Ecija, La Luisiana y Fuentes de Andalucía con los sublevados.

La primera operación militar realizada en la provincia, aparte de la capital, se llevó  a cabo en Ecija a las 21,30 horas del mismo día 18 de julio, cuando fuerzas del Depósito de Cría y Doma al mando de los tenientes Pardo y González de Aguilar, salieron a la calle a publicar el bando de guerra dado por el comandante militar Francisco Morales Martínez y estando en ello un izquierdista dio un grito de ¡Viva el Ejército Rojo! Disparando dicho capitán su pistola sobre él y matándolo, con lo cual fue suficiente para que las masas marxistas se dispersaran. Poco después fueron detenidos a punta de pistola decenas de trabajadores que se habían reunido en un café del Salón de la localidad. Tras el asesinato, la Guardia Civil se hizo con el control del ayuntamiento y los centros de las organizaciones del Frente Popular, así como los locales sindicales, ante la impotencia de los trabajadores sin armas, muchos de los cuales emprendieron la huida hacia el campo bajo la persecución de militares, guardias civiles y derechistas. Nada más hacerse con el control de la ciudad, la noche transcurre bajo el mandato del pánico que hubimos de sembrar.

Como el lector puede observar, los mismos golpistas aireaban entonces sus propias salvajadas, porque de lo que se trataba era acumular méritos ante el nuevo régimen. Como iremos viendo, las fuerzas militares de Ecija y los falangistas y derechistas de la ciudad desempeñaron un importante papel en la ocupación de otras localidades. Al día siguiente, algunos soldados del Depósito y guardias civiles, acudieron a La Luisiana donde instantáneamente son reducidos a la obediencia nacional y con ello las comunicaciones por esta carretera general no se perturban un solo instante.

En ese mismo momento se practicaron numerosas detenciones de izquierdistas desarmados, la mayoría de los cuales fueron posteriormente asesinados. Cuando la Auditoría de Guerra hizo su informe sobre los hechos imputables a los “rojos” de La Luisiana, lo resolvió con tres líneas que decían:

Pueblo situado a 70 kilómetros de Sevilla, con una población de 4.000 almas, no tuvo que lamentar atropellos en personas y cosas hasta su incorporación a la España Nacional.

Efectivamente hasta que no fue ocupado no empezaron los atropellos. Involuntariamente, y por una vez, dijeron la verdad.

            Simultáneamente, la Guardia Civil se hizo con el control de Fuentes de Andalucía, donde se habían concentrado los guardias de los puestos de La Lantejuela y La Luisiana. La madrugada del día 19 los guardias dispararon contra la Casa del Pueblo, que quedó a oscuras con la energía eléctrica dañada y provocando la huida de algunos de los trabajadores que estaban en ella intentando conseguir noticias del golpe. El alcalde y varios concejales, así como cerca de un centenar de personas, decidieron por la mañana constituirse en asamblea permanente a la vista de los acontecimientos, lo que resultaría dramático para ellos, ya que no tenían armas ni posibilidades de defensa, así que la Guardia Civil al mando del brigada Francisco Martín Conde, con el apoyo del cabo de Cañada Rosal Nicolás Moyano, después de haber rodeado la plaza, controlaron el ayuntamiento metralleta en mano. Detuvieron a decenas de hombres y unos días después comenzaron los asesinatos masivos empezando por su alcalde socialista José Ruiz Martín y el primer teniente de alcalde comunista Francisco Ávila Fernández.

Libro: Las Victimas de la represión militar en la provincia de Sevilla. Autor: José María García Márquez. Capítulo II. Pág. 35/37.

Tomar el Parlamento.

Tomar el Parlamento

El maltrato que las administraciones provocan en el movimiento asociativo sería suficiente para iniciar la larga marcha que conduzca a la toma del Parlamento Andaluz por parte de la sociedad civil organizada. El objetivo es vaciar aquel lugar de mentiras y mostrar la realidad dramática en la que viven muchos colectivos sociales que no cuentan para ninguna de las señorías que allí se sientan, aunque manifiesten lo contrario. Ellos y ellas están para el chalaneo, las componendas y el reparto de puestos para allegados o pelotas habituales de los distintos séquitos que pululan por aquellos desgraciados pasillos, cansados de ser pisoteados por gente injusta.

