra mundial, pero no fue así. El Führer sólo había sufrido heridas leves, gracias a la sólida mesa de roble que frenó la onda expansiva. A partir de entonces, el dictador se volvió más desconfiado que nunca y las represalias no tardaron en llegar.

Detención de disidentes, a la luz de día y en plena calle. El régimen nazi ejercía la represión con total impunidad. 

Stauffemberg y sus colaboradores fueron rápidamente identificados por la Gestapo y fusilados en el cuartel general del ejército, en el centro de Berlín, hoy convertido en Ministerio de Defensa Alemán. La Sala donde se planeó el golpe de Estado contra Hítler alberga hoy una exposición sobre la resistencia antinazi alemana y, en el patio del ministerio, una escultura rinde homenaje al coronel, en el lugar donde fue fusilado, para recordarnos que no todos los alemanes se dejaron arrastrar por la locura genocida del Führer. La audacia de Stauffemberg ha sido llevada al cine en la película Walkiria, que era el nombre en clave del complot militar contra Hítler, y el coronel es considerado actualmente como un héroe por la sociedad alemana.

El búnker de Hítler, donde acabó la pesadilla nazi

En nuestro recorrido por la memoria de Berlín, el guía nos lleva hasta un aparcamiento, y nos pregunta: ¿Sabéis dónde estamos? Los turistas guardan silencio en un ambiente de suspense. Y el mismo guía responde: “Estamos justo encima del bunker del Führer, a 14 metros de profundidad, hoy convertido en un aparcamiento para evitar que se convierta en lugar de peregrinación de grupos neonazis”. El guía nos advierte, además, que en Alemania hay una ley que prohíbe hacer apología del nazismo “y quien desafía esta ley, haciendo el saludo nazi, es detenido por la Policía y acaba en la cárcel”.

El guía nos advierte, además, que en Alemania hay una ley que prohíbe hacer apología del nazismo “y quien desafía esta ley, haciendo el saludo nazi, es detenido por la Policía y acaba en la cárcel”

Sólo un cartel recuerda que en este parking estuvo el Führerbunker. Antes no había ninguna indicación ni panel informativo, pero el Ministerio de Cultura alemán se vio obligado a poner el cartel, ante las quejas de los vecinos. Y es que los turistas llamaban continuamente a los timbres de sus casas, que rodean el aparcamiento, para preguntar si ése fue el lugar donde se suicidó el dictador nazi. Efectivamente, el aparcamiento se ha convertido hoy en un lugar de memoria, donde Adolf Hítler se refugió con Joseph Goebbels y otros jerarcas nazis, en los últimos días de la guerra.

Otra visita guiada nos ofrece un inquietante circuito por un bunker subterráneo de la II Guerra Mundial, que recorre un laberinto de salas, con techos bajos y pesadas puertas de acero. También está equipado con camas de hospital, cascos, pistolas, botas y flechas brillantes que indican las salidas. Los guías dan vida a las historias de miles de berlineses que permanecían confinados, hacinados y asustados en el búnker, mientras arriba se desataba el infierno.

La batalla final de Berlín empezó a mediados de abril de 1945. Más de millón y medio de soldados soviéticos marcharon sobre la capital alemana y la rodearon el 25 de abril. Dos días más tarde, llegaron al centro de la ciudad, luchando en las calles contra los pocos soldados que quedaban, muchos de ellos niños y hombres de edad, pues el Führer se había negado a capitular. El 30 de abril, los combates llegaron a la misma Cancillería, donde Hítler se había refugiado en su búnker, con su amante Eva Braun, con la que se había casado un día antes.

Cuando comprendió que la derrota era inevitable, Hítler se disparó un tiro de pistola en la cabeza y Eva también se suicidó con una pastilla de cianuro. Sus cuerpos fueron quemados en el patio de la Cancillería para que no cayeran en manos de los soviéticos.

