Sobre la Vieja y la Nueva Normalidad. (Juan Manuel Barrios)

Sobre la Vieja y la Nueva Normalidad

Desde los cuadros de organizaciones políticas que se autoubican en el centroizquierda del arco partidario, desde los medios de comunicación que las apoyan y los/las tecnócratas que les asisten, se ha gestado su penúltimo gran servicio a la causa del Neoliberalismo progresista: el novedoso mantra de la Nueva Normalidad.

Se trata de una hábil, y sutil, estrategia para canalizar, y controlar, las previsibles reivindicaciones de la ciudadanía a favor de los cambios y transformaciones estructurales que necesita nuestra civilización en los ámbitos cultural, social, ambiental y económico. Cambios y transformaciones que se han visibilizado, en lo que el ruido y el humo político y mediático han permitido, en su amplitud y necesidad. Para el que quiera ver. Hemos tenido que afrontar una crisis sanitaria pandémica que ha mostrado dramáticamente las debilidades de nuestro sistema de salud pública y de nuestra red asistencial a los sectores más vulnerables. Veníamos de un intenso periodo de enormes ajustes y recortes de nuestro Estado del Bienestar. Recuerda lo llamaban Austeridad. Habíamos debilitado los servicios públicos transformándolos en “negocios”. Le llamaban privatización. Era por la eficiencia y la eficacia. Para minimizar, en lo posible, la catástrofe humana no hemos tenido más remedio que afrontarla con una paralización de la actividad social y económica, que tendrán repercusiones importantes en estos ámbitos, sobre la base de una larga depresión permanente, social y económica, de nuestras colectividades por el saqueo de lo colectivo y comunitario, por la transferencia de rentas y patrimonios de quienes menos tienen a quien más (transferencia inversa de rentas) en un proceso de concentración, de injusticia fiscal, progresivo y continuado. Recordáis la metáfora de la rana introducida en la olla que calentamos, poco a poco. Y todo en medio de un contexto de emergencia  ambiental, que frecuentemente se olvida, de forma interesada, y que va a tener, en un corto espacio temporal, en apenas treinta años, efectos y consecuencias catastróficas de muchísima mayor intensidad y gravedad que la actual crisis epidémica.

Se trata de focalizar los deseos y las ansias de la ciudadanía; de dar, de una vez, solución a sus problemas cada vez más insoportables (desigualdad, desempleo, precariedad, deudas, desahucios, desinformación y desarraigo) y satisfacción a sus necesidades que se hacen endémicas; hacia otros problemas mucho más epiteliales y coyunturales y mayormente inducidos (consumismo) con grandes dosis de artificialidad. Son tácticas del proceso de mediatización que padecemos y que también describió Noam Chomsky en su ensayo Ilusionistas.     

Se trata de distraer y confundir a la opinión pública, con la soflama disruptiva de esta Nueva Normalidad que conlleva la intencionalidad de fijar objetivos, retos y meras cortoplacistas y congruentes con los intereses del actual status quo que aspira, a pesar de sus dramáticos y nefastos efectos socioeconómicos y medioambientales, a prolongar, cuanto más tiempo mejor, su vigencia operativa y funcional.

Hablar de nueva normalidad además significa una referencia relacional a una Vieja Normalidad. Y en este sentido implica aceptar, apriorísticamente, como “normales”, aunque viejas, algunas cuestiones imposibles de ser aceptadas como tales:

¿Es normal que un 1% de la población humana detente el 95% de las rentas y patrimonios?. 70 millones de seres humanos disfrutan de una riqueza superior, prácticamente, en 100 veces de la que disponen 6.930 millones de seres humanos para su supervivencia. La mayor desigualdad de la historia de la Humanidad según los estudios empíricos de Thomas Piketty.

¿Es normal que haya 4.000 millones de seres humanos, más de la mitad de la Humanidad, que malvivan en entornos de hambrunas, miserias, insalubridad, ignorancia, explotación y marginalidad?. ¿Es normal que cientos de millones de niños y niñas, de nuestro planeta, vivan en la pobreza y sufran malnutrición en pleno siglo XXI?. ¿Es normal que hagamos, más bien, nada para evitar que en los próximos 2 años mueran 240 millones de de personas por causa de la hambruna que se está gestando?.

¿Es normal que hoy 1.000 millones de seres humanos sufran la indignidad de tener que abandonar su hogar por razones de violencia, de supervivencia, de persecución xenofóbica, de falta de condiciones de vida, de falta de futuro, de seguridad; y en estas condiciones límites reciban la invisibilidad, la insensibilidad, la insolidaridad, el desprecio y  la indiferencia de otras colectividades humanas que oponen muros, barreras y campos de refugiados a su movimiento migratorio?. ¡O pagan estados sicarios para su confinamiento en condiciones indignas contra el derecho internacional o, todavía peor, los dejan morir en el Mediterráneo o en el Atlántico o en desiertos norteamericanos!. Países que, en muchísimas ocasiones, están en la génesis de sus sufrimientos y conflictos: tráfico de armas, saqueos de sus recursos naturales y la extracción y el comercio, mafioso y criminal, de sus riquezas y patrimonios.

¿Pude hablarse de normalidad, vieja o nueva, a una situación, que padece la mayoría de nuestra conciudadanía, en la que se han hecho, causalmente, endémicas las siete plagas bíblicas de nuestros tiempos globalizados: la desigualdad (caminar hacía un sociedad dual); el desempleo o, su alternativa única, el precariado; los desahucios (la vivienda como negocio despiadado y miserable que pisotea derechos); las deudas (nueva esclavitud) cómo única vía para obtener bienes y enseres del común de los mortales; el deterioro continuado del Estado del Bienestar (lo siguen llamando austeridad y es la ruptura unilateral del pacto social de la postguerra de 1950); la degradación del Estado Social de Derecho, de los derechos y libertades de la ciudadanía que estamos tardando ya 5.000 años, en medio ir conformando, la Humanidad en el plano individual, pero mucho más intensamente en lo colectivo; y la profundización en el desarraigo que produce, en nuestras sociedades, la desinformación y manipulación mediática, la pérdida de identidad, de su paisaje vital, de cohesión social y territorial, de autoestima colectiva, de impotencia social ante la injusticia social y la desigualdad de oportunidades y, lo peor de todo, de perspectivas de un futuro mejor para él y los suyos, para su descendencia?. Plagas que asolan la raíz de nuestra propia dignidad cómo seres humanos.