¿Qué les va a importar a esa gente, aún más, sin son los que han gobernado o los que ahora gobiernan, que tres madres pensionistas con dificultades económicas estén pagando los seguros sociales de los trabajadores de la Coordinadora contra las drogas Despierta en La Línea de la Concepción? Pagan para que al menos esos hombres y mujeres no pierdan sus derechos, ya que no reciben nóminas desde hace seis meses. Todo porque la Junta de Andalucía les debe dinero desde 2015. Hay una interventora en Cádiz, nombrada a dedo, siempre dispuesta a colocar la guinda en este macabro pastel. ¡Qué vergüenza!

Es un ejercicio de cinismo absoluto, después de comprobar esta realidad, que haya algún político que se atreva a decir que ellos y ellas están a favor de la lucha contra las drogas; que ellos y ellas quieren una sociedad libre de cualquier dependencia; que hay que incentivar los recursos terapéuticos y la lucha contra las mafias… ¡Palabras huecas, vacías de contenido, cuando no hay un compromiso efectivo! Algunos se acuerdan de estas situaciones que sufrimos cuando un miembro de su familia necesita ayuda y el sector público no puede dársela. Nada más.

Hace unos días Paco Mena, presidente de las Coordinadoras del Campo de Gibraltar afirmaba, con toda la razón de mundo, que en treinta años de lucha nos están haciendo más daño las administraciones que el propio narcotráfico. El Partido Socialista de la chica de Presidencia nos hizo de las suyas quitando importancia a la tragedia diaria en la que se desenvuelve la vida de los consumidores y sus familias. Los actuales, Partido Popular y Ciudadanos, no saben, no contestan, ni resuelven. Tienen un lío de competencias que no saben arreglar. ¡Van a lo suyo!

Mientras tanto, la vida sigue y el rechazo a esa gente que manda o mandó, más los que están en silencio por pura hipocresía o esperando que las mayorías les den algún “puestecito”, están creando un clima de violencia que no saben apreciar pero que va a estallar antes o después. Para evitarlo, es bueno que empecemos el camino que lleva a la toma del Parlamento de Andalucía. La Policía cumplirá con su deber, pero no sería extraño que se uniera a nosotros.

José Chamizo. 
Publicado en el periódico Europa Sur.

Comunicado Estanislao Naranjo Infante. (Nieto Blas Infante)

A las güenas tardes,que decimos en mi pueblo (Lora del Río, provincia de Sevilla, el Municipium Flavium Axatianum del reinado de Caesar Augustus Titus Flavius Vespasianus, conocido como el emperador Vespasiano, por si no le suena a alguien).


No suelo escribir en estos foros y menos hablar de temas personales, pero tengo que reconocer que el hecho de que Don Gonzalo García de Polavieja haya calificado a mi abuelo de «tarado», es decir, «Que padece tara física o psíquica» ha colmado la tolerancia. Entiendo que no se refiere a ninguna tara física , ya que deficiencia física no tenía mi abuelo hasta que le pegaron unos pocos de tiros de pistola la noche del 10 de Agosto de 1.936. Entiendo que se refiere, por tanto a taras psíquicas.


Considerar que tiene taras psíquicas alguien que aprueba la carrera de Derecho en dos años, por libre y con sobresaliente y que a los seis meses es notario por oposición (nada evidentemente regalado) siendo de la carrera jurídica, como lo es el concejal, cuyas notas espero ver en el juzgado por si supera este curriculum, es, a mi entender, una infracción contra el Derecho al Honor de mi abuelo.


Y como la defensa de tal honor corresponde a sus familiares, y yo lo soy, al igual que todos mis primos, que están de acuerdo conmigo, por vía civil, presentaremos demanda por intromisión del derecho al honor, contra el referido concejal.

Intervención de Isidoro Moreno en el acto homenaje a Blas Infante en el 83 aniversario de su asesinato

Hace exactamente 25 años, en un acto como el que aquí nos reúne, en el aniversario (entonces el 58) del asesinato de Blas Infante, un andalucista gigante, un artista genial que llevó a Andalucía y su cultura a todos los confines del planeta, Salvador Távora, que nos ha dejado hace unos meses aunque nunca morirá en nuestros corazones ni en el alma de nuestro pueblo mientras sean representadas sus obras, comenzó su intervención con un bellísimo poema que yo le tomo prestado –seguro que a él no le importa sino todo lo contrario, ¿verdad Salvador?- para que sean las suyas mis primeras palabras:

Arañaron tu puerta en Coria
hasta arrastrarte al verde oscuro
de una cuneta andaluza.
Te negaron el agua hasta las monjas
a las que llegaste arrastrando
con un tiro en el pecho.
No te remataron por temor
a que la sangre de tu sien sembrara el huerto
de espigas verdes y rojas amapolas
de las que cubren
las caras de los muertos.
Me lo contaron ayer los dos cabreros
que presenciaron escondidos
tu tormento.

