Antonio Aguilera

La LISTA

En algunos corrillos de funcionarios existe cierta pugna por ponerle nombre a las cosas. A los proyectos, a los programas informáticos, a las leyes. He conocido diversos casos en los que se modifica el nombre de la ley con el objetivo de lograr unas musicales, simbólicas o graciosas siglas. No quiero decir que los profesionales banalicen sobre el contenido de la norma y se dediquen a estos superfluos pasatiempos, es sólo que, para la mayor parte de ellos, las nuevas leyes son simplemente textos que hay que tramitar, revisar, someter a exposición pública, votación, publicación en BOJA, entrada en vigor, revisión, derogación. Uno tras otro.

Para la otra inmensa mayoría, para los ciudadanos y las instituciones, esos textos se hacen de obligado cumplimiento y suelen cambiar sus vidas, sus derechos y obligaciones. También hay leyes que se aprueban sin mayores efectos, todo sea dicho, es la consecuencia de valorar la acción parlamentaria por las páginas de BOJA publicadas.

El gobierno andaluz ha comenzado la tramitación de la Ley de Impulso para la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía, a la cual ya han bautizado como la LISTA. Lo mismo el acrónimo le viene como anillo al dedo pues viene a regular un aspecto esencial, el uso del suelo en Andalucía, esto es, una de las cuestiones de mayor repercusión estratégica para la vida de todos. Hay que ser especialmente listo para tratar aspectos tan relevantes de nuestra convivencia.

El portavoz rápidamente se ha apresurado a aventurar sus bondades, que si simplificación, que si agilidad, que si modernidad. Están encantados de conocerse. Para evitar que se embarre, la van a llevar por la vía de urgencia, la más rápida que existe, lo mismo esperan tenerla en vigor mientras la opinión pública y las empresas siguen atascadas en la recuperación tras el Covid-19. Sólo esta circunstancia dice mucho del talante del gobierno. Meter el acelerador y asegurarse que esté todo hecho antes que acabe la legislatura. Tanta prisa sólo tiene un motivo, intereses económicos.

La LISTA va a tener un potente impacto en centenares de municipios en cuyos términos hay tantas importantes decisiones por tomar. El uso o abuso de las normas en los próximos meses va a ser determinante y va a condicionar el resto del futuro. No será fácil equilibrar las fuerzas. Por eso es necesario, antes de echar a andar, pertrecharse de información y criterios de valoración.

Recordar que muchos municipios de la franja mediterránea lloran hoy su excesivo hormigón. Aprender que el turismo masivo sujeto a precios no mejora la renta media de los residentes en el destino turístico. Saber que en el vehículo de la destrucción no hay marcha atrás. Tener presente que aún son muchos los que siguen en prisión y embargados por sus tropelías. Identificar, cuidar y poner en valor los rasgos diferenciales es lo que proyecta el progreso del municipio.

El urbanismo es una mancha de aceite en el forro de la chaqueta. Cuando se hace visible es demasiado tarde para pararlo. Por eso, el freno a la LISTA hay que ponerlo ahora, sentando las bases de un modelo de ciudad, de municipio, de destino turístico que se haga sólido y perdurable, del que nos sintamos orgullosos.

Las opciones políticas no sólo tienen que poner a trabajar a los técnicos para estudiar la ley, que también; lo más importante es que concreten y comuniquen el modelo al que aspiran, que la compartan, que dialoguen y negocien; que lleguen a acuerdos. Porque el modelo urbanístico va más allá de una legislatura o un acuerdo puntual de gobierno, es un proyecto de largo recorrido que requiere una mínima estabilidad, pero cuya debilidad va a ser también el lastre de cualquier alcalde. Aunque sólo sea por egoísmo inteligente, es el momento de decir que modelo de pueblo, de ciudad queremos.

Antonio Aguilera.