¿Se puede hablar de normalidad, vieja o nueva, cuando dejamos en el silencio, la invisibilidad y la inacción el abordar los profundos cambios y transformaciones que necesita nuestra civilización para ganar el futuro?.

Es criminal que en esta encrucijada civilizatoria, los mezquinos intereses de siempre, nos conduzcan hacía el desastre. Financiarización (poder económico), mediatización (poder mediático) y tecnocratización  (poder tecnológico) son sus estrategias. Romper el Estado (debilitar lo colectivo), implantar la plutocracia (negar la igualdad) y la gobernanza canalla (gobernar contra la ciudadanía) sus instrumentos. ¡Me niego a considerar esto normalidad, ni vieja ni nueva!. Hay que negarse a aceptar que lo único, a que tengamos derecho a normalizar, sea a abrazar y besar a los seres queridos, a tomar copas con amistades y vecindad, a salir a cenar a restaurantes y bares, a ver futbol, baloncesto y tenis, a salir a pasear o ir de excursión al campo o la playa. A comprar en centros comerciales. Y a volver al precariado. ¿Esta es la nueva normalidad, con condiciones y limitaciones añadidas, que nos prometen?. ¡Siguen considerándonos idiotas!. ¿Lo somos?. Ni Orwell lo hubiera imaginado tal cual, ni Kubrick lo hubiera expresado mejor.   

El pasado día 6 de Mayo, apareció publicado en la Tribuna de Opinión de Le Monde, un artículo denominado «No a un regreso a la normalidad» suscrito por 200 representantes cualificados de la intelectualidad mundial. Un documento que ha transitado con muchísima más pena que gloria por el debate político y por los medios de comunicación en el mundo. También aquí. Interesa poco, en este sistema de fabricación de la opinión pública, este ejercicio de responsabilidad, reflexión cívica colectiva, concienciación ciudadana y radicalidad crítica por cuanto que atiende e interesa a la raíz de los problemas y busca  enfocarnos sobre las cuestiones esenciales que abordar, sobre los retos, cada día más, inaplazables de nuestra generación y su descendencia.

En este Manifiesto abordan y concluyen muy sintéticamente  tres cuestione esenciales que comparto absolutamente:

Uno) La pandemia de la covid-19 es una tragedia.  Que tiene la virtud de invitarnos a que nos centremos en las cuestiones  esenciales. La actual catástrofe ecológica forma parte de una METACRISIS civilizatoria: ya nadie, mínimamente riguroso, en la comunidad científica duda de la extinción masiva de la vida en la Tierra y todos los indicadores anuncian una amenaza directa para nuestras existencias. Sus consecuencias serán colosales, desmedidas. Tendrá la dimensión de un colapso global. Mucho más allá de las de una pandemia por grave que esta sea. La contaminación, el calentamiento global, la pérdida de biodiversidad y la  destrucción de los espacios naturales  conducen al mundo a un punto de ruptura. Acción para amortiguarlo y adaptarnos a las nuevas condiciones climáticas de la Biosfera, ya.

Dos) El problema es sistémico. El Sistema Neoliberal, progresista o simplemente capitalista, es el problema. Ajustarlo es, ya, del todo insuficiente, si es que en algún momento lo pudo ser. El libre albedrio de unas élites extractivas insaciables en su codicia no puede ser la mano invisible que muevan las interacciones y transacciones entre humanos. La extracción ilimitada de recursos naturales, la generación continuada de residuos y contaminación están en la génesis misma de la emergencia climática. El crecimiento infinito y el     consumismo nos ha llevado a negar la propia vida: la de las plantas, la de los animales y la de un gran número de humanos. Estamos traspasando los límites que una Biosfera finita nos impone. El modelo productivo que sustenta es insostenible. La toma de decisiones en manos del capital un desastre de dimensiones catastróficas. Acción para aplicar principios y estrategias de Economía Ecológica y sustituir el Sistema Neoliberal por su alternativa Social y Sostenible, ya.

Tres) La solución está en la ciudadanía. Solo la implicación, el compromiso y la participación de la sociedad civil pueden hacer posible este cambio y transformación radical, de nuestra civilización, que se requiere, a todos los niveles de su estructura. Reconstruir un Estado Social de los Derechos y Libertades, individuales y colectivas, fuerte y justo. Consolidar una Democracia Real.  Implantar una Gobernanza Social. Sustituir el actual Sistema Económico. Anteponer el Interés General y el Bien Común. Toda esta tarea ingente es imposible sin el compromiso masivo ciudadano y exige audacia y coraje colectivo. Es una cuestión de supervivencia, tanto como de dignidad y de coherencia ética y estética de la Humanidad. Acción ciudadana para el cambio y transformación radical de nuestra civilización, ya.

Hoy, la cuestión sobre la mesa, bajo ningún concepto, puede ser: ¿Cuando llegara la Nueva Normalidad?. Esto es meramente un espejismo. La cuestión esencial es: ¿Cuando empezamos a desarrollar los actos imprescindibles para impulsar el cambio profundo que requiere nuestra sociedad?.

Mi esperanza tiene que estar en la Humanidad. En que nunca pueden hacernos perder la fe en la especie humana como individuos y como colectivo. No nos queda otra. Aquí en La Tierra tiene que primar la máxima: Mientras allá vida, hay esperanza. Pero eso sí, no lo demoremos mucho. A riesgo de que cuando queramos, ya no podamos. Ya sea tarde. ¡Ánimo Humanidad!.

Juan Manuel Barrios Blázquez.

En Chiclana de la Frontera a 1 de Junio de 2020.

¿Sabes por qué se llama «Arbonaida» la bandera de Andalucía?

¿Sabes por qué se llama «arbonaida» La bandera de Andalucía?

Las banderas son trapos inocentes que no tienen la culpa de los mensajes de odio y exclusión que algunos les imputan. Yo creo en las banderas que simbolizan mis valores éticos y mi identidad incluyente: blanca, morada, arcoiris… Y la verde y blanca de Andalucía: la arbonaida.