Te asesinaron antes que a Companys,
tu amigo catalán, al que llevabas
libros y comidas cuando encerrado estaba
en el Penal del Puerto.
Te debemos la historia y la bandera
a ti, Blas Infante de los siglos.
Te debemos la sed que despertaste
en nuestros viejos corazones dormidos.
Y te debemos el futuro que se abre
si no remachan tu sien con otro tiro.
Y te tendremos en pie, aunque estés muerto,
a ti, Blas Infante de los siglos.

Salvador tituló su intervención “Blas Infante, compromiso y símbolo para la unidad” porque aseguraba que el punto de referencia del abrazo solidario que debemos darnos los andaluces –y yo agregaría que, sobre todo, quienes nos sentimos andalucistas y pretendemos pensar y vivir como tales- no puede ser otro que Blas Infante. Un Infante al que Salvador llamaba a “rescatar del manejo inmovilista que hacen de su obra, de su vida y de su muerte aquellos que quieren enterrarlo entre banderas de seda, aunque
sean verdes y blancas”.

Es ese Blas Infante, ocultado al pueblo andaluz, silenciado en la gran mayoría de las aulas de nuestros colegios, institutos y universidades, aunque su nombre figure en el rótulo de algunas calles, parques o estaciones de metro, el que nosotros tenemos la obligación de desenterrar. No basta, aunque ello sea sin duda necesario, con rescatar sus restos de la fosa común de Pico Rejas o de allí donde estén. Hay que rescatar, sobre todo y por encima de todo, su pensamiento político, su ser de andalucista revolucionario.

Resulta enormemente significativo que en la sentencia que un denominado Tribunal de Responsabilidades Políticas dictó contra él, casi cuatro años después de que le fuera aplicado el “Bando de Guerra”, se justificara su muerte por su doble condición de “revolucionario” y de “propagandista del andalucismo político”. Aunque la sentencia fuera inicua, estos calificativos definen perfectamente la vida y la obra de Blas Infante. Porque, ¿podía haber algo más revolucionario y radicalmente andalucista, en su tiempo, que considerar como el Ideal Andaluz “más inmediato y central” el de “la tierra para el jornalero andaluz”, como ya señaló desde su primera aparición pública en 1914, y propugnar una Andalucía Libre, redimida por el esfuerzo de los propios andaluces?.


Infante insistía en que había que liberar a Andalucía de los ocho grandes“dolores”, de las ocho grandes lacras que consumían sus energías y le impedían la libertad. ¿Cuáles eran estas? En sus propias palabras: el dolor de los pueblos de España “uncidos en piara por el interés patrimonial de los reyes”; el dolor de la servidumbre caciquil imperante en partidos políticos y elecciones; el dolor de la esclavitud de pensamiento; el dolor de la esclavitud económica de los trabajadores, especialmente de los jornaleros agrícolas; el dolor de la ausencia de justicia para el pueblo; el dolor de la servidumbre cultural; el dolor de la esclavitud familiar y de  la discriminación de las mujeres; y el dolor de la esclavitud de conciencia.

Para estos ocho dolores o problemas estructurales (políticos, económicos,sociales e ideológicos), Infante propugnó soluciones para cuya difusión desarrolló una actividad constante: una estructura confederal, construida en base a la libre voluntad de los pueblos-naciones de Iberia (Andalucía uno de ellos); la transformación profunda de los partidos, que él llamaba “organizaciones electoreras que atentan contra la soberanía del pueblo”; la garantía de las libertades públicas sin restricciones; la abolición del trabajo como mercancía, la Reforma Agraria y la intervención de las organizaciones obreras en los consejos de administración de las empresas; una justicia enteramente civil, gratuita y arbitral, con magistrados de distrito y una rectificación urgente del sistema penitenciario; una enseñanza gratuita, laica y no burocrática en todos los niveles; la plena igualdad de derechos de las mujeres y la libre constitución y disolución del contrato matrimonial, con reconocimiento de todas las uniones de hecho; y el fin del “monopolio pseudorreligioso alcanzado por la acción política de la Iglesia de Roma”, mediante medidas que garantizaran el respeto absoluto para todas las religiones y la preservación por parte del estado de los valores artísticos y culturales de los bienes de todas ellas.


