IdIA

5,6, DE LA VISIÓN, A LA IDEA. EL SR. NOTARIO. (1906/1909)  

5,6, DE LA VISIÓN, A LA IDEA. EL SR. NOTARIO. (1906/1909)

 

Con sus 530.000 hectáreas,  la Vega de Granada constituye el centro clave de la economía granadina; en ella se han cultivado como elemento esencial, desde la época musulmana, plantas industriales: cáñamos y lino. Estos cultivos, base de una industria textil, decayeron por falta de estercolado y de mecanización. Tras una decadencia, el cultivo de la remolacha azucarera motivado por la pérdida de Cuba, inició una etapa optimista en la agricultura granadina entre 1884 y 1904.

                Buena parte del capital llegaba repatriado de las Antillas. La misma ciudad inició su ensanche cuando levantó la Gran Vía de Colón; que llamaban la “Avenida del Azucar”

                La construcción de la gran arteria se alargó hasta 1918. Blas  Infante, al tiempo que se asombraba con los palacios  alhambreños y las casas moriscas del Albaicín, se sentiría confuso y perplejo con los derribos de los viejos tesoros urbanos en nombre de un progreso de piquetas irresponsables.

                El nacimiento de la electricidad consigue la transformación de los transportes urbanos en la ciudad de Granada. En 1904 comienza a funcionar la primera línea de tranvías eléctricos de Granada. “plaza Nueva-La Bomba”. Por si faltaba algo, en las casas de pisos de la Gran Vía, con una audacia arriesgada, trepaban y descendían unos aparatos llegados del mundo de los más atrevidos dioses. Eran llamados Ascensores.

En contraste con esta situación de progreso en Granada en La Andalucia de los comienzos de siglo se sufría una crisis sin precedentes agravada por una sequia terrible. El hambre andaluza llegó al escándalo internacional.

                Azorín, cronista del periódico de la época “el imparcial” describe el ambiente a través de gente a la que sonsaca: “Pedro ha callado otro breve momento. Hoy ha replicado: no tenemos jornal. Estos propietarios de Lebrija dan diariamente a cada jornalero sesenta céntimos. Con estos sesenta céntimos ya supondrá usted que no podemos pasar; con estos sesenta céntimos compramos pan, lo cocemos con agua y eso es lo que comemos”.

                El 30 de octubre de 1906, Blas Infante abonará en la Secretaría de la Facultad las tasas correspondientes a la expedición del título de Licenciado en Derecho, tasas que supondrán, ¡nada menos!, que ochocientas ocho pesetas con cuarenta céntimos.

                Sin dejar su trabajo de escribiente en el juzgado de su pueblo, entre 1906 y 1909, estudió con disciplina y sin “preparador”, el programa de las oposiciones a notarías.

                Los ejercicios serán dos. En el primero, teórico, desarrollará durante media hora, un tema de Derecho Civil, común y foral, legislación hipotecaria y legislación notarial. Durante un cuarto de hora, le formularán objeciones a las que habrá de contestar en igual tiempo. En el ejercicio práctico, tendrá que redactar un instrumento público difícil razonando su redacción, con arreglo a los textos legales y resolver una consulta de trascendencia jurídica sobre Derecho civil, hipotecario o notarial y razonar sus fundamentos. Para ayudarse, podrá consultar textos legales. La duración de esta segunda prueba será de ocho horas.

                Blas tenía 21, 22, 23 años. Domó el potrillo de su juventud para mantener  los codos sobre el estudio. Fue tenaz sin ambiente opositor ni universitario que le estimulara.

                El 9 de julio de 1909, la Gaceta de Madrid y el Boletín Oficial de la Provincia de Málaga convocaron oposiciones para treinta días más tarde. Los interesados habían de escoger según su preferencia, de entre las notarías vacantes que se ofrecen. Blas, como aspirante novato, solo podía optar a notarías llamadas de tercera es decir, en localidades de menos de 10.000 habitantes.

                La ocasión había llegado. Tres años de tesón iban a ser juzgados en unas horas. El 12 de julio el Colegio Notarial de Málaga le comunicaba su número de opositor, el 71.

                Con el número 71 aprobó la oposición a notaria un año antes de la edad requerida para ejercer como notario, 25 años. Por ello hasta el 5 de julio de 1910 se demoró la posesión de su despacho.

                La curiosidad le empujaría a su destino: CANTILLANA. Antes de ocupar su puesto al cumplir  los 25 años, conoció, pues,  Cantillana. No era lógico aguantar un año el interés por visitar su primer escenario profesional. Este viaje explicaría su presencia  en Sevilla en los primeros días de mayo de 1909 cuando la apertura por Mario Méndez  Bejarano de los Juegos florales organizados por el Ateneo de la ciudad.

               De sus tres notarías, Cantillana fue la más duradera, vive aquí desde sus 25 a sus 37 años. Su notaría estaba en una casa cerca de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, donde alquiló una habitación para ejercer su oficio. Vivió en una fonda durante nueve años en a actual calle de Manuel  Jiménez (Cantillana).  A partir de su matrimonio el 19 de febrero de 1919 con Angustias García Parias se traslada a Sevilla su domicilio a una casa en la calle San Pedro Mártir, 15 propiedad de su suegra.

                En los doce años de Cantillana, hubo tiempo para que Blas viviera en fonda, con casa simultánea en Sevilla, en casas sucesivas y , desde luego, en una final a partir de su matrimonio.

Con respecto a sus devengos notariales, ningún notario dejaba de recibir una retribución mínima llamada la “congrua notarial”. Los de primera categoría, anualmente, tenían 7.500 pesetas,  los de segunda categoría entre 5.000 y 4.000 pesetas. Don Blas tenia seguras 3.000 pesetas. Cuando los derechos devengados por los notarios en cada documento autorizado en su despacho (5 pesetas por folios) no llegaban a esa cantidad, el Colegio respectivo cubría la diferencia.

Para comparar… un maestro de la época ganaba escasamente unas 1.000 pesetas al año y un jornalero 90 céntimos el jornal diario.

Blas Infante toda su verdad. Volumen 1.

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