Artículo de Masonería. «La Acacia» (Julio Jiménez)

En la Masonería operativa nuestros hermanos artesanos, constructores y albañiles, consideraban la madera de la acacia como una de las mejores para moldear y construir, gracias a su flexibilidad, resistencia y durabilidad.

En la Francmasonería especulativa aparece por primera vez sobre el 1730 en Inglaterra, en relación con el grado de maestro y con la leyenda de Hiram Adiff donde una rama de Acacia muestra la localización del cadáver del maestro asesinado. Es por ello, que se convertirá en “Palabra de paso” en el grado de Maestro Perfecto. Grado 5º  de los 33 grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, donde se analiza el homenaje que Salomón realizó al constructor  Hiram.

 Hiram Adiff, arquitecto del templo de Salomón fue muerto por tres golpes en la cabeza que le asestaron tres maestros que intentaban obtener sus secretos en arquitectura. Cada golpe fue efectuado con un instrumento diferente y en una puerta distinta del santuario. Los tres asesinos enterraron el cuerpo que fue buscado por el resto de sus compañeros. Fue hallado enterrado, bajo un montículo sobre el que habían colocado una rama de “Acacia” como medio de marcar el lugar de la sepultura. Uno de los buscadores al arrancar el tallo observó que estaba fresco, esto fue lo que le llevó al descubrimiento del cuerpo. El Arquitecto Hiram fue inhumado en el recinto del Templo de Salomón en construcción, acompañado de una lámina triangular de oro sobre la que estaba grabada la palabra:  Jod-He-Vau-He (en hebreo. Dios).[1]

La Acacia es un símbolo del tercer grado  que nos va a enseñar valores morales que debemos poner en práctica en nuestra vida de crecimiento masónico:

1.Su madera incorruptible a las plagas y al tiempo es emblema de pureza de los principios y de las enseñanzas de nuestra orden. Por esta razón no se pueden alterar de forma profana el método masónico, y la esencia de la francmasonería:

 El crecimiento personal a través del conocimiento con el objetivo de ser proactivos en la ayuda que debemos entregar a nuestra sociedad.

                  De la misma forma que la corteza de la Acacia rechaza a todo insecto perjudicial, nuestra institución debe expulsar, cortar de raíz a toda mala hierba que amenace con contaminar el prado de sabiduría que se genera con el estudio y la reflexión personal.

 Los vicios, las pasiones, los egos, la corrupción y la no práctica de nuestras ideas deben ser perseguidas y erradicadas de forma inminente. Nuestra orden no debe permitir los extremismos y la intolerancia.

2.Para la masonería actual representa el renacimiento del pensamiento, la muerte de la ignorancia para dar vida al discernimiento, la razón y el pensamiento crítico.

 Cuando a un hermano le preguntan por su identidad y responde que su nombre es “Acacia” debemos entender que  su trabajo le ha llevado a la inmortalidad. El conocimiento que ha adquirido lo pone al servicio de la comunidad con hechos y lo más importante, este maestro, habrá comprendido que realmente seguirá siendo un aprendiz. Entenderá que el servicio en silencio, sin pedir nada a cambio, debe ser las señas de identidad que lo definan como maestro masón.

Si  responde que “la Acacia le es conocida” nos indica que se está iniciando en la maestría masónica. Los vicios y males de la vida profana aún están presentes. Hay que seguir trabajando para morir en lo profano y renacer en lo masónico.

 Esta diferenciación nos lleva a identificar  a los verdaderos maestros que hacen revivir la sabiduría y la esencia de nuestros valores.

3. La acacia es el árbol símbolo por excelencia de la Masonería. Representa la seguridad, la claridad, y también la inocencia o pureza; es un distintivo de la verdadera Iniciación, de la resurrección para una vida futura. Su verdor perenne y la dureza incorruptible de su madera expresan, la idea de la vida  que permanentemente renace victoriosa de la muerte. Sus hojas se levantan al alba para recibir la luz  de la sabiduría y se inclinan al atardecer para protegerse de la oscuridad del pensamiento.

Hermanos tenemos que vencer a las tentaciones profanas que nos alejan de la luz, de la instrucción y nos arrojan a la penumbra, a la  agonía. Nuestro único camino es continuar trabajando la norma masónica para pasar de las palabras a los hechos. Practicar con nuestro ejemplo lo que escribimos en nuestros trabajos. Huir de la intransigencia y de la disparidad, defender la libertad y el respeto. Tender la mano a los hermanos que necesitan nuestras experiencias. 