El ministro de propaganda, Joseph Goebbels, y su mujer Magda, considerada la primera dama del Tercer Reich, también se suicidaron. Pero antes de quitarse la vida, hicieron algo terrible: mataron con pastillas de cianuro a sus seis hijos. La película “El hundimiento”, de producción alemana, narra con rigor histórico cómo acabó la pesadilla nazi.

Los combates tuvieron efectos devastadores en Berlín y su población. Barrios enteros estaban en ruinas

Los combates tuvieron efectos devastadores en Berlín y su población. Barrios enteros estaban en ruinas. Más de 125.000 berlineses perdieron la vida y casi un millón de mujeres y niños habían sido evacuados para salvarlos de los bombardeos aliados. Cuando el 8 de mayo de 1945 se declaró oficialmente el fin de la guerra, sólo quedaban en la capital alemana 2,8 millones de berlineses, de los que dos tercios eran mujeres, pues la mayoría de sus maridos estaban muertos o presos. A ellas les tocó retirar las 25 toneladas de escombros provocadas por los bombardeos. En consecuencia, estas mujeres fueron llamadas las Trümmerfrauen (mujeres de los escombros). Desde la azotea del Reichstag vemos pequeñas colinas que rodean Berlín y que están hechas de montañas de escombros. Actualmente se han convertido en parques y zonas de ocio. Las más conocidas son el Mont Klamont o el Volkspark

A las mujeres alemanas les tocó retirar 25 toneladas de escombros tras los bombardeos. Eran conocidas como las ‘Trümmerfrauen’ (mujeres de los escombros).

La cúpula del Reichstag, símbolo de la nueva Alemania

El Reichstag, sede del parlamento alemán, es el monumento berlinés que más aparece en los libros de historia. En 1919, se proclamó la República alemana, desde una de sus ventanas. En 1933, siendo Adolf Hitler canciller, el enorme edificio sufrió un misterioso incendio. De este siniestro se beneficiaron los nazis, que acusaron sin pruebas al Partido Comunista de haberlo provocado para ilegalizarlo. Desde ese momento, Hitler asumía poderes dictatoriales. Ya en 1945, las tropas victoriosas del Ejército Rojo izaban la bandera soviética en una de las torres del edificio bombardeado. La foto del soldado soviético, colocando la bandera con la hoz y el martillo, dio la vuelta al mundo. Y desde la azotea, podemos localizar fácilmente la Catedral de Berlín, la Casa de las Culturas del Mundo, la Torre de la Televisión, que con 300 metros de altura es el edificio más alto de Alemania, o el enorme parque Tiergarten, el gran pulmón verde de Berlín.

Foto histórica de un soldado soviético colocando la bandera roja con la hoz y el martillo en una torre del Reichstag. La imagen simboliza el fin del nazismo y de la segunda guerra mundial.

La cúpula original quedó destruida durante el incendio del Reichstag, en 1933. La que vemos hoy es obra del arquitecto Norman Foster, que restauró el edificio en el estilo renacentista del siglo XIX, pero añadió una impresionante cúpula de cristal, que se ha convertido en símbolo de la nueva Alemania y es visitada, cada año, por más de tres millones de turistas. La brillante cúpula esta abierta por arriba y por abajo, y situada justo encima del Salón de Plenos. Los visitantes pueden recorrerla por una rampa interior de 230 metros de longitud, que sube en espiral, alrededor de un cono forrado de espejos, que desvía la luz solar hacia la sala plenaria. Y una vez arriba, podemos observar los debates parlamentarios. Foster quiso así que su cúpula se convirtiera en una metáfora de la transparencia del poder político. De hecho, la fachada principal, que tiene una enorme escalinata y un pórtico sostenido por seis columnas corintias, está coronada por la siguiente dedicatoria, escrita con letras de bronce Dem Deutscher Volke, que significa: Al pueblo alemán.

Fotografías facilitadas por el autor D. Francisco Vigueras.

Autor del artículo: D. Francisco Vigueras.

Artículo gentileza:  «Diario del Independiente de Granada.

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