Con un programa de esas características, unido a una crítica radical a quienes hacen de la política una profesión en beneficio de su bolsillo, de su vanidad o de ambas cosas, y a una fuerte defensa de la cultura de la paz y de la pedagogía como única arma para convencer, no es extraño, ni anómalo, que Blas Infante fuera considerado un revolucionario andalucista peligroso. Él se enfrentó no solo al régimen político -¡qué tristeza en sus palabras cuando hubo de denunciar que “el hambre es más amarga siendo republicana que monárquica, porque además de ser hambre de pan es hambre de esperanzas defraudadas por la República!- sino también, y sobre todo, osó cuestionar el “orden” económico-social imperante y poner al descubierto las causas de la alienación cultural que sufría Andalucía, resultado de su situación colonial, que impedía –como sigue hoy impidiendo- a la mayoría de los andaluces ver los mecanismos ocultos de la opresión.


Por esto, aunque puedan desenterrarse los restos materiales de don Blas –y esperemos que no tengan que transcurrir otros más de ochenta años para que ello se haga realidad, al igual que la exhumación de la totalidad de las decenas de miles de cuerpos de andaluces represaliados tanto en los días del golpe militar-fascista y los años de la mal llamada guerra civil como en los, más crueles aún, años del franquismo-, Blas Infante seguirá enterrado en tanto no desenterremos y difundamos su pensamiento y su acción cultural y política, entendiéndolos no solo como parte irrenunciable de nuestra historia como Pueblo –que lo es- sino, sobre todo, como instrumentos para orientar nuestra acción hoy.


Es por desconocimiento de Blas Infante, por no haberlo leído o ni siquiera conocer su existencia, por lo que aún resulta necesario en nuestros días seguir demostrando, como él hizo, que Andalucía no es Castilla, ni es Europa sin más. Que tenemos una cultura propia resultado de un proceso histórico peculiar al menos en los últimos 2.500 años. Que esa cultura es, a la vez, mestiza y original, como un río caudaloso con varias fuentes que lo hacen caudaloso: la fuente andalusí, que recogió las herencias tartéssica, de la Bética romana y de Bizancio, la castellano-europea, la judía, la negroafricana y la gitana.


¿Es que han sido superados los ocho “dolores” que señalaba, denunciándolos, Blas Infante? ¿Es que se han puesto en práctica en algún momento las soluciones políticas y jurídicas que él planteó como remedios para esos dolores? Rotundamente no, aunque quienes él llamaría “profesionales de la política” incluso se hayan atrevido, hace unos años, a poner en el preámbulo del vigente estatuto de autonomía, junto al reconocimiento formal a su figura –lo que está bien-, la mentira de que la Andalucía actual está muy cerca de aquella por la que él luchó y murió. ¡Qué barbaridad, cuando Andalucía continúa sumida hoy en la dependencia económica, la subordinación política y la alienación cultural y cuando todos los indicadores señalan que se acentúa la divergencia, que no la convergencia, respecto a otros países y comunidades del estado y respecto a la media europea! Parafraseando a Infante, podríamos decir que la situación de Andalucía hoy es más amarga de lo que era bajo la dictadura porque a los dolores que persisten, y que no han sido resueltos, se añade también el dolor de que ello ocurre en democracia y con autonomía (aunque con qué baja intensidad democrática y con qué insuficiente nivel de autonomía).


Hace exactamente cien años, en el Manifiesto Andalucista de Córdoba del 1 de enero y en la Asamblea de marzo, también en Córdoba, Blas infante lanzó un llamamiento para la lucha por una Andalucía Libre, una Andalucía con voluntad de ser y de vivir por sí. Él repetía que somos un Pueblo, una nacionalidad no solo porque tenemos identidad histórica, identidad cultural e identidad política nacional sino también, y sobre todo, porque “una común necesidad invita a todos sus hijos a luchar juntos por una común redención”. Es ineludible preguntarnos si está o no vigente esa necesidad hoy, un siglo después, aquí y ahora. Yo afirmo que sí y no me cabe duda de que, a pesar de las toneladas de anestesia que nos inyectan a diario, por múltiples y poderosos medios, somos muchos las andaluzas y andaluces que así lo creemos aunque ello no se traduzca en las urnas electorales, que es el referente que consideran algunos, erróneamente, como único válido para detectar los sentimientos y el nivel de conciencia.