«Arbonaida» es una palabra andaluza que proviene del árabe andalusí «albulaida» البُلَيْدة diminutivo de «balad» que significa mi tierra, mi país. Así pues, sería como «mi patria o mi matria chica» simbolizada en la bandera. La mutación de la «l» por la «r» es propia del andaluz.

La palabra «albulayda» no existe en el árabe clásico pero obedece a la fórmula de sus diminutivos, propia de las lenguas no escritas como el dariya marroquí, hermana de nuestra algarabía, donde se mantiene como un evidente reflejo de su influencia andalusí. Incluso hay un pueblo fundado por andalusíes en Argelia que se llama «albulayda» por la bandera que llevaban y la nostalgia de su pérdida.

La primera Mezquita que se fundó en Al Ándalus fue la de Algeciras llamada de las «arbonaidas» por la diversidad de banderas de los pueblos que penetraron en la península. Por la misma razón, se llamó de las «arbonaidas» el patio del Alcázar en Sevilla o la puerta de Granada.

Igual que el término «cora» proviene de la raíz «qarya» o pueblo, que se mantiene en los Alcores o la Alcarria, muchas de las coras andalusíes tomaron por nombre variaciones de «balad» o país, cada una con su «arbonaida» o bandera de colores mayoritariamente blanco y verde.

Así pues, igual que Ikurriña o Senyera significan bandera en euskera o catalá, «arbonaida» es bandera en andaluz y la bandera histórica de Andalucía, hermana de sus pueblos hermanos, que no sirve para vendar los ojos o el corazón, sino para arropar a quien tenga más frío que tú.

Antonio Manuel

La verdad sobre Blas de Lezo: victorias ruinosas, esclavos y agonía de un imperio

Después de la heroica defensa naval del puerto de Cartagena de Indias en 1741 llegó el momento de hacer las cuentas. En concreto, a España le tocó pagar 100.000 libras esterlinas, una fortuna de la época en concepto de compensación a los ingleses como consecuencia de la victoria. Es correcto: ganamos la Guerra del Asiento (1739-1748) con la gran defensa del almirante Blas de Lezo al frente, pero además del coste militar hubo que liquidar el asiento contable con una compañía privada inglesa, la ‘South Sea Company’. Salía a pagar. La gesta de Blas de Lezo es fácil de encontrar en cientos de páginas. El ventajoso acuerdo final para Inglaterra, no tanto.

Fue el precio por recuperar el comercio de esclavos negros y el navío de permiso que se habían cedido a Inglaterra en el Tratado de Utrecht de 1713 y que motivó a la larga la guerra. El negocio para Inglaterra, que había concedido el monopolio a la Compañía de los Mares del Sur —South Sea Company— demostró ser poco rentable, menos aún después de la interrupción de la guerra, así que tras la derrota devolvieron la concesión y endosaron a España unas cuentas plagadas de trampas que incluyeron hasta el uso de un cambio monetario descaradamente ventajoso, según describe Reyes Fernández Durán en ‘La corona Española y el tráfico de negros. Del monopolio al libre comercio’ (2011).

Lo que no se cuenta

Lo que no se cuenta habitualmente es el escabroso asunto del comercio de esclavos de negros de África que fue lo que motivó la guerra, y menos aún la ruina y el progresivo e imparable declive por el que se deslizaba ya el Reino de España. El tratado que puso fin a la Guerra del Asiento supuso además el fracaso del experimento político primero de Felipe V que con el Real Decreto de Flotas y Galeones de 1720 había comenzado una tímida liberalización del comercio con la inclusión de San Sebastián como puerto de comercio con Venezuela (Virginia León Sanz y Nicollo Guati, ‘The Politics of Commercial Treaties in the Eighteenth Century: Balance of Power, Balance of Trade’, 2017).

Batalla naval Blas de Lezo

En las postrimerías del conflicto significaría también el fracaso del secretario de Estado de Fernando VI, José Carvajal y Lancaster que consistió en un insólito intento español por armar una paz duradera con Inglaterra (José Miguel Delgado Barrado, ‘El proyecto político de Carvajal. Pensamiento y reforma en tiempos de Fernando VI’ CSIC, 2001). Antes, Patiño había trasladado la Casa de la Contratación de Sevilla a Cádiz y había reformado el comercio naval con los navíos de permiso. Con la victoria y la factura, los impulsos de retomar el poderío en los mares se diluyeron y llegaron las grandes derrotas contra los ingleses.

Tras pagar por ganar la guerra, solo diez años después, en 1761, España perdió dos puertos más importantes aún que Cartagena de Indias a manos de los mismos ingleses. Ocurrió en la Guerra de los Siete Años, que para España duraron solo dos, de 1761 a 1763. Fueron suficientes para perder nada menos que La Habana en 1761, la auténtica joya de la corona del imperio de Ultramar y, al año siguiente, Manila en las Islas Filipinas, que se rindió el mismo primer día del ataque inglés. No tiene mucha película.

En solo dos años, de 1761 a 1763, España perdió nada menos que La Habana, la auténtica joya de la corona y al año siguiente, Manila

A diferencia de la hazaña de Blas de Lezo, son dos derrotas tan invisibles en la historia de España que parece que nunca ocurrieron. Aquí se practica el olvido igual que en Gran Bretaña. Es fácil porque Cuba y Filipinas se perdieron otra vez en 1898, —en el caso de Cuba, la derrota naval le tocó al puerto de Santiago— el epílogo del desplome final de España como potencia colonial. Curiosamente, el balance de la derrota de la Guerra de los Siete Años se medio salvó, al menos en cuanto a territorios, con la firma de los tratados de paz: España cedió Florida a los ingleses a cambio de La Habana y Manila, que se recuperaron, y Francia compensó a Carlos III por su alianza cediéndole a su vez la inmensa Luisiana en Norteamérica.