 ¡Vivir  en coherencia a nuestros principios!

No nos engañemos, está todo escrito, las acciones es lo que definen al masón del que no lo es.

            En los inicios de un  nuevo curso masónico, espero y deseo que el trabajo se imponga a las palabras, que la filantropía fulmine a los egos  y que los principios de IGUALDAD, LIBERTAD Y FRATERNIDAD repriman la intolerancia, las desigualdades y los enfrentamientos que estamos viendo en la vida profana.

¡TRABAJEMOS PARA ELLO!

Julio Jiménez Cordobés  

En las noticias, describir mejor que opinar. (Antonio Aguilera)

En demasiadas de sus noticias, los árboles se ponen delante del bosque. Las causas y condicionantes son muchos. La celeridad e inmediatez que la sociedad demanda. Los intereses económicos y políticos. La innegable subjetividad de la presencia de la mano humana. A veces cuesta, no sólo saber, sino deducir, lo que realmente ha pasado tras prestar toda la atención a la lectura, audio o reportaje.

Los sistemas y procedimientos informativos en unos años donde la tecnología y las percepciones evolucionan tan rápido, que están haciendo de esa, una profesión de alto riesgo. Están en grave riesgo de viabilidad canales y cadenas informativas que fueron ayer de masas. A la vez, los índices de audiencia de noticias y medios escritos caen a niveles muy pobres. A la capacidad de acceder a otras fuentes en otros momentos se suma una sombra que flota demasiadas veces en la moral de los periodistas, la merma de credibilidad y confianza.

De los casi 47 millones de españoles, 29 millones utilizan diariamente las redes sociales y pasan casi seis horas al día en Internet. El informativo más visto de televisión no supera los dos millones de televidentes. El programa informativo más oído en la radio tiene 2.640.000 oyentes. El periódico online más leído es deportivo y tiene 1.672.000 visitas diarias. El periódico generalista más leído apenas llega al millón de lectores diarios. Las redes sociales creciendo, los canales informativos, bajando.

Porque en la época de la hiperinformación, todos nos hemos convertido en expertos de mil temas. Esto hace que nuestra capacidad de escucha y empatía se reduzca y, de forma soberbia, ponemos en cuestión la veracidad de todo lo que quieren contarnos e informarnos.

Es necesario encontrar mecanismos que frenen lo que a término es una degradación de nuestra sociedad. Se evidenció hace pocas semanas cuando fue necesario poner un importante dique de contención a los bulos que se hacían superlativos en torno al coronavirus y que vuelve a tener otra forma de expresión con el movimiento negacionista de la enfermedad.

A toda esta cadena lleva contribuyendo desde hace años un abuso que es replicado hasta la saciedad, que se ha implantado como hábito pero que es de esos elementos nocivos que debemos retirar de la cesta del proceso informativo, como las manzanas podridas. Es el momento en que propios y extraños aprovechan que le ponen una “alcachofa” delante para soltar su píldora mitinera, olvidándose del hecho relevante que ha ocasionado la presencia de los medios de comunicación. Pregúntame lo que tu quieras que yo te responderé lo que me dé la gana.

¿Y si suprimiésemos esa parte de las noticias? ¿Y si dejase de ocupar espacio el spitch interesado y se hablase de verdad de lo noticiable? ¿Y si se les cercenara su minuto de oro a los que viven y alimentan sensacionalismos y enfrentamientos? Ya existen en los periódicos y páginas web los espacios de opinión (como este), ya funcionan los programas radiofónicos, televisivos y online de debate. Circunscribamos entonces los formatos y los objetivos y evitemos mezclarlo todo y ofrecerlo en un totum revolutum a la sociedad que acaba originando indigestión, confusión y desapego.

La medida resultaría tan sencilla como contundente. Eliminar las declaraciones de las noticias. Que en el momento en que se les pide a los ciudadanos que presten atención a los hechos predomine el verbo describir en vez del de opinar.

