A RAS DE SUELO: Sufrir por Sufrir.

 

Sufrir por sufrir.

 

            Me agarra del brazo con la fuerza de una posesa. Aprieta con fuerza. Me hace daño. Al fin estalla en un llanto sin consuelo: ¿por qué tiene ella una enfermedad terminal? ¿Por qué va a morir?. ¿Por qué las autoridades no permiten que sus hijos vengan para despedirse?. Ella solo ha estado trabajando como una bestia para vivir dignamente ¿qué delito ha cometido para morir?. ¿Por qué tiene que morir? ¡Es injusto!

La calmo como puedo con argumentos poco sólidos. El único con fundamento se refiere una vez más a quienes mandan: dejaron de ser humanos hace tiempo, por eso no quieren que vengan sus hijos. Son seres o entes que se acuestan y levantan, incluso algunos se asean, pero perdieron el corazón por esa cosa ridícula que ellos llaman poder. Mis restantes razonamientos no eran muy lúcidos, pero me permitieron darle a esta mujer de treinta y pocos años algo de paz. De fondo, además del drama de la emigración y del descaro con el que ya algunos políticos se han convertido abiertamente en xenófobos, tipo Cameron, debe haber algo más.

Creo que hay algunas personas o incluso generaciones enteras que no acaban de soportar esa mezcla, a veces desmedida, de alegrías y penas, que lleva aparejada la existencia. No han conocido, afortunados ellos y ellas, situaciones en las cuales la vida se convierte en una tirana que nos asfixia. Es la razón por la que cuando sucede la primera muerte de un familiar, el diagnóstico de una enfermedad grave, la crisis económica, saber de primera mano que alguien padece una situación terrible hace que se hundan, lloren hasta la extenuación, echen mano a la bebida como consuelo, en definitiva, que se hundan.

Cierto que le puede pasar a cualquiera de nosotros, pero se acentúa en personas de treinta años para abajo. Son hombres y mujeres que llegan tarde a conocer las contradicciones del existir. Tenemos que prestarles mucha atención, aunque nos parezca increíble que algo así suceda. Pensemos que han tenido una infancia-adolescencia-juventud-primera madurez en la que sus padres han intentado resolverles casi todo porque lo sentían como una obligación. No tuvieron presente que ellos, padre-madre, algún día podrían desaparecer o que sus hijos tendrían que iniciarse en los misterios de esa parte de la vida que ninguno queremos pero que está ahí en ocasiones con demasiada virulencia y de forma injusta.

Nadie quiere sufrir a no ser que padezca una patología del espectro masoquista, pero la vida es dolor y también y si no lo sabes desde muy joven te enterarás cuando sea más difícil de asumir. Vivir es apasionante, maravilloso, pero no está exento de dificultades. Lo grandioso es conseguir que a pesar del sufrimiento sigamos creyendo, lo hemos comprobado, que hay espacios, grandes y pequeños, para la felicidad.

José Chamizo.

Sentido Común :

Me consta que muchas personas a las que a veces llamamos Pueblo están deseando ver los resultados prácticos de una política en acción ejecutada por la novísima izquierda (entiéndase en sentido amplio). Les ilusiona porque creen que es posible gobernar de otra manera. Claro que cuando lo que les llega a esas personas son los aspectos, lo digo con respeto, más folclóricos de ese hacer política, el personal se queda perplejo y dice: ¿esto era? Siguen aún con ilusión, pero ¿Para qué negarlo?, ha crecido la desconfianza.

Los gestos son importantes y necesarios. Aunque creo que para que provoquen el efecto deseado deben ir precedidos de acciones concretas. Cuando se ha mostrado en qué consisten las diferencias desde el ejercicio del poder; cuando las referencias que se establecen desde la comparación pueden decir por sí mismas: Esto es lo que queremos, en esto creemos; ese es el momento. Cuando no se ha hecho nada consistente por falta de tiempo o por razones peores, es mejor guardar los cambios superficiales para más adelante.

Sin nada que ofrecer mas que palabras y palabras todo se convierte  en una quimera. Sé que hacer algo diferente en un campo tan viciado como en ese que pomposamente se llama Administración, es muy difícil. Las estructuras están preparadas para seguir haciendo casi lo mismo aunque travestidas con otro lenguaje. La izquierda naciente tiene una situación complicada, esa es la razón suprema por la que deben hacerse devotos del Sentido Común que es el elemento, digámoslo así, más inteligente para no defraudar a los votantes. Cuidado con los espejismos. La gente tiene menos capacidad para comprender y perdonar los errores de unos que de otros. Es absolutamente injusto, pero es la verdad.