Más se perdió en Cuba

Es más grato relatar la defensa de Cartagena de Indias de 1740 que contar no una, sino dos veces como cayó Cuba. Se conoce algo la última, la del almirante Cervera, que hizo lo que pudo en Santiago con una situación de partida tan inferior o más que la que tenía Blas de Lezo en 1740. La armada española no estaba tan anticuada como se ha contado en ocasiones, pero seguía a años luz de los barcos de EEUU. Los hombres que defendieron Santiago de Cuba son tan héroes como Blas de Lezo, solo que ellos perdieron. Pascual Cervera y Topete no solo no se rindió, sino que adoptó una decisión arriesgada para la defensa cuando lanzó a toda prisa a sus barcos fuera de la bocana del puerto para evitar el bloqueo naval de EEUU. No lo consiguieron. Desde lo alto de los restos de la fortificación española de Santiago se percibe lo difícil de la empresa.

En cuanto a Cartagena de Indias, la gran victoria de Blas de Lezo ha acabado por ensombrecer a Sebastián de Eslava, máxima autoridad de Cartagena de Indias durante el asedio y artífice también de la defensa del puerto, una figura que han rescatado Mariela Beltrán y Carolina Aguado. El relato de la batalla siempre esconde la ruinosa factura de la victoria. No es atribuible por completo a la audaz política exterior y comercial de José de Carvajal y Lancaster en los últimos estertores de la guerra de baja intensidad. Carvajal trató de establecer un acuerdo con los ingleses sobre la base de que era mejor «un aliado caro que tres ladrones», como Francia, Holanda y la propia Inglaterra (Vera Holmes ‘Trade and Peace with Old Spain, 1667-1750’).

Existe un largo debate en la historiografía sobre las virtudes y defectos de la cesión del asiento de negros y el navío de permiso. Eliminado el orgullo nacional de ceder el pastel de un monopolio a otra potencia, el nexo común reside en que falló por el contrabando de ambas partes y la relativa dificultad para obtener beneficios dentro del esquema de las dos potencias.

Nadie en la administración española se molestó en hacer los balances anuales correctamente con la Compañía de los Mares del Sur.

Desde la década de 1720, hasta el estallido de la guerra en 1739, nadie en la administración española se molestó en hacer los balances correctamente con la Compañía de los Mares del Sur, que estaba obligada a presentar las cuentas cada cuatro años (Adrian Finucane, ‘The Temptations of Trade: Britain, Spain, and the Struggle for Empire’). Tampoco existía un control exhaustivo en Inglaterra. En el momento de la negociación final el ministro español Carvajal estaba a ciegas, sin cifras ni contabilidad precisa a mano. Aún así se fajó duramente dos años, de 1748 a 1750, para reducir la deuda inicial de 300.00 libras que reclamaban los ingleses hasta la cifra final de los 100.000.

La oreja del marino Robert

El almirante inglés Edward Vernon estrelló una gran flota y perdió miles de hombres contra Blas de Lezo, que conocía con antelación el ataque inglés y había preparado concienzudamente la defensa. No obstante, los ingleses compensaron la derrota de Vernon con la firma de la paz de la Guerra del Asiento, que les salió a cuenta. Primero, porque la realidad es que las operaciones de la South Sea Company con la concesión de España del asiento de negros no eran rentables. Este fue el verdadero motivo para que Inglaterra declarara la guerra y no la anécdota de la oreja del marino Robert Jenkins, que en Inglaterra acabó dando nombre al conflicto (‘War of Jenkins Ear’).

Lo importante para Inglaterra del Tratado de Aquisgrán (1748) no fue tanto la compensación económica que consiguió para la Compañía de los Mares del Sur -en la que participaban los políticos ‘whigs’ ingleses- sino que mantuvo una importante ventaja comercial. Son los puntos 4 y 7 de la paz. El último era un rejonazo para España: los súbditos británicos podían disponer de los derechos de comercio de la época del fin de los Austrias adquiridos en 1667 durante el reinado de Carlos II. La historiadora Reyes Moreno lo recoge en el fragmento anotado del acuerdo: «En el legajo donde se guarda esta convención entre España e Inglaterra (…) se encuentra una nota sin fecha ni firma: ‘Tratado de España e Inglaterra, 1750, extinguiendo el asiento de negros, y dando el último golpe mortal al Comercio, industria y libertad mercantil de la nación, principalmente por medio del artículo VII».

El balance global de toda la Guerra del Asiento, a pesar de la gran victoria de Blas de Lezo, fue un desatino que conllevó unas cuentas abusivas o injustificadas, en el mejor de los casos. Solo supuso un pequeño paréntesis en el ocaso de España como imperio, las derrotas humillantes y olvidadas durante la Guerra de los Siete Años, en favor de otras gestas como la de Bernardo de Gálvez, esperaban a la vuelta de la esquina. A su término, Carlos III levantó finalmente el monopolio de Cádiz y de la Casa de la Contratación, la tímida iniciativa de Felipe V que no se continuó: todos los puertos y todas las compañías privadas podrían comerciar, pero el imperio británico era ya dueño de los mares.

 Julio Martín Alarcón.

Hoy es el día de mañana

Hoy ya es el día de mañana. Tanto esperar el futuro y ha aparecido, de pronto, en forma de bichito o virus que ha puesto de manifiesto lo peor de nuestras expectativas. Debe ser una consecuencia de la modernidad mal entendida, o mejor, de la decadencia de los humanoides empeñados en ser más que dios, más que la naturaleza, más que el aire.
 
Nos dijeron que seríamos felices si consumíamos cada día más, y como imbéciles aceptamos las reglas del macabro juego del capitalismo, de todos los capitalismos y sus extrañas formas y maneras.
 
 Nos repitieron hasta la saciedad que lo importante en esta vida éramos cada uno de nosotros sin tener en cuenta al vecino. “Tú eres lo único importante” gritaban sus portavoces, y los creímos. 
Conseguirás la eternidad. Hemos vencido a la muerte, pregonaban sus profetas. Las células madres serán la nueva panacea. “Ya no habrá ni luto ni llanto ni dolor porque… “este mundo es totalmente nuevo.
 
En la vida es importante ganar dinero sin preguntar su procedencia, ni el daño que puedas hacer, que se “jodan” los que tienen remordimientos. El dinero es buena vida, poder, grandes coches, y sexo, mucho sexo. Afirmaban sus agentes comerciales.
 