Si viviera Blas Infante, estoy seguro que volvería a emplazarnos para que nos volquemos en la tarea de despertar a nuestro Pueblo, de desvelarle con firmeza y paciencia las trampas con las que pretenden seguirlo cloroformizando para restringirlo a una vida vegetativa de autoconformismo y de miedo a que todo pueda ir aún peor. Algunos quieren que creamos que el pensamiento político de Blas Infante es algo que pertenece al pasado, solo susceptible de estudios académicos o de recuerdos nostálgicos. Se equivocan o tienen como objetivo que nos equivoquemos. Dicen, por ejemplo, que él definía socialmente a Andalucía como un país y un Pueblo de jornaleros y eso es ya cosa del pasado porque hoy quedan pocos jornaleros agrícolas. Dicen que los planteamientos de Blas Infante quizá hubieran podido tener validez en un tiempo pasado pero no en el nuestro, porque todo ha cambiado. Es que no saben analizar más allá de las apariencias o es que pretenden engañarnos. Para seguir con el mismo ejemplo, es cierto que hoy el número de jornaleros agrícolas es pequeño respecto a cien años atrás, pero paradójicamente la gran mayoría de los andaluces han sido hoy jornalerizados:
jornaleros de la construcción, jornaler@s de la hostelería, jornaler@s de la enseñanza…todos ellos precarios, con condiciones de trabajo y salarios, y soportando prácticas abusivas, que son muy equivalentes, estructuralmente, a las de los jornaleros del campo de aquellos tiempos. Lejos de desaparecer, la situación jornalera se ha generalizado, aunque esto no lo vean ni los propios sindicatos porque el relato que nos repiten desde los ámbitos de poder económico, social y político lo oculta.


Algunos dicen que se ha cumplido la aspiración central de Blas Infante porque Andalucía tiene ya autonomía. O no han leído jamás a Infante o mienten a sabiendas. La autonomía, como en su tiempo el cambio de régimen de monarquía a república o hace cuarenta años del franquismo a la restauración monárquica, tienen valor real cuando las nuevas situaciones, los nuevos regímenes, poseen capacidades y las utilizan para acometer las transformaciones necesarias con el objetivo de alcanzar los ideales (los objetivos políticos). Hoy, la concentración de la tierra y, en general, de los medios de producción económicos y financieros, es aún mayor que hace un siglo. Nuestra economía sigue siendo extractivista, al servicio de demandas e intereses exteriores a nosotros. La emigración continúa por más que antes quienes emigraban eran fueran en su mayor parte gente con poca formación escolar y ahora emigren jóvenes con master y carreras universitarias a los que ha cerrado la posibilidad de aplicar aquí sus conocimiento. Sí que hemos progresado…


Y en lo político, a pesar de que tenemos formalmente autonomía y de que hasta hace unos meses siempre los gobiernos fueron de un partido autocalificado como de izquierda, que incluso se ha envuelto en la verdiblanca siempre que ha habido convocatorias electorales, esta autonomía no ha servido siquiera para que el río Guadalquivir y sus aguas puedan ser gobernados desde Andalucía. No digamos para crear suficientes empleos, dejar atrás la necesidad de emigrar, avanzar en la neutralización de las desigualdades, potenciar nuestra cultura… Más allá de ser granero de votos para partidos estatales, trampolín para el acceso, o la pretensión de acceso, a ámbitos de poder estatal para los dirigentes de estos, y laboratorio de experimentos políticos y administrativos, el papel político de Andalucía ha sido durante estos casi 40 años, y sigue siendo, mínimo. Como lo demuestra, por ejemplo, que una vez más, hace pocas semanas, en el pleno del congreso de los diputados para la investidura, fallida, de presidente del gobierno, no se mencionara ni una sola vez el nombre de Andalucía ni tuvieran protagonismo alguno nuestros problemas. Como si no existiéramos. ¿Para qué nos sirve, pues, esta limitada, insuficiente y decepcionante autonomía? ¿Estaría satisfecho con ella Blas Infante?.