Se revelarían desde luego esa corte de diablillos de tercera división que han hecho de ello su oficio, en realidad portavoces de intereses particulares, pero resultaría un sano ejercicio que fortalecería el papel del periodismo, que defendería, a base de pequeños ladrillos la calidad de la democracia y la convivencia. Es por esto por lo que una de las primeras acciones de todos los regímenes totalitarios es apropiarse de los medios de comunicación, para convertirlos en altavoces de sus discursos, de sus intereses que tratan de convertirlos en dogmas.

La pureza, la objetividad total informativa es una utopía en el horizonte. Pero eso no es un defecto. Sigue siendo bueno que seamos humanos. Lo relevante es ser conscientes de nuestros defectos para intentar corregirlos. Uno de esos dolorosos defectos de hoy son los abusones de la alcachofa, es hora de arrinconarlos.

Apuntalar proyectos informativos solventes en los que puedan desarrollar su trabajo buenos profesionales sólo puede llevarse a cabo con la complicidad y colaboración de sus consumidores y usuarios, entendiendo que es una profesión que necesita ser adecuada y dignamente retribuida, que prestan un necesario servicio público. Aquí propongo una punta del hilo para empezar a hacer madeja: vacío a los voceros, a los charlatanes sectarios, a los vendedores de crecepelo, a los incitadores al odio, a los predicadores de pacotilla, a los que no demuestran el mínimo decoro y respeto por el periodismo, la audiencia y la democracia.

Angustias García de Parias ( Julio Jiménez Cordobés)

 

Libro: 1919. Un año clave para Andalucía. (coord. Tomás Gutier)

Angustias García de Parias y su transformación al Ideal Infantiano (Pág. 107 – 134)

Autor: Julio Jiménez Cordobés. (24 Abril 2019)

 

Dª ANGUSTIA GARCIA PARIA Y SU TRANSFORMACIÓN AL IDEAL INFANTIANO1

El fiasco del ingreso mínimo vital. (Isidoro Moreno)

Cuando en mayo, se aprobó el llamado Ingreso Mínimo Vital (IMV), el autodenominado «Gobierno de progreso» lo presentó como una conquista histórica. Fuimos muy criticados quienes señalamos sus graves limitaciones, tanto en cuanto a su presupuesto (notoriamente inferior al que figuraba en los respectivos programas con los que PSOE y Podemos se habían presentado a las elecciones) como respecto a sus objetivos, centrados solo en la «pobreza extrema» sin tener para nada en cuenta la pobreza ordinaria (!), y en relación con los requisitos para recibirlo, que estimábamos iban a dificultar mucho que la prestación llegara a una gran parte de la población, ya de por sí muy restringida, a la que se dirigía: unos 850.000 hogares o «unidades de convivencia».

Pues bien, a tres meses de su aprobación y dos meses y medio de abrirse el plazo de recepción de solicitudes, el Instituto Nacional de la Seguridad Social ha reconocido que, a fecha 7 de agosto, solo se habían aprobado 4.000 de las 714.000 presentadas. O sea, un 0,6%. Ridículo. Y dramáticamente exasperante para los cientos de miles de familias que siguen sin contar con ningún tipo de ingresos.

Más que hacer la crónica de este desastre anunciado, convendría centrarnos en las dos más importantes razones por las que se ha dado este magro, y más que previsible, resultado. Por una parte, la incapacidad del aparato burocrático que debe tramitar las solicitudes. Por otra, la casi insuperable dificultad de la mayor parte de la población contemplada para presentar todos los documentos exigidos y realizar adecuadamente dichas solicitudes.

En pocas semanas, se presentaron más de 700.000 solicitudes que colapsaron las oficinas de la Seguridad Social. No se planificó adecuadamente la gestión de las peticiones por lo que el ritmo de su tramitación es muy lento. Desesperadamente lento para quienes esperaban, porque así les fue prometido de labios de los actuales gobernantes, que muy pronto iban a recibir la prestación que los sacara de la extrema pobreza (para dejarlos instalado, eso sí, en la pobreza no tan extrema). Junto a las 4.000 solicitudes aprobadas, otras casi 29.000 sí fueron tramitadas siendo rechazadas, la mayoría de ellas por estar incompletas o con defectos formales. O sea, que, durante los dos primeros meses de la gestión, fueron evaluadas menos del 5% de las solicitudes recibidas. Y, de estas, positivamente una de cada ocho. La crudeza de estos números habla por sí misma. Y ello apenas se maquilla con el reconocimiento, de oficio, del derecho al IMV de quienes ya cobraban una prestación por hijos a su cargo, unas 75.000 familias, que en la mayoría de los casos van a seguir cobrando igual que antes, aunque ahora con el rótulo de IMV.