Los sentimientos son una chorrada de los antiguos, preconizaban algunos de sus filósofos, hay que creer solo en lo que se ve y en los ceros de tu cuenta corriente. Ante eso, todo es secundario. 
 
Los ancianos/as deben estar en centros adecuados para no interferir en la vida familiar, teniendo en cuenta que las viviendas-colmenas son las que nos dan más beneficios, repetían sin cesar en cuñas publicitarias pagadas a diferentes medios de comunicación. Lo decían más finamente sus asesores en materia social, pero el mensaje era el mismo, pese a las imágenes y a la música con la que lo vendían. La estafa siempre la garantizaba una entidad financiera.
 
Las guarderías para bebes y niños/as deben estar abiertas a las cinco de la mañana o a la seis lo más tardar, para que sus padres vayan a producir cuánto antes. Es evidente nuestra preocupación por la infancia, escribía un sicólogo a sueldo de las empresas propietarias del recurso.
Y así sucesivamente…
 
¿Y ahora qué? ¿Seguimos por donde íbamos o hacemos cambios profundos? ¿Somos capaces de crear un futuro diferente o nos gusta el que nos habían programado?
 
José Chamizo.-
 
 
 
 

La lista

En algunos corrillos de funcionarios existe cierta pugna por ponerle nombre a las cosas. A los proyectos, a los programas informáticos, a las leyes. He conocido diversos casos en los que se modifica el nombre de la ley con el objetivo de lograr unas musicales, simbólicas o graciosas siglas. No quiero decir que los profesionales banalicen sobre el contenido de la norma y se dediquen a estos superfluos pasatiempos, es sólo que, para la mayor parte de ellos, las nuevas leyes son simplemente textos que hay que tramitar, revisar, someter a exposición pública, votación, publicación en BOJA, entrada en vigor, revisión, derogación. Uno tras otro.

Para la otra inmensa mayoría, para los ciudadanos y las instituciones, esos textos se hacen de obligado cumplimiento y suelen cambiar sus vidas, sus derechos y obligaciones. También hay leyes que se aprueban sin mayores efectos, todo sea dicho, es la consecuencia de valorar la acción parlamentaria por las páginas de BOJA publicadas.

El gobierno andaluz ha comenzado la tramitación de la Ley de Impulso para la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía, a la cual ya han bautizado como la LISTA. Lo mismo el acrónimo le viene como anillo al dedo pues viene a regular un aspecto esencial, el uso del suelo en Andalucía, esto es, una de las cuestiones de mayor repercusión estratégica para la vida de todos. Hay que ser especialmente listo para tratar aspectos tan relevantes de nuestra convivencia.

El portavoz rápidamente se ha apresurado a aventurar sus bondades, que si simplificación, que si agilidad, que si modernidad. Están encantados de conocerse. Para evitar que se embarre, la van a llevar por la vía de urgencia, la más rápida que existe, lo mismo esperan tenerla en vigor mientras la opinión pública y las empresas siguen atascadas en la recuperación tras el Covid-19. Sólo esta circunstancia dice mucho del talante del gobierno. Meter el acelerador y asegurarse que esté todo hecho antes que acabe la legislatura. Tanta prisa sólo tiene un motivo, intereses económicos.

La LISTA va a tener un potente impacto en centenares de municipios en cuyos términos hay tantas importantes decisiones por tomar. El uso o abuso de las normas en los próximos meses va a ser determinante y va a condicionar el resto del futuro. No será fácil equilibrar las fuerzas. Por eso es necesario, antes de echar a andar, pertrecharse de información y criterios de valoración.

Recordar que muchos municipios de la franja mediterránea lloran hoy su excesivo hormigón. Aprender que el turismo masivo sujeto a precios no mejora la renta media de los residentes en el destino turístico. Saber que en el vehículo de la destrucción no hay marcha atrás. Tener presente que aún son muchos los que siguen en prisión y embargados por sus tropelías. Identificar, cuidar y poner en valor los rasgos diferenciales es lo que proyecta el progreso del municipio.

El urbanismo es una mancha de aceite en el forro de la chaqueta. Cuando se hace visible es demasiado tarde para pararlo. Por eso, el freno a la LISTA hay que ponerlo ahora, sentando las bases de un modelo de ciudad, de municipio, de destino turístico que se haga sólido y perdurable, del que nos sintamos orgullosos.

Las opciones políticas no sólo tienen que poner a trabajar a los técnicos para estudiar la ley, que también; lo más importante es que concreten y comuniquen el modelo al que aspiran, que la compartan, que dialoguen y negocien; que lleguen a acuerdos. Porque el modelo urbanístico va más allá de una legislatura o un acuerdo puntual de gobierno, es un proyecto de largo recorrido que requiere una mínima estabilidad, pero cuya debilidad va a ser también el lastre de cualquier alcalde. Aunque sólo sea por egoísmo inteligente, es el momento de decir que modelo de pueblo, de ciudad queremos.

Antonio Aguilera.

Exilio andaluz

Francisco Vigueras, periodista.

 

El exilio es el mayor castigo al que viene siendo sometido el pueblo andaluz, desde hace siglos. En este tiempo, son más de dos millones de andaluces los que se han visto brutalmente separados de su tierra, a través de uno de los procesos históricos más violentos que conoce la humanidad. El éxodo ha marcado trágicamente la vida de nuestro pueblo.

 

En la pequeña localidad de Agmat, a unos 30 kilómetros de Marrakech, un mausoleo alberga los restos de al-Mutamid, que fue expulsado por los almorávides en el siglo XI. El pequeño, pero digno panteón, está cuidado por Abdel Krim, que nos explica la historia del rey poeta sevillano. Nos recuerda que, en el año 1088, al-Mutamid pidió al emir Yusuf de Marrakech ayuda para los musulmanes de al-Andalus, pero los almorávides no sólo combatieron al rey Alfonso VI, también impusieron a los propios andalusíes su forma integrista de entender el Islam. El emir Yusuf no aceptaba la tolerancia de al-Andalus con judíos y cristianos. Al Mutamid fue derrocado y confinado en la ciudad de Agmat, donde murió cinco años después.  