Quienes nos declaramos andalucistas no deberíamos dejar pasar un día como el de hoy como si fuera un mero ritual, anualmente repetido, de escaso contenido y con más escasas aún consecuencias políticas. Los rituales, las rememoraciones, son, sin duda, imprescindibles. Tenemos que homenajear a Blas Infante, claro que sí, recordando por qué lo asesinaron, recordando que sus restos han tenido el mismo destino que decenas de miles de andaluces demócratas, de diversas ideologías –las cunetas, las fosas comunes o ni se sabe dónde, como ocurre con los de Federico-, y mostrando nuestra indignación porque todavía ni siquiera se ha anulado aquella sentencia que intentó legalizar el crimen y asfixiar económicamente a Angustias, su viuda, y a Luisa, María de los Ángeles, Blas y Alegría, sus hijos, huérfanos desde tan pequeños… Pero todo esto, que –repito- es obligado, imprescindible, y que hacemos acompañados de algunos compañer@s que sin ser andalucistas han querido estar aquí
con nosotros, debería tener también otros desarrollos para quienes sí nos afirmamos como tales.

Creo, en conciencia, que no podemos escapar al emplazamiento que hoy nos haría, si pudiera, Blas Infante. Creo que, por encima de diferencias de estrategia o tácticas, deberíamos todos los y las andalucistas convertirnos en un Blas Infante colectivo que zamarree a nuestro Pueblo andaluz y le infunda la fuerza del pensamiento blasinfantiano para que logre levantarse, como pide nuestro himno, y exija Tierra y Libertad, los dos ideales centrales por los que luchó y murió el padre de la patria (omejor, matria) andaluza.
Tenemos la obligación ética y política de dirigirnos a cada andaluz con los duros pero necesarios versos con que lo hiciera otro gigante del andalucismo, nuestro inolvidable Carlos Cano:

“No sé por qué te lamentas
en vez de enseñar los dientes,
ni por qué llamas mi tierra
a aquello que no defiendes.
Si en vez de ser pajaritos
fuéramos tigres bengala,
a ver quién sería el guapito
de meterno en una jaula”

…Si el próximo 4 de Diciembre, nuestro Día Nacional, consiguiéramos visibilizar el andalucismo ante nuestro Pueblo, de forma potente y, al menos en esa celebración, como una gran y unitaria marea blanquiverde, demostraríamos dos cosas. La primera, que se equivocan quienes anunciaron con regocijo la desaparición del andalucismo, algunos para tratar de apropiarse de forma oportunista de su espacio presuntamente vacío. La segunda, que habríamos sabido anteponer lo que nos une a lo que nos diferencia superando sectarismos, oportunismos y personalismos. Sería un gran paso.


Poseemos referentes simbólicos poderosos: la arbonaida, el 4-D, Blas Infante…
Símbolos que queremos compartir con todos pero que no vamos a aceptar que nadie se apropie de ellos para desvirtuarlos. Referentes que constituyen un patrimonio inequívocamente andalucista. Y tenemos también, o deberíamos tener, los andalucistas dolores comunes, heridas sangrantes del pasado y del presente que es preciso encarar sin demora. Para ello contamos también con los remedios que nos ofreció en su tiempo
–no tan diferente estructuralmente al nuestro, repito- nuestro principal ideólogo, aquel revolucionario y propagandista del andalucismo que fuera asesinado en este mismo lugar hace hoy 83 años. ¡Qué más queremos! Él murió con un grito, un grito de tres palabras en las que resumía todo su proyecto político.

Repitámoslo ahora poniendo no solo nuestro corazón en esas tres palabras sino también la voluntad de traducirlas cada día en los hechos. Es urgente hacerlo así porque nuestro Pueblo Andaluz está débil, enajenado, y muy potentes intereses quieren hacerlo desaparecer como tal, manteniendo, si acaso, solo algunos elementos de su cultura para que, convenientemente desactivados de su significación profunda, puedan ser vendidos como exotismos en el mercado turístico.

Unámonos para impedirlo. Unámonos todos las y los andalucistas en el esfuerzo, en el trabajo, en la lucha, en la ilusión, por despertar a nuestro Pueblo. Como aquí y ahora vamos a unirnos, sin reticencia alguna, en gritar lo que en aquella noche terrible gritó Blas Infante mientras le arrebataban la vida, que no la fuerza de la verdad: ¡¡¡VIVA ANDALUCÍA LIBRE!!!

Andalucía, 10 de Agosto de 2019
ISIDORO MORENO
Catedrático Emérito de Antropología
Miembro del Patronato de la Fundación Blas Infante

 

Comunicado de la Fundación Blas Infante


La Fundación Blas Infante, ante los insultos y despropósitos que están siendo vertidos estos días en medios de prensa y redes sociales contra quien ostenta el título de “Padre de la Patria Andaluza” –como figura en el preámbulo del vigente Estatuto de Autonomía-, considera un deber salir al paso de estos desmanes y de algunas informaciones publicadas sobre el acto de homenaje a su memoria celebrado el pasado día 10 en el lugar de su asesinato, al cumplirse el 83 aniversario de este. Sin pretender entrar en polémica alguna, la Fundación quiere comunicar a las andaluzas y andaluces lo siguiente:


1º) Que reflejan una bajeza moral incalificable los adjetivos con los que ciertos personajes de la ultraderecha, algunos de ellos en puestos institucionales, están intentando descalificar la figura de quien durante toda su vida luchó por medios democráticos y pacíficos por activar la conciencia del pueblo andaluz y conseguir que este “se redimiera por sí mismo”, La ignorancia, sobre la vida y el pensamiento de Infante y el odio hacia lo que él simboliza -Andalucía como Pueblo- se traducen en
exabruptos que no merecerían consideración alguna si no fuera por la publicidad mediática que se les está dando. Nos indigna, aunque no nos sorprende, que quienes se sienten herederos político-ideológicos de quienes asesinaron a don Blas y dictaron condena contra él cuatro años después de su asesinato quieran enterrar el pensamiento de este –cuando su cuerpo aun no ha sido desenterrado- mediante la mentira, el desprecio y las descalificaciones sobre su vida y su obra.


2º) Como todos los años, el 10 de agosto, la Fundación convocó un acto público, abierto, plural, no partidista ni sujeto al control de ninguna institución, para homenajear a Infante en el lugar de su asesinato. Se realizó la invitación a participar en la ofrenda floral a un abanico muy amplio de organizaciones sociales, culturales y políticas, excluidas, lógicamente, las declaradamente ultraderechistas. Más de cincuenta entidades estuvieron presentes y otras enviaron mensajes de adhesión. Las intervenciones corrieron a cargo de tres miembros del patronato de la propia Fundación, ninguno de los cuales pertenece a partido político alguno, los cuales subrayaron la vigencia de lo esencial del pensamiento blasinfantiano y recordaron también a dos andaluces del mundo de la cultura recientemente fallecidos: Salvador Távora y Juan Carlos Aragón.
Hemos de lamentar que en no pocas “informaciones” sobre el acto parecería que este hubiera sido protagonizado por partidos políticos cuando los que acudieron se limitaron –como no podía ser de otra manera- a depositar un ramo de flores, sin intervención alguna en otras secuencias del acto.


3º) La Fundación Blas Infante quiere reiterar su firme compromiso con sus
objetivos estatutarios, que son velar por la difusión y profundización en el pensamiento de Blas Infante y en la evolución del andalucismo, así como promover el estudio de la cultura y la sociedad andaluzas y de la solución de sus problemas, en todas sus dimensiones. Y ello desde la independencia respecto a partidos e instituciones aunque siempre abiertos a las colaboraciones que puedan facilitar el cumplimiento de sus fines.


Andalucía, 14 de agosto de 2019.
Contacto: Javier Delmás Infante, Vicepresidente Fundación Blas
Infante

Manifiesto leído en el acto en memoria del asesinato de Blas Infante. 2019

 

Ya llegan los recuerdos de una tarde,
los cuatros rumbos y gritos de un fusil cobarde
Llegan camino de Sevilla a Carmona
en una madrugada cargada de angustias,
con un cansancio de polvo asfixiante,
un sol que arde en los caminos,
y que cuando se va ocultando tras el monte
parece que arde
y arden los ríos, los ríos de mi sangre
y que sabe nadie y que sabe nadie…

En la fragua, las chicharras machacan sobre el yunque su cante
y van rompiendo pedazos de la tarde
y salpican cantos puntiagudos de carne
y yo aquí quieto y exhausto en una madrugada
que tomó un rumbo cobarde,
quieto pero lleno de blanco
quieto con mi puño en verde
quieto sobre mi sombra y con las alas de quien sabe nadie,
con los brazos extendidos,
el puño de mazo, el pecho desnudo
y las venas abiertas al aire.

 

Llegan los recuerdos con los cuatro rumbos de la tarde,
salpicando lágrimas, sobre el mar,
el monte y el valle.
¡Viva Andalucía Libre!
y asesinaron a Blas Infante.

