Federico García Lorca. Discurso inauguración Biblioteca Fuente Vaqueros. 23/09/1931

  Fuente:   FEDERICO GARCÍA LORCAVELLOCINOS DE ORO

 

En septiembre de 1931, en la inauguración de la biblioteca del Fuente de Vaqueros (Granada), el lugar donde nació, García Lorca dictó el siguiente discurso, que es todo un canto a la fuerza de los libros.

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí.

‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro.

Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos.

Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras.

Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

FEDERICO GARCÍA LORCA

 

Poesía: «Ronda clara y azul». Poeta: Francisco Peinado Gil. El Campo de Gibraltar.

Ronda

Eres una golondrina alada

De aires frescos y blanquiazules

Honda,

Agreste y escarchada

Entre puentes y taludes

 

Te nacieron toreros y poetas

Que con tinta de sangre y arena

Pintaron de anaranjados y violetas

Tus atardeceres de gloria y pena

 

Neveros y bandoleros

Te navegaron tus sierras

Arrieros y carboneros

Tus cañadas y veredas

 

Tus calles de piedra y cal

Con ventanas de claveles,

Al sol forjadas están

Con jazmines y laureles

 

Tus pinsapos en las cimas

Crucificados, eternos, ancestrales

Al cielo sin tregua miran

Sobre simas y pedregales

 

Ronda clara y azul, altanera y mora

Las perpetuas estrellas y luceros

Alumbran con luces de la aurora

Tus románticos caminos y senderos.

 

Poeta: Francisco Peinado

Poesía: «El Genal». Francisco Peinado Gil

Genal

 

Naces como Cíclope fatídico

Encerrado en tu lúgubre cueva

Con tu pesebre de musgo

Salamandras y culebras.

No termina en mar tu ribera

Ni en playa de estuario

Sino en la dorada arena

De tu hermano Guadiaro

Morisca es tu realeza

Así lo atestigua tu lengua

Con Júzcar, Faraján e Igualeja

Cartajima, Alpandeire y Paráuta

Y otros príncipes de la morería

son Benarrabá, Algatocín, Benalauría,

Pujerra y Genalguacil,

Atajate, Jubrique y Benadalid

La entrada al valle

Tiene dos columnas por verja

Son la Crestellina y el Hacho

Entre Gaucín y Sierra Bermeja

Tus altas praderas se visten

De orégano, retama y esparto

Y tus barrancos se cubren

Con Jara de pétalos blancos

Son tus faldas y laderas

Vivos y polícromos lienzos

De olivos, castaños e higueras

Vides, almendros y cerezos

Por acequias y albercas fluye

El agua fresca y paciente

Y la piedra de molino mulle

Espiga y olivo, harina y aceite

Un ejército de chopos enjutos

Vigila y guarda tus verdes orillas

Serpentean por tus canutos

Con sus hojas trémulas y amarillas

Tórtolas, carboneros, petirrojos

Oropéndolas y mirlos

Canturrean en lo más frondoso

De tus chaparros y quejigos

Ay mi Genal, no te dejes apresar

Tu libertad son las pozas y corrientes

Las libélulas y martines al volar

A ras del rumor de tus torrentes

Que corran tus minerales aguas

y vítreas, libres por el valle

Gritando tus ancestrales lenguas

Y que tu cantar nunca calle

Autor: Francisco Peinado Gil

S.O.S. SUR. Poeta: D. José Luis Núñez.

 

 

D. José Luis Núñez. Nació en Espartinas en 1943. Su primer libro, Las fronteras del desertor, se publicó en Barcelona tras años de lucha con la censura, batalla que vería sus frutos en 1970 cuando resultó ganador del accésit del Premio Adonáis con la obra Los motivos del tigre. Está considerado como «uno de los mejores poetas sevillanos de la época de la transición». Su prematura muerte con tan solo 36 años de edad ha sido uno de los motivos que ha condenado su nombre al oscuro vagón del olvido.

 

S.O.S: SUR

Y se nos muere el Sur con la alegría

y el color en los labios.

Lentamente,

casi sin anunciarnos su dolencia,

su álgida diabetes.

Qué agonía

diluida y confusa…La rubrican

los olvidos y lacran los anises

en sus pirámides vacías.

Que epidemia

y qué muerte tan extraña.

Nadie teme el contagio. Hasta se acercan con más curiosidad, menos modales,

maneras precautorias.

Ay, amigos,

que se nos muere el Sur y no dispone

siquiera de un cadáver a propósito.

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