 

Dice la memoria popular que cuando al Mutamid y su esposa Itimad iban navegando por el río Guadalquivir hacia el exilio, eran despedidos con lágrimas por los sevillanos. El rey poeta era contrario al integrismo de los almorávides, monjes guerreros que lo condenaron al destierro, convirtiéndose en símbolo del exilio andalusí. Los restos de al Mutamid descansan con los de su familia, su esposa Itimad y su hijo, bajo tres decorativas losas de azulejería andaluza. En su destierro de Agmat, al Mutamid escribió los más bellos poemas de la literatura universal, a decir por el arabista Emilio García Gómez. El mausoleo se conoce hoy como la tumba del forastero, debido al epitafio que el mismo rey poeta nos dejó en su lápida: “Tumba del forastero que la llovizna vespertina y la matinal te rieguen, porque has conquistado los restos de Ibn Abbad”. Blas Infante visitó este mausoleo en 1924 y nos enseñó que los andaluces tenemos en esta pequeña localidad marroquí parte de nuestra historia. 

 

También en Marruecos, en algún lugar de Fez, yacen los restos de Abu Abdalá, más conocido como Boabdil. El último emir de Granada entregó la ciudad el 2 de enero de 1492, tras la firma de unas capitulaciones que violaron los Reyes Católicos. Boabdil fue obligado a marchar a la Alpujarra y, más tarde, se refugió en la ciudad de Fez, donde vivió cuarenta años más en el exilio. Blas Infante nos cuenta que, durante su viaje a Marruecos, siguió también el rastro de Boabdil y pudo hablar con sus descendientes. Y el historiador al Maqarri reveló que los restos del emir granadino, fallecido en 1533, podrían estar enterrados en una ermita, cerca de la Puerta de la Justicia, en al medina de Fez. Actualmente, el cineasta Javier Balaguer prepara un documental y un largometraje sobre la figura del emir granadino, con el título: “Un hombre maltratado por la historia al que debemos la salvación de Granada y de la Alhambra”. Y un equipo arqueológico, dirigido por el antropólogo-forense Francisco Etxebarría, de reconocido prestigio internacional, busca la tumba del último emir granadino. Sin embargo, la maraña burocrática marroquí ha impedido, de momento, localizar y exhumar los restos del ilustre exiliado. Si Boabdil vuelve algún día para ser enterrado en su Granada, será un acto de justicia histórica.

 

Pero al Mutamid y Boabdil no fueron los únicos obligados a exiliarse. Junto a ellos, más de un millón de andaluces fueron ilegalmente expulsados y buscaron refugio en los países árabes, desde Marruecos a Damasco, donde sintieron la nostalgia del paraíso perdido. Aquellos exiliados eran musulmanes y tan andaluces como nosotros. Sin embargo, pasaron a ser “extranjeros infieles” en la historia escrita por los vencedores. De esta falacia histórica nos habla Blas Infante en su libro el Diwan de las peregrinaciones, un episodio que, según Infante, se caracterizó por la pérdida de nuestra identidad como pueblo.

 

De Agmat a Collioure

 

Ya en el siglo XX, la historia se repite con Antonio Machado, durante la guerra civil. En 1939, el franquismo, heredero ideológico de los Reyes Católicos, estaba a punto de tomar Madrid, donde residía el poeta. Machado se resistía a exiliarse, pero Rafael Alberti y León Felipe lograron convencerle de que su vida corría peligro, por haberse significado a favor de la República. De hecho, antes del exilio francés, asistió en Valencia al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, organizado por la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Es más, en 1937 publicó La guerra, obra de compromiso histórico y testimonial, y entre sus últimos escritos, destaca la elegía estremecedora que dedicó a otro poeta andaluz, Federico García Lorca, con el título: El crimen fue en Granada. Según el investigador Ian Gibson: “Cuando a Machado le llegó la noticia del asesinato de Lorca, se vino abajo”.

Lo mismo que al Mutamid, el también poeta sevillano Antonio Machado murió en el exilio, en 1939. Sus restos descansan en el cementerio de Collioure, al sur de Francia, donde recibe la visita de numerosos grupos escolares que le rinden homenaje, leyendo su poesía. Entre los muchos mensajes que escriben los admiradores del poeta, cuando visitan su tumba, uno dice así: “Hay que ir una vez en la vida. No puedes dejar de ir. Hay que darle las gracias al poeta por lo que escribió y solidarizarse con él y su familia, por lo que sufrió”.

 

Antonio Machado es símbolo del exilio republicano tras la guerra civil y nos recuerda a miles de andaluces que huyeron del terror fascista por la carretera de Málaga a Almería, episodio conocido como La Desbandá. Muchos acabaron en campos de concentración franceses y su situación se agravó con el estallido de la segunda guerra mundial. Los más jóvenes se unieron a la resistencia francesa para combatir a los nazis. Y gran parte de los exiliados encontraron refugio en América, como Juan Ramón Jiménez, Manuel de Falla, Luis Cernuda o María Zambrano.

 

Exilio político encubierto

 

Apenas 20 años después, en la década de los sesenta, la dictadura franquista provocó un nuevo éxodo andaluz, esta vez hacia Europa. El régimen forzó a miles de andaluces a emigrar a tierras extrañas, donde sufrieron racismo y humillación. Los utilizó como mano de obra barata para conseguir divisas con las que financiar su dictadura. Sin importarle el sufrimiento y desarraigo de miles de familias que malvivían en barracones. Sin embargo, detrás de esa emigración por motivos económicos, había un exilio político encubierto. Así lo denuncia Encarna Castillo en su libro Venta del Rayo, sobre la represión en Loja.  La autora investigó la historia de su familia que emigró de Andalucía a Cataluña para huir de la miseria, pero también de la atmósfera asfixiante de un pueblo en el que estaban marcados como “rojos” y sólo podían aspirar a la caridad de los vencedores. Muchos de esos exiliados se vieron obligados a elegir el anonimato de la gran ciudad, frente al desprecio de sus pueblos. Y la viuda de “rojo” acabó emigrando también para buscar una nueva vida. En Cataluña no necesitó, nunca más, el carnet de mendicidad.