Deseo, deseamos, que se hagan visibles las promesas de una sociedad más igualitaria, justa, solidaria, sensible con quienes más sufren; con unos líderes que sepan oír la voz de quienes tienen mucho que decir al margen de su condición social. Se trata, en definitiva, de convertir los dichos en hechos, los grandes ideales en el elemento común de la vida cotidiana.

D. Jose Chamizo.

Toma de posesión.

   La vida, analizada en su conjunto, con mirada reflexiva, se sintetiza en unos cuantos momentos o instantes cargados de alegría y esperanza.  Esto que hoy vivimos con pasión, al cabo del tiempo es tan solo una historia máxima o mínima, depende, dentro de un tiempo que, mirado desde hoy, puede que transcurriera muy rápido o tal vez muy lento. Me explico.

   Hace unos años, creo que cuatro, asistí en la plaza de toros de Sevilla a un concierto. Cuando estábamos ya sentados apareció el recién elegido alcalde de Sevilla, y la «plaza entera» se puso de pie para aplaudirlo. Hoy casi nadie, salvo los más cercanos, lo aplauden. Algunos ya buscan como llegar a contactar con su sucesor.

   Estos días muchas personas de diferentes opciones políticas han tomado posesión de sus cargos de manera más o menos pacífica. Para unos será un acontecimiento inolvidable, lo recordarán siempre. Para otros será una carga asumida con elegancia.

   Sea de una manera o de otra, estaría bien para la salud mental personal y colectiva recordar: que se gobierna desde la humildad que implica escuchar a quien lo necesite; que todo es relativo menos el bien que se pueda hacer a la gente, al pueblo; que vendrán días muy duros en los que no tenemos por qué esconder nuestras preocupaciones; que no vale engañar bajo ningún concepto; que cualquier cargo público, yo creo que cualquier persona, se debe a su comunidad más cercana, sin olvidar que aspiramos a un mundo sin fronteras.

Bienestar Social

No sé qué ocurre últimamente con determinadas palabras que parecen no significar nada. Mejor, significan aquello que el hablante cree que pueden significar, con lo cual vivimos en una confusión lingüística que hay que unir a otras confusiones en las que se desenvuelve este pesado existir público y privado. La situación de anomia, en su significado latino, trastorno que imposibilita a llamar a las cosas por su nombre, parece una de las banderas de nuestro presente.

¿Qué nos quieren decir algunos políticos parlantes cuando hablan de bienestar social?: ¿Toma la bolsa de imperecederos y corre?; si tienes un tumor con metástasis ¿te esperas que no hay personal?; tu derecho a disfrutar de los beneficios de la ley de dependencia, ¿te llegará «in articulo mortis» o como anexo al certificado de defunción? ¿Qué querrán decir?, ¿que los pobres no tienen arreglo?, ¿que con los que aquí teníamos bastante?, ¿que de los niños empobrecidos se encarguen sus padres porque «nosotros» no podemos hacerlo todo?. Entonces, si en cada campaña, ahora en cada pacto, hablan de bienestar social ¿qué puñetas están diciendo? ¿Saben de verdad la importancia que tienen los servicios sociales? ¿Saben que no son pobres todos los que allí van? ¿Saben el inmenso trabajo que realizan los profesionales de estos departamentos?. ¿Cuántas veces han ido a visitar los recursos?, ¿ninguna?. La pobreza echa para atrás a unos y a otros. Vivir a ras de suelo es una dura tarea para excluidos, sean de la clase social que fueren, sobre los que pesa el abandono más radical.

Cuando hablo de exclusión lo hago teniendo presente el ya envejecido concepto de expertos citados en su día por la Comisión Europea: «El hecho de que algunas personas, en determinados momentos, no participan en el intercambio económico y social, en la construcción en común de la sociedad, con lo que la ciudadanía – como concepto – se ve reducida». Hablo por tanto de luchar contra la pobreza no únicamente en términos de ingresos insuficientes, que también. La exclusión social es una noción dinámica que va más allá; es una realidad que comprende múltiples dimensiones y se manifiesta en ámbitos como el trabajo, la educación, la salud, la vivienda o la protección social, auténticos pilares de la dignidad, del bienestar social y democrático de Derecho.

Las políticas sociales, como tantas otras cosas, necesitan reformas profundas, nuevos modos de realizarlas además de la financiación adecuada, que, por cierto, no es «tirar el dinero». Es hacer creíble la tan pisoteada «justicia social».

José Chamizo.

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