José Chamizo

A RAS DE SUELO: Sufrir por Sufrir.

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Sufrir por sufrir.

 

            Me agarra del brazo con la fuerza de una posesa. Aprieta con fuerza. Me hace daño. Al fin estalla en un llanto sin consuelo: ¿por qué tiene ella una enfermedad terminal? ¿Por qué va a morir?. ¿Por qué las autoridades no permiten que sus hijos vengan para despedirse?. Ella solo ha estado trabajando como una bestia para vivir dignamente ¿qué delito ha cometido para morir?. ¿Por qué tiene que morir? ¡Es injusto!

La calmo como puedo con argumentos poco sólidos. El único con fundamento se refiere una vez más a quienes mandan: dejaron de ser humanos hace tiempo, por eso no quieren que vengan sus hijos. Son seres o entes que se acuestan y levantan, incluso algunos se asean, pero perdieron el corazón por esa cosa ridícula que ellos llaman poder. Mis restantes razonamientos no eran muy lúcidos, pero me permitieron darle a esta mujer de treinta y pocos años algo de paz. De fondo, además del drama de la emigración y del descaro con el que ya algunos políticos se han convertido abiertamente en xenófobos, tipo Cameron, debe haber algo más.

Creo que hay algunas personas o incluso generaciones enteras que no acaban de soportar esa mezcla, a veces desmedida, de alegrías y penas, que lleva aparejada la existencia. No han conocido, afortunados ellos y ellas, situaciones en las cuales la vida se convierte en una tirana que nos asfixia. Es la razón por la que cuando sucede la primera muerte de un familiar, el diagnóstico de una enfermedad grave, la crisis económica, saber de primera mano que alguien padece una situación terrible hace que se hundan, lloren hasta la extenuación, echen mano a la bebida como consuelo, en definitiva, que se hundan.

Cierto que le puede pasar a cualquiera de nosotros, pero se acentúa en personas de treinta años para abajo. Son hombres y mujeres que llegan tarde a conocer las contradicciones del existir. Tenemos que prestarles mucha atención, aunque nos parezca increíble que algo así suceda. Pensemos que han tenido una infancia-adolescencia-juventud-primera madurez en la que sus padres han intentado resolverles casi todo porque lo sentían como una obligación. No tuvieron presente que ellos, padre-madre, algún día podrían desaparecer o que sus hijos tendrían que iniciarse en los misterios de esa parte de la vida que ninguno queremos pero que está ahí en ocasiones con demasiada virulencia y de forma injusta.

Nadie quiere sufrir a no ser que padezca una patología del espectro masoquista, pero la vida es dolor y también y si no lo sabes desde muy joven te enterarás cuando sea más difícil de asumir. Vivir es apasionante, maravilloso, pero no está exento de dificultades. Lo grandioso es conseguir que a pesar del sufrimiento sigamos creyendo, lo hemos comprobado, que hay espacios, grandes y pequeños, para la felicidad.

José Chamizo.

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