 

Y el último éxodo andaluz se está produciendo ahora mismo. Empezó con la crisis financiera de 2008, provocada por los especuladores, y seguirá creciendo con la nueva crisis que viene, provocada por el coronavirus. Cuando menos lo esperábamos, miles de jóvenes andaluces tienen que marcharse, otra vez a Inglaterra, Francia o Alemania, huyendo del paro y la precariedad laboral en Andalucía. Nuestro pueblo no puede prosperar, mientras sus generaciones más jóvenes y mejor preparadas tengan que abandonar su tierra para ofrecer su talento y sus conocimientos a las grandes potencias industriales. Esta lacra secular nos recuerda que Andalucía sigue siendo un país dependiente y con una economía subalterna. ¿Hasta cuando? La respuesta sólo puede darla el pueblo andaluz, en la medida en que tome conciencia de que su problema no es económico, sino histórico y político. 

Hacia una verdadera Transición Ecológica.

«Francisco Casero Rodríguez, Antonio Aguilera Nieves».

Hacer virtud de los problemas. Extraer las lecturas positivas de los momentos difíciles. Aprovechar las situaciones difíciles para transformar las complicaciones en oportunidades. El freno de las actividades industriales, comerciales, turísticas motivadas por la crisis del coronavirus está mostrando beneficios en términos de reconciliación de la humanidad con la Tierra, a la que tanto estamos castigando sin tregua desde hace años y que tiene como crucial consecuencia el calentamiento global, situación que hace que los científicos estén bautizando a esta nueva era como Antropoceno. Hemos pasado de ser una más entre los millones de especies del planeta a ser la que conduce los designios del resto. Pero lamentablemente, este liderazgo lo estamos ejerciendo mal, estamos provocando la sexta extinción mundial. Según algunos científicos hay una probable relación entre la pandemia y la reducción acelerada de la diversidad biológica, tanto en cuanto a número de especies como a la desaparición de ecosistemas completos.

Las políticas que reivindican otra manera de hacer las cosas, las estrategias que consideran las implicaciones de nuestros actos hoy en la vida de las Generaciones Futuras no han sido consideradas lo suficiente en su importancia por los máximos dirigentes mundiales. La prueba está en la falta de contundencia y unanimidad en las sucesivas cumbres del clima. El anunciado Pacto Verde Europeo tiene que ser una alianza sólida sobre la que construir, tiene que consolidarse. Nosotros, como Fundación Savia nos hemos incorporado a la misma.

No podemos optar por soluciones simplistas, cortoplacistas, como está ocurriendo en algunas comunidades autónomas con la reducción de las exigencias ambientales, urbanísticas o industriales. Tenemos que trabajar en soluciones duraderas, quizás más complejas de abordar, pero las únicas con las que de verdad asumimos la responsabilidad que hoy nos toca. Por eso, esta anómala situación que a todos nos gustaría que fuese lo más breve posible, tiene que ser también una oportunidad para repensar muchos aspectos de nuestro modelo social, económico y ambiental.

En estas semanas se ha evidenciado la relevancia del mundo rural como factor fundamental de un desarrollo equilibrado. Se ha comprobado la necesidad de dotar de infraestructuras de telecomunicaciones en especial a la población más alejada de las ciudades y centros administrativos, pues el acceso a las mismas se ha destacado en esta crisis como un elemento de nivelación de competitividad, de oportunidades para darse a conocer. Hemos comprobado la importancia fundamental del sector agrícola, ganadero, con sus transformaciones correspondientes, como sector estratégico de abastecimiento. Del sector forestal, como lucha en la desertificación, suministrador de material como biomasa, generador de mano de obra. Estamos viendo cómo, la producción ecológica, de proximidad, las huertas, los canales de comercialización dan alimentos seguros, empleo, clima, seguridad, salud.

Esta ralentización de la actividad económica global, esta menor presión de la actividad humana en los ecosistemas está teniendo frutos en la biodiversidad. La Naturaleza es enérgica, bondadosa, generosa. El estado de alarma ha coincidido en nuestro territorio con la primavera, el ciclo del año donde la mayor parte de las especies animales crían, donde las plantas crecen y florecen, cuando se produce una verdadera explosión en las poblaciones de invertebrados.

Tenemos ante nosotros la gran oportunidad de aprovechar esta fuente de vida que la naturaleza nos ofrece y acompasar nuestros pasos, nuestras actuaciones para no cercenarla como hemos hecho demasiadas, demasiadas veces, sino para acompañarla, potenciarla. De forma complementaria y paralela estaríamos abordando de lleno uno de los más graves problemas estructurales a los que nos estamos enfrentando, la despoblación rural. Porque las políticas ambientales, el calentamiento global, el reto demográfico, la transición agroalimentaria deben ser abordados conjuntamente.

La Fundación Savia ha trasladado un informe a los gobiernos del estado y autonómicos con propuestas de defensa y puesta en valor de  la ganadería extensiva y de montaña, control de la actividad cinegética, sector apícola, protección de los sistemas agrarios de alto valor natural, ecosistemas de campiña, producción ecológica, reducción del uso de agroquímicos, protección del suelo fértil, agua, custodia del territorio, política forestal, recuperación de humedales, ecosistemas marinos, crecimiento urbano, producción y transformación alimentaria, movilidad. transporte de mercancías, economía circular o transición energética entre otras.

Porque es el momento de decidir el camino que queremos tomar. Valorar si las grandes extensiones de monocultivos y la productividad deben primar sobre la seguridad, la gobernanza y la sostenibilidad. Si superamos de una vez por todas la dependencia de los combustibles fósiles. Si la dependencia de ciertos territorios del turismo masivo era una receta adecuada. Si la huida hacia delante del hacinamiento y marginalidad urbana es la vida que habíamos soñado.

Los grandes retos sociales, económicos y ambientales a los que nos enfrentamos, son el calentamiento global, despoblamiento rural, la soberanía alimentaria, la pérdida de biodiversidad, la protección de los colectivos vulnerables. Tienen que ser abordados conjuntamente con criterios de justicia social y con una verdadera participación de los agentes sociales. Es inaplazable abrir un espacio de amplia concertación y participación social que posibilite que todos podamos ser parte activa de la solución.

