Compra on-line, la plaga que cambió el mundo. Por José Alvarez y Tomás Gutiérrez Forero

Compra on-line, la plaga que cambió el mundo

La pandemia del Covid-19 y, como consecuencia el cierre de comercios no esenciales en casi todo el planeta, han originado un volumen y un au­mento de ventas on-line bastante inaudito con un crecimiento importante tanto en volumen como en valores. Queda la duda de si esta forma de compra viene para quedarse o está motivada por la pandemia y regresará a los niveles que tenía antes del estado de alarma.

De todas formas, las grandes empresas de distribución radicadas en España, por centrarnos en lo que nos afecta, han tomado ya la decisión de realizar un cambio que afecta a una gran parte de su venta presencial trasvasándola al comercio on-line, cerrando numerosas tiendas físicas y potenciando la venta por Internet. Con el drama que esto supone para los trabajadores que han visto desaparecer su puesto de trabajo.

Las más importantes y que ya han clausurado numerosos puntos de venta son El Corte Ingles, Grupo Inditex y sus marcas, H&M, Mango, Douglas Perfumerías y un importante número de franquicias menos conocidas.

A medida que se facilita el acceso a la red de redes hasta en los lugares más apartados y la consecuente aceptación del modo de vida supeditado a internet aumenta rápidamente en todo el mundo, el número de ventas digitales también sigue incrementándose cada año.

En 2019, último año “normal” que se puede analizar, aproximadamente dos mil millones de personas compraron productos o servicios on-line. Durante ese mismo año, las ventas de comercio electrónico superaron los tres billones y medio de dólares en todo el mundo y, según los últimos cálculos, el crecimiento del comercio electrónico se acelerará aún más en el futuro.

Según un informe de Greenpeace China, que estudió el comercio on-line en el país asiático, solo en 2018 el promedio de paquetes enviados y recibidos por persona a través del servicio de entrega urgente fue de 36 envíos, en comparación con 0,01 paquetes en el año 2000.

¿Qué pasará en el futuro con el mercado del comercio electrónico? No es necesario ser un lince en economía para vaticinar que arrasará con todo el comercio conocido desde la época fenicia. Se prevé que los ingresos en el mercado del comercio electrónico alcancen los 2.173.795 millones de euros en 2021. A su vez, se espera que los ingresos muestren una tasa de crecimiento anual del 8%.La penetración a los usuarios que ha sido del 46% en 2020, llegará al 60% en 2024.Se vaticina que el promedio de gasto por usuario alcance los 616 euros.

Consumismo en su máxima expresión

Mediante publicidad tradicional y difusión on-line personalizada a través de algoritmos que identifican las debilidades de los consumidores, mani­pulan sus deseos e incluso detectan sus momentos de vulnera­bilidad para que sigan consumiendo al ritmo actual. El sector del consumo on-line trabaja sin descanso para convencernos de que los productos elaborados en cadenas de montaje nos traerán alegrías y nos llenarán de felicidad. Pero, en realidad, nos generan deseos o necesidades que no teníamos previamente y que se traducen en graves consecuencias para todos los habitantes del planeta.

Independientemente de las causas por las que las ventas de Internet se han disparado, hay una determinante: el pago a través de cuentas corrientes, al no poder abonar lo gastado mediante dinero físico. Está demostrado que se compra más si no es en metálico, aunque después viene el arrepentimiento a la vista de los cargos en la cuenta. Máxime cuando en muchas ocasiones nos lamentamos: “¿para qué puñetas he comprado yo esto?”.

Hasta ahora el acto de comprar no generaba, por sí mismo, un daño irreparable al planeta. Actualmente todo ha cambiado. Hay que tener en cuenta el gasto de envío, las devoluciones de los artículos por averías, equivocaciones, cambios de tallas o arrepentimientos del capricho pasajero. A causa de esto, hay paquetes que recorren miles de kilómetros de ida y vuelta, con lo que se ahonda en el gasto de energía. Las compras on-line pueden generar en su transporte tres veces más huella de carbono que la venta tradicional.

La compañía Amazon y su forma de actuar

Es un no parar, sus tentáculos se multiplican y tocan lo posible y lo imposible, lo último es el mundo farmacéutico. Se veía venir ¿verdad? En los países más materialistas, como los EE.UU. ya avanzan llegando a acuerdos con farmacéuticas y empresas médicas. También le meten mano a los seguros médicos, así se garantizan poder vender y servir a clientes medicinas con receta, todo esto con un servicio más rápido y un medicamento más barato.

