José María García Marquez

Ecija, La Luisiana y Fuentes de Andalucía con los sublevados.

La primera operación militar realizada en la provincia, aparte de la capital, se llevó  a cabo en Ecija a las 21,30 horas del mismo día 18 de julio, cuando fuerzas del Depósito de Cría y Doma al mando de los tenientes Pardo y González de Aguilar, salieron a la calle a publicar el bando de guerra dado por el comandante militar Francisco Morales Martínez y estando en ello un izquierdista dio un grito de ¡Viva el Ejército Rojo! Disparando dicho capitán su pistola sobre él y matándolo, con lo cual fue suficiente para que las masas marxistas se dispersaran. Poco después fueron detenidos a punta de pistola decenas de trabajadores que se habían reunido en un café del Salón de la localidad. Tras el asesinato, la Guardia Civil se hizo con el control del ayuntamiento y los centros de las organizaciones del Frente Popular, así como los locales sindicales, ante la impotencia de los trabajadores sin armas, muchos de los cuales emprendieron la huida hacia el campo bajo la persecución de militares, guardias civiles y derechistas. Nada más hacerse con el control de la ciudad, la noche transcurre bajo el mandato del pánico que hubimos de sembrar.

Como el lector puede observar, los mismos golpistas aireaban entonces sus propias salvajadas, porque de lo que se trataba era acumular méritos ante el nuevo régimen. Como iremos viendo, las fuerzas militares de Ecija y los falangistas y derechistas de la ciudad desempeñaron un importante papel en la ocupación de otras localidades. Al día siguiente, algunos soldados del Depósito y guardias civiles, acudieron a La Luisiana donde instantáneamente son reducidos a la obediencia nacional y con ello las comunicaciones por esta carretera general no se perturban un solo instante.

En ese mismo momento se practicaron numerosas detenciones de izquierdistas desarmados, la mayoría de los cuales fueron posteriormente asesinados. Cuando la Auditoría de Guerra hizo su informe sobre los hechos imputables a los “rojos” de La Luisiana, lo resolvió con tres líneas que decían:

Pueblo situado a 70 kilómetros de Sevilla, con una población de 4.000 almas, no tuvo que lamentar atropellos en personas y cosas hasta su incorporación a la España Nacional.

Efectivamente hasta que no fue ocupado no empezaron los atropellos. Involuntariamente, y por una vez, dijeron la verdad.

            Simultáneamente, la Guardia Civil se hizo con el control de Fuentes de Andalucía, donde se habían concentrado los guardias de los puestos de La Lantejuela y La Luisiana. La madrugada del día 19 los guardias dispararon contra la Casa del Pueblo, que quedó a oscuras con la energía eléctrica dañada y provocando la huida de algunos de los trabajadores que estaban en ella intentando conseguir noticias del golpe. El alcalde y varios concejales, así como cerca de un centenar de personas, decidieron por la mañana constituirse en asamblea permanente a la vista de los acontecimientos, lo que resultaría dramático para ellos, ya que no tenían armas ni posibilidades de defensa, así que la Guardia Civil al mando del brigada Francisco Martín Conde, con el apoyo del cabo de Cañada Rosal Nicolás Moyano, después de haber rodeado la plaza, controlaron el ayuntamiento metralleta en mano. Detuvieron a decenas de hombres y unos días después comenzaron los asesinatos masivos empezando por su alcalde socialista José Ruiz Martín y el primer teniente de alcalde comunista Francisco Ávila Fernández.

Libro: Las Victimas de la represión militar en la provincia de Sevilla. Autor: José María García Márquez. Capítulo II. Pág. 35/37.