Tiene que ser hoy el gran momento que estábamos esperando todos a los que nos duele el expolio y la sangría de la Tierra. Puede ser una magnífica oportunidad para asumir nuestra responsabilidad con la Tierra, nuestra fuente de vida, y nuestro mejor legado para las Generaciones Futuras.

Desde Puerto Bayyana

Desde Puerto Bayyana

Llegaste y te enamoraste de Puerto Bayyana, destino de todos los sueños, luz de Occidente. Siempre enamorado, mejor sabías ofrecer que pedir, te asomaste a tu ventana, plena de luz del mediodía, de tu ciudad, de tu Andalucía y, enamorado de la mar, tu mar, la mar de Andalucía, te fuiste con las olas, con los vientos, el Poniente y el de Levante, Y el del Sur. Tu sur afrobético, la calidez de tu sonrisa, de tu resistencia. A las contrariedades, a los abandonos egoístas que te obligaron a sufrir. A la enfermedad. Maldita enfermedad moderna, ahora que nada más se diferencia entre “antiguo” y “moderno” en el supuesto ignorante de que sólo éste último encarna lo positivo. Tú has sido positivo y eso perdurará en nuestras memorias.

Te fuiste, poeta. Pero no te podías ir. Te retiene el cariño de tus hijas, de tus amigas, de tus amigos. Y tu poesía. Porque la poesía y los poetas sois eternos, universales. Ya ves: tenéis que vivir manteneros toda la eternidad; pero la eternidad es distinta al “valle de lágrimas”: sin maldades, sin traiciones, sin enfermedad, que ya no te afectan. Ahora eres todo nuestro, de quienes te queremos, de quienes mantendremos el recuerdo de tu buen humor hasta en los peores momentos, de cómo descargaste tus sentimientos en tu poesía y en el buen hacer, en el buen trato a tus amigos. No quiero llorar para que no se empañen mis ojos, para no enturbiar la visión de tu resistente alegría hasta en los peores momentos.

Hoy, esta madrugada a las 2’35 nos quedamos huérfanos, te has trasladado a otra dimensión desde dónde nos seguirás cuidando y dónde nosotros podremos retenerte, para que no te hayas ido.

Te queremos, Marcos.

Rafael Sanmartín. Escritor.

Sevilla (con el corazón hoy en Puerto Bayyana), 10 de octubre de 2019    

Premio memorial Blas Infante 2019.

 

La FUNDACIÓN BLAS INFANTE, dentro de sus objetivos para perpetuar la herencia y semilla dejada por el Padre de la Patria Andaluza, con la colaboración de EDITORIAL ALMUZARA, convoca el PREMIO MEMORIAL BLAS INFANTE, de acuerdo con las siguientes BASES:


PRIMERA.- Con el fin de promocionar el conocimiento sobre Andalucía y sus valores culturales, la Fundación Blas Infante otorga un premio a un trabajo de investigación dentro del ámbito de las ciencias sociales y humanas, que ayude a profundizar en los contenidos del pensamiento y obra de Blas Infante y del andalucismo, histórico y actual, y/o en las realidades sociales, políticas y culturales de Andalucía, incluyendo los seculares problemas que esta padece o para contribuir a su solución.


SEGUNDA.- Se presentarán en papel dos ejemplares y otro en formato digital, en archivo PDF, entregándose personalmente o enviándose por correo ordinario, adjuntando el PDF en un formato USB, en la sede de la Fundación Blas Infante, Calle Sol no 103, 41003, Sevilla, hasta el 31 de octubre de 2019.


TERCERA.- El trabajo deberá ser totalmente inédito, no haber sido premiado en cualquier otro certamen, ni haber concurrido a alguna de las convocatorias anteriores de este Premio Memorial. Tendrá una extensión mínima de 150 páginas y máxima de 250, en tamaño DIN A-4, a doble espacio y por una sola cara, convenientemente marginado y encuadernado.
Cada trabajo tendrá un lema y se acompañará de un resumen de tres folios como máximo y uno como mínimo, así como de un sobre cerrado en cuyo exterior constará el lema y en su interior los datos del autor (nombre, edad, domicilio, teléfono y mail) y de un breve «currículum vitae» que no excederá de 4.000 caracteres con espacios.

 

CUARTA.- El premio consistirá en DOS MIL euros y medalla que será entregada en el acto del 5 de julio conmemorativo del nacimiento de Blas Infante. La persona ganadora acepta al presentar su trabajo que la publicación de la obra se someta a criterio de la Fundación Blas Infante, en consenso con la editorial.


QUINTA.- El jurado estará compuesto por tres personas de reconocido prestigio, designadas por la Fundación Blas Infante. Su composición se dará a conocer cuando se publique el fallo. Presidirá el jurado la Presidenta de la Fundación Blas Infante o persona en quien esta delegue. Su voto será de calidad. Además, se designará entre sus miembros, por unanimidad, un Secretario.


SEXTA.- El premio será fallado en fechas próximas al 4 de diciembre de 2019.


SÉPTIMA.- El premio podrá declararse desierto, pudiéndose conceder un accésit si el jurado lo estimase oportuno, entregándose en ese caso a su autor un diploma acreditativo. En este caso la Fundación se reserva el derecho de edición, salvaguardando los derechos del autor del trabajo.


OCTAVA.- Las decisiones del jurado serán inapelables, entendiéndose a estos
efectos que la participación en el certamen supone la aceptación total de las
presentes bases, los derechos y obligaciones que de su cumplimiento se deriven, así como su resolución.


NOVENA.- Los trabajos no premiados podrán retirarse en un plazo máximo de tres meses; pasado el mismo, se procederá a su destrucción.


Más información: Puede solicitarse información presencialmente, en los teléfonos 954541518 y 954542509, así como a través del correo electrónico
informacion@fundacionblasinfante.org y en las redes sociales de la Fundación Blas Infante. Estas bases estarán publicadas en la página web de la Fundación durante el periodo de duración del certamen.

ANDALUCÍA, 2019

Fundación Blas Infante. Calle Sol, 103, 41003, Sevilla, Andalucía. 954 54 15 18

A %d blogueros les gusta esto: