José Chamizo

Bienestar Social

No sé qué ocurre últimamente con determinadas palabras que parecen no significar nada. Mejor, significan aquello que el hablante cree que pueden significar, con lo cual vivimos en una confusión lingüística que hay que unir a otras confusiones en las que se desenvuelve este pesado existir público y privado. La situación de anomia, en su significado latino, trastorno que imposibilita a llamar a las cosas por su nombre, parece una de las banderas de nuestro presente.

¿Qué nos quieren decir algunos políticos parlantes cuando hablan de bienestar social?: ¿Toma la bolsa de imperecederos y corre?; si tienes un tumor con metástasis ¿te esperas que no hay personal?; tu derecho a disfrutar de los beneficios de la ley de dependencia, ¿te llegará “in articulo mortis” o como anexo al certificado de defunción? ¿Qué querrán decir?, ¿que los pobres no tienen arreglo?, ¿que con los que aquí teníamos bastante?, ¿que de los niños empobrecidos se encarguen sus padres porque “nosotros” no podemos hacerlo todo?. Entonces, si en cada campaña, ahora en cada pacto, hablan de bienestar social ¿qué puñetas están diciendo? ¿Saben de verdad la importancia que tienen los servicios sociales? ¿Saben que no son pobres todos los que allí van? ¿Saben el inmenso trabajo que realizan los profesionales de estos departamentos?. ¿Cuántas veces han ido a visitar los recursos?, ¿ninguna?. La pobreza echa para atrás a unos y a otros. Vivir a ras de suelo es una dura tarea para excluidos, sean de la clase social que fueren, sobre los que pesa el abandono más radical.

Cuando hablo de exclusión lo hago teniendo presente el ya envejecido concepto de expertos citados en su día por la Comisión Europea: “El hecho de que algunas personas, en determinados momentos, no participan en el intercambio económico y social, en la construcción en común de la sociedad, con lo que la ciudadanía – como concepto – se ve reducida”. Hablo por tanto de luchar contra la pobreza no únicamente en términos de ingresos insuficientes, que también. La exclusión social es una noción dinámica que va más allá; es una realidad que comprende múltiples dimensiones y se manifiesta en ámbitos como el trabajo, la educación, la salud, la vivienda o la protección social, auténticos pilares de la dignidad, del bienestar social y democrático de Derecho.

Las políticas sociales, como tantas otras cosas, necesitan reformas profundas, nuevos modos de realizarlas además de la financiación adecuada, que, por cierto, no es “tirar el dinero”. Es hacer creíble la tan pisoteada “justicia social”.

José Chamizo.

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