Pero es que, incluso si no se hubiera dado la imperdonable falta de medidas para reforzar el personal administrativo necesario, muy probablemente el porcentaje de prestaciones aprobadas sobre el de denegadas habría cambiado muy poco. La razón no es otra que la dificultad difícilmente superable de una gran parte, si no la mayoría, de los solicitantes para aportar la documentación requerida y hacerlo, además, por vía digital. ¿Saben los legisladores, y en primer lugar los miembros de este Gobierno, de qué están hablando cuando se refieren a pobreza extrema y a exclusión social? ¿Piensan que en todos los hogares en esta trágica situación -tan generalizada en tantos barrios de las grandes ciudades y pueblos andaluces- existe el aparataje y los conocimientos necesarios para elaborar de forma adecuada una solicitud como la que se exige?

Irremediablemente, deberá abrirse un nuevo plazo de presentación de solicitudes y subsanación de errores porque los tres meses en principio contemplados van a resultar totalmente insuficientes, tanto más cuanto que el silencio administrativo significa denegación. Y mientras todo este ocurre, ¿cómo sobreviven los dos millones y medio de personas cuya situación habría de remediar, al menos en lo más elemental, el IMV? Si la opción hubiera sido una Renta Básica Universal e Incondicional y no un subsidio condicionado sobraría gran parte del aparato burocrático. Quienes más lo necesitan hubieran podido cobrarla desde el primer día. Y quienes no la necesitamos devolveríamos lo recibido en nuestra próxima Declaración de la Renta. Esto no es una quimera sino algo económica y técnicamente factible. Otra cosa es la voluntad política. Que, a día de hoy, no existe. Con el resultado dramático que vemos.

Isidoro Moreno Navarro.



El charlatán apocalíptico. (Antonio Aguilera)

¡No podréis esconderos!, Ninguno! La madre Tierra está a punto de hablar, hace demasiado que no lo hace, cuando lo haga, no encontraréis rincón en el que esconderos.

Lleva demasiado tiempo tragando, lleva demasiado aguantando nuestras estupideces, viendo, silenciosa, cómo nos degradamos como especie y la degradamos a ella de manera global.

Cuando hable, cuando llegue el momento de su parto, no penséis que de sus entrañas saldrá un inofensivo ratón, ni un fiero león, ni siquiera un temible dragón escupefuego, ¡No!, ¡Cuando le llegue la hora de parir, de las entrañas de la Tierra saldrá lo inimaginable, su inconmensurable fuerza convertida en cataclismo que todo arrasará!

Ella hablará y entonces, todos vosotros, insensatos, callareis, ¡para siempre!

Hablad ahora, abuchead hasta hacer ahogar mis palabras, pero eso no os salvará. Cuando la Madre Tierra hable, reservad unos segundos para recordar a este loco iluminado que os avisó. Quedaos con mi cara, quedaos con mis palabras porque a ellas os agarraréis.

Necesitaréis reconciliaros con nuestra Madre antes que estalle su ira, no es demasiado tarde aún, empezad desde hoy. Escuchad lo que ocurre a vuestro alrededor, no lo menospreciéis.

Dejad de adorar al vellocino del dinero y el poder que os tiene ciegos. Creedme, la paciencia de la Madre Tierra se está agotando. Los terremotos de Japón, de Haití, de Nepal, la sequía del cuerno de Somalia, las inundaciones en Méjico o Chile son pequeños avisos….

No seguí oyendo a aquel charlatán que seguro estaba a punto de rememorar a NostraDamus. Seguí mi paseo, hacía mucho que no visitaba la ciudad y tuve la impresión de que permanecer escuchando aquello, iba a contaminar mi corta estancia. A pesar de tener el cajón en pendiente, guardaba bien el equilibrio, también la gracia de verlo caer había dejado de tener interés.

Asociaba la imagen de los charlatanes a esos que con chistera y chalequillo vendían crecepelo en las películas del oeste, a los supuestos predicadores que, biblia en mano, congregaban a los transeúntes en las calles de New Orleans, pero, ¿en Barcelona? ¿Un charlatán apocalíptico en las ramblas de Barcelona? Era lo último que me hubiese esperado.