Antonio Llamas (Poeta, Priego de Córdoba)

Hermanas y hermanos andaluces:

Aquí asesinaron a Blas Infante. Justo debajo de vuestros pies, declarado lugar de la memoria democrática de Andalucía por acuerdo del Consejo de Gobierno de 30 de diciembre de 2011. Aquí asesinaron a Blas Infante. Reconocido por unanimidad como Presidente de Honor del Parlamento de Andalucía en el pleno celebrado el 12 de mayo de 2010. Aquí asesinaron a Blas Infante. A quien todos los grupos parlamentarios declararon Padre de la Patria Andaluza el 14 de abril de 1983, y así consta en el preámbulo de nuestro Estatuto de autonomía, aprobado por el Parlamento de Andalucía, las Cortes Generales y refrendado por el pueblo andaluz. Aquí asesinaron a Blas Infante. A quien debemos nuestro himno, nuestro escudo, nuestro lema, y nuestra bandera que ondea en todas las instituciones públicas de Andalucía. Aquí asesinaron a Blas Infante. Hace 83 años.

Pero sus huesos no están aquí, ni enterrados con la dignidad que todo ser humano merece. Quizá se hallen en la fosa común de Pico Reja en Sevilla, junto con los de miles de víctimas de la represión franquista, cuya exhumación será posible gracias a una tardía, insuficiente pero necesaria ley de memoria democrática, aprobada sin oposición de ningún grupo político en el Parlamento de Andalucía. Mientras en el panteón de París descansan las personas más ilustres de Francia, Blas Infante, García Lorca y tantos otros hombres y mujeres de luz lo hacen en las cunetas más oscuras de Andalucía. Aquí asesinaron a Blas Infante. Y todavía seguimos esperando que se restituya su honor y se declare nula la sentencia infame que lo condenó a muerte el 4 de mayo de 1940, dictada por el Tribunal de Responsabilidades Políticas, cuatro años después de su asesinato.

Porque nos duele que cortaran las alas a un hombre bueno e inocente que abría las jaulas para liberar a los pájaros, desde la Fundación Blas Infante, exigimos que este acto en su memoria, ciudadano, plural, abierto y sobrio, no tenga más protocolo que la libertad y el respeto hacia sus familiares presentes y no presentes (en especial, su hija y presidenta de nuestra Fundación, María de los Ángeles Infante y a nuestro Vicepresidente de Honor, Pedro Ruiz-Berdejo), así como hacia los familiares de quienes fueron asesinados junto a él en este mismo sitio. No podemos pedir respeto intelectual hacia quienes, desde su fundamentalismo ignorante, desprecian a Blas Infante, al pueblo andaluz, a nuestras instituciones y a nuestras normas fundamentales. Pero sí que os rogamos silencio e indiferencia para no caer en su provocación insolente. No es el lugar ni el día. No es su lugar ni su día. Pero sí son los nuestros.

Porque hoy y aquí, como llevamos haciendo más de 30 años, reivindicaremos su legado y su actitud vital como el más luminoso y vanguardista de sus manifiestos. Volveremos a pedir paz y esperanza. Tierra y libertad. Todas ellas con nombre de mujer. Como Andalucía. Y lo firmaremos con flores al pie de la metáfora en bronce que mejor define a Blas Infante y su ideal: un hombre pájaro, con los pies arraigados en su tierra andaluza, y la mirada clavada en el cielo sin fronteras ni alambradas.

Quien deposite un ramo de flores también suscribe la conmemoración del centenario de tres hechos ocurridos en Córdoba, con Blas Infante como protagonista, determinantes en el devenir de nuestra historia social y política: el Manifiesto de la Nacionalidad que hoy forma parte de nuestro Estatuto y que nos reconoce como “realidad nacional”; la manifestación obrera que abarrotó las calles cordobesas presidida por primera vez con el lema “Viva Andalucía Libre”; y la Asamblea de Córdoba que dio carta de naturaleza a nuestra bandera y lema aprobados en Ronda, y marcó las directrices de los futuros proyectos estatutarios y reivindicaciones sociales y políticas para Andalucía: “ejército de maestros y profesores, de médicos e higienistas, la independencia civil y social de la mujer, el laicismo como garantía de la libertad de creencias y no creencias, una revolución agraria para acabar con el hambre, y todo ello desde la facultad de constituir Andalucía en Democracia Autónoma en aras de una República federal frente a la insolidaridad del centralismo”. Eso es lo que conmemoramos esta mañana: que su asesinato no fue capaz de asesinar su ideal para Andalucía. Y que se contiene en tres palabras: Viva Andalucía Libre.

¡Viva Andalucía libre!

Antonio Manuel, Patrono de la Fundación.

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