Este servicio por Internet es una grave amenaza para un poderoso sector que siempre se creyó intocable. En los EE.UU. el mercado farmacéutico mueve 300.000 millones de dólares. En 2018, Amazon compró la farma­céutica Pill Pack por750 millones de dólares, ya ha abierto la puerta, todo lo demás será más fácil. Tanto el mercado como las normas del me­dicamento no son lo mismo en los EE.UU. que en España, donde el sector farmacéutico tiene mucha influencia, por lo que apoderarse aquí del mercado lo tiene algo más difícil, pero todo se andará.

Asu larga lista de dominios pronto habrá que añadir la banca y las financieras. También el incipiente negocio de los drones. Compro el primero y así controlo este novedoso medio de servicio e intervención.

Amazon ha organizado una prueba con robots para probar la recogida y reparto de pedidos, su fuerte. Ya domina lo de retirar productos de los estantes y meterlos en cajas de manera automática. El experimento fue de doce y consiguió un diez en la tarea. Para mover los artículos ya posee 15.000 robots.

Amazon se queda con las propinas de sus empleados 

Febrero de 2021, en los medios de comunicación especializados en economía se acusa a la compañía de haberse apropiado de más de sesenta millones de dólares en propinas que sus clientes habían dado a sus repartidores, según una investigación de la Comisión Federal de Comercio de los EE.UU., la autoridad regulado­ra del país en materia de competencia y derechos de los consumidores. Podemos comprobar cómo el acapa­ramiento alcanza límites avariciosamente grotescos.

El caso se dio en el programa Flex Amazon, en el que los repartidores trabajan en régimen de contratista, el equivalente a los autónomos en España. En lugar de transferir el cien por cien de las propinas a los trabajadores, como había prometido, la empresa se quedaba con una parte sustanciosa.

Para zanjar el caso, Amazon llegó a un acuerdo con la F.T.C. pagando una multa por esa misma cantidad, que el regulador utilizará para abonar las propinas a quienes las tenían que haber recibido. Está claro, si todo sale bien, más ingresos para la compañía, si sale mal, únicamente es nece­sario devolver lo escamoteado.

A Bruselas le consta que la conducta de Amazon sobre la competencia no cumple las normas europeas

Amazon evita los riesgos normales de la competición en el mercado minorista y aprovecha su dominio a la hora de servir como escaparate para otros proveedores en Francia y Alemania. Está acusado de violar la regla comunitaria que prohíbe el abuso de posición dominante, es decir, jugar con las cartas marcadas. Así la empresa puede tener acceso a los datos de terceras empresas que usan la plataforma para vender.

Nos encontramos ante la compañía que más provecho ha sacado de una desgracia global: la pandemia del coronavirus. De forma Inexplicable y deshumanizada y haciendo posible una competencia desleal, los gobier­nos -principalmente España líder en falta de valor y autoestima-, han permitido que durante el cierre de toda las actividades económicas y laborales, Amazon permanezca abierta y funcionando las 24 horas del día, los 365 días del año. Nos ha sido más fácil recibir un capricho innecesario de China que comprar los alimentos básicos en el comercio de la esquina.

Aunque al monstruo ya le empiezan a salir caras sus artimañas, con­fundidas a veces con virtudes. En los EE.UU. tiene muy mala reputación por sus prácticas antisindicales, en Francia un juzgado ha ordenado que limite su catálogo a los artículos considerados esenciales. Recientemente ha aceptado la pre­sencia sindical en la empresa ante las denuncias de horarios indebidos, presión a los trabajadores y sueldos infe­riores en com­paración con otros del mismo sector.

No obstante, nada de esto afecta a Jeff Bezos (propietario de Amazon) quien se encuentra en su momento más álgido, cotizando en el Nasdaga 2.300 dólares la acción. Otra de sus empresas, Amazon Prime Video, ha alcanzado su máximo histórico. Y es que las plataformas de pagocopan ya el 25%del mercado televisivo mundial. Tan importantes y decisivas como el comercio, igual o más lo son la transmisión televisiva ya sea por Inter­net, abierta o de pago. Y ahí tenía que estar Amazon, que, junto con otras plataformas como Netflix, HBO, Pluto y alguna otra más pequeña, ya son dueñas del 25% del mercado, con 900 millones de suscriptores, según un estudio de la escuela de negocios OBS Business School. ¿Se imaginan una empresa con cientos de millones de clientes suscritos a su plataforma y otros cientos más procedentes de su venta por internet? ¡¡Poder infinito¡¡

Pero crear un imperio sin mácula alguna, queriendo mostrarse como compañía modelo es bastante complicado, más tarde o más temprano, por un lado o por otro, asoman actuaciones poco ortodoxas. La Fiscal Ge­neral del Estado de Nueva York, Letitia James, argumenta que la empresa ha fallado reiteradamente en el cumplimiento de sus obligaciones para evitar el virus covid-19 y, en consecuencia, la ha demandado por no tomar las medidas obligatorias contra los contagios. Los cargos de la fiscal se basan en la carencia de desinfección en sus instalaciones, no comunicar el contagio de trabajadores, negándose a lim­piar y desinfectar el centro de trabajo. Para colmo, echó al trabajador que se quejó de lo que estaba sucediendo. Igualmente, continúa despidiendo personal cuando no alcan­zan los objetivos de productividad. La compañía no se arruga y contra­ataca demandando a la fiscal, objetando que carece de competencias para realizar esa denuncia. Como podemos ver, se aferra a una argucia legal sin negar las acusaciones.

El imperio del puto amo

Jeff Bezos cotiza en bolsa en capital abierto, independientemente de esto, habrán visto la insistente publicidad para que inviertan los clientes, y los no clientes, 250 escasos euros en acciones de la compañía. Extraña que, cotizando en la bolsa neoyorquina, la empresa intente captar inversores de 250 euros. Ahora bien, si multiplicamos esta insignificante suma, por un cincuenta por ciento de sus clientes que decidan invertir, tenemos la suma extra de 250.000 millones de euros. Alucinante.

En el ejercicio de 2018 sus ingresos alcanzaron la cifra de 232.887 millones de dólares, con unos beneficios de 10.073 millones. Actualmente es la marca más valiosa que cotiza en el parqué de la bolsa neoyorquina, estando su valor en los 460.000 millones de dólares.

Hoy en día, los cuatro líderes del mundo son: Apple, Amazon, Microsoft y Facebook. El que podemos considerar como el más listo de la clase, Amazon, ha extendido su poder al sector de los medios de comunicación comprando el Washington Post, BlueOrigin y Cía. Aeroespacial.

Una mañana del pasado mes de marzo, la Unión Europea nos ha dado una sorpresa, y una satisfacción para mí, declarando que los riders, esos jinetes que, a lomos de bicicletas y cargando un pesado fardo a la espalda, se juegan la vida cada día para hacernos llegar la comida basura o el antojo chino, no pueden ser repartidores autónomos como hasta ahora han venido siendo, pasando a ser trabajadores directos. No se lo espera­ban, pero a estas multinacionales se les acabó la explotación y el ahorrar­se los gastos en seguridad social de “sus” trabajadores.

Pero no queda ahí la cuestión, Amazon no para y va a por todas. Hay un proyecto llamado CEUS: la fabricación de aviones no tripulados y drones en Huelva, auspiciado por el ministro Pedro Duque. La oportunidad de entrar en el campo de la distribución a través de drones es una vieja aspiración del monstruo, así que se ha ofrecido al gobierno español para liderar este plan ya iniciado, y al que la Unión Europea aporta fondos que, lógicamente, Amazon aprovecha para finalizar el proyecto, argumentando que si la idea no llega a buen fin, se pueden perder los fondos de la U.E. Según los conocedores del proyecto, “la entrada de Amazon daría un impulso no previsto inicialmente al CEUS, toda vez que esté tendría una dimensión mundial que no se contemplaba de ninguna manera”.

O lo que es lo mismo, nos hemos encontrado con una oportunidad no prevista, positiva y alentadora, por lo tanto, las repercusiones de la misma deberían servir de acicate para que las partes implicadas cumplieran con sus obligaciones en breve plazo. No olvidemos que los argumentos para vender el proyecto son determinantes en un territorio azotado por el paro desde hace siglos: “Se trata de una oportunidad de dimensiones mun­diales”.

Y digo yo, Amazon la empresa salvadora, no ha destacado en su breve historia por ser muy desinteresada económicamente ni muy filantrópica socialmente. Lo suyo es comprar, vender y cotizar en bolsa. Y me viene a la memoria si su visión del futuro será la misma que aplicó a la distribución: “Yo no quiero ser tren, quiero ser el dueño de las vías por donde transitan los trenes”. Así que, si la aeronáutica de aviones y drones no tripulados es el futuro, ahí está el poderoso Amazon, para ser dueño también del cielo. Recordemos uno de sus lemas: “Lo compro todo”.

¿Es prudente acercarse a alguien tan poderoso cuyo único objetivo es pasar por encima de donde sea y de quien sea con tal de dominar el mercado mundial?

Tiempo al tiempo, quien dará y quitará razones.

José Álvarez —- Tomas Gutiérrez.

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