Bajé hasta el muelle. Bordeé la enorme glorieta de Colón, cosa que me gusta, siempre me dio mucho reparo pasar bajo grandes estatuas. Seguido por el instinto, me arrimé al borde del muelle para mirar de cerca el trozo de Mediterráneo que la bocana del puerto deja llegar hasta allí.

El verde oscuro, opaco, me ensombreció la mente, y, como una arcada, apareció de nuevo el charlatán. La oscuridad de la mar era un mal presagio en cualquiera de los siete mares. Retrocedieron mis pies para apartar mi vista del filo del muelle. Me abordó el bochorno y mis poros volvieron a saber del verano mediterráneo.

El sofoco me llevó hasta el cajón de resonancia que era entonces mi pecho y las puntas de mis dedos recuperaron algo de tintineo. La tensión que había intentado dejar en la oficina, después en mi piso, después en el avión y en el hotel, no me había perdido los pasos, seguía inasequible al desaliento para mi desasosiego. Necesitaba más distancia física y temporal de los intensos últimos meses de aquel proyecto de investigación finalmente frustrado.

Buscar una cerveza en algún bareto cercano a Santa María del Mar, recorriendo sus frescas calles estrechas me reconciliaron con la vida. Comencé a andar antes de terminar de decidirlo. Entré en uno, sólo por el hecho que de que cayó simpático el plante del que, a modo de comité de bienvenida, fumaba un cigarrillo apoyado en el quicio de piedra. Era de esos tipos que dejan el brazo con la cerveza en la parte interior, como cordón umbilical, y el otro, con el cigarrillo en el exterior, pero consiguiendo que cada bocanada acabe siendo atrapada por la atmósfera del bar.

Mimeticé mi gusto con el de los parroquianos, vermut y anchoas, y como ellos, dejé un ojo en el ir y venir del camarero y el otro en el televisor, pensando entonces en el daño que ha hecho la caja tonta a las tertulias de barra.

Algo dentro de mí, me hizo renunciar a entrar en esa dinámica, fertilizante de la bobería y ausculté a mis lados buscando encontrar algún hilo entre las facciones de mis compañeros gimnastas del codo.

Despojado de su chaqueta y con medio metro menos de estatura, no lo reconocí al primer golpe. Él si que saciaba su sed con una buena jarra de cerveza. Silencioso, hacía un censo de las botellas de la estantería, parecía haberse dejado el oficio de charlatán en la puerta, sólo había arrastrado hacia el interior el sofoco, que, igual que a mi, se resistía a dejarlo solo.

  • Le he oído antes en la rambla- Me giré suavemente, intentando que mi tono fuera audible pero no entrometido.
  • Ah!, si, ¿qué le ha parecido?
  • Ha sido casi de pasada, sólo escuché algunas frases – No quería que la conversación derivase en el contenido de su exposición.
  • Entiendo, una pena, debería haberlo oído completo.
  • Ya, cierto, pero llevaba algo de prisa…
  • Todos la llevamos, ese es el problema. Y, ¿se solucionó?
  • ¿El qué?
  • No, como decía que llevaba prisa, supongo que tendría que resolver problemas.
  • Si, si, todo resuelto, gracias.
  • Alberto Samaniego, para lo que necesite.
  • Juan, Juan Silva, un placer.
  • Tenga, coja esta revista, es gratis, por si tiene un rato para leerla.

Me extendió un libreto, muy artesanal, fotocopiado, grapado por la esquina, con distintos tipos de letras, trozos manuscritos, lo hubiese rechazado en cualquier otra circunstancia.

  • Ahí podrá ver con atención lo que antes exponía. Al final viene nuestra página web y nuestro correo electrónico por si quiere ampliar información.

Crecía en mí la sensación de incomodidad, no había sido buena idea. Se me agotaba la conversación de cortesía y Alberto Samaniego parecía ser un tipo mucho más sensato, cabal e inteligente de lo que aparentaba subido en aquel cajón. Pagué las consumiciones tras vencer la natural resistencia de Alberto y salí con el libreto cogido con las pinzas de mis dedos, sin haberlo hecho aún mío.

Demasiada trastabillada la sobremesa, mejor hacer borrón y cuenta nueva con una ducha y siesta en el hotel. Entre una y otra se interpuso el libreto que cogí con la intención de hacerlo puente entre ambas, y se convirtió en muro.

Estaba bien escrito y sus diferentes partes tenían conexión y se hacían sinérgicas. No era una cuestión de marketing ideológico barato, gracias a mi trabajo estaba entrenado para no dejarme embaucar con esas cosas, no, el argumento tenía sentido.

El libreto explicaba cómo el avance tecnológico de los últimos cincuenta años ha cambiado de manera bestial el paisaje, la orografía, el uso que damos del planeta. Nunca se había acelerado tanto como hasta ahora el ritmo de extracción de materia orgánica, de minerales, de energía. Nunca había crecido la población a un ritmo tan exponencial como hasta ahora, ni tampoco habían desaparecido tantas especies en tan poco tiempo. El único episodio parecido en la historia terrestre había sido el meteorito que acabó con los dinosaurios. Ahora otro meteorito parecía haber estallado, pero desde dentro y a lo largo de cincuenta años.

En la página web aparecía una dirección. Consulté en el teléfono el google maps, estaba cerca. Era un piso. Llamé al telefonillo. Reconocí la voz de Alberto. Sonrió al verme, puso a calentar agua para el té y nos dispusimos a charlar en un pequeño salón tomado por libros y pilares de apuntes.

A pesar de sus escasos cuarenta años, venía ya de vuelta de ser investigador, primero en el CSIC y luego en Massachusetts. Brillante, cultivado, comprometido, transgresor, un Galileo en la Barcelona del veintiuno.

Yo iba predispuesto, pero todas las reflexiones, dudas, preguntas, las resolvía y respondía con creces.  Me enganchó para la causa. No es que yo me fuese a poner a partir de entonces a lanzar proclamas desde lo alto de un cajón en la calle Sol, nada de eso, pero me convertí en un activista de la vida desde entonces.

No porque creyese que el mundo fuese a acabarse, en eso estábamos de acuerdo Alberto y yo desde el principio. Siempre que, de forma histórica la humanidad se había puesto al borde del abismo, se había producido un hecho trascendental que colocaba más lejos el abismo. En el siglo veintiuno eso no iba a ser diferente, pero también era cierto que, en todos esos momentos históricos tuvieron que aparecer moscas cojoneras que hicieron de pepito grillo.

Alberto nunca me convenció de yo iba a estar entre los afortunados que presenciaran el fin del mundo. Lo que de verdad hizo que me implicara, que diese la vuelta al calcetín de mi vida fue que, en aquella conversación, se clarificó en mi pensamiento la distancia que existe dentro de la mente humana entre lo que deseamos y lo que hacemos, entre los sueños y la razón.

Supe aquel día que era cierto, el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando piensa. Alberto vivía su sueño y yo, aquella mañana de verano, me había paseado por Barcelona como un mendigo.

Antonio Aguilera

La mujer en el bando nacional. (Andalucía y la guerra civil)

A diferencia del bando republicano, en la zona nacional la propaganda y movilización de las mujeres recayó básicamente en Sección Femenina que, nada más comenzada la guerra, organizó talleres, lavanderías, servicios de enfermeras y realizó colectas y visitas al frente para elevar la moral de los combatientes. Sus funciones quedaron consagradas en el otoño de 1936 tras la integración de su estructura de Auxilio de Invierno, organización que había sido creada por la viuda de Onésimo Redondo y que más tarde pasó a denominarse Auxilio Social, y –sobre todo- tras el decreto de abril de 1937 que unía a falangistas y carlistas en un único partido, de modo que el servicio de enfermeras organizado por éstos últimos pasó a depender de Auxilio Social, es decir, de Sección femenina.

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Estructuras electoreras caciquiles. (Julio Jiménez Cordobés)

No te dejes engañar por las Estructuras electoreras caciquiles:
 
(Artículo de Julio Jiménez Cordobés)
 
“…El dueño de estas organizaciones, es el cacique. A un conjunto articulado de organizaciones electoreras, se nombra partido. Quien no se somete a la disciplina de uno de estos partidos, está, en general, incapacitado de hecho para ostentar las representaciones populares.
El partido es una maquinaria electorera dueña del derecho electoral, activo y pasivo. Los candidatos habrán de ser alguaciles de los jefes de esas